jueves, 9 de noviembre de 2017

MALDITOS DIRIGENTES DEL F.C. BARCELONA

Es una pena. La ruptura social que han creado los políticos mediocres y corruptos en Cataluña es tan grave que las heridas sangrarán por muchos años o puede que por muchos siglos. Ahí se han dividido familias enteras. Ahí se han levantado padres contra hijos. Ahí muchos vecinos han retirado el saludo a vecinos y hasta amigos de toda la vida han dejado de serlo para siempre. Las cizañas han llegado a ser tan altas como venenosas. Tanto que hasta hay sacerdotes que han expulsados de sus templos a quienes no se han dejado arrastrar por la droga de la demencia que resquebraja y parte. Tanto que hasta incluso algún obispo lumbreras ha perdido el juicio y se ha declarado partidario de la revolución que aísla, fracciona y trocea las almas en lugar de luchar por la universalidad del reino en el que todos somos hermanos en un mismo Dios, sin fronteras, ni diferencias ni discriminaciones.

Y tanta es la ceguera y tanto el odio que hasta el Fútbol Club Barcelona, toda una institución admirada, querida y seguida por muchas generaciones de España y del mundo entero, se ha contaminado hasta el límite y ha dejado de pensar deportivamente para convertirse en un mero campo de batalla lleno de soldados adoctrinados que con cánticos, banderas, pancartas y consignas bombardean todas las zonas que no son de su circunscripción egoísta, engreída y particular.

Ya no se va al campo de juego a disfrutar de la belleza del fútbol, ni a gozar de los goles de sus grandes jugadores, ni de las maravillas del genial Messi… Se va para pedir independencia, para gritar desprecios, para exigir no sé qué libertad cuando están ebrios de tenerla, para mostrar bufandas con los colores de lo que es injusto y obsceno, como si no hubiera estado de derecho, como si los jueces tuvieran que rendirse a sus gustos y deseos, como si aquí se pudiera hacer lo que ellos crean conveniente; algo, por cierto a lo que se han acostumbrado por culpa también de otros políticos permisivos y vulgares que por no querer problemas y disfrutar de las poltronas se lo han permitido.

Millones de mayores, de jóvenes y, sobre todo, de niños que han amado los colores blaugrana andan hoy en día errantes, como verdaderos exiliados, tristes por los territorios del deporte rey. Su razón, cada vez que ahora ven un partido en el que juega su Barça querido, le pide ir contra él, porque se sienten despreciados y expulsados de su círculo de historia, porque perciben que ya no son admitidos por los dueños y su masa social, porque notan que no los consideran de los suyos, porque ven con claridad que quieren separarse de ellos…, pero sin embargo, algo muy dentro, como una fuerza incontenida, no puede dejar de hacerle desear que marque, que gane, que venza…, porque lo que se ama una vez con la limpieza del corazón no puede convertirse de repente en odio por más que vengan a enmierdar la sangre que lo riega.  

De ahí que últimamente sean pocos los pequeños que juegan en las calles fuera de Cataluña con la camiseta roja y azul, como son pocos los niños que gritan Barça, Barça, Barça, como son pocos los niños que piden ir a visitar el Nou Camp… Ya son pocos, porque el resto, muchos miles de miles de chavales y no tan chavales que llevan grabado en las entrañas el escudo con la cruz de San Jorge y el balón con la forma antigua se han retirado a sus refugios de invierno porque sienten vergüenza de confesarlo, de declararse seguidores suyos, de decir que son parte de ese club que ahora les anda negando el pan y la sal por culpa de una locura que ha convertido el deporte en simple política, en mera política, en sucia política.

Malditos los dirigentes que han causado este daño.    

viernes, 20 de octubre de 2017

A MARI TERE, IN MEMORIAM



 

                    A MARI TERE
                    IN MEMORIAM



          Más que el dolor de hacerte rosa ausente
          me duele la injusticia de tu ausencia.
          Porque no puede el sol de tu presencia
          vestirte tan de hielo de repente.

          Fuiste la voz del pueblo. Su honda fuente.
          Su luz de libertad y su conciencia.
          La fe de la palabra hecha coherencia.
          El amor del amor omnipresente. 

          Por ello, así te vayas, no te has ido.
          Quedarás con nosotros aunque vueles
          transmitiendo tu esencia tan precisa.

          Queda en Paz, Mari Tere. Grande has sido.
          Que Úbeda te guarde entre sus fieles.
          Y Dios premie tu entrega y tu sonrisa.





viernes, 13 de octubre de 2017

CARTA A MARCELO GÓNGORA, MI AMIGO


                                                              Aunque cubran tu cuerpo con el paño
                                                             del final de tu historia,
                                                             seguirás siempre vivo mientras alguien
                                                             te guarde en su memoria.

  Querido Marcelo:

Cada vez que en las noches solitarias paseo por esta ciudad nuestra, tan llena de misterio, y me adentro en sus calles donde el tiempo se detiene en la historia de todos los pretéritos dejándome una impronta de asombro en el alma, no puedo evitar recordarte, amigo mío. No puedo evitar mirar a través de los espejos invisibles del corazón para verte en todo tu esplendor, en tu elegancia de hombre bueno, sencillo y enigmático, bohemio y soñador, creativo y temeroso de las sombras que siembran miedos nacidos de una infancia difícil y espinosa, de hambre y desamparo, de muertes prematuras…, para verte, en definitiva, especial, único…, artista.

Y hablo contigo por entre las esquinas donde la tenue luz de los faroles deja una extraña luminosidad por las penumbras de los olvidos. Y me sonrío cuando te digo que fuiste un hombre en contradicción contigo mismo, buscador de tristes pasados para convertirlos en arte, hombre renacentista de nuestro permanente renacer de siglos, cantante de melodías inolvidables, actor sin edad que ponía en la palabra y en el gesto la maestría innata que sólo los elegidos tienen.

Me sonrío, Marcelo, y te digo que todavía no he comenzado el libro de tu biografía que siempre quise dedicarte después de tantas conversaciones en tu estudio, frente a San Isidoro, donde cada día, desde el pequeño balcón que daba al exterior, mirabas el busto de tu maestro Paco Palma para ver si seguía ahí, y limpiarlo si es que algún idiota lo había difamado con alguna pintada, o recogerlo, como quien recoge a un padre, con ternura suprema, si es que algún degenerado lo tiraba al suelo y manchaba su perfil de la tierra de un jardín tan pequeño como indigno para quien tanto hizo y tanto dio a Úbeda; tanto que hasta quiso morir y ser enterrado en ella para ser por siempre, como diría Francisco de Quevedo, polvo enamorado de su polvo. 

Y aunque me entristezco por no poder estrechar tu mano, porque lo impide la niebla de los enigmas que limitan las dos dimensiones de la existencia, me goza saber que sigues vivo todavía entre nosotros. Vivo en lo más hondo de tu Salomé, tu musa y modelo, tu compañera, tu confidente, tu campanilla de plata para alegrar los altibajos que te traían las horas cargadas de incomprensiones, tu seguidora y crítica, tu luna siempre llena, tu amor, tu gran amor. Vivo en tus hijos, herederos de tu sangre y tu talento, que no dejan de quererte, de arrepentirse de no haberte dedicado más tiempo, de no haberte regalado más conversaciones…, pero que no dejan, igual, de sentir que dentro de sus vivencias se agranda cada minuto que pasa tu figura, conscientes y seguros de que pensabas en ellos sin descanso, regalándoles abnegación, cariño y esperanza…, al tiempo que en tus entrañas se iba quedando el escozor que deja la garra de verlos hacerse grandes de manera tan rápida.

Pero también me río de muchas otras cosas. De tus genialidades a la hora de pintar algunos decorados para mis obras de teatro. De la sorpresa de que vinieras a mi casa una madrugada en la que sabías que no podía dormir porque, faltando pocos días para el estreno, tú no te sentías inspirado para hacerlos, poniéndote a pintar en la sede hasta el amanecer. De nuestros viajes. En especial de aquél en que, estando ya el autobús en marcha para ir a representar en Burgos, no apareciste, teniendo que ir a buscarte por todos sitios, hasta que te hallamos y aceptaste, por fin, viajar, pero en tu coche averiado, tan dañado que con el fin de llegar a nuestro destino teníamos que parar cada pocos kilómetros para echarle agua. De aquellos años en que íbamos con el grupo Sembradores de la Alegría a los asilos y residencias de ancianos, y lograbas con tus boleros reactivar las ganas de vivir de nuestros mayores. De las muchas vueltas que le dabas cuando te solicitaba una ilustración para la revista IBIUT, pese a la facilidad con que la hacías. De aquel primer cartel tan original para el “Retablo de la Pasión”. De cuando posaba para ti a modo de referencia a la hora de crear algunos de tus Cristos... ¡Qué momentos tan especiales! Todos llenos de añoranza, de calidez, de ascuas encendidas en la conciencia de una edad que comienza a sentir la tremenda delgadez de las hojas que van quedando en el almanaque que alguien nos regaló un día al nacer.

Y es que de tiempo; de ausencias y presencias; de melancolías; de llamas titilantes; de espectros venidos del ayer; de miradas lánguidas de personajes tan reales como simbólicos; de vides esperando que llegue la primavera; de olivos cenicientos; de uvas arrinconadas bajo las ventanas de azules imposibles; de membrillos perfumando de olores legendarios las vetustas estancias; de campesinos curtidos y quemados por el sol de los estíos y las heladas de los inviernos; de animales perdidos en su laberinto de dependencia; de luces color de hogar en las ventanas de las casas envejecidas; de niños inocentes descubriendo con serena fascinación un desnudo de mujer; de evocaciones brotadas del subconsciente marcado por una posguerra que venía herida por la sangre y los silencios obligados; de calles empedradas con sabor a humedad y a claroscuros; de fachadas soñolientas; de radios antiguas emitiendo canciones que hacían llorar porque hablaban de amores lejanos y suspiros de España; de desconchones en paredes que dejaban al descubierto huellas de vidas ya lejanas; de estampas y fotos sostenidas con cinta adhesiva; de objetos cotidianos con alas de grandeza; de imágenes religiosas que sobrecogen; de esculturas a las que sólo les falta hablar; de hiperrealismos mágicos…, de todo ello sabes tú, Marcelo Góngora, más que nadie. Como sabes de sentimientos arrancados que hacen llorar por la emoción, como sabes también de lo hermoso que es dejar para el recuerdo eterno las esencias de Úbeda, tu pueblo y el mío, que diría Miguel Hernández, tu pueblo del que no podías salir, del que no querías salir a costa de tener que pagar el alto precio de no ver tus cuadros en los mejores museos del mundo pese a ser tú uno de los mejores pintores de todos los tiempos.

Cada vez que me adentro en el universo de mi soledad buscada, vienes conmigo. Y son tantas las cosas de las que hablamos, tantas las reminiscencias que sacamos del arca de los días pasados, tantas las ilusiones en vuelo a hacerse todavía realidad, tantas las decepciones compartidas y tantos los mutismos cubriendo con su tela de araña color de indiferencia los limpios amaneceres de la independencia y la libertad…, que ahora sólo me queda decirte que me alegra sobremanera saber de esta exposición tuya in memoriam, de la publicación de esta obra escrita, de las facilidades ofrecidas por quienes nos dirigen, del respeto y la consideración que te siguen teniendo cuantos te conocieron, del extraordinario amor que los tuyos le han puesto para hacer que todo esto sea posible… Y, sobre todas las cosas, me alegra el seguir encontrándote vivo en nuestros monumentos, en nuestro espacio entre cerros, en nuestra Semana Santa…, así como en infinidad de hogares, de cuyas paredes cuelgan muchas de tus obras magistrales, trozos de tu vida, pedazos sentidos de tu alma…, de esa alma que ya anda en ese territorio donde la muerte, que tanto temías, ha sido vencida para ser tú, definitivamente, amigo Marcelo, parte de la asamblea de los grandes inmortales.

Te sigo echando de menos. Un fuerte abrazo.                                                                                                               

martes, 26 de septiembre de 2017

LO DE CATALUÑA ES CULPA DEL ODIO

Lo de Cataluña es como un serrucho que ha ido marcando con sus dientes afilados la línea fría sobre la madera de la convivencia y ya sólo le falta partirla definitivamente en dos. Los separatistas quieren hacerlo a partir del día 1 de octubre y para ello andan serrando con todas sus fuerzas… Lo que no se sabe es si el tablón por esas fechas se acabará partiendo… Mas, sea como fuere, lo cierto es que la hondura del surco es ya tan larga y tan profunda que recomponerla es casi imposible. Lo más fácil, por lo tanto, será ver, tarde o temprano, su ruptura

Dicen que más de la mitad de los catalanes no son separatistas. No lo sé. Pero sí sé que en la mayoría de los que sí lo son, hay miradas que clavan alfileres, ojos con el matiz mate del desprecio abrasando los párpados, pupilas con destellos de rabia que se aviva si quien se pone frente a ellos no piensa de igual forma. Hay, en definitiva, odio en sus corazones.

Y cuando es el odio el que te reviste el alma todo está perdido. Se acabó el diálogo, la comprensión, la razón, la bondad…, y se acabó la concordia y la anexión, porque donde reina su negra oscuridad no hay lugar para el abrazo.
 
Y lo que más me duele es ver a niños inocentes, incluso recién nacidos, adornados de banderas esteladas. Ver también a pequeños de infantil dibujando, sin tener fuerza en sus manos, pancartas de animosidad hacia lo que es ley de leyes y soberanía nacional. Ver a jóvenes gritando “independencia”, como ovejas manipuladas, sin que en serio sepan nada de Historia, ni ser conscientes de la ruina en la que se adentrarían y nos adentraríamos de llevarse a efecto sus ensoñaciones. Y peor aún, ver a centenares de curas y monjas, que deberían ser los adalides de la fraternidad, adhiriéndose a la segregación. Y todos, basándose en el amor, en el gran amor a una tierra en la que, para colmo, no pocos, ni siquiera han nacido en ella. Unos y otros, todos ellos, invadidos por la mentira, ciegos por el rencor inoculado en vena, dirigidos y empujados por líderes demagogos y corruptos, creyendo a pies juntillas que todo mejorará con la ruptura, que todo será jauja, que ganarán más –les dicen que multiplicado por siete–, porque son los mejores, los diferentes, los más listos, los  más grandes, los especiales, la raza suprema…, y que no han llegado a ser los reyes del universo porque la España imperial los ha subyugado y esclavizado por muchos siglos, pero que enseguida, así proclamen la independencia, todos los países de la tierra los reconocerán como nación gloriosa, porque es tan evidente que son tan superiores al resto, que el mundo entero no podrá vivir sin ellos, por lo que no tendrá más remedio que venir a arrodillarse ante su presencia para adorarlos.

¿Y quién para esto? ¿Quién frena este tren de las falacias? ¿Quién pudo parar al social-nacionalismo?  ¿Quién pudo detener al nacismo? Miedo me da pensarlo. Pero también me da miedo saber que esta cizaña de tijeras no se va a detener, que seguirá creciendo, multiplicándose…, adoctrinando en el odio desde el victimismo. Porque el virus de la animadversión se ha adueñado de las familias, de las escuelas, de los centros culturales, de las universidades, de las instituciones, de las plazas, de las fiestas…, hasta de los deportes. Y así, día tras día, se seguirá hablando de los catalanes en todos los telediarios y en todos los medios de comunicación…, para más orgullo y vanidad de ellos, y seguiremos escuchando en las cortes, en los parlamentos, en las televisiones…, frases indignas, villanas e indecorosas, más que insultantes… Y se seguirá pitando al himno de todos y quemando la bandera constitucional de todos… y con más vehemencia si cabe. Y lo que es peor, nos seguirán mirando con expresiones de desconsideración cada vez más rabiosa mientras no se salgan con la suya…

El serrucho no se detendrá, ya lo verán, y por más dura que sea la madera harán lo imposible para cercenarla en dos. Y entonces habrá hondura de pena en unos y brincos de alegría en otros. Aunque al final, con el tiempo, todos acabaremos llorando.

Y todo por culpa del odio, del odio que divide… Y no del Amor, como dicen, porque el amor nunca separa. El amor sólo une.

viernes, 8 de septiembre de 2017

"AMOR SIN TIEMPO" EN ÚBEDA

Tras el estreno en Villanueva del Arzobispo –pueblo que llevo siempre conmigo porque me acogió como a un hijo cuando yo comenzaba mi andadura de enseñante–, y después de haberse puesto en escena en otras localidades, representaremos AMOR SIN TIEMPO en Úbeda, Teatro Ideal Cinema, por el Grupo de teatro MARANATHA, a petición de la cofradía de la Santa Cena, el próximo sábado, 23 de septiembre, a las 20:30 horas.

Pero representar en Úbeda no es fácil, la responsabilidad pesa. Y pesa porque es tan especial esta ciudad, tan llena de embrujo, tan misteriosa en sus calles y rincones, tan rica en historia, tal alta en la grandiosidad de sus personajes, tan mágica en sus cerros, tan hermosa en su plaza de Santa María, tan peculiar en sus gentes…, que uno, que tiene el corazón impregnado de amor por ella, quiere estar a la altura de las circunstancias y salir con la mayor dignidad del trance.

Confieso, con toda la sinceridad del mundo, que tuve miedo cuando representamos, el pasado mes de marzo, en el Ideal Cinema, a beneficio de Cáritas, mi obra MALOS TRATOS. Sin embargo, como ha sucedido siempre con mis obras aquí representadas, y agradezco con toda el alma, se agotaron las localidades y el éxito fue rotundo. Ahora, seis meses después, vuelvo a sentir un miedo parecido con AMOR SIN TIEMPO, y más cuando apenas ha habido espacio para acomodarnos a la rutina después de las vacaciones y apenas también si han quedado días para la publicidad.  

No obstante, sea lo que Dios quiera. Nosotros, para cuantos en esta ocasión quieran acompañarnos, representaremos AMOR SIN TIEMPO, como hemos hecho siempre, desde el corazón, conscientes de que más que teatro transmitimos valores; en este caso el valor del AMOR que es capaz de mantenerse fiel superando cuantos avatares la vida presenta. Todo un canto poético, romántico, lleno de ternura y emoción, de vivo sentimiento, de gratitud y respeto, de amistad, de lucha, de superación… Todo un poema, en definitiva, girando sobre una pareja que se mantiene unida y en unidad busca trascender.  

Si alguno de mis amigos lectores del blog ha llegado hasta aquí, sepa que queda invitado a ver esta obra mía que habla de AMOR, de ese amor que es capaz de ir más allá de los espejos de lo mundano.

Os dejo el cartel por si queréis compartirlo. Gracias.

miércoles, 23 de agosto de 2017

MANIPULACIÓN

Que los medios de comunicación nos manipulan lo saben hasta los más ingenuos. Muchas veces, con noticias falsas. Otras, con medias verdades. Las más, adulterando contenidos. Y claro, nos manejan, nos dirigen, nos utilizan, nos hacen pensar y actuar como ellos quieren… Basta que necesiten hacer fructificar una idea, imponer una forma de comportarse o venderte un modelo para que lo consigan en un par de telediarios y tres programas cualesquiera de la televisión.

 Y si esto lo he pensado siempre, ahora, definitivamente, me lo ha confirmado un familiar mío con el que hable la noche del atentado en Barcelona. Me contó que llegó cerca de la zona de las Ramblas después de enterarse del suceso… “Mira, la gente estaba que trinaba, rabiosa…” Y me relató que al pasar por una de las calles había allí un equipo de televisión de una cadena conocida con una reportera a pie de calle entrevistando a muchos de los que pasaban…, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Y, según me seguía contando, no había quien no despotricara contra los terroristas, los musulmanes en general y los políticos. Todos los entrevistados, en el rato que él estuvo observando, se mostraban enojados, doloridos, irritados. Allí, frente a la cámara, se decían cosas como que si las izquierdas y las extremas izquierdas apoyaban a los musulmanes dándoles de todo y dejándoles construir mezquitas, al tiempo que van recortando y atacando todo lo que huele a cristianismo, desde la navidad a la semana santa…, es porque son votos, muchos votos seguros… Que si Podemos no quiso firmar el pacto antiyihadista, aparte de porque les da votos también, porque tiene la boca cerrada por el dinero recibido de países islámicos. Que los musulmanes que delinquen sean expulsados. Que son unos traidores que así de mal nos pagan, después de acogerlos y ayudarlos… Que no hay derecho a esta forma de actuar. Que ya veríamos como, habiendo en España millones de seguidores del Islam, no saldrían a la calle en manifestación a protestar con firmeza contra los yihadistas, ni tampoco veríamos que exigieran a sus países de origen la correspondiente libertad de que allí se puedan construir iglesias y las mujeres no sean perseguidas por la forma personal de vestir o de actuar... Que si toda la culpa la tienen los políticos que en lugar de trabajar para solucionar los problemas los crean, para así vivir mejor del cuento…
 
Comentarios, la inmensa mayoría, agrios y duros… Comentarios a pie de calle grabados para luego, el realizador o director seleccionar y poner en pantalla lo que interese… Pues bien, sabe cuál de ellos fue el elegido… Les cuento: mientras se daban noticias e iban apareciendo imágenes inconcretas de lugares solitarios, de jardines a la sombra, de las Ramblas sin que se vean jamás las víctimas, porque eso puede herir la sensibilidad de los pobres y sensibles espectadores, cuando –otra forma de manipulación más– no dejan de saturarnos diariamente hasta anestesiarnos con películas del tres al cuarto, llenas de secuencias violentas, masacres, mutilaciones, sangre y terror…  Mientras salían imágenes inconcretas de lugares –decía–, de repente apareció la reportera a pie de calle preguntando a una señora entrada en años que, en tono sereno y pausado para que se le entendiera bien, respondía: “Este atentado de Barcelona, como antes los atentados en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros lugares, es una barbaridad, todos son una barbaridad, vengan de donde vengan…, los hagan quienes los hagan, así sean musulmanes como cristianos…”

Y es que claro, no había caído yo, los atentados terroristas con inmolación incluida llevándose por delante en nombre de no sé qué dios a miles de inocentes, lo hacen unas veces los musulmanes y otras los cristianos, alternativamente, según va tocando, de oca a oca y tiro porque me toca…

¡Pura manipulación! ¡Indigna manipulación! ¡Asquerosos manipuladores!  



sábado, 5 de agosto de 2017

INVASIÓN TURÍSTICA

El turismo se ha convertido en una tremenda locura que está dando lugar a graves problemas de difícil solución. Llegar de casa a la costa es entrar en la angustia: saturación, multitud de gente en las playas, peleas por encontrar un hueco donde poner la sombrilla, chiringuitos y bares abarrotados y caros, paseos como si estuviéramos en un hormiguero, incomodidades, ruidos… Marchar a ciudades históricas y monumentales es también deprimirse: infinidad de autobuses y trenecitos panorámicos, vendedores atosigantes, incontables tiendas de baratijas, portalillos de comida basura, restaurantes con los clavos y el martillo preparados para clavarte sin miramientos, hoteles costosísimos…

Y claro, ahí tenemos ciudades como Roma, París, Amsterdam o Barcelona masificadas… Pero aún peor son otras ciudades como Venecia, donde las mafias se han apoderado de los negocios más importantes y donde los venecianos han tenido que huir porque es imposible vivir ante tanto barco-taxi, tanta góndola, tanto vaporetto…, tanta gente pasando por todas las calles y rincones, con una plaza de San Marcos por la que no se puede ni andar del gentío, con colas de horas para poder entrar en la iglesia o el palacio ducal, además de tanta tiendecita y tantos contenedores saturados de porquería… Venecianos que, ante el desconcierto, el cansancio, el enfado y la rabia no cesan de hacer pintadas en las que expresan: “Turistas fuera”.  Y claro, ahí quedan la mayoría de las casas medio derrumbadas y deshabitadas, con fachadas ruinosas que nadie arregla…

Islas también como Santorini, bellísima pero agobiante. Ciudades como Atenas, mal cuidada, con una Acrópolis que decepciona ante tantas miles de personas haciendo fotos, tanta piedra milenaria por el suelo, tanto pavimento de rocas resbaladizas, por tan poca preocupación ante tan grandiosa joya, por tanto expolio cometido, con un ágora además que es más que un teatro del absurdo… ¿Dónde se invierte la enorme fortuna que entra diariamente, vía taquilla, en esta inmortal ciudad? Lugares que son igualmente Patrimonio de la Humanidad como Olimpia, con los antiguos restos arqueológicos mal presentados, por entre los que pasear como si estuviéramos a punto de comenzar los juegos y fuéramos todos atletas. O como Corfú, donde junto a edificios de importancia nos encontramos solares con matorrales secos y coches abandonados sin ruedas… O como Kotor, en Montenegro, mucho mejor cuidada, pero en donde todo es lucro y parafernalia, hasta subir andando por empinadas y desaliñadas cuestas pedregosas hasta la cima de sus murallas bien conservadas…

Y más y más… que he podido comprobar personalmente, viviendo momentos de fantasía inolvidables más desde mi corazón y mis sueños que desde la realidad encontrada… Y todo porque el mundo se ha hecho demasiado pequeño y todos hemos de verlo todo y estar en todos sitios… Una invasión, al fin y al cabo, en toda regla, que genera negocio, crea trabajo, produce gran cantidad de dinero y da lugar al enriquecimiento de no pocos, pero que hace imposible la vida diaria de las gentes autóctonas que no hace tanto vivían ahí en paz y tranquilidad…

Y llegado aquí me pregunto si Úbeda no acabará con el tiempo también invadida por completo y con ello perder su auténtico encanto e idiosincrasia. Por lo pronto, las Plazas de Santa María y aledaños, San Pablo, Ayuntamiento, Andalucía, así como las calles Baja del Salvador, Real, Nueva y Obispo Cobos ya dejaron de ser lo que eran para ser ocupadas por terrazas y más terrazas, bazares de recuerdos y conocidas tiendas franquicias de esas que están en todas partes. Algo que deja riqueza, desde luego que sí, pero que también se lleva un trozo de nuestra alma. Esperemos que nunca llegue, como ya ha sucedido en otros muchos lugares, a que se la lleven entera.    

miércoles, 12 de julio de 2017

SABINA, EL ÁNGEL CON ALAS BLANCAS

Es para sentir escalofríos. Porque ver la capilla del antiguo Hospital de Santiago de la ciudad de Úbeda abarrotada de público, puesto en pie, aplaudiendo a lo largo de varios minutos a quien es un genio universal de la canción, con la Medalla de Oro de la Ciudad en el pecho y el título de Hijo Predilecto a sus pies, es, cuando menos, para temblar de emoción y de gozo.

Joaquín Sabina, el hijo pródigo, se ha reconciliado con su pueblo, dicen muchos titulares de prensa. Joaquín Sabina, la oveja negra, el golfo, el descastado, el bohemio y el exiliado, como él dijo de sí mismo en el discurso de agradecimiento, era ahora el repatriado convertido en cordero de nieve. Y todo, porque quien se marchó dado un portazo, siendo un joven alocado y perdido en su maraña de sueños, ahora es un cantante internacional y un poeta de éxito… Y ya saben, los pueblos siempre están del lado de los triunfadores.

Yo no pude entrar en el recinto, no había entradas. Pero lo presencié por Diez TV. Y de todo, lo que más me gustó fue ver que, entre quienes aplaudían, de pie y a rabiar, al flaco de la libertad, había algunos de los que más lo han criticado y despreciado por ser una pieza imposible de encajar en el puzle de sus propias convicciones inviolables.

Y todo porque siempre han mirado al Sabina montaje y no al Martínez verdadero. Un Martínez que nunca, digan lo que digan, ha sido un hijo pródigo, sino más bien un hijo empujado por el río de las circunstancias que a cada uno nos toca y nos arrastra mojándonos de los colores que lleva el agua por más que intentemos impedirlo. Un Joaquín orgulloso, peso a todo, de su padre, como su padre lo estaba de él cuando no era nada y andaba cantando por los espacios miserables de los perdidos. A mí mismo me lo confesó mientras me dejaba un cuaderno de poemas de su pequeño para que lo leyera y le publicara alguno en la revista IBIUT. Un Joaquín que regresaba a Úbeda cuando podía, como esa vez que yo lo vi llevar a su madre cogida del brazo a la iglesia para que le rezara a la Virgen de Guadalupe. Un Joaquín que ha paseado más de una vez, en silencio, sin que nadie lo viera, por las nocturnas calles melancólicas de aquí… Un Joaquín que, pese a que parezca lo contrario, no sabe vivir sin pensar en Úbeda, en los romanos, la Soledad, la madrugada morada, el cine, los portalillos, su paseo del Mercado, la plaza de Santa María, su casa… Como no puede vivir sin dejar de respirar, pese a su ateísmo gracias a Dios, por los sentimientos cristianos que le infundieron. No tienen más que escuchar atentamente su amplio álbum discográfico para comprobar que rara es la canción que no expone algún matiz religioso: Con flores a María, la cofradía del Santo Reproche, Virgen de la Amargura, fiestas de guardar, santo sin paraíso, ni carne ni pecado, tenemos la duda y la fe, costalero en Sevilla, suspenso en religión, negaría el Santísimo Sacramento, veranillo de san Martín, no permita la Virgen que tengas poder, besos de Judas… o el hijo de un dios una vez que la vio se fue con ella…

Genial todo. Un gozo el escucharlo porque hay arte en sus canciones, vida, realidad, misterio, magia, literatura, pura poesía.

La señora alcaldesa se ha apuntado un gran tanto con este nombramiento, pero sobre todo, el pueblo de Úbeda se ha apuntado el tanto de no quedar en ridículo ante la Historia. Ahora sólo hace falta que los homenajes no cesen y se le ponga su nombre a una calle, y se haga un museo dedicado a su figura (material para ello hay más que suficiente, pues él mismo está dispuesto a dejar mucho de lo que posee), y se le haga también un monumento, en broce, a pie de calle, con su guitarra y su bombín, para que la gente se haga fotos a su lado.

Que los homenajes no cesen, porque Joaquín Ramón Martínez Sabina, el demonio con alas negras que cuenta andaba casi de espaldas con su pueblo, casi ignorándose, se la jugó a las cartas con la vida… y ha ganado convirtiéndose en ángel con alas blancas. Por ello, yo, desde el salón de mi casa, me uní a los aplausos puesto también en pie, conmovido. Y todavía sigo aplaudiendo dejándome llevar por esa admiración al artista que no puedo evitar porque me brota del corazón.  







martes, 27 de junio de 2017

EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DEL PENSAMIENTO ÚNICO

Tenemos miedo. Un miedo cada vez mayor. Un miedo que te hace adentrarte en tu propio mundo interior conmocionado por cuanto te rodea e incapaz siquiera de expresar lo que piensas y sientes.

Y es que hay cada vez más intolerancia, más fanatismo, más intransigencia, más animadversión… Y cuando todas estas cizañas crecen, las espigas se amedrantan, se secan y mueren. No hay más que salir a la calle, ver la televisión y leer los periódicos… No hay más que mirar a tu alrededor para comprender que se está imponiendo el pensamiento único. Un pensamiento fuertemente orquestado que no respeta, que no dialoga, que no comprende, que no considera…, profundamente partidista, que obliga, que intimida, que impone…, y si es necesario para conseguirlo emplear la violencia, se emplea.

Ya no vale eso de que cada cual es libre de pensar y actuar como quiera y considere. Aquí se imponen las ideas no con la fuerza de la convicción, sino con la amenaza, el insulto, la descalificación, la persecución, el boicot, con el peso aplastante del poder. Y todo aquel que no entra por el aro, queda discriminado, etiquetado, desprotegido, apartado, marcado, lanzado al fuego del infierno para siempre. Aquí hay que ir al día, a la moda, al sexo por el sexo, aborregados…, aquí hay que caminar a la ruptura, a romper con todo las formas que nos salgan al paso de la Historia, con la educación, con el respeto, con la verdad, con la moral, con la autoridad, con la nación, con las tradiciones, con la familia, con los valores, con la fe, con la esperanza, con Dios… Aquí hay que montarse en el carpe diem, en el no me compliques la vida, en el que cada palo aguante su vela… Aquí hay que ser partidarios del cambio sin saber qué se va a cambiar, progresistas del progresismo sin saber a qué llamamos progreso, destruyendo sin construir, calcinando sin sembrar, derribando sin levantar.

Y estamos solo en el comienzo. Que se preparen los que se resistan, los que crean que hay niños y niñas, y no criaturas; que hay padres y madres, y no progenitor A y B y persona guardadora 1 y 2; los que se atrevan a decir que hay hombres y mujeres con diferencias genéticas…; los que no acepten al completo la ideología de género; que se preparen los que se resistan a que sus hijos sean formados por la tribu, uniformados, robotizados; los que sostengan que el ser humano es algo más que simple materia. Que se preparen los que no se hagan animalistas igualando en derechos los animales con las personas; que se preparen los que no vistan al estilo “camisas pardas” o “camisas negruzcas”; los que se declaren contrarios al aborto, los que pisen una iglesia, los que consideren que los inmigrantes deben respetar y adaptarse a las costumbres de quienes los acogen y no imponer las suyas al precio que sea, y mucho menos a golpes de terror… Que se preparen porque todos acabarán en la cárcel, condenados por retrógrados, reaccionarios, machistas, discriminadores, racistas, homófobos, delincuentes del odio… y cuanto sea necesario hacer constar.
 
Aquí hay que tener cuidado con la que se dice y, sobre todo, con lo que se escribe, porque las hordas armadas y atrincheradas del pensamiento único, que andan ya en todas las redes sociales y en cada rincón de cada pueblo o ciudad, están alertas y al acecho, y en cuanto consideren que te sales de la raya roja marcada, te fusilan contra el muro de su campo de concentración en el que todos andamos prisioneros.

Avisados quedan.

viernes, 9 de junio de 2017

ACOMPLEJADOS QUE SOMOS

En los españoles existe un complejo de serlo que es terrible. Nadie en el mundo como nosotros para ser culpables de todo y sentir vergüenza por nada. De ahí esas actuaciones desconcertantes en políticos, esas ansias de separatismo, esas incongruencias y sectarismos, ese desconcierto y confusión que nos invaden. De ahí, por ejemplo, que a un empresario que crea infinidad de puestos de trabajo y paga sus impuestos reglamentarios le rechacemos nosotros mismos el regalo supermillonario que además ofrece para salvar vidas contra el cáncer. De ahí esas disputas y guerras constantes de unos contra otros. De ahí también que nos dé bochorno mostrar nuestra bandera y andemos silbando nuestro himno, llegando incluso a apalear a un joven por llevar en polo con los colores rojo y gualda en el filo de las mangas. De ahí ese pensamiento constante de no valemos nada, andamos los últimos, somos el culo del mundo.

Y no es así. La mayoría de los demás países no son mejores que nosotros, ni por historia, ni por arte, ni por literatura, ni por monumentos, ni por aportación a otros continentes…, ni por paisajes, gastronomía, clima, playas, alegría, costumbres, fiestas… Pero también ninguno nos gana en autocrítica. Porque, eso sí, para criticar, criticarnos y autodestruirnos nadie como nosotros, “harakirescos” que somos. Y pongo un solo ejemplo que me ha tenido lleno de dolor y de rabia muchos días:

En Londres se comete un atentado terrorista el sábado día 3 de junio. Hay varios muertos. Los tres terroristas son acribillados. Un español llamado Javier Echeverría, de quien los amigos dicen que salió en defensa de una mujer y cayó al suelo tras un navajazo, está desaparecido. ¿Desaparecido? Nadie sabe nada. A la familia no se le informa al respecto y no conoce si está ingresado en algún hospital o en la morgue. La policía y el Gobierno de allí no saben ni contestan. La angustia aumenta. El gobierno español pide información. Los familiares que andan en esas tierras ruegan explicaciones… Los cerebros que llevan el caso piden huellas dactilares, ADN, esto y lo otro…, largas y más largas. Qué vergüenza que un reino tan prestigioso se comporte tan inhumana e indignamente y no sepa o no quiera dar información al respecto. El viernes diremos algo… y podrán ver el cadáver, porque el viernes se le hará la autopsia. ¿La autopsia el viernes? ¿Casi una semana después…? Mientras tanto, el miércoles, ¡el miércoles!, encuentran otro cadáver en el río Támesis… El colmo. Vamos, como para correrlos a gorrazos… Sin embargo, el jueves, la hermana, ebria por los agasajos, adulaciones y vítores amplificados por los medios de comunicación, declara que algo triste se ha convertido en bonito y grandioso. Referente a la actuación de las autoridades británicas, sacando el complejo que llevamos dentro, dice que son: “suficientes y correctas”, y ni una crítica. Menos mal que la madre echó al enlace británico de la habitación cuando éste le dijo que vería el jueves a su hijo tras un cristal? ¿Tras un cristal? Pero, Dios, ¡¿qué es esto?!

Y llegados aquí, pregunto: ¿Ha cesado en el cargo algún policía británico? ¿Ha dimitido algún político inglés aunque sea de la tercera división? ¿Ha habido alguna manifestación de protesta en el Reino Unido en contra de tanto despropósito? ¿Se han suspendido las elecciones?...

Pues miren, amigos, si esto mismo, igual, sin quitar ni añadir nada, ocurre en España, e Ignacio Echeverría es un extranjero, o un español, da igual, ya habríamos hecho arder a este país por los cuatro costados. Porque, eso sí, en quemarnos a nosotros mismos somos los primeros.  

martes, 30 de mayo de 2017

DE LOCOS LO NUESTRO

Todos los años tenemos que recibir una buena ración de pitos al Himno de España en la final de copa. Y da igual qué equipos lleguen, porque en todas las aficiones hay descontentos y rencorosos que, parapetados en el anonimato de la masa, expresan sus frustraciones a base de silbidos a lo que sea. Más, desde luego, si los equipos finalistas son catalanes o vascos, porque a muchos de estos seguidores, además de a las propias frustraciones personales, hay que añadirles la estrechez de mente y el odio que rezuman sus corazones debido, sobre todo, a la pésima educación recibida. Estrechez de mente porque el mundo, se quiera o no, está abierto, enlazado, globalizado, por lo que ya vale poco eso de mi parcela, mi jardín y mi choza. Y odio porque, a base de mentiras, tergiversaciones y visión de la Historia partidista y distorsionada, se crean mentes deformes y de pocas perspectivas que llegan a no diferenciar la realidad de la fantasía, a creer que las grandezas pretéritas de un todo son suyas y los grandes defectos de ese todo sólo de los otros, generando esta lava dentro un rencor que quema y estalla.

Pero silbar al Himno de España es, sobre todas las cosas, un signo de falta de valores y de educación, porque silbar al Himno es, aparte de silbarnos a nosotros mismos, silbar a nuestros abuelos y bisabuelos, a cientos de generaciones antepasadas, a millones de hombres y mujeres que lucharon, se esforzaron, sufrieron y dieron su vida por lo que creyeron más justo, más noble y mejor… Personas con sus defectos y virtudes, con sus pensamientos y sueños, con sus valentías y temores… que no podemos juzgar desde nuestra perspectiva actual, desde nuestro presente, fuera del contexto histórico.

Muchos también de los que silban al himno de España lo hacen, además, porque se creen mejores e incluso superiores a los que no piensan ni sienten como ellos. Y no lo son, no lo son porque quienes son mejores y superiores, los que de verdad valen más –y esto es de manual básico de psicología–, se caracterizan precisamente por todo lo contrario, por ser los más respetuosos, tolerantes, compresivos y dados al amor sin interés.

Pero bueno, todo continuará igual y los que nos gobiernan de allí y de aquí, dentro de esta España resquebrajada, seguirán jugando al gato y al ratón, dividiéndose, tirando de la cuerda, viendo quién se lleva el trozo más grande de la tarta que una y otra vez se pone encima de la mesa…, desacreditando con todo esto a toda esta nación que podría ser mucho más grande, infinitamente más grande de lo que es de no ser por nosotros mismos, que no paramos de desprestigiarnos, de golpearnos, de lanzar piedras sobre nuestro propio tejado. Una España tan extraordinaria que, todavía y pese a tanto, es admirada por el resto del mundo…  Mundo que cada vez que ve o escucha las noticias en las que se dice que los mismos españoles se silban a sí mismos, se lleva las manos a la cabeza diciendo: ¡Están locos!

Pues eso, de locos lo nuestro.

jueves, 11 de mayo de 2017

LAS GAFAS CON LAS QUE MIRAMOS


¿Cómo quieres mirar esto que digo?
¿Cómo quieres mirar esto que hago?
¿Desde la forma estrecha de tu ombligo
o desde el amplio cobro de un impago?

Porque puedes mirar con la malicia
o la bondad del ojo que quisieses.
Porque nunca miramos en justicia
sino desde las gafas de intereses.

Por eso lo que es firme y es plenario
puedes verlo vacío y sin cimientos.
Y lo que es nada verlo extraordinario
si pones el cristal de los aumentos.

Y si el éxito de otro en tu camino
te hace sombra, es fracaso sin virtud.
Y si te perjudica el desatino,
valoras que es acierto en plenitud.

Si amas la paz y en Dios eres coherente,
un creyente verá en ti a un pacifista.
Si es un ateo, la cosa es diferente,
que eres un anticuado y un fascista.

Si alguien llega y se ofrece para darte,
que algo buscará, que algo pretende.
Si alguien es un roñoso y no comparte,
que el hombre es ahorrativo y se comprende.

Y si tienes al lado a tus amigos,
cuanto digas o hagas será hermoso.
Mas si de pronto se hacen enemigos
ya todo en ti se torna en horroroso.

Las gafas. ¡Ay, las gafas que tenemos!
Las gafas que olvidamos el guardarlas.
Que nos dejan mirar como queremos
haciendo que miramos sin usarlas.

Por eso el gobernante nunca acierta.
Si reviste los pueblos de esplendor,
que eso es tirar la casa por la puerta.
Si los deja tal cual, que vaya error.

Si acude a los mil actos programados,
que afán de tanto ser protagonista.
Si se queda en su hogar, sin más fregados,
que no cumple en funciones el artista.

Si sale en procesión, que qué hace ahí.
¿No es de izquierdas? La cosa tiene miga.
Si no quiere salir, que qué hace allí,
cuando estar con el pueblo es lo que obliga.

Y dicho sea de paso, igual diréis
del comentario éste que aquí os dejo.
Si os caigo bien, genial, expresaréis.
Si mal, vaya idiotez de un pobre viejo.

De ahí que nos dijera Campoamor:
Nada es verdad ni nada es mentira,
todo depende siempre del color, 
del color del cristal con que se mira.






martes, 25 de abril de 2017

ÚBEDA QUIERE A ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 Lo cuenta él mismo. Dice que era un niño pusilánime que jugaba en la plazuela de San Lorenzo a ser escritor. Todos los chiquillos de por allí lo veían distinto, diferente, extraño. Nunca entraba en peleas, no discutía, no tomaba parte en acciones violentas… En la escuela de los alumnos azuletes le fue bien, en la de los marrones no tanto, y se queja de ello. Luego, en el instituto, la cosa mejoró… Lo que vino después todo el mundo lo sabe: novelista de primera línea, Premio de la Crítica, Premio Nacional de Literatura, Académico de la Real Academia, numerosos premios nacionales e internacionales, y así hasta alcanzar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras… Y pronto obtendrá el Cervantes… Y si las circunstancias y entramados políticos-comerciales universales que juegan a la ruleta no lo impiden, el Nobel de Literatura.

A él los premios, lo confiesa también, no le importan mucho. Pero aunque no quiera, es lo que ha hecho que en muchos lugares del mundo lo valoren y lo consideren. No son pocos los que lo saludan, abrazan y admiran sin haber leído de él un solo párrafo. Cosas de la vida.

Los que sí lo han leído, también lo admiran con honestidad, aunque siempre haya alguno que se desmarque por los condicionantes que sean.

De lo que sí puede estar seguro Antonio es de que en Úbeda, su pueblo, se le quiere y cada día más. Hubo un tiempo en que yo mismo me quejaba de lo injusta que estaba siendo la ciudad con él. Ahora, la cosa marcha por mejor camino. Aquí tiene una placa dedicada a su persona en el instituto donde estudió, otra en la fachada de su casa donde vivió, letreros relacionados con sus novelas en distintas esquinas, el nombre a una calle que aunque no tenga casas tiene un paisaje que asombra… Ha sido también nombrado Hijo Predilecto y se le ha distinguido con la Medalla de Oro de la ciudad… Y vendrán más cosas, seguro que algún día, más pronto que tarde, se le pondrá su nombre a un colegio o instituto, y a una céntrica avenida, y al viejo teatro, y a un nuevo auditorio, y a una nueva biblioteca, y a un barrio entero…, y hasta puede que alguna vez a esta ciudad suya se le nombre más por Mágina que por Úbeda… Y, sin duda, se le levantará en alguna de nuestras mejores plazas un gran monumento con su imagen en bronce para que se fotografíen junto a él vecinos y forasteros.
 
A Antonio se le quiere en su pueblo. No hay vez que no venga que no se llene el espacio. Hasta pagando. Se retransmiten por radio y televisión locales sus discursos, sus palabras, sus pensamientos… Se le trata con sumo respeto, con especial deferencia y se considera un honor hasta el simple hecho de estrecharle la mano.

Hace unos días, Antonio ha vuelto a estar en Úbeda. Y entre los diferentes actos programados con motivo del treinta aniversario de su novela Beatus Ille, el más importante ha sido el de ser nombrado “Socio de Honor del Club Diana”. Una distinción a la altura de las mejores y más gloriosas, porque no se la entrega un grupo de sesudos intelectuales, ni interesados buscando intereses, ni políticos de la onda, ni editores y libreros ingeniosos… Se la ha concedido y entregado un grupo de personas humildes y sencillas, buenas, que, en libertad de pensamiento, ideologías y creencias, se reúnen para charlar, para leer la prensa, para pasar el tiempo, para tomar una copa, para hacer algo de cultura… Una distinción que no viene a buscar la simple alabanza banal de qué grande eres, Antonio Muñoz Molina, sino que sepas que es un orgullo saberte parte importantísima de nuestra Historia más ilustre, y que eres un ejemplo de superación, y una honra para nosotros, y una flecha directa a nuestro corazón, y una diana de nuestra más limpia amistad…, y que te queremos sintiéndonos felices por ello. Orgullo que comparto y que dejo aquí expresado en forma de fotografía que un periodista de manera improvisada nos hizo en el salón del club y en la que se me ve también feliz por el simple hecho de estar a su lado.

martes, 11 de abril de 2017

CRÍMENES ABOMINABLES

Comienza la Semana Santa. Es Domingo de Ramos y los cristianos coptos de Egipto, como todos los cristianos del mundo, sean de la rama que sean, van a conmemorar la festividad a sus iglesias. En dos de ellas, la de San Jorge en Tanta y la de San Macos en Alejandría, nadie sabe que la muerte anda esperando en forma de rayo negro cargado con un cinturón de explosivos con olor putrefacto a intolerancia.

Y el cinturón estalla y se lleva por delante a más de medio centenar de mujeres, hombres y niños inocentes, dejando en el suelo a centenares de heridos. Los dos atacantes suicidas fueron los primeros en morir, estallando por los aires para dejar sus cuerpos desperdigados en millares de trozos asquerosos y repugnantes de materia pestilente. Los dos salieron volando derechos al firdaws, nivel séptimo y máximo del paraíso de Alá es grande, para ser recibidos como mártires victoriosos por los ángeles celestiales y poder gozar de toda clase de placeres, desde manjares exquisitos a gran cantidad de huríes de ojos grandes y brillantes, pasando por una gran multitud de vírgenes e infinidad de muchachos jóvenes.

¿Y quién entiende esto? ¿Qué religión puede predicar semejante bárbara locura? Esta locura de ganar el paraíso a costa de matar infieles, y a cuantos más mejor. Es decir de asesinar a traición y a sangre fría a quienes no piensan ni creen en lo que tú piensas y crees. Increíble.

Ya sé, ya sé que no todos los musulmanes piensan, creen y actuan lo mismo que estos yihadistas del demonio. Que la inmensa mayoría de los que viven en nuestros pueblos y ciudades son pacíficos, comprensivos, comedidos, cautelosos… y, eso, prudentes, muy prudentes… Pero deberían ser un poco menos de todo esto que son, porque cuando se producen estas masacres constantes, estos actos de terrorismo que no cesan, estos asaltos abyectos a templos cristianos, estos crímenes abominables…, deberían ser los primeros en salir en masa a protestar, a exponer que están totalmente en contra de esos bárbaros, a manifestarse con pancartas y gritos de desaprobación en las puertas de todas las mezquitas y en todas las plazas de todos los pueblos del mundo libre… Y exigir de paso que también en los países donde se impone la religión que ellos profesan, dejen abrir templos budistas, mandires hinduistas, santuarios sintoístas, sinagogas judías e iglesias cristianas… 

Tener fe es un gozo para el alma, siempre y cuando creer en un ser superior lleve al amor, la paz, la convivencia, el respeto y la vida. Pero si la fe lo que provoca es odio, fanatismo, terror, sangre y muerte, entonces solo te empuja a la locura, y para estos locos, lo diga el dios que lo diga y esté escrito en el libro sagrado o la libra sagrada que tú quieras, no cabe más espacio ni más paraíso que el manicomio o la cárcel, y el infierno para siempre.

domingo, 26 de marzo de 2017

HACIA UN MUNDO FELIZ

Cuando de joven leí Un mundo feliz de Aldous Huxley, creí que había leído una buena novela, muy imaginativa, pero lejos de la realidad. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo, me voy convenciendo de que la novela se asemeja cada vez más a la realidad. Y miedo me da pensar que, de alguna u otra forma, todo puede acabar como refleja la magistral obra del autor inglés.

En ese mundo, perfectamente evolucionado, jerarquizado y avanzadísimo en tecnología, dividido programáticamente en castas, todo es saludable, limpio, ordenado y aceptado. El sexo no presenta ningún tipo de barreras ni límites. La promiscuidad es tan necesaria  como obligatoria. La fidelidad algo que se considera reprobablemente inmoral e inaceptable. La belleza física de los habitantes es ideal, y siempre, hasta la muerte, se es joven. La droga (soma) es el pan nuestro de cada día. Con ella se está siempre gozoso, tomándola todo se acepta y nada duele ni perturba ni se teme. Un mundo donde la avaricia, la guerra, la ambición, la pobreza, el odio… han sido eliminados, pero a costa también de eliminar los sentimientos, la familia, la cultura, la religión, el arte, el pensamiento… y, sobre todo, la libertad y el amor. Un mundo en el que se venera al líder, jefe de la comunidad, y en donde quienes viven fuera de esta civilización oficial y oficialista se les considera, sencillamente, seres prehistóricos, meros salvajes a quienes hay que apartar, olvidar y rechazar. 

Un mundo que, pese a parecer idílico, en el fondo asusta, da pánico, terror. Un mundo que se nos muestra como de futuro lejano, pero que si nos ponemos a pensar no está tan lejos ya del presente. Porque yo me pregunto: ¿Acaso no andamos hoy en día en dirección a ese mundo feliz más que hacia su contrario? ¿No estamos viendo ya esas ansias de acabar con todo lo que es militar, con todo lo que huela a religiosidad, con todo lo que lleva a la familia…? ¿No vamos hacia un pensamiento único, marcado todo a base de leyes de las que no se puede salir? ¿No estamos dirigidos desde las castas políticas, cerradas, superiores, privilegiadas, desde los líderes? ¿No vamos hacia un mundo uniforme, sin diferencias de género, sin sexos, o con sexos que se eligen según convenga o interese, inmensamente promiscuo y lleno de infidelidades? ¿No estamos cerca de concebir y desarrollar los fetos en incubadoras en cadena, y llegar a creer que la maternidad es un agobio, una carga de vida e incluso algo asqueroso y denigrante que deforma el cuerpo? ¿No estamos a punto de aceptar que la educación debe ser monocorde y darse sólo en centros públicos concebidos por la socialización dirigida desde el poder? ¿No vamos hacia una sociedad de mujeres y hombres obsesionados por aparecer físicamente perfectos, deseosos de aparentar ser siempre jóvenes, y donde no caben los deficientes, los débiles, los ancianos…, donde se puede acabar con la vida de cualquier niño engendrado que muestre alguna deficiencia para que no nazca y de cualquiera mayor que desee morir? ¿No vamos hacia una sociedad instruida, educada y dirigida desde la televisión, a la que obedecemos ciegamente? ¿No comemos, bebemos y vestimos según se nos indica? ¿No nos encontramos ya en una colectividad donde cada vez tienes que tener más cuidado con lo que dices o escribes porque la libertad de expresión se está reduciendo a base de golpes, insultos, desprecios, amenazas y boicots…? ¿No nos movemos ya a base de todo tipo de drogas: para el más mínimo dolor, para dormir, para el estrés, para la tristeza, para ponerme…, para desinhibirme, para estar contento…? ¿No nos encontramos ya en la vía de un mundo globalizado, integral, único? ¿No entendemos con frecuencia que todo aquél que huye de todos estos esquemas y se aleja hacia lugares recónditos, perdidos, solitarios…, y se aferra a los valores y derechos individuales, es un ser raro al que se le indiferencia, se le insulta, se le cataloga de poco moderno y nada progresista, y se le considera anticuado, carca, extraño, primitivo…, salvaje, en definitiva?

Ya hay países herméticamente cerrados en su mundo feliz y países donde la intención de ser un mundo feliz anda en marcha. Países que sueñan con lograr algún día que el planeta entero sea un mundo feliz, tan feliz que nadie es nadie, como robots sin alma.

domingo, 5 de marzo de 2017

BRINDIS POR LA MUJER

Porque todos los días del año son su día y no sólo el 8 de marzo.




                             Brindo por ti, mujer,
                             por ti cuando, tan pequeña, desnuda,
                             llegaste a esta asombrosa estación de la vida
                             y ya derramaste tus primeras lágrimas blancas.

                            Brindo por ti, mujer,
                            por cuando eras niña y jugabas
                            a volar con los pájaros de la inocencia
                            y creías que las estrellas eran luces
                            que llegaban del país de nunca jamás.

                           Brindo por ti, mujer,
                           por tu delicadeza adolescente,
                           por tus primeros tacones de cristal,
                           por tu labios recién pintados
                           dispuestos para el primer beso. 

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tus sueños de juventud,
                          por tus amores de sol
                          y tus desamores de luna nueva.
                          Brindo por ti,
                          por tus abrazos sinceros,
                          tus luchas por conquistar el mundo,
                          tus palabras azules y tus silencios hondos.
                          Brindo por tu coraje, tu valentía, tu honestidad,
                          por haber sobrevivido a la historia y a los siglos,
                          por haber superado con honor
                          la más inmoral de las discriminaciones.
                          Brindo por tu poder de engendrar,
                          por tu hermosura de cuerpo y de alma,
                          por tu generosa y sacrificada entrega.

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tu sonrisa madura,
                          por el fuego que enciendes en los inviernos
                          para que el hogar y los hijos
                          se alegren con la nieve
                          que cae tras los cristales.
                          Brindo por tu siembra incansable,
                          tu corazón latiendo a primavera,
                          tu encontrada libertad de alas abiertas,
                          tu trono de igualdad ya indiscutible.

                          Brindo por ti, mujer,
                          ya anciana, sentada a la ventana
                         de la nostalgia más sentida,
                         cosiendo un pañuelo para la esperanza
                         o leyendo un libro que ya poco
                         puede enseñarte de tan sabia como eres.

                         Brindo, por ti, mujer.
                         Brindo por ti en este atardecer de las horas
                         con el más dulce y justo de los licores.
                         Brindo por ti, porque ahora sé,
                         sobre todas las cosas,
                         que lo más bello del mundo
                         y de la vida
                                  eres tú.  



miércoles, 22 de febrero de 2017

CARNAVAL Y CRISTIANISMO

Estamos ya en carnaval. Y en todos los lugares del mundo se levantan carpas de fiesta, alegría, juerga, diversión… Sin embargo, ahí mismo, enfrente de todo esto, la iglesia, como en la sombra, en la penumbra de las velas, en la tristeza.

Y uno mira a ambos lados y encuentra entre las paredes de piedra con los ritos y las ceremonias, por regla general, a personas mayores, ya de vuelta de casi todo, a hombres y mujeres cansados, como apesadumbrados, aburridos, cual si miraran ya más hacia la otra orilla que hacia ésta. Por contrario, al otro lado, en las carpas, entre máscaras, risas, canciones, chistes, tragos de licor y bailes… se encuentran la mayoría de los jóvenes, alegres, dichosos, felices, llenos de vida…  Y entonces no tengo más remedio que preguntarme qué falla aquí. Cómo pueden arrastrar más las carpas que los templos. Como pueden mostrar más alegría los de la charlotada banal que los de la creencia trascendente… Cómo pueden aparentar ser más felices los que andan de tasca en tasca, de espectáculo en espectáculo, de broma en broma, seguidores de las carnestolendas, que los que andan centrados en la fe, seguidores de Jesús de Nazaret, de Dios, por quien, en connivencia con su muerte en la cruz, van a adentrarse en la cuaresma y de ahí al asombro jubiloso de la pascua de resurrección.

Tenía que ser al contrario. Tendrían los cristianos que ganar en alegría a los que no lo son, demostrando su gran dicha, su gran contento por ser hijos de Dios, por ser herederos de su gloria, por ser seguidores de alguien que es ejemplo de coherencia, de entrega, de paz, de amor, de vida. Los cristianos deberían mostrar a todas horas su gozo por haber nacido, sus ansias de vivir, su aprecio por la naturaleza, sus ganas de compartir, servir, ayudar…, su afán por cantar, danzar, reír, sentir… Los cristianos tendrían que seguir el ejemplo de su Maestro y no sólo subiéndose a la cruz, sino también gozando de lo hermoso de la vida. Jesús lo hizo. Él comió y bebió. Él disfrutó del convite y hasta convirtió el agua en vino para que la celebración siguiera. Él dejó en pleno banquete que le besaran los pies. Él mostró entusiasmo cuando lo aclamaban en su entrada en Jerusalén… Él dijo que los suyos son sal de la tierra y luz del mundo, y que la sal no podía volverse sosa ni la luz ocultarse bajo un celemín. Y es que Jesús fue un hombre alegre, bondadoso, cariñoso, humilde, sencillo, dado a todos… Por eso lo vemos con niños y ancianos, con ricos y pobres, con prostitutas y enfermos, con santos y endemoniados…

Algo falla entonces aquí, cuando vemos en estos días las calles llenas de jolgorio, de diversión, de fiesta… Y no todo, como piensan muchos, es desenfreno, lujuria, desorden, inmoralidad, pecado. Hay quienes se pasan, pero eso es siempre así y en todo, también alrededor de ciertas celebraciones religiosas, como procesiones, fiestas patronales, romerías… Algo falla aquí en cuanto se entiende que vivir en cristiano es vivir en la tristeza, el miedo, las ataduras, el todo es malo, el todo es pecado, el todo es condenación, el todo es muerte...

Tal vez algún día, volviendo a las raíces del evangelio, nos pongamos a imitar el ejemplo de los primeros cristianos, que brillaban por su coherencia, su amor entre ellos, su manera de compartir los bienes y la comida y, en ella, el pan y el vino…, y sobre todo, nos pongamos a imitar su alegría, su inmensa alegría que llevaba a la admiración y a decir a quienes los veían: “Mirad cómo se aman”, y que eran tanta y tan profunda que hasta no les importaba jugarse la vida, y si había que morir mártires, lo hacían cantando.  

Era una alegría, la de ellos, profunda, libre, valiente, que brotaba en el alma, sincera, limpia, desinteresada, sin falsedad, llena de esperanza…, más grande, sin duda, que la que pueden darnos todos los carnavales juntos… Una alegría que con el tiempo se fue perdiendo y apremia el volver a recuperarla, para que don carnaval no sea más que desconsuelo al lado del júbilo de doña cuaresma y el contento del resto del año.

martes, 7 de febrero de 2017

DESPIDIENDO A DOS SANTOS LORENTE, MI AMIGO SACERDOTE

La catedral de Jaén, repleta de fieles y de presbíteros, recibía el pasado lunes, 6 de febrero, de pie, el cuerpo ya sin vida de mi amigo, el sacerdote don Santos Lorente Casáñez. La misa de entierro la presidía el obispo don Amadeo Rodríguez Magro. Grandiosa ceremonia repleta de emociones y de sentimientos, de respeto profundo.

Y le dimos un hasta siempre al hombre de Dios, al niño que nació en La Iruela hace setenta y tres años, al joven que recibió el sacramente del orden sacerdotal en septiembre de 1970, para ser destinado como profesor en el seminario de Jaén, donde ese mismo mes y año llegué yo, recién terminados mis estudios de magisterio en SAFA, para tomar parte del equipo como formador seglar.

Y es a partir de ese momento cuando se forja nuestra amistad. Una amistad limpia, sentida, sin egoísmos. Luego, nos separamos teniendo encuentros muy esporádicos en el tiempo. Él anduvo como párroco por Cazorla, Villacarrillo, Torredelcampo… En Villacarrillo volvimos a coincidir varias veces, especialmente con motivo de las fiestas del Corpus. Pero nuestra relación volvió a fortalecerse al llegar la cofradía de la Santa Cena de Jaén, a la que yo pertenecía, a la iglesia de San Félix de Valois, de la que él era párroco.

En ella sentí siempre su apoyo, su confianza, sus ánimos, su comprensión, su cariño… Compartimos actos, teatros, reuniones, presentaciones… Y hasta nos dejó sus salones parroquiales para ensayar Resurrexit y Maranatha. Llegando nuestro aprecio a cotas altísimas y nuestro amor a tanto que hasta se prestó a oficiar la ceremonia del enlace matrimonial de mi hija, en la iglesia de Santa María de Úbeda.

Ahora, en la tarde de ese 6 de febrero, con hondo sentir y tristeza, le dije adiós a su cuerpo yacente, ya frío, pero desde el consuelo de habérselo dicho con vida pocos días antes, en el sanatorio de El Neveral, donde fui a visitarlo. Andaba con la mascarilla puesta, muy débil, ahogándose, con pocas fuerzas…, pero sin perder su templanza de siempre. Le gasté una broma y sonrió abiertamente, dentro de su sencillez y su ternura cristalina, dentro de su total entereza en la fe.

Lo vi en la cruz, subido al madero, agonizando… Y se lo dije. A un presbítero se le puede hablar de esas cosas sin miedo a la muerte. Mira que he hablado yo infinidad de veces a las gentes del sacrificio de la cruz…, pues mira, de cierto, ahora estoy yo en ella. Me dijo… Y me habló de las oraciones que leía, especialmente una de Raoul Follerau. Después, tomó su móvil y marcó la canción que más le llenaba y no cesaba de oír, “Alma de Cristo”,  y juntos la escuchamos emocionados. Hablamos además de algunas cosas nuestras, más yo que él, que apenas podía emitir palabra… Y así hasta que, para no cansarlo en exceso, nos despedimos. Los dos sabíamos que era la última vez que nos veíamos en este mundo. Le cogí la mano y se la apreté poniendo en ella el corazón. Él me miró pagándome con su sonrisa de siempre, sólo que esta vez sus ojos vivarachos y amables andaban hundidos en un perfil de delgadez sorprendente.

Cuando terminó la misa, el ataúd con sus restos, llevado a hombros por numerosos amigos sacerdotes, cruzó, como en procesión, toda la catedral. Esa catedral de la que él era también Canónigo Vice-Deán, hasta salir por la Puerta del Perdón a la calle camino a Dios. Sus familiares lloraban. Algunos sacerdotes lloraban. Numerosos acompañantes lloraban. El cielo se andaba nublando. Yo, entonces, muy apenado, en la soledad, a ese Dios le dije: “Acoge, Señor, a tu siervo Santos en tu reino, para que goce de tu banquete celestial por todos los siglos… Y a mí, Dios mío, ayúdame, haciendo que mi convencimiento de tu existencia sea más fuerte que mi deseo de que existas”.

Luego, el coche fúnebre con el féretro en su interior se puso en marcha perdiéndose por la calle arriba hacia la infinitud.

Hasta la vista, amigo. Hasta siempre, querido don Santos, santo.