miércoles, 12 de julio de 2017

SABINA, EL ÁNGEL CON ALAS BLANCAS

Es para sentir escalofríos. Porque ver la capilla del antiguo Hospital de Santiago de la ciudad de Úbeda abarrotada de público, puesto en pie, aplaudiendo a lo largo de varios minutos a quien es un genio universal de la canción, con la Medalla de Oro de la Ciudad en el pecho y el título de Hijo Predilecto a sus pies, es, cuando menos, para temblar de emoción y de gozo.

Joaquín Sabina, el hijo pródigo, se ha reconciliado con su pueblo, dicen muchos titulares de prensa. Joaquín Sabina, la oveja negra, el golfo, el descastado, el bohemio y el exiliado, como él dijo de sí mismo en el discurso de agradecimiento, era ahora el repatriado convertido en cordero de nieve. Y todo, porque quien se marchó dado un portazo, siendo un joven alocado y perdido en su maraña de sueños, ahora es un cantante internacional y un poeta de éxito… Y ya saben, los pueblos siempre están del lado de los triunfadores.

Yo no pude entrar en el recinto, no había entradas. Pero lo presencié por Diez TV. Y de todo, lo que más me gustó fue ver que, entre quienes aplaudían, de pie y a rabiar, al flaco de la libertad, había algunos de los que más lo han criticado y despreciado por ser una pieza imposible de encajar en el puzle de sus propias convicciones inviolables.

Y todo porque siempre han mirado al Sabina montaje y no al Martínez verdadero. Un Martínez que nunca, digan lo que digan, ha sido un hijo pródigo, sino más bien un hijo empujado por el río de las circunstancias que a cada uno nos toca y nos arrastra mojándonos de los colores que lleva el agua por más que intentemos impedirlo. Un Joaquín orgulloso, peso a todo, de su padre, como su padre lo estaba de él cuando no era nada y andaba cantando por los espacios miserables de los perdidos. A mí mismo me lo confesó mientras me dejaba un cuaderno de poemas de su pequeño para que lo leyera y le publicara alguno en la revista IBIUT. Un Joaquín que regresaba a Úbeda cuando podía, como esa vez que yo lo vi llevar a su madre cogida del brazo a la iglesia para que le rezara a la Virgen de Guadalupe. Un Joaquín que ha paseado más de una vez, en silencio, sin que nadie lo viera, por las nocturnas calles melancólicas de aquí… Un Joaquín que, pese a que parezca lo contrario, no sabe vivir sin pensar en Úbeda, en los romanos, la Soledad, la madrugada morada, el cine, los portalillos, su paseo del Mercado, la plaza de Santa María, su casa… Como no puede vivir sin dejar de respirar, pese a su ateísmo gracias a Dios, por los sentimientos cristianos que le infundieron. No tienen más que escuchar atentamente su amplio álbum discográfico para comprobar que rara es la canción que no expone algún matiz religioso: Con flores a María, la cofradía del Santo Reproche, Virgen de la Amargura, fiestas de guardar, santo sin paraíso, ni carne ni pecado, tenemos la duda y la fe, costalero en Sevilla, suspenso en religión, negaría el Santísimo Sacramento, veranillo de san Martín, no permita la Virgen que tengas poder, besos de Judas… o el hijo de un dios una vez que la vio se fue con ella…

Genial todo. Un gozo el escucharlo porque hay arte en sus canciones, vida, realidad, misterio, magia, literatura, pura poesía.

La señora alcaldesa se ha apuntado un gran tanto con este nombramiento, pero sobre todo, el pueblo de Úbeda se ha apuntado el tanto de no quedar en ridículo ante la Historia. Ahora sólo hace falta que los homenajes no cesen y se le ponga su nombre a una calle, y se haga un museo dedicado a su figura (material para ello hay más que suficiente, pues él mismo está dispuesto a dejar mucho de lo que posee), y se le haga también un monumento, en broce, a pie de calle, con su guitarra y su bombín, para que la gente se haga fotos a su lado.

Que los homenajes no cesen, porque Joaquín Ramón Martínez Sabina, el demonio con alas negras que cuenta andaba casi de espaldas con su pueblo, casi ignorándose, se la jugó a las cartas con la vida… y ha ganado convirtiéndose en ángel con alas blancas. Por ello, yo, desde el salón de mi casa, me uní a los aplausos puesto también en pie, conmovido. Y todavía sigo aplaudiendo dejándome llevar por esa admiración al artista que no puedo evitar porque me brota del corazón.  







martes, 27 de junio de 2017

EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DEL PENSAMIENTO ÚNICO

Tenemos miedo. Un miedo cada vez mayor. Un miedo que te hace adentrarte en tu propio mundo interior conmocionado por cuanto te rodea e incapaz siquiera de expresar lo que piensas y sientes.

Y es que hay cada vez más intolerancia, más fanatismo, más intransigencia, más animadversión… Y cuando todas estas cizañas crecen, las espigas se amedrantan, se secan y mueren. No hay más que salir a la calle, ver la televisión y leer los periódicos… No hay más que mirar a tu alrededor para comprender que se está imponiendo el pensamiento único. Un pensamiento fuertemente orquestado que no respeta, que no dialoga, que no comprende, que no considera…, profundamente partidista, que obliga, que intimida, que impone…, y si es necesario para conseguirlo emplear la violencia, se emplea.

Ya no vale eso de que cada cual es libre de pensar y actuar como quiera y considere. Aquí se imponen las ideas no con la fuerza de la convicción, sino con la amenaza, el insulto, la descalificación, la persecución, el boicot, con el peso aplastante del poder. Y todo aquel que no entra por el aro, queda discriminado, etiquetado, desprotegido, apartado, marcado, lanzado al fuego del infierno para siempre. Aquí hay que ir al día, a la moda, al sexo por el sexo, aborregados…, aquí hay que caminar a la ruptura, a romper con todo las formas que nos salgan al paso de la Historia, con la educación, con el respeto, con la verdad, con la moral, con la autoridad, con la nación, con las tradiciones, con la familia, con los valores, con la fe, con la esperanza, con Dios… Aquí hay que montarse en el carpe diem, en el no me compliques la vida, en el que cada palo aguante su vela… Aquí hay que ser partidarios del cambio sin saber qué se va a cambiar, progresistas del progresismo sin saber a qué llamamos progreso, destruyendo sin construir, calcinando sin sembrar, derribando sin levantar.

Y estamos solo en el comienzo. Que se preparen los que se resistan, los que crean que hay niños y niñas, y no criaturas; que hay padres y madres, y no progenitor A y B y persona guardadora 1 y 2; los que se atrevan a decir que hay hombres y mujeres con diferencias genéticas…; los que no acepten al completo la ideología de género; que se preparen los que se resistan a que sus hijos sean formados por la tribu, uniformados, robotizados; los que sostengan que el ser humano es algo más que simple materia. Que se preparen los que no se hagan animalistas igualando en derechos los animales con las personas; que se preparen los que no vistan al estilo “camisas pardas” o “camisas negruzcas”; los que se declaren contrarios al aborto, los que pisen una iglesia, los que consideren que los inmigrantes deben respetar y adaptarse a las costumbres de quienes los acogen y no imponer las suyas al precio que sea, y mucho menos a golpes de terror… Que se preparen porque todos acabarán en la cárcel, condenados por retrógrados, reaccionarios, machistas, discriminadores, racistas, homófobos, delincuentes del odio… y cuanto sea necesario hacer constar.
 
Aquí hay que tener cuidado con la que se dice y, sobre todo, con lo que se escribe, porque las hordas armadas y atrincheradas del pensamiento único, que andan ya en todas las redes sociales y en cada rincón de cada pueblo o ciudad, están alertas y al acecho, y en cuanto consideren que te sales de la raya roja marcada, te fusilan contra el muro de su campo de concentración en el que todos andamos prisioneros.

Avisados quedan.

viernes, 9 de junio de 2017

ACOMPLEJADOS QUE SOMOS

En los españoles existe un complejo de serlo que es terrible. Nadie en el mundo como nosotros para ser culpables de todo y sentir vergüenza por nada. De ahí esas actuaciones desconcertantes en políticos, esas ansias de separatismo, esas incongruencias y sectarismos, ese desconcierto y confusión que nos invaden. De ahí, por ejemplo, que a un empresario que crea infinidad de puestos de trabajo y paga sus impuestos reglamentarios le rechacemos nosotros mismos el regalo supermillonario que además ofrece para salvar vidas contra el cáncer. De ahí esas disputas y guerras constantes de unos contra otros. De ahí también que nos dé bochorno mostrar nuestra bandera y andemos silbando nuestro himno, llegando incluso a apalear a un joven por llevar en polo con los colores rojo y gualda en el filo de las mangas. De ahí ese pensamiento constante de no valemos nada, andamos los últimos, somos el culo del mundo.

Y no es así. La mayoría de los demás países no son mejores que nosotros, ni por historia, ni por arte, ni por literatura, ni por monumentos, ni por aportación a otros continentes…, ni por paisajes, gastronomía, clima, playas, alegría, costumbres, fiestas… Pero también ninguno nos gana en autocrítica. Porque, eso sí, para criticar, criticarnos y autodestruirnos nadie como nosotros, “harakirescos” que somos. Y pongo un solo ejemplo que me ha tenido lleno de dolor y de rabia muchos días:

En Londres se comete un atentado terrorista el sábado día 3 de junio. Hay varios muertos. Los tres terroristas son acribillados. Un español llamado Javier Echeverría, de quien los amigos dicen que salió en defensa de una mujer y cayó al suelo tras un navajazo, está desaparecido. ¿Desaparecido? Nadie sabe nada. A la familia no se le informa al respecto y no conoce si está ingresado en algún hospital o en la morgue. La policía y el Gobierno de allí no saben ni contestan. La angustia aumenta. El gobierno español pide información. Los familiares que andan en esas tierras ruegan explicaciones… Los cerebros que llevan el caso piden huellas dactilares, ADN, esto y lo otro…, largas y más largas. Qué vergüenza que un reino tan prestigioso se comporte tan inhumana e indignamente y no sepa o no quiera dar información al respecto. El viernes diremos algo… y podrán ver el cadáver, porque el viernes se le hará la autopsia. ¿La autopsia el viernes? ¿Casi una semana después…? Mientras tanto, el miércoles, ¡el miércoles!, encuentran otro cadáver en el río Támesis… El colmo. Vamos, como para correrlos a gorrazos… Sin embargo, el jueves, la hermana, ebria por los agasajos, adulaciones y vítores amplificados por los medios de comunicación, declara que algo triste se ha convertido en bonito y grandioso. Referente a la actuación de las autoridades británicas, sacando el complejo que llevamos dentro, dice que son: “suficientes y correctas”, y ni una crítica. Menos mal que la madre echó al enlace británico de la habitación cuando éste le dijo que vería el jueves a su hijo tras un cristal? ¿Tras un cristal? Pero, Dios, ¡¿qué es esto?!

Y llegados aquí, pregunto: ¿Ha cesado en el cargo algún policía británico? ¿Ha dimitido algún político inglés aunque sea de la tercera división? ¿Ha habido alguna manifestación de protesta en el Reino Unido en contra de tanto despropósito? ¿Se han suspendido las elecciones?...

Pues miren, amigos, si esto mismo, igual, sin quitar ni añadir nada, ocurre en España, e Ignacio Echeverría es un extranjero, o un español, da igual, ya habríamos hecho arder a este país por los cuatro costados. Porque, eso sí, en quemarnos a nosotros mismos somos los primeros.  

martes, 30 de mayo de 2017

DE LOCOS LO NUESTRO

Todos los años tenemos que recibir una buena ración de pitos al Himno de España en la final de copa. Y da igual qué equipos lleguen, porque en todas las aficiones hay descontentos y rencorosos que, parapetados en el anonimato de la masa, expresan sus frustraciones a base de silbidos a lo que sea. Más, desde luego, si los equipos finalistas son catalanes o vascos, porque a muchos de estos seguidores, además de a las propias frustraciones personales, hay que añadirles la estrechez de mente y el odio que rezuman sus corazones debido, sobre todo, a la pésima educación recibida. Estrechez de mente porque el mundo, se quiera o no, está abierto, enlazado, globalizado, por lo que ya vale poco eso de mi parcela, mi jardín y mi choza. Y odio porque, a base de mentiras, tergiversaciones y visión de la Historia partidista y distorsionada, se crean mentes deformes y de pocas perspectivas que llegan a no diferenciar la realidad de la fantasía, a creer que las grandezas pretéritas de un todo son suyas y los grandes defectos de ese todo sólo de los otros, generando esta lava dentro un rencor que quema y estalla.

Pero silbar al Himno de España es, sobre todas las cosas, un signo de falta de valores y de educación, porque silbar al Himno es, aparte de silbarnos a nosotros mismos, silbar a nuestros abuelos y bisabuelos, a cientos de generaciones antepasadas, a millones de hombres y mujeres que lucharon, se esforzaron, sufrieron y dieron su vida por lo que creyeron más justo, más noble y mejor… Personas con sus defectos y virtudes, con sus pensamientos y sueños, con sus valentías y temores… que no podemos juzgar desde nuestra perspectiva actual, desde nuestro presente, fuera del contexto histórico.

Muchos también de los que silban al himno de España lo hacen, además, porque se creen mejores e incluso superiores a los que no piensan ni sienten como ellos. Y no lo son, no lo son porque quienes son mejores y superiores, los que de verdad valen más –y esto es de manual básico de psicología–, se caracterizan precisamente por todo lo contrario, por ser los más respetuosos, tolerantes, compresivos y dados al amor sin interés.

Pero bueno, todo continuará igual y los que nos gobiernan de allí y de aquí, dentro de esta España resquebrajada, seguirán jugando al gato y al ratón, dividiéndose, tirando de la cuerda, viendo quién se lleva el trozo más grande de la tarta que una y otra vez se pone encima de la mesa…, desacreditando con todo esto a toda esta nación que podría ser mucho más grande, infinitamente más grande de lo que es de no ser por nosotros mismos, que no paramos de desprestigiarnos, de golpearnos, de lanzar piedras sobre nuestro propio tejado. Una España tan extraordinaria que, todavía y pese a tanto, es admirada por el resto del mundo…  Mundo que cada vez que ve o escucha las noticias en las que se dice que los mismos españoles se silban a sí mismos, se lleva las manos a la cabeza diciendo: ¡Están locos!

Pues eso, de locos lo nuestro.

jueves, 11 de mayo de 2017

LAS GAFAS CON LAS QUE MIRAMOS


¿Cómo quieres mirar esto que digo?
¿Cómo quieres mirar esto que hago?
¿Desde la forma estrecha de tu ombligo
o desde el amplio cobro de un impago?

Porque puedes mirar con la malicia
o la bondad del ojo que quisieses.
Porque nunca miramos en justicia
sino desde las gafas de intereses.

Por eso lo que es firme y es plenario
puedes verlo vacío y sin cimientos.
Y lo que es nada verlo extraordinario
si pones el cristal de los aumentos.

Y si el éxito de otro en tu camino
te hace sombra, es fracaso sin virtud.
Y si te perjudica el desatino,
valoras que es acierto en plenitud.

Si amas la paz y en Dios eres coherente,
un creyente verá en ti a un pacifista.
Si es un ateo, la cosa es diferente,
que eres un anticuado y un fascista.

Si alguien llega y se ofrece para darte,
que algo buscará, que algo pretende.
Si alguien es un roñoso y no comparte,
que el hombre es ahorrativo y se comprende.

Y si tienes al lado a tus amigos,
cuanto digas o hagas será hermoso.
Mas si de pronto se hacen enemigos
ya todo en ti se torna en horroroso.

Las gafas. ¡Ay, las gafas que tenemos!
Las gafas que olvidamos el guardarlas.
Que nos dejan mirar como queremos
haciendo que miramos sin usarlas.

Por eso el gobernante nunca acierta.
Si reviste los pueblos de esplendor,
que eso es tirar la casa por la puerta.
Si los deja tal cual, que vaya error.

Si acude a los mil actos programados,
que afán de tanto ser protagonista.
Si se queda en su hogar, sin más fregados,
que no cumple en funciones el artista.

Si sale en procesión, que qué hace ahí.
¿No es de izquierdas? La cosa tiene miga.
Si no quiere salir, que qué hace allí,
cuando estar con el pueblo es lo que obliga.

Y dicho sea de paso, igual diréis
del comentario éste que aquí os dejo.
Si os caigo bien, genial, expresaréis.
Si mal, vaya idiotez de un pobre viejo.

De ahí que nos dijera Campoamor:
Nada es verdad ni nada es mentira,
todo depende siempre del color, 
del color del cristal con que se mira.






martes, 25 de abril de 2017

ÚBEDA QUIERE A ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 Lo cuenta él mismo. Dice que era un niño pusilánime que jugaba en la plazuela de San Lorenzo a ser escritor. Todos los chiquillos de por allí lo veían distinto, diferente, extraño. Nunca entraba en peleas, no discutía, no tomaba parte en acciones violentas… En la escuela de los alumnos azuletes le fue bien, en la de los marrones no tanto, y se queja de ello. Luego, en el instituto, la cosa mejoró… Lo que vino después todo el mundo lo sabe: novelista de primera línea, Premio de la Crítica, Premio Nacional de Literatura, Académico de la Real Academia, numerosos premios nacionales e internacionales, y así hasta alcanzar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras… Y pronto obtendrá el Cervantes… Y si las circunstancias y entramados políticos-comerciales universales que juegan a la ruleta no lo impiden, el Nobel de Literatura.

A él los premios, lo confiesa también, no le importan mucho. Pero aunque no quiera, es lo que ha hecho que en muchos lugares del mundo lo valoren y lo consideren. No son pocos los que lo saludan, abrazan y admiran sin haber leído de él un solo párrafo. Cosas de la vida.

Los que sí lo han leído, también lo admiran con honestidad, aunque siempre haya alguno que se desmarque por los condicionantes que sean.

De lo que sí puede estar seguro Antonio es de que en Úbeda, su pueblo, se le quiere y cada día más. Hubo un tiempo en que yo mismo me quejaba de lo injusta que estaba siendo la ciudad con él. Ahora, la cosa marcha por mejor camino. Aquí tiene una placa dedicada a su persona en el instituto donde estudió, otra en la fachada de su casa donde vivió, letreros relacionados con sus novelas en distintas esquinas, el nombre a una calle que aunque no tenga casas tiene un paisaje que asombra… Ha sido también nombrado Hijo Predilecto y se le ha distinguido con la Medalla de Oro de la ciudad… Y vendrán más cosas, seguro que algún día, más pronto que tarde, se le pondrá su nombre a un colegio o instituto, y a una céntrica avenida, y al viejo teatro, y a un nuevo auditorio, y a una nueva biblioteca, y a un barrio entero…, y hasta puede que alguna vez a esta ciudad suya se le nombre más por Mágina que por Úbeda… Y, sin duda, se le levantará en alguna de nuestras mejores plazas un gran monumento con su imagen en bronce para que se fotografíen junto a él vecinos y forasteros.
 
A Antonio se le quiere en su pueblo. No hay vez que no venga que no se llene el espacio. Hasta pagando. Se retransmiten por radio y televisión locales sus discursos, sus palabras, sus pensamientos… Se le trata con sumo respeto, con especial deferencia y se considera un honor hasta el simple hecho de estrecharle la mano.

Hace unos días, Antonio ha vuelto a estar en Úbeda. Y entre los diferentes actos programados con motivo del treinta aniversario de su novela Beatus Ille, el más importante ha sido el de ser nombrado “Socio de Honor del Club Diana”. Una distinción a la altura de las mejores y más gloriosas, porque no se la entrega un grupo de sesudos intelectuales, ni interesados buscando intereses, ni políticos de la onda, ni editores y libreros ingeniosos… Se la ha concedido y entregado un grupo de personas humildes y sencillas, buenas, que, en libertad de pensamiento, ideologías y creencias, se reúnen para charlar, para leer la prensa, para pasar el tiempo, para tomar una copa, para hacer algo de cultura… Una distinción que no viene a buscar la simple alabanza banal de qué grande eres, Antonio Muñoz Molina, sino que sepas que es un orgullo saberte parte importantísima de nuestra Historia más ilustre, y que eres un ejemplo de superación, y una honra para nosotros, y una flecha directa a nuestro corazón, y una diana de nuestra más limpia amistad…, y que te queremos sintiéndonos felices por ello. Orgullo que comparto y que dejo aquí expresado en forma de fotografía que un periodista de manera improvisada nos hizo en el salón del club y en la que se me ve también feliz por el simple hecho de estar a su lado.

martes, 11 de abril de 2017

CRÍMENES ABOMINABLES

Comienza la Semana Santa. Es Domingo de Ramos y los cristianos coptos de Egipto, como todos los cristianos del mundo, sean de la rama que sean, van a conmemorar la festividad a sus iglesias. En dos de ellas, la de San Jorge en Tanta y la de San Macos en Alejandría, nadie sabe que la muerte anda esperando en forma de rayo negro cargado con un cinturón de explosivos con olor putrefacto a intolerancia.

Y el cinturón estalla y se lleva por delante a más de medio centenar de mujeres, hombres y niños inocentes, dejando en el suelo a centenares de heridos. Los dos atacantes suicidas fueron los primeros en morir, estallando por los aires para dejar sus cuerpos desperdigados en millares de trozos asquerosos y repugnantes de materia pestilente. Los dos salieron volando derechos al firdaws, nivel séptimo y máximo del paraíso de Alá es grande, para ser recibidos como mártires victoriosos por los ángeles celestiales y poder gozar de toda clase de placeres, desde manjares exquisitos a gran cantidad de huríes de ojos grandes y brillantes, pasando por una gran multitud de vírgenes e infinidad de muchachos jóvenes.

¿Y quién entiende esto? ¿Qué religión puede predicar semejante bárbara locura? Esta locura de ganar el paraíso a costa de matar infieles, y a cuantos más mejor. Es decir de asesinar a traición y a sangre fría a quienes no piensan ni creen en lo que tú piensas y crees. Increíble.

Ya sé, ya sé que no todos los musulmanes piensan, creen y actuan lo mismo que estos yihadistas del demonio. Que la inmensa mayoría de los que viven en nuestros pueblos y ciudades son pacíficos, comprensivos, comedidos, cautelosos… y, eso, prudentes, muy prudentes… Pero deberían ser un poco menos de todo esto que son, porque cuando se producen estas masacres constantes, estos actos de terrorismo que no cesan, estos asaltos abyectos a templos cristianos, estos crímenes abominables…, deberían ser los primeros en salir en masa a protestar, a exponer que están totalmente en contra de esos bárbaros, a manifestarse con pancartas y gritos de desaprobación en las puertas de todas las mezquitas y en todas las plazas de todos los pueblos del mundo libre… Y exigir de paso que también en los países donde se impone la religión que ellos profesan, dejen abrir templos budistas, mandires hinduistas, santuarios sintoístas, sinagogas judías e iglesias cristianas… 

Tener fe es un gozo para el alma, siempre y cuando creer en un ser superior lleve al amor, la paz, la convivencia, el respeto y la vida. Pero si la fe lo que provoca es odio, fanatismo, terror, sangre y muerte, entonces solo te empuja a la locura, y para estos locos, lo diga el dios que lo diga y esté escrito en el libro sagrado o la libra sagrada que tú quieras, no cabe más espacio ni más paraíso que el manicomio o la cárcel, y el infierno para siempre.

domingo, 26 de marzo de 2017

HACIA UN MUNDO FELIZ

Cuando de joven leí Un mundo feliz de Aldous Huxley, creí que había leído una buena novela, muy imaginativa, pero lejos de la realidad. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo, me voy convenciendo de que la novela se asemeja cada vez más a la realidad. Y miedo me da pensar que, de alguna u otra forma, todo puede acabar como refleja la magistral obra del autor inglés.

En ese mundo, perfectamente evolucionado, jerarquizado y avanzadísimo en tecnología, dividido programáticamente en castas, todo es saludable, limpio, ordenado y aceptado. El sexo no presenta ningún tipo de barreras ni límites. La promiscuidad es tan necesaria  como obligatoria. La fidelidad algo que se considera reprobablemente inmoral e inaceptable. La belleza física de los habitantes es ideal, y siempre, hasta la muerte, se es joven. La droga (soma) es el pan nuestro de cada día. Con ella se está siempre gozoso, tomándola todo se acepta y nada duele ni perturba ni se teme. Un mundo donde la avaricia, la guerra, la ambición, la pobreza, el odio… han sido eliminados, pero a costa también de eliminar los sentimientos, la familia, la cultura, la religión, el arte, el pensamiento… y, sobre todo, la libertad y el amor. Un mundo en el que se venera al líder, jefe de la comunidad, y en donde quienes viven fuera de esta civilización oficial y oficialista se les considera, sencillamente, seres prehistóricos, meros salvajes a quienes hay que apartar, olvidar y rechazar. 

Un mundo que, pese a parecer idílico, en el fondo asusta, da pánico, terror. Un mundo que se nos muestra como de futuro lejano, pero que si nos ponemos a pensar no está tan lejos ya del presente. Porque yo me pregunto: ¿Acaso no andamos hoy en día en dirección a ese mundo feliz más que hacia su contrario? ¿No estamos viendo ya esas ansias de acabar con todo lo que es militar, con todo lo que huela a religiosidad, con todo lo que lleva a la familia…? ¿No vamos hacia un pensamiento único, marcado todo a base de leyes de las que no se puede salir? ¿No estamos dirigidos desde las castas políticas, cerradas, superiores, privilegiadas, desde los líderes? ¿No vamos hacia un mundo uniforme, sin diferencias de género, sin sexos, o con sexos que se eligen según convenga o interese, inmensamente promiscuo y lleno de infidelidades? ¿No estamos cerca de concebir y desarrollar los fetos en incubadoras en cadena, y llegar a creer que la maternidad es un agobio, una carga de vida e incluso algo asqueroso y denigrante que deforma el cuerpo? ¿No estamos a punto de aceptar que la educación debe ser monocorde y darse sólo en centros públicos concebidos por la socialización dirigida desde el poder? ¿No vamos hacia una sociedad de mujeres y hombres obsesionados por aparecer físicamente perfectos, deseosos de aparentar ser siempre jóvenes, y donde no caben los deficientes, los débiles, los ancianos…, donde se puede acabar con la vida de cualquier niño engendrado que muestre alguna deficiencia para que no nazca y de cualquiera mayor que desee morir? ¿No vamos hacia una sociedad instruida, educada y dirigida desde la televisión, a la que obedecemos ciegamente? ¿No comemos, bebemos y vestimos según se nos indica? ¿No nos encontramos ya en una colectividad donde cada vez tienes que tener más cuidado con lo que dices o escribes porque la libertad de expresión se está reduciendo a base de golpes, insultos, desprecios, amenazas y boicots…? ¿No nos movemos ya a base de todo tipo de drogas: para el más mínimo dolor, para dormir, para el estrés, para la tristeza, para ponerme…, para desinhibirme, para estar contento…? ¿No nos encontramos ya en la vía de un mundo globalizado, integral, único? ¿No entendemos con frecuencia que todo aquél que huye de todos estos esquemas y se aleja hacia lugares recónditos, perdidos, solitarios…, y se aferra a los valores y derechos individuales, es un ser raro al que se le indiferencia, se le insulta, se le cataloga de poco moderno y nada progresista, y se le considera anticuado, carca, extraño, primitivo…, salvaje, en definitiva?

Ya hay países herméticamente cerrados en su mundo feliz y países donde la intención de ser un mundo feliz anda en marcha. Países que sueñan con lograr algún día que el planeta entero sea un mundo feliz, tan feliz que nadie es nadie, como robots sin alma.

domingo, 5 de marzo de 2017

BRINDIS POR LA MUJER

Porque todos los días del año son su día y no sólo el 8 de marzo.




                             Brindo por ti, mujer,
                             por ti cuando, tan pequeña, desnuda,
                             llegaste a esta asombrosa estación de la vida
                             y ya derramaste tus primeras lágrimas blancas.

                            Brindo por ti, mujer,
                            por cuando eras niña y jugabas
                            a volar con los pájaros de la inocencia
                            y creías que las estrellas eran luces
                            que llegaban del país de nunca jamás.

                           Brindo por ti, mujer,
                           por tu delicadeza adolescente,
                           por tus primeros tacones de cristal,
                           por tu labios recién pintados
                           dispuestos para el primer beso. 

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tus sueños de juventud,
                          por tus amores de sol
                          y tus desamores de luna nueva.
                          Brindo por ti,
                          por tus abrazos sinceros,
                          tus luchas por conquistar el mundo,
                          tus palabras azules y tus silencios hondos.
                          Brindo por tu coraje, tu valentía, tu honestidad,
                          por haber sobrevivido a la historia y a los siglos,
                          por haber superado con honor
                          la más inmoral de las discriminaciones.
                          Brindo por tu poder de engendrar,
                          por tu hermosura de cuerpo y de alma,
                          por tu generosa y sacrificada entrega.

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tu sonrisa madura,
                          por el fuego que enciendes en los inviernos
                          para que el hogar y los hijos
                          se alegren con la nieve
                          que cae tras los cristales.
                          Brindo por tu siembra incansable,
                          tu corazón latiendo a primavera,
                          tu encontrada libertad de alas abiertas,
                          tu trono de igualdad ya indiscutible.

                          Brindo por ti, mujer,
                          ya anciana, sentada a la ventana
                         de la nostalgia más sentida,
                         cosiendo un pañuelo para la esperanza
                         o leyendo un libro que ya poco
                         puede enseñarte de tan sabia como eres.

                         Brindo, por ti, mujer.
                         Brindo por ti en este atardecer de las horas
                         con el más dulce y justo de los licores.
                         Brindo por ti, porque ahora sé,
                         sobre todas las cosas,
                         que lo más bello del mundo
                         y de la vida
                                  eres tú.  



miércoles, 22 de febrero de 2017

CARNAVAL Y CRISTIANISMO

Estamos ya en carnaval. Y en todos los lugares del mundo se levantan carpas de fiesta, alegría, juerga, diversión… Sin embargo, ahí mismo, enfrente de todo esto, la iglesia, como en la sombra, en la penumbra de las velas, en la tristeza.

Y uno mira a ambos lados y encuentra entre las paredes de piedra con los ritos y las ceremonias, por regla general, a personas mayores, ya de vuelta de casi todo, a hombres y mujeres cansados, como apesadumbrados, aburridos, cual si miraran ya más hacia la otra orilla que hacia ésta. Por contrario, al otro lado, en las carpas, entre máscaras, risas, canciones, chistes, tragos de licor y bailes… se encuentran la mayoría de los jóvenes, alegres, dichosos, felices, llenos de vida…  Y entonces no tengo más remedio que preguntarme qué falla aquí. Cómo pueden arrastrar más las carpas que los templos. Como pueden mostrar más alegría los de la charlotada banal que los de la creencia trascendente… Cómo pueden aparentar ser más felices los que andan de tasca en tasca, de espectáculo en espectáculo, de broma en broma, seguidores de las carnestolendas, que los que andan centrados en la fe, seguidores de Jesús de Nazaret, de Dios, por quien, en connivencia con su muerte en la cruz, van a adentrarse en la cuaresma y de ahí al asombro jubiloso de la pascua de resurrección.

Tenía que ser al contrario. Tendrían los cristianos que ganar en alegría a los que no lo son, demostrando su gran dicha, su gran contento por ser hijos de Dios, por ser herederos de su gloria, por ser seguidores de alguien que es ejemplo de coherencia, de entrega, de paz, de amor, de vida. Los cristianos deberían mostrar a todas horas su gozo por haber nacido, sus ansias de vivir, su aprecio por la naturaleza, sus ganas de compartir, servir, ayudar…, su afán por cantar, danzar, reír, sentir… Los cristianos tendrían que seguir el ejemplo de su Maestro y no sólo subiéndose a la cruz, sino también gozando de lo hermoso de la vida. Jesús lo hizo. Él comió y bebió. Él disfrutó del convite y hasta convirtió el agua en vino para que la celebración siguiera. Él dejó en pleno banquete que le besaran los pies. Él mostró entusiasmo cuando lo aclamaban en su entrada en Jerusalén… Él dijo que los suyos son sal de la tierra y luz del mundo, y que la sal no podía volverse sosa ni la luz ocultarse bajo un celemín. Y es que Jesús fue un hombre alegre, bondadoso, cariñoso, humilde, sencillo, dado a todos… Por eso lo vemos con niños y ancianos, con ricos y pobres, con prostitutas y enfermos, con santos y endemoniados…

Algo falla entonces aquí, cuando vemos en estos días las calles llenas de jolgorio, de diversión, de fiesta… Y no todo, como piensan muchos, es desenfreno, lujuria, desorden, inmoralidad, pecado. Hay quienes se pasan, pero eso es siempre así y en todo, también alrededor de ciertas celebraciones religiosas, como procesiones, fiestas patronales, romerías… Algo falla aquí en cuanto se entiende que vivir en cristiano es vivir en la tristeza, el miedo, las ataduras, el todo es malo, el todo es pecado, el todo es condenación, el todo es muerte...

Tal vez algún día, volviendo a las raíces del evangelio, nos pongamos a imitar el ejemplo de los primeros cristianos, que brillaban por su coherencia, su amor entre ellos, su manera de compartir los bienes y la comida y, en ella, el pan y el vino…, y sobre todo, nos pongamos a imitar su alegría, su inmensa alegría que llevaba a la admiración y a decir a quienes los veían: “Mirad cómo se aman”, y que eran tanta y tan profunda que hasta no les importaba jugarse la vida, y si había que morir mártires, lo hacían cantando.  

Era una alegría, la de ellos, profunda, libre, valiente, que brotaba en el alma, sincera, limpia, desinteresada, sin falsedad, llena de esperanza…, más grande, sin duda, que la que pueden darnos todos los carnavales juntos… Una alegría que con el tiempo se fue perdiendo y apremia el volver a recuperarla, para que don carnaval no sea más que desconsuelo al lado del júbilo de doña cuaresma y el contento del resto del año.

martes, 7 de febrero de 2017

DESPIDIENDO A DOS SANTOS LORENTE, MI AMIGO SACERDOTE

La catedral de Jaén, repleta de fieles y de presbíteros, recibía el pasado lunes, 6 de febrero, de pie, el cuerpo ya sin vida de mi amigo, el sacerdote don Santos Lorente Casáñez. La misa de entierro la presidía el obispo don Amadeo Rodríguez Magro. Grandiosa ceremonia repleta de emociones y de sentimientos, de respeto profundo.

Y le dimos un hasta siempre al hombre de Dios, al niño que nació en La Iruela hace setenta y tres años, al joven que recibió el sacramente del orden sacerdotal en septiembre de 1970, para ser destinado como profesor en el seminario de Jaén, donde ese mismo mes y año llegué yo, recién terminados mis estudios de magisterio en SAFA, para tomar parte del equipo como formador seglar.

Y es a partir de ese momento cuando se forja nuestra amistad. Una amistad limpia, sentida, sin egoísmos. Luego, nos separamos teniendo encuentros muy esporádicos en el tiempo. Él anduvo como párroco por Cazorla, Villacarrillo, Torredelcampo… En Villacarrillo volvimos a coincidir varias veces, especialmente con motivo de las fiestas del Corpus. Pero nuestra relación volvió a fortalecerse al llegar la cofradía de la Santa Cena de Jaén, a la que yo pertenecía, a la iglesia de San Félix de Valois, de la que él era párroco.

En ella sentí siempre su apoyo, su confianza, sus ánimos, su comprensión, su cariño… Compartimos actos, teatros, reuniones, presentaciones… Y hasta nos dejó sus salones parroquiales para ensayar Resurrexit y Maranatha. Llegando nuestro aprecio a cotas altísimas y nuestro amor a tanto que hasta se prestó a oficiar la ceremonia del enlace matrimonial de mi hija, en la iglesia de Santa María de Úbeda.

Ahora, en la tarde de ese 6 de febrero, con hondo sentir y tristeza, le dije adiós a su cuerpo yacente, ya frío, pero desde el consuelo de habérselo dicho con vida pocos días antes, en el sanatorio de El Neveral, donde fui a visitarlo. Andaba con la mascarilla puesta, muy débil, ahogándose, con pocas fuerzas…, pero sin perder su templanza de siempre. Le gasté una broma y sonrió abiertamente, dentro de su sencillez y su ternura cristalina, dentro de su total entereza en la fe.

Lo vi en la cruz, subido al madero, agonizando… Y se lo dije. A un presbítero se le puede hablar de esas cosas sin miedo a la muerte. Mira que he hablado yo infinidad de veces a las gentes del sacrificio de la cruz…, pues mira, de cierto, ahora estoy yo en ella. Me dijo… Y me habló de las oraciones que leía, especialmente una de Raoul Follerau. Después, tomó su móvil y marcó la canción que más le llenaba y no cesaba de oír, “Alma de Cristo”,  y juntos la escuchamos emocionados. Hablamos además de algunas cosas nuestras, más yo que él, que apenas podía emitir palabra… Y así hasta que, para no cansarlo en exceso, nos despedimos. Los dos sabíamos que era la última vez que nos veíamos en este mundo. Le cogí la mano y se la apreté poniendo en ella el corazón. Él me miró pagándome con su sonrisa de siempre, sólo que esta vez sus ojos vivarachos y amables andaban hundidos en un perfil de delgadez sorprendente.

Cuando terminó la misa, el ataúd con sus restos, llevado a hombros por numerosos amigos sacerdotes, cruzó, como en procesión, toda la catedral. Esa catedral de la que él era también Canónigo Vice-Deán, hasta salir por la Puerta del Perdón a la calle camino a Dios. Sus familiares lloraban. Algunos sacerdotes lloraban. Numerosos acompañantes lloraban. El cielo se andaba nublando. Yo, entonces, muy apenado, en la soledad, a ese Dios le dije: “Acoge, Señor, a tu siervo Santos en tu reino, para que goce de tu banquete celestial por todos los siglos… Y a mí, Dios mío, ayúdame, haciendo que mi convencimiento de tu existencia sea más fuerte que mi deseo de que existas”.

Luego, el coche fúnebre con el féretro en su interior se puso en marcha perdiéndose por la calle arriba hacia la infinitud.

Hasta la vista, amigo. Hasta siempre, querido don Santos, santo.



viernes, 27 de enero de 2017

COHERENTES DE LA INCOHERENCIA

A lo más hermoso que uno puede aspirar es a ser verdaderamente libre.

Sin embargo, pocos quieren serlo. De ahí que diariamente estemos poniéndonos grilletes en el alma para esclavizarnos a nosotros mismos. Y nos atamos con ambiciones materialistas, egoísmos banales, odios oscuros, venganzas sucias… y, lo peor de todo, nos encadenemos a las mentiras y los intereses personales. Ya lo dijo Rousseau: “El hombre, por todas partes, se encuentra rodeado de cadenas”.

Entonces, la libertad pasa a ser mera falacia, una pobre palabra a la deriva en un mar tempestuoso. Y yo lo comprendo y lo acepto y hasta lo justifico. No es fácil ser libre en este mundo. Y no lo es, sobre todo, porque habitamos en una selva, en la que hay que sobrevivir, llena de trampas, de amenazas, de zarpazos, de terror, de traiciones… Donde los unos se cazan a los otros. “Homo homini lupus” (“el hombre es lobo para el hombre”), que dijera el dramaturgo latino Plauto.

Pero lo más terrorífico es cuando la libertad se falsea para vendérnosla desde los intereses colectivos manejados por las ideologías, pretendiendo engañarnos y obnubilarnos el pensamiento con el fin de sacarnos el voto para ostentar el poder. Y si nos dejamos arrastrar, no sólo habremos perdido nuestra propia libertad de vuelo, sino que nos habremos convertido en zombis terrenales con pies de pegamento adheridos a las piedras.
 
La libertad es grande porque nos permite pensar como queramos, actuar como nos parezca, creer en lo que consideremos…, sin complejos, sin miedos, sin que nos tiemblen los huesos. Es decir, la libertad nos permite ser coherentes. Y coherentes es lo que deberíamos ser todos, y no muñecos detenidos en los estantes de la tómbola de la feria de la vida. Coherentes desde el respeto y la estima.

Un mundo así, basado en la coherencia, en vivir acorde con lo que pensamos, sería ideal. Los de izquierdas, y derechas, y de centro podrían exponer sus teorías sin sombras ni sobresaltos; los que profesan ésta o aquélla fe, la podrían manifestar sin oscurantismos ni miedos; los que son partidarios de esto y de aquello, pues nada, podrían expresarlo sin tapujos…, pero todo y todos desde el ejemplo, la educación, la no violencia y la sincera consideración a los que no piensan ni actúan de igual forma, y siempre sabiendo que, en el fondo, nada ni nadie en este mundo, está en posesión absoluta de la verdad.

Pero la realidad no viene a ser así. Fíjense y verán cómo hay muchísimos, infinidad, que dicen ser o pensar de un modo, y luego viven y proceden de otra forma muy diferente. Políticos, pacifistas, naturalistas, animalistas, feministas…, por ejemplo, que dicen y dicen…, y luego, si ocurre algo, como maltratar a una mujer, o golpear a un perro, o contaminar un río…, actúan según quién lo haya hecho. Si son los que consideran del bando contrario, los machacan, pero si son de los suyos, ni se inmutan. Y si alguien de los otros atropella a una liebre, se manifiestan, con clamor, pancartas y hasta desnudándose, por los derechos del pobre animalico…, para, al día siguiente, pedir los mismos a gritos se acabe, gratuitamente, con la vida de un pequeño en el vientre de una madre. O como ese gobernante que se titula honorable y luego está de corrupción hasta las cejas. O como ese entrenador reconocido que acaba de expresar públicamente que él apoya las ideas comunistas cuando se le salen los billetes de quinientos por la ranura de la caja fuerte que tiene en el banco. O como ese sacerdote fundador que iba para santo tan defensor de la castidad y la pureza que luego andaba entre niños, mujeres y hasta tenía hijos. O como esa escritora famosa que dice ser atea y ataca a los cristianos y luego con el yihadismo se derrite y guarda absoluto silencio. O como ese multimillonario que declara en TV que la indigencia no se debe consentir. O como ese actor que manifiesta ser antiyanki y va y viste y vive como ellos y pasa la mayor parte del año en los Estados Unidos trabajando en Hollywood… O como ese lobo que se adentra disfrazado en la manada de los corderos para ver qué pilla…   

Esclavos todos, tristes siervos todos de sus propias incongruencias, perfectos coherentes de la incoherencia. 



martes, 10 de enero de 2017

HERMOSA LECCIÓN

Uno de los muchos monasterios de Meteora, en Grecia, ya desaparecido, fue fundado a comienzos del siglo XIV por Aristides Kasmiroglu. El edificio, tan pequeño como espectacular, construido sobre una de las altas rocas, albergó en un principio a cuatro religiosos que pretendían llevar una vida de retiro, oración, sacrifico y paz. Y todo fue bien.

Pocos años más tarde, varias personas quisieron entrar a formar parte de la comunidad. Y fueron admitidas. Y comenzaron los problemas. Algunos se quejaron de tanto aislamiento, de que la comida podía ser mejor, de que se pasaba demasiado frío en invierno… Pero lo peor fue que los cabecillas de las quejas llegaron a convencer a todos los monjes, excepto, claro está, al abad fundador y el prior claustral. 

El prior claustral pidió entonces al abad que tomara cartas en el asunto y expulsara a los falsos religiosos que más que fe lo que tenían eran ambiciones personales de bien vivir. Pero el abad no lo quiso así. Estaba convencido de que con su ejemplo de austeridad, sacrificio y prudencia, y con los ruegos a Dios, tarde o temprano, todos acabarían cambiando su modo de obrar y se convertirían en frailes ejemplares.

Mas no lo logró. Pasado un año todavía andaban peor, más rebeldes y más materializados. Algunos llegaron incluso a escaparse de noche para ir al poblado lindante donde mantenían relaciones con furcias. Y entonces sí. Entonces el abad expulsó a los monjes vivales, que se resistieron, y tanto que cuentan que hasta costó sangre y fuego. Acabando todo en la desaparición de tan preciosa casa.

Kasmiroglu marchó entonces a la ciudad de Ani, en Armenia, hoy en la frontera con Turquía, donde en las afuera volvió a levantar un nuevo convento con seis hombres que andaban también con el deseo de llevar una vida de santidad. Y todo fue bien.

Hasta que el convento tuvo que agrandarse ante la solicitud de nuevos monjes. Y nada. De maravilla los primeros cinco años. Después, lo de siempre. Que las camas eran duras, la comida escasa, el hábito demasiado rudo y áspero… Que no entendían por qué no podían ir de vez en cuando a Ani, y pasear por sus bellas y pobladas calles y plazas… Y de nuevo la misma historia. De nuevo a escaparse algunos, cambiarse de ropas y andar en la madrugada por las tabernas y los burdeles.

Se acabó. Aquello acabó mal. Allí no había verdadero espíritu religioso, ni verdadera oración, ni anhelos de sacrificio, ni amor fraterno. Allí no había más que egoísmos, divisiones, desavenencias y tiranteces entre unos y otros. Se llevaban a matar. Es más, algunos monjes ni aparecían en los ritos litúrgicos, ni practicaban las lecturas de rigor, ni acudían a comer juntos, ni creían siquiera en Dios. El convento se cerró y el abad puso pies camino a otro lugar. No sin antes sufrir una terrible emboscada, cuando caminaba por un lugar despoblado, que lo dejó tullido y a punto de morir, por parte de sus mismos monjes, que ahora sí, qué curioso, se unieron como las uvas de un mismo racimo para la venganza.

Y de Aní marchó a Cappadocia, al valle de Goreme, donde labró grutas en las rocas volcánicas, fundando, incansable, un nuevo convento con tres nuevos monjes… Y para qué decir lo que sucedió después… Exacto. Acabaron una vez más como en el rosario de la aurora.

De Kasmiroglu no se conoce mucho más. El sueño del pobre monje de constituir una duradera comunidad de almas limpias en cuerpos sacrificados y generosos no llegó a cumplirse. Sólo se sabe que tras su última intentona en Goreme viajó a la isla de Kalymnos, en el mar Egeo, donde vivió como ermitaño, solo, completamente solo, en una gruta de la montaña que mira al mar, donde murió en el más profundo de los olvidos y en la más absoluta pobreza. Nadie, a día de hoy, con seguridad, tenía conocimiento de cómo acabó su vida ni dónde está enterrado. El hecho de sacarlo a la luz ahora ha sido debido a que unos arqueólogos, a primeros del pasado mes de diciembre, hallaron una sepultura en la cima de la montaña cercana a la ciudad costera de Mirties, en lo más hondo de una cueva, en la que, tras abrirla, apareció un esqueleto momificado que creen ser los restos de Aristides Kasmiroglu, ya que junto a él apareció una pequeña lápida de piedra labrada en la que se podía leer: “El mejor convento es la soledad”.    

Hermosa lección ésta para un mundo de hoy tan parecido.