
De economía sólo entienden los muy listos. Prueba de ello es
que los políticos -mediocres casi todos-, no encuentran soluciones para la
crisis que atraviesa el mundo capitalista, en manos siempre de unos cuantos
sagaces, cuervos especuladores, usureros y sin conciencia que son, en
definitiva, quienes mueven lo hilos para ganar muchísimo a costa de que la
mayoría viva en la miseria. El capitalismo, tras la caída del muro y el fracaso
del socialismo (el de verdad, no éste que conocemos en España y otros países de
la UE, que es
capitalismo disfrazado y envuelto en eufemismos), ya sin ataduras, se ha
engreído y se ha hecho salvaje, trazando desde hace algunos años la hoja de
ruta por la que andamos, y que viene llevándose por delante cuanto le sale al
paso, sobre todo los derechos adquiridos, con tal de obtener mayores
beneficios. De ahí que los ciudadanos nos conformemos con ganar menos, con
trabajar más horas, con pagar por todo, con dejarnos machacar a impuestos... De
ahí esas sumas vertiginosas de cientos de miles de millones sólo de intereses
que se nos dice tenemos que pagar. De ahí que estamos cada día más inmersos en
la penumbra de la resignación, llegando ya al extremo de que con tal de que nos
quede algo para poder comer, nos conformamos. Como cuando los jornaleros de
comienzos del siglo pasado se sometían a los señoritos sin rechistar con tal de
contar con un plato de sopa y un jergón donde dormir. Vamos hacia atrás. Los
derechos logrados a base de mucha lucha y mucha sangre derramada los estamos
perdiendo por días. Y que nadie proteste. En la puerta de todos los lugares hay
millones de personas, y en ellas la generación más preparada de la historia,
por cola, esperando que alguien les ofrezca lo que sea con tal de ganar unos
euros para sobrevivir. Y encima, el que está trabajando lo hace con miedo
porque puede verse mañana en la calle. El comunismo fracasó y quedó el
capitalismo reinando a sus anchas. Pero como nada es eterno en esta vida, el
capitalismo también fracasará. Del cómo, cuándo y qué vendrá después no estoy
seguro. Lo único que sé, como cuenta el refranero, es que cuando un hombre se
ahoga, da patadas.
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