viernes, 18 de diciembre de 2015

DÍPTICO DE NAVIDAD

Para todos vosotros estos dos sonetos a modo de felicitación con mis mejores deseos de BIEN por siempre.





                                                           I
                                   Es Navidad y brota la alegría
                                   a modo de una fuerza irresistible.
                                   Hay un hado de cielo hecho invisible
                                   que viste el mundo entero de poesía.

                                   Es Navidad y alumbra la utopía
                                   de hacer todo de amor, todo posible.
                                   De acabar con la noche, tan terrible,                        
                                   hasta salir de sol a un nuevo día.                              

Es Navidad y prende el alborozo.
Se iluminan los sueños por el alma
y sabe a eternidad cualquier historia.                                   
                                   Es Navidad. Venid hacia este gozo.
                                   Aquí hay un abrazo y una calma
                                   que nos hace sentir lo que es la gloria.




                                                           II
                                   Es Navidad y el sueño se hace vida.
                                   Todo prende de luz y es diferente.
                                   La música se eleva y se hace fuente
                                   para saciar la sed de tanta herida.

                                   Es Navidad y todo es bienvenida:
                                   la nieve, el frío, Dios..., sencillamente.
                                   Lo malo es que nos dure, tristemente,
                                   unos días tan solo la medida.

                                   Unos días tan solo compartidos.
                                   Apenas un fulgor en el que vemos
                                   que el mal del desamor siempre lo trunca.
                                  
                                   Es preciso sembrar y estar unidos.  
                                   Dame la mano, amigo, y lograremos
                                   que así la Navidad no acabe nunca.

                                              
                                                                      




miércoles, 9 de diciembre de 2015

RECOMPENSAS DE UN MAESTRO

La más hermosa recompensa que puede recibir un maestro es el cariño, y no sólo de los que son sus discípulos, sino, sobre todo, de los que lo fueron. Nada más gratificante que encontrarte con un viejo alumno y ver que te mira con aprecio y consideración.  

Yo, que lo he sido por tiempo de cuarenta años justos, sé de lo que hablo. Y ahora, ya jubilado, recibo, si no muchas, sí, de vez en cuanto, alguna que otra recompensa.

Confieso que he tratado a todos los alumnos y alumnas que he tenido con respeto y comprensión. A nadie he pegado, ni insultado, ni ridiculizado. A nadie tampoco he expulsado de clase. Es más, me congratulo de haberme llevado bien y ayudado, en general y en todos los sentidos, a mis educandos, y de un modo particular a los difíciles, especiales, problemáticos, pobres, gitanos… Tal vez porque yo en mi infancia sufrí duras discriminaciones y, en cierto modo, no podía evitar verme en ellos: incomprendidos, enjaulados, arrinconados, desmotivados, indiferenciados, desprestigiados… 

Y mereció la pena, porque ahora, transcurridos los años, compruebo que muchos de estos alumnos me estiman, demostrándomelo incluso con más vehemencia que otros que terminaron grandes carreras universitarias. Aquellos alumnos “difíciles”, “complicados”, “malos estudiantes”…, que ninguna licenciatura llegaron a obtener, me llaman desde donde me ven, se paran, me sonríen con gozo, me saludan con entusiasmo y me comentan acerca de su vida y de su trabajo.

Sirva como muestra de ello la vivencia que tuve una tarde de la pasada primavera, cuando andando por un sendero a algo más de cuatro kilómetros de Úbeda, distraído en mis pensamientos, escuché que alguien me gritaba desde lejos: “¡Don Ramón! ¡Don Ramón!” Me asusté y me detuve. Segundos después pude ver que por entre los olivos aparecía un antiguo alumno mío, de los difíciles, con un buen manojo de espárragos. Me saludo con afecto. Hablamos. Le dije que me gustaban mucho pero que era incapaz de verlos. Me llevó con él y me mostró una zona donde abundaban las esparragueras y cómo de entre ellas o cercano a ellas brotaban los espárragos. Me enseñó el modo de cortarlos con una pequeña navaja que tenía… Me alegró la lección, porque estaba dispuesto desde esa hora a ser un esparraguero más. Pero lo emotivo fue que al despedirnos me dejó en mis manos todo el manojo que llevaba: “Para usted, don Ramón, para que esta noche se haga una buena tortilla”.

Y viene todo esto también a cuento de lo que me sucedió ayer. Verán, hace tiempo, estando en el IES Los Cerros, en el primer ciclo de secundaria, había en la clase de 1º B un gitano más que problemático. Iba a lo suyo. Hacía lo que quería. Se escaba del centro saltando la valla. Se enfrentaba a los profesores. Vivía más en la sala de alumnos que en el aula… Pero hacía todo lo posible para no perderse las tres horas semanales de Geografía e Historia que yo impartía. Eso de escuchar hablar de los hombres primitivos, el planeta Tierra, las estaciones del año, los griegos y los romanos…, le entusiasmaba. Recuerdo que una mañana llegó con un coche teledirigido flamante. Me hizo una demostración de su funcionamiento y luego se puso a atender sin dar el menor problema. Días más tarde fue llevado a un correccional. Dejé de verlo por tiempo de más de tres meses. Hasta que alguien me dijo que se había escapado del centro de menores. Mi sorpresa fue que ese mismo día, al salir del instituto, estaba esperándome en la puerta para verme. Me alegró mucho el gesto. Hablamos un rato. Le reproché su modo de actuar, le dije que intentará aprender en esa institución y que no cometiera más errores. Años después supe que cumplía condena en la cárcel.

Pero ayer, en Córdoba, tomando un descafeinado y un pastel en una cafetería, se me acercó un joven elegantemente vestido para decirme que estaba invitado. Lo miré con sorpresa, pero no lo reconocí. “Soy…”, y me dijo su nombre, añadiendo: “el gitano que iba a sus clases en el instituto”. Y nada más decírmelo me lancé a él y nos dimos un abrazo fuerte, enormemente fuerte, tan fuerte que los dos teníamos al mirarnos los ojos vidriados por las lágrimas.

martes, 24 de noviembre de 2015

CARTA A LAS MUJERES MALTRATADAS

A vosotras, mujeres maltratadas, maldita la gracia que os hace que el 25 de noviembre se designe como el “Día internacional de la violencia contra la mujer”. Maldita porque lo que vosotras necesitáis no es un día dedicado, sino que todo el tiempo del mundo haya educación, formación, enseñanza y siembra de valores… Lo que necesitáis es que desde que se nace, en la casa, la familia, la escuela, la calle, el trabajo…, los hombres sepan de una vez por todas y para siempre que no son superiores a las mujeres.

La mujer es igual al hombre. Hombre y mujer son diferentes, hermosamente diferentes en el perfil físico, pero nada más. En todo lo demás son iguales. Iguales en derechos y obligaciones, en libertades y decisiones, en esencias y dignidades.

Lástima también, amigas, tantos dolores callados, sufrimientos, angustias, miedos, soledades… Para vosotras, por lo tanto, esta carta que os escribo. Carta que es un grito, no hacia ustedes que ya andan cansadas de gritos y de ruidos, sino hacia aquellos que os consideran inferiores, casi como un objeto, para rogarles y exigirles que se arranquen del alma la discriminación, el odio, la arrogancia y el falso orgullo… y vean en la esposa, la compañera, la novia, en definitiva, en toda mujer…, un ser de altura, único, irrepetible, especial, digno de amar y ser amado, pero a quien nunca se puede obligar a que te ame… Porque el amor sólo es grande y bello desde la libertad. 

Os animo, mujeres maltratadas, a la lucha. A salir del pozo. Ya sé que muchas desconfiáis de personas de despacho y políticos tan ineptos como falsos, que poco, en realidad, les interesa el tema, sólo quedar bien y aparecer en las fotos y medios de comunicación. Y cuando hay un crimen ponerse en grupo para guardar un cínico e ineficaz minuto de silencio. Cierto. Lo sé además por experiencia. Lo he vivido de una manera directa a partir de estrenar mi obra “Malos tratos” y llevar con el Grupo Maranatha más de año y medio representándola, con fines sociales, por numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía. Ahí he podido comprobar la mucha falsedad de no pocos políticos, políticos y ocupadores de cargos cercanos a políticos que dirigen y trabajan en Diputaciones, Ayuntamientos, Concejalías y Centros relacionados con la Mujer… Que sí, mucha palabrería, pero poca realidad, poco compromiso, poco convencimiento. Y demasiada mentira y engaño, excesiva hipocresía. Mucho sillón y ordenadores y aire acondicionado, y mucho salir a desayunar…, y también grandes sueldos y despilfarros a costa de la cúpula que levantan con los pilares de vuestra ignominia de dolor y humillaciones.

Pero también es cierto, y lo debéis saber y convenceros de ello, que tenéis a miles de personas dispuestas, de corazón, a darlo todo por vosotras, a dejarse el alma y la vida por vosotras, a morir por vosotras. Volad a ellas. No lo dudéis. Vale la pena el intentarlo. Vivir en el terror de cada día, es el peor de los martirios. Adelante. Ánimo siempre. Un abrazo desde el respeto y la consideración.    







martes, 3 de noviembre de 2015

LA APUESTA

Albert tenía quince años y Elisa catorce cuando se conocieron.

Fue en el parque que se alzaba junto al río. Él caminaba por uno de los senderos cuando ella, al cruzarse, se cayó por culpa de una rama perdida.

Se miraron. La levantó con delicadeza.

–Te has hecho daño.
–No.

Y desde entonces fueron inseparables.

Nadie en aquel pueblo perdido entre las sierras del interior ha conocido amor semejante. Estudiaron. Se forjaron un porvenir sencillo. Lucharon juntos. Se casaron. No tuvieron hijos. Fueron felices en los gozos y supieron salir juntos de las adversidades. Se amaron con locura, sin descanso, hasta el extremo.

Y así vieron pasar los años por el horizonte de sus vidas. Envejecieron juntos.

Albert cumplió los setenta y siete. Elisa un año menos. Como fue siempre. Y comenzó a poner el invierno su manto de escarcha más allá de sus corazones. Más hielo en el de ella que apenas si podía subir las escaleras sin ahogarse. Celebraron el cumpleaños. Ella tuvo la paciencia de poner once veces siete velas. Y le hizo soplar. Pide un deseo. Él la miró con esa ternura propia de quien nunca amó a nadie más que a ella. Y pidió un deseo. Después sopló. Y entonces quitó una vela y tuvo la paciencia de volver a encenderlas todas. Y ahora el deseo has de pedirlo tú. Y ella, tímida, soltando una pequeña carcajada, lo miró como con disimulo, y sintió que en su alma, siempre inocente, como la que llevaba dentro aquella niña del parque, había un enjambre de mariposas. Y pidió el deseo y sopló.

–¿Qué has pedido?
–Lo mismo que tú.
–¿Y cómo sabes tú lo que yo he pedido?
–Porque te he amado tanto, te amo tanto que desde que te conocí yo no soy yo, sino tú.

Y dándose la mano salieron al jardín desde donde se veía la caída del sol en la tarde más honda del invierno.

–¿Tú crees que se cumplirá nuestro deseo?
–Se tiene que cumplir. Pues si hemos sido el uno para el otro en esta vida, igual lo hemos de ser en la muerte que nos espera. Sólo es cuestión de lugar.  
–¿Y después?
–Pues lo mismo. Seguiremos juntos en la otra.

Y apenas pasaron unas pocas semanas, Elisa dio el salto y se perdió por los campos invisibles. Albert, se quedó en espera por cinco meses más. Después alzó sus sueños doloridos y se fue siguiendo la estela transparente que ella le había dejado.

Pero cuando llegó a la nueva ciudad, a la nueva dimensión, todo lo había olvidado. Los dueños de ese territorio provocan la amnesia antes de que puedas pasar. Y de ese modo, nada más comenzó a caminar por entre las flores, los almendros y los granados…, se cruzó con ella..., y, aunque se miraron, ni adiós se dijeron.

Sobre la copa de uno de los árboles dos niños con alas diferentes observaban. Eran dos seres extraños, uno vestido de lluvia y otro de estrellas, que andaban en apuesta a ver quién tenía razón acerca de si el amor es eterno o no.

–He ganado –habló el de rostro más frío.

Y nada más decirlo, escucharon un…

–¿Te has hecho daño?
–No.

He ganado yo, concluyó, sonriente, el que llevaba en sus ojos la luz de la hermosura.  


jueves, 22 de octubre de 2015

CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA DE NUEVO

Otra vez. Ya estamos otra vez con lo mismo, con atacar a la Iglesia Católica en vísperas de las elecciones. Ya estamos otra vez en el viejo atajo de siempre cuando no se encuentran caminos inteligentes para mejorar la economía, para acabar con la corrupción, para mejorar la justicia, crear empleo, terminar con la pobreza, las mentiras, los enchufes, los amiguismos, los separatismos, los radicalismos…, para hacer un pueblo más libre, culto, fraternal, solidario, más lleno de igualdad, más revestido de valores…

Pues nada, en lugar de exponer cómo lograr superarnos en todas estas facetas de la vida,  arremeten contra la Religión Católica, creyendo que con ello pueden pescar votos de extremistas, y, por contrario, sin consecuencias ni grandes dificultades, puesto que saben que se lucha contra una gran masa de católicos tibios y desinformados fáciles de manejar, así como contra obispos temerosos y acomplejados ante el peso de la Historia de la que sólo se saca a relucir lo negativo, y contra pobres curas que se las ven y se las desean para mantener en pie sus parroquias, sin poder terrenal alguno, sin más fuerza que la que le viene dada de lo alto…, peleando no ya contra los incrédulos, laicistas y demás ateos, sino contra los propios grupos de fieles cercanos que se llaman creyentes pero que no buscan otra cosa en la fe que protagonismo, folclore y beaterías.

Venga, contra la Iglesia Católica, contra el concordato, contra la cruz en la declaración de la renta, contra su enseñanza en las escuelas. Religión Católica ninguna, ni siquiera en los colegios privados… ¡Dios!, qué manera de prohibir, de coartar libertades, de saltarse las leyes, de imponer ideas retrógradas y desfasadas… Qué manera de sembrar enfrentamientos, polémicas absurdas, división, odios y venganzas…

Y qué equivocados, porque no se dan cuenta de que estas pretensiones pueden acarrear el efecto bumerang, puesto que lo que a veces los cristianos necesitan es que se les persiga para, ante las adversidades, despertar y resurgir con mayor fuerza, valentía y convicción. Porque resistir al acoso va en la sangre del seguidor de Jesús de Nazaret y porque incluso el martirio va en los genes de los que creen en Él… Pues nada, ni siquiera se dan cuenta de que, después de todo, hagan lo que hagan y se pongan como se pongan, y por más victorias que logren, jamás nadie podrá acabar con esa necesidad íntima que, se quiera o no, todo hombre lleva dentro del corazón desde que estalló en él la chispa de la inteligencia y pasó de simple animal a ser humano, por lo que si a fuerza de imposibles los gobernantes lograran erradicar todo vestigio de cristianismo en la tierra, no por ello dejaría de surgir otras creencias en el alma. Estamos marcados para la trascendencia.

Ya lo ven. Ya están de nuevo ciertos políticos sacando las uñas contra la Iglesia Católica, y por dos frentes básicos: el de suprimir su enseñanza en todas las escuelas y el de negarle toda ayuda económica del estado. Con el primero, con el que no estoy de acuerdo, ya que no enseñar a un niño la Religión Católica es mutilar parte de su conocimiento y formación, dado que todo nuestro pasado está forjado en el cristianismo y nada entenderíamos de nuestro presente y menos de nuestro futuro sin conocerlo a fondo, ya han ganado mucho terreno, pero no por ello han conseguido que los padres dejen de matricular a sus hijos en dicha asignatura. Con el segundo sí que estoy totalmente de acuerdo: ninguna subvención para los católicos, ninguna, que paguen ellos sus templos, fiestas y liturgias… De acuerdo pese a que de cierto, de mil modos, dan más de lo que reciben, atendiendo en especial a millones de pobres y necesitados. De acuerdo porque desde siempre he estado en contra de todo tipo de subvenciones públicas. De acuerdo: subvenciones prohibidas para todo y para todos. Ni un céntimo para partidos políticos, sindicatos, demás religiones y creencias, empresas, organizaciones, patronatos, academias, gremios, asociaciones, inventores festivaleros... Que ésos, en su mayoría, sin ninguna duda, sí que forman de verdad una vergonzosa e injusta red de parásitos clientelistas bien orondos de tanto mamar de la vaca.  

domingo, 11 de octubre de 2015

CORAZÓN DE MANOS ABIERTAS

Hace poco más de un mes recibí una llamada telefónica de Manolo Contreras, miembro de la cadena de radio COPE, pidiéndome ayuda para una niña de catorce años que anda luchando contra una leucemia que llamó a su puerta para robarle de un tajo la vida. Me pedía representar en La Carolina, el pueblo de la pequeña, la obra “Malos tratos”, obra que el Grupo de Teatro Maranatha estrenó en Jaén en el mes de junio del pasado año y que viene representando desde entonces por diferentes lugares de nuestra geografía con carácter solidario, para ayudar en este caso económicamente a la familia, todos en el paro. Ni que decir tiene que nuestra colaboración estaba hecha. Para eso nació este grupo, para, aparte de hacer teatro, arte y cultura, darse a los demás sin pedir nada a cabio, sin cobrar ni un céntimo, donando íntegramente los beneficios que se obtienen siempre y cuando repercutan en un bien social o religioso. Y pocos como éste de sacar adelante la vida de una criatura herida por el rayo de una de las enfermedades más crueles. Y allí que fuimos en nuestros propios coches. El Ayuntamiento incluso envió una furgoneta para llevar desde nuestra sede luces, sonido y atrezo.
Y allí, en la capital de las nuevas poblaciones de Sierra Morena, el Grupo representó la obra el pasado 3 de octubre, consciente de que este pueblo ha sido ejemplar en la entrega por esta familia. Muchas personas se han unido a ellos y no sólo materialmente, sino también moralmente, dando y ofreciendo ánimos y, sobre todo, haciéndose donantes de médula en una cantidad tan ejemplar como sorprendente.

Donantes porque se han concienciado, ante el caso vivido, de la necesidad de ponerse a disposición de los demás, de dar, si fuera necesario, parte de la sangre de su médula con el sentimiento de salvar la vida de otros que desde un lugar cualquiera del mundo puedan necesitarla.

Y es que la pequeña Paula ha sabido muy bien lo que es esa necesidad, y de saber, de paso, lo que es el dolor de que le sea negada. Porque cuando los médicos encontraron, después de un trabajo ímprobo, una médula compatible, la de un joven de veintidós años, residente en Brasil, y todo estaba controlado y preparado para el trasplante, el joven se echó atrás y no pudo llevarse a efecto. La desolación fue terrible.

La muerte, entonces, pareció que sonreía por su triunfo sobre un ser inocente y bondadoso. Pero se buscó una última solución: la de aplicarle un tratamiento casi en fase experimental que había que traer de Estados Unidos. Los padres aceptaron y se puso manos a la obra. El tratamiento consintió en cincuenta sesiones de una quimioterapia muy agresiva. En las carnes de la niña se hizo el infierno pero la luz no dejó de alumbrar en ningún momento en sus entrañas a modo de una esperanza hecha sueño.

Y ahí está la niña, en el colegio. Feliz, llena de ganas de reír, de saltar, de vivir, sacando buenas notas, cantando, jugando… Ahí está la niña, derrotando al monstruo que se metió en su sangre de inocencias. Ahí está con su sonrisa limpia y llena de bondad… Y ahí, con ella, a su lado, sin descanso, su familia, su papá y su mamá, dos personas coraje, dos seres humildes rotos por tanta lucha, cansados, pero también ilusionados, orgullosos de ver que su hija del alma anda naciendo de nuevo, confiados en que todo siga bien y puedan ver a su pequeña volar definitivamente por los cielos blancos de la salud total.

La obra salió bordada. Tanto el presentador, don Adolfo Salas, como los actores pusieron todo el ímpetu y la fuerza que llevan dentro por la pequeña, por los padres y por todos cuantos asistieron para colaborar. Y nos fuimos de allí llenos de gozo, sabiendo que la obra que habíamos representado con el fin de colaborar con esta niña ejemplar había merecido la pena. Y para mí, personalmente, más que la pena, porque me fui de La Carolina lleno de emoción y de lágrimas, lleno de paz, lleno de honda satisfacción, sobre todo después de ver como al finalizar la puesta en escena, tras agradecer al público su asistencia y generosidad, mientras abrazaba a los actores en el escenario por la pasión que habían puesto y la magistral actuación llevada a cabo, los aplausos continuaban sin cesar hasta el punto que tuve que volverme hacia el público y agradecer de nuevo el entusiasmo mostrado.

¡Qué hermoso todo, amigos! ¡Qué hermoso tantas manos abiertas! Días así merecen la pena ser vividos… y recordados. Sobre todo porque sabemos que cuando Paula supere este trance y su triunfo sobre la leucemia sea definitivo, un trozo de nosotros, una gota espiritual de nuestra sangre, junto a la de otros muchos, irá en las venas del corazón de su alma hasta la eternidad.  

viernes, 25 de septiembre de 2015

EL OTOÑO INDEPENDENTISTA

Siempre llega el otoño. Siempre hay un final del verano. En la naturaleza y también en el hombre. Un otoño que trae caída de hojas, lluvia, frío, silencio, calles solitarias, muerte. Un otoño que no llega por sorpresa, que se ve venir, que llama a la puerta, que anuncia su llegada.

Y en España hay ya un otoño que da miedo. Una estación que trae pena, desasosiego, rabia, locura, división, llagas… En España el otoño nos ha traído una disgregación que tardará mucho en cicatrizar. Cataluña quiere independizarse, mejor dicho, muchos catalanes quieren separarse del resto de los españoles. Y lo han trabajado. Nadie puede rasgarse las vestiduras. Desde que llegó la democracia los jefes de la tribu trazaron el plan perverso. Sacar el castellano totalmente de las escuelas, desobedecer las leyes que no gustaban ni interesaban, incendiar los corazones con propaganda populista, tergiversar la Historia, decir que los demás, perezosos y vagos, les robamos, lanzar insultos, desprestigiar a los de fuera de sus límites, hacerse odiosos para quejarse de que son odiados, y no cesar de hacerse víctimas incomprendidas, oprimidas, asediadas y no respetadas, y, sobre todo, desprestigiando la misma democracia porque no les deja decidir su derecho a decidir, separarse, ser libres.

El otoño se veía venir y sin embargo, mientras era verano, nadie hacía nada. Los gobiernos de todos los colores con tal de que les dejaran tranquilos daban cuanto se les pedía, incluso hacían pactos y regaban con el grifo de los euros lo que no está escrito, y cuando alguna nube amenazaba miedo, metían la cabeza debajo del ala y a esperar que el aguacero pasara.

Y ahora… Y ahora, ¿qué? Ya los menores de treinta años han crecido en el más profundo nacionalismo, aman su bandera, su folclore, su diada, su pan tumaca, su “més que un club”… mientras odian todo lo español, que es para ellos lo extranjero que los oprime. Y así, aunque les digas que con la separación serán más pobres, habrá corralitos, serán expulsados de la UE, no podrán cobrar las pensiones…, se ríen, porque es a lo que están acostumbrados, a reírse, a que después de hacer lo que han querido, mantener a los jueces doblegados, incluso robar a manos llenas y estar hasta las cejas de corrupción, no ha pasado nunca nada, sino todo lo contrario, más favores y prebendas han recibido y más miradas para otro sitio. 

Ellos saben muy bien lo que quieren. Y lo que quieren es seguir como estamos pero sin estar, es decir las chocotajás. Servirse de España pero sin ser de España. Seguir vendiéndonos sus productos, fronteras abiertas para seguir yendo a cualquier lugar para disfrutar de los paisajes y tomar parte de las tertulias, prensa y espacios de aquí, seguir en la liga para continuar cobrando el dineral que genera las televisiones, recibir ayuda del ejército de la bandera rojigualda cuando les sea conveniente, andar en la Unión Europea porque ya lo venían siendo y no cesar de recibir dinero del estado español por los siglos de los siglos porque se inventarán una deuda histórica tan tremenda que ni te cuento… Es decir que los separatistas tendrán todas las grandezas de ser una nación independiente con sus embajadas, sus selecciones deportivas, sus leyes y demás privilegios y al mismo tiempo seguir mamando de la vaca que cría los vecinos.

¿Qué esto no será posible? ¿Por qué no? ¿Acaso vamos a oponernos a que formen parte de la UE y más cuando los demás países no pondrán demasiados inconvenientes? ¿No vamos a dejar entrar en los mercados sus productos? ¿Los vamos a echar de las ligas deportivas? ¿No los socorreremos si por alguna casualidad lo necesitan? ¿Dejaremos de mandar los aviones contraincendios si se les queman los bosques? ¿Vamos a dar lugar a que los ancianos no cobren la pensión…? Qué falta de corazón, qué vengativos, qué chantajistas, qué crueles, qué poco comprensivos, qué faltos de tolerancia, qué indignos… y más cuando ahí dentro hay hermanos, amigos, familiares, incluso no pocos que siguen sintiéndose españoles… Aunque solo sea por éstos, ¿les vamos a negar el pan y la sal? Y vendrán muchos del resto de la España que quede que, vestidos de buenismo, se pondrán del lado de los separados y obligarán al gobierno, aun en contra de otros, a que haga lo propio. A ver, si al fin y al cabo son eso, nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros hermanos… Venga, un poco de conciencia.

Yo no sé cuándo, en verdad, Cataluña declarará la independencia. Lo que sí sé es que todo esto está trayendo y traerá división, odios, rupturas, heridas, lágrimas…, tanto dentro como fuera de Cataluña…  Y lo peor es que ya es demasiado tarde para impedirlo. Y es que nunca, en realidad, se hizo nada para evitarlo.

El otoño ha llegado. Y se sabía. Lo malo es que este otoño será largo, tan largo que tardará en llegar la primavera.

viernes, 18 de septiembre de 2015

DEL OLVIDO

El poeta Pablo Neruda lo expresó magistralmente en uno de sus versos: Es tan corto el amor y tan largo el olvido…

Tan largo el olvido que de no ser así la vida se nos haría insoportable y más, mucho más, en nuestro mundo de hoy, tan agobiante en sucesos, tan abrumador en episodios, tan rápido en acontecimientos… Antes de que podamos digerir un hecho ya han sucedido varios. Antes de que una noticia nos haya impactado, ya han aparecido varias que nos asombran… El mundo se nos ha hecho una aldea global en la que al segundo quedamos enterados de lo que sucede hasta en las antípodas de donde estamos. Los medios de comunicación y, sobre todo, internet han contribuido a ello. Y tanto y tan veloz que la prensa escrita nada más llegar al kiosco ya es obsoleta  Y son tantas las noticas, tanta la saturación que recibimos, tantos los mensaje de las redes sociales, tantos los comentarios, las diversidades, los pareceres, las opiniones, las decisiones tomadas… que o bien abrimos de par en par el pozo del olvido o nos volvemos locos porque nuestra mente no puede retenerlo ni asimilarlo todo. 

Y optamos por lo primero, por abrir el pozo del olvido donde echar a diario la inmensa mayoría de los asuntos que nos llegan a la mente y quedar liberados de su peso.

Y del olvido saben mucho nuestros políticos. De ahí sus comportamientos, sus decisiones, sus actuaciones… Ellos conocen perfectamente que lo que hoy llama poderosamente la atención, mañana está olvidado; que la indigna corrupción que surge en un momento preciso, se convierte en amnesia apenas unos días después; que el daño causado por la promesa incumplida, la subida de impuestos, la aprobación de una ley vergonzosa, el cese fulminante del que estorba, el comportamiento indigno, la ambición y la arrogancia del que anda en los sillones…, todo ello acaba siendo aire, tamo que lleva el viento, apenas rastro de polvo en el sendero de nuestras vidas… Y, de ahí que, una y otra vez, nos engañen, nos mientan, nos hagan comulgar con ruedas de molino. De ahí que nada más llegar las elecciones salgan, como siempre, a la calle a hacerse cercanos, simpáticos, como de la familia. De ahí que prometan lo que no está escrito… Total, si luego, poco tiempo después, nadie recuerda nada. De ahí también que no tengan demasiada preocupación por cuanto de obsceno hacen. La lección la tienen bien aprendida, en caso de ser pillados en algo, lo único que hay que hacer es esconderse en la concha de su propio caracol, no echar leña al fuego, guardar silencio y esperar unos días a que escampe, entonces se podrá salir de nuevo al sol y gozar de sus cálidos rayos dorados.

Y del olvido saben igualmente mucho los sembradores del mal, los que sacan beneficio de las desgracias de los otros. A base de bombardearnos con imágenes que eliminamos sin descanso acabamos como rocas, sin alterarnos, petrificados, acostumbrados, ahítos. Por ello somos cada vez más insensibles al dolor ajeno. Y ya ni las pequeñas ni las grandes desgracias nos arañan siquiera la conciencia. Vemos montones de seres humanos muertos, puñado de cadáveres flotando en el mar, miles de caminantes buscando refugio, ciudades bombardeadas, inundaciones, terremotos, tsunamis, ríos de sangre, crímenes, violaciones, raptos, hambrunas, infinidad de injusticias…, y miramos para otro lado. “¡Qué pena!”, decimos, mientras comemos, para añadir, con la intención de lavarnos, a modo de como lo hacen los gatos, la conciencia: “pero yo no tengo la culpa”.  Y tan tranquilos.

Y a tanto ha llegado el olvido, tan abierto tenemos el brocal de la negra hondura, que hasta estamos perdiendo la mínima decencia. Y para demostrarlo baste decir que no paramos de ver, no ya a lo lejos, sino a nuestro alrededor, muy cerca, a nuestro lado, a personas que han dado todo a su pareja, a sus hijos, a su familia, a sus vecinos…, que se han dejado la piel en su profesión, que se han desgarrado el alma por los demás y que incluso han repartido los bienes que tenían para ayudar…, y cuando ellos han necesitado una mano, una sonrisa, un trozo de pan, un simple consuelo… no han recibido más que indiferencia, ingratitud y desprecio… Y no por culpa de nadie, sino tan sólo porque el olvido se está haciendo hoy en día tan grande, tan inmenso, tan dominante, que se ha convertido en una especie de agujero negro capaz de tragárselo todo, hasta el corazón.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA ALEGRÍA PERDIDA

Debe de ser que me he vuelto viejo. Porque cuando uno empieza a no estar cómodo en el mundo en que vive, cuando uno sale a la calle y ya casi no conoce a nadie porque los de su edad andan encerrados o se fueron para siempre, cuando descubres que muchos viejos amigos han crecido tanto y se han olvidado de tanto que ya ni los conoces cuando se cruzan contigo por alguna esquina…, cuando suceden todas estas cosas, en opinión de los estudiosos y sabios de la psicología, es porque andas en la primera línea de combate y las balas pasan ya demasiado cerca del corazón. 

Y yo me resisto a envejecer. Y por ello que me niego a dejar de estar cómodo en la vida y por ello que la sigo amando con toda el alma. Pero me entran dudas. Bien es cierto que sigo haciendo teatro, que me invitan a actos culturales, a recitales, pregones, premios, comidas…, que no puedo dejar de componer, de escribir, de leer… Y aunque en ocasiones me siento algo cansado, me repongo paseando por la soledad de los campos y subiendo a cerros altísimos para ver si allí Dios se me hace más cercano… Y en esos caminos de soledad absoluta, sin móvil, porque no quiero que nadie me vigile, me controle, me engañe… y de paso me vacíe los bolsillos…, sin alforjas, ni dos túnicas…, me encontré hace unos días a un muchacho que recogía almendras.

En el campo existe otra cultura y otra civilización. En el campo todo se humaniza y todos somos más iguales. Tal vez por eso, el muchacho, con gorra gris, chándal azul y zapatillas amarillas, en un camino oculto más allá de los túneles de la viaja vía, se acercó para decirme que me conocía, y que muchas veces me había visto desde lejos. Me conmovieron sus palabras llenas de amabilidad. Se veía un chico culto. Tiene la licenciatura en Derecho y en Filología Inglesa y anda preparando oposiciones a lo que sea. Hablamos…, y, ¡qué sorpresa! si más harto de todo estaba yo, más harto me hacía ver que estaba él.

Me hizo saber que se resiste a leer la prensa porque la inmensa mayoría de lo que pone es falso, o está tergiversado o, lo que es peor, son medias verdades. “Sin ir más lejos, ayer mismo, por poner un ejemplo, decía el titular de un diario muy importante: El Papa absuelve a las mujeres que abortan y que están arrepentidas. Como si el pecado del aborto no hubiera tenido absolución con los otros papas. Como si fuera una minucia, como si sólo las mujeres fueran culpables, como si estuvieran saliendo de la clínica, en presente, se santiguaran y hale, asunto concluido, hasta otra. Y no es eso, es que el Papa Francisco autoriza a los sacerdotes, y no sólo a los obispos como venía siendo hasta ahora, a perdonar, a lo largo de este año de la Misericordia, en confesión, el pecado del aborto si hay verdadero y profundo arrepentimiento y claro propósito de enmienda. Ya ve, don Ramón, y así en la mayoría de las noticias que se dan, diciendo lo que interesa, lo que crea morbo, lo que vende.” ¿Don Ramón? “Sí, es que yo fui alumno suyo en el Juan Pasquau y me enseñaron mis padres a tratar de usted y de don a mis maestros.” Y continuó: “Y mire usted los robos de los bancos, y los engaños de las empresas de luz y comunicación, con ofertas éstas de televisión incluidas que luego no se cumplen, que son cepos de los que es imposible escapar, con recibos que no son lo acordado, y donde nadie da la cara porque todo es por teléfono, aparatos tras los que se esconden infinidad de hispanoparlantes que no te entienden ni te atienden correctamente, o te atienden con amabilidad ficticia o te marean mandándote de unos números a otros llenos de musiquilla de espera para sangrarte. Mentira tantos políticos que nada más llegar a los cargos van a lo suyo, a vivir, a triunfar, a pagar favores, a cobrar… De risa los separatismos, que de ratones se han convertido en dragones con la aquiescencia de los gobernantes que ahora se quieren rasgar las vestiduras. Cansados del catalanismo de bandera con la que más que el bien del pueblo se busca ocultar los robos de decenas de años. Desastroso también tanto paro, tanta economía sumergida, tantas personas con estudios durmiendo la siesta en el sofá de la casa de sus padres, tantos malos tratos, tanta mala educación, tanto egoísmo, tanto engaño, tanta falsedad, tantos intereses creados, tantas separaciones, como si de una moda se tratara, porque se nos acabó el amor, porque necesito mi propio espacio, porque me hace ilusión volverme a enamorar…, sin pensar en los hijos ni en los padres. Desesperante los miles de personas cruzando fronteras buscando refugio, jugándose la vida. Terrible los niños muertos en las playas. Horroroso los cadáveres flotando sobre el mar, como peces sin alma. Preocupante la religiosidad. Cerrándose conventos cada día porque ya no tienen rumbo, donde ya pocos se arrodillan siquiera ante el Santísimo, donde nada es malo, donde la entrega a los más pobres y enfermos es para los otros, donde los sacerdotes andan cansados, aburridos, perdidos, solos… descentrados…, con fieles a su lado pensando en la juerga, la festividad, las parafernalias, la procesión…, de la misa a la mesa…”

No sigas, le dije, que vas a envejecer antes de tiempo. Que todo eso lo diga yo, tiene un pase, pero tú…, con apenas treinta años...

“Los de mi generación, don Ramón, nacimos niños, pero con treinta años somos ya viejos, porque tenemos muchos festejos, bailes, alcohol, televisión, distracciones… Mucha fiesta…, mucho pan y circo, pero nos falta, eso, la alegría, la alegría verdadera, la alegría que nos han robado. Y sin alegría no somos más que ancianos con la mirada perdida en ninguna parte.”  

miércoles, 5 de agosto de 2015

LITERATURA PUTREFACTA

Me da pena y dolor este mundo nuestro de las editoriales. Empresas que lo único que buscan es el dinero. Lo de menos es si se crea o no literatura, si los autores tienen o no talento, si son justas o no con las decisiones que toman. Dinero y nada más que dinero es lo que las mueve, lo que las motiva, lo que les interesa.

Aquí se escriben muchos libros. Nada más que al premio Planeta se presentaron el pasado año 453 novelas. De las que se han publicado dos. Casi todas las demás no verán la luz, acabarán en un cajón después de ser despreciadas una y otra vez por no interesar.

Yo mismo he leído libros manuscritos que me han remito amigos que me han maravillado. Libros llenos de belleza, interés, profundidad, mensaje…, obras hermosas. Libros por todos sitios en prosa y en poesía que son verdaderas joyas, pero que se quedan ahí, perdidos, olvidados, muertos para siempre. Libros redactados por personas de gran cultura y alto nivel intelectual, eruditos y llenos de originalidad, escritos por hombres y mujeres que vienen dedicando toda una vida a la lectura, a la formación, al conocimiento de la lengua, a viajar, a llenarse de experiencias, al estudio, a la reflexión... Personas llenas de talento, de chispa creativa, de sentimientos vivos, de valores, de arte, de elegancia… Hombres y mujeres que mueren sin ver su obra publicada, sin que nadie sepa de ellos, sin huella dejada porque no han tenido la suerte de estar en el sitio oportuno en el momento justo…, o porque, sencillamente, no han querido romper el cristal de la moral y la honestidad y pasar al lado oscuro, no han querido venderse por nada, negándose a convertirse en piltrafas, en marionetas en los programas basura para relatar y vender sus quehaceres sexuales, sus miserables adulterios, sus puteríos, sus desvergüenzas, sus infames bajos instintos, sus más repugnantes intimidades, sus gritos, robos, corruptelas, infamias, mentiras, sus asquerosidades…

Porque si haces esto, si te acuestas con el primero que pasa y lo grabas y lo ve todo el mundo, y encima tu pareja lleva la cornamenta del toro watusi y para colmo eres tertuliano o político deslenguado, entonces sí, entonces no es que te publiquen el libro que tenías escrito y guardado en la estantería cubierta de polvo, sino que te piden, te imploran que lo escribas, y ponen a tu disposición a todos los “negros” que quieras, y te lo rematan encuadernado en piel, y te lo presentan con todos los honores, y te hacen una campaña publicitaria que alucinas, y te lo venden en todas las librerías que existen, y te lo colocan además en primera línea, en el mejor escaparate, en la más privilegiada estantería… Como ha sucedido con muchos famosillos. Como le ha sucedido a la genial Olvido Hormigos, prudente y educada maestra de escuela además de honrada concejal socialista de toda la vida, abnegada madre y esposa, heredera de Cervantes, Quevedo y Juan Ramón Jiménez, inteligentísima narradora y poeta… Como le ha sucedido a este dechado de virtudes que tiene la cara más dura que el cemento. Que debido a sus impresionantes méritos en al arte de la baja carne ya tiene su novela a la venta y puesta en todas las librerías del mundo, esperando le concedan además, al menos, el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Y viene ahora el pobre e ignorante Pérez Reverte a quejarse porque la han puesto a su lado, detrás de ella, rogándole al Corte Inglés que, al menos, no se la pongan encima; a lo que ella le responde que no se crea superior y que es un machista. ¡Toma ya! Para que aprenda el analfabeto, mediocre, retrógrado y facha creador del Capitán Alatriste. Y es que Hormigos no podía haber soñado llegar tan alto ni Reverte llegar tan bajo… Ni la Literatura Española llegar a tocar el fondo tan putrefacto de las cloacas. Pues nada, que sigan.

miércoles, 29 de julio de 2015

EL PELIGRO DE JUGAR CON LA HISTORIA

En esta sociedad nuestra hay muchas ganas de tensar la cuerda de la convivencia. En el fondo se tiene sed de conflictos. De lo contrario no se entendería esas ansias tremendas de querer cambiar el pasado, ese deseo casi enfermizo de volver lo blanco negro. Los políticos cada vez son más radicales y extremistas, más insensatos. Pretenden, apoyados por sus adláteres periodistas, comentaristas y adeptos, imponer sus ideas, cueste lo que cueste, como si fueran caciques de pequeñas tribus sin amplitud de miras, sin pensar siquiera que vivimos en un mundo global y nada somos ni podemos aislados y separados. De ahí que no entienda bien esas ganas de separatismos, de nacionalismos excluyentes, de dividirnos, cuando el ser humano debe tender a la unidad, a la solidaridad y al entendimiento, sin perder por ello la idiosincrasia propia como país, comunidad o ciudad.

De ahí que no entienda tampoco ese afán de no saber leer ni entender la Historia, que son hechos que suceden dentro de un contexto propio de un tiempo, de un espacio, de una forma de entender las cosas, de una manera de vivir, de pensar, de ser…, hechos que no se pueden extrapolar al presente, acoplar a los parámetros del hoy, ni se pueden borrar. La Historia debe quedar tal como fue, no para copiarla, sino para aprender de ella, sacar lo positivo y no volver a repetir lo negativo. La Historia debe ser también respetada, y si nuestros antepasados valoraron hechos y personas por su modo de ser, de creer o de soñar, y levantaron obras acordes a sus modos de sentir, nosotros no somos quienes para ahora, con nuestra mentalidad propia de una época, que también será, no me cabe duda, más que imperfecta y criticable para las generaciones futuras, despreciar y devastar lo que ellos construyeron. No se puede, por ejemplo, yéndonos a un pasado de otras edades, destruir la estatua levantada a un personaje determinado porque ahora pensemos que su forma de ser o de actuar no se acopla a nuestro pensamiento. Como no se puede, yéndonos al pasado próximo, dentro plenamente ya de nuestros parámetros de entendimiento, quitar, por ejemplo, una calle a una persona por el simple hecho de que sus creencias o ideas políticas no sean las mismas que las de los nuevos que llegan al poder, con la intención añadida de dársela a otra afín a ellos, sin analizarlo antes debidamente, sin aclarar los motivos, sin estudiar la repercusión social, sin consensuarlo políticamente, sin escuchar el clamor popular, porque, entre otras razones, así también legitimarían a los que viniese después contrarios a ésos a hacer lo mismo, llevándonos de este modo a una imparable cadena de quito y pongo que sólo conduciría a rencillas, odios y venganzas. Todo, además, no puede ser política. Como tampoco todo tiene que ser medida de las ideas particulares que profesamos y los modos de pensar que tenemos. Nada más maravilloso que ser unos de izquierdas y otros de derechas, ateos y creyentes, blancos y negros…. y todos respetarse, considerarse, aceptarse, incluso quererse más allá de pensamientos, ideologías, creencias, razas o sexo. 

Hoy, amigos, corremos el peligro de jugar con la Historia, acomodarla, tergiversarla, reescribirla, deformarla, mal enseñarla, cambiarla…, según interesa, según me conviene, según creo, según me va… Y eso es muy grave. Porque la Historia es como un ente vivo, como una bomba de relojería, que si no sabemos hacer uso correcto del reloj que la controla, nos puede estallar en las manos y acabar todos por los aires.      

viernes, 3 de julio de 2015

OPOSICIONES

Ayer asistí a un curso impartido por una autoridad teatral en Sevilla. El lugar del encuentro era un instituto de enseñanza media. Al llegar a primera hora de la mañana, me llamó la atención el ver en la puerta de entrada a numerosos chicos y chicas junto a varias personas mayores. “¡Qué maravilla!” Me dije. “El teatro vuelve a estar de moda. De nuevo hay jóvenes y personas mayores con los que contar para poner puestas en escena. Seguro que todos los aquí presentes están además revestidos de responsabilidad, espíritu de sacrificio y amor al arte. Savia nueva para un tiempo que se nos había tornado viejo.”

Pero me equivoqué. Cuando llamaron para entrar en la sala del curso, comprobé que cuatro y yo, cinco, nos adentrábamos en un aula donde nos esperaba, un tanto triste y decepcionado, el ilustre maestro. Me acerqué a él y lo saludé con respeto. Después le pregunté un tanto confuso acerca de por qué no entraba el resto del personal. “¿A quiénes te refieres?” “A los que andan en la puerta.” “Amigo, los de la puerta están ahí porque van a realizar el examen oral de oposiciones a Magisterio.”

Me llamó la atención la respuesta. Y desde la ventana cercana al pupitre donde yo me hallaba sentado, estuve más pendiente del ir y venir de los opositores y familiares que de lo que el señor profesor de teatro andaba explicando. Cuerpos que se movían nerviosos, cargados con mochilas repletas de actividades pedagógicas, con apuntes en las manos. Veía rostros desencajados, manos temblorosas, ojos a punto de estallar en lágrimas… Algo así como espectros perdidos y asustados a la espera de ser llamados para la guillotina. 

Cuántas horas de estudio. Cuántas semanas de academia. Cuantos dineros en libros, temarios, fotocopias, materiales, encuadernaciones… Cuántas noches de insomnio. Cuántos sacrificios. Cuántos días de oscuridad, de desesperanza, de depresiones. Cuántos desamparos y cuántas ganas de morirse. Cientos, miles de chicos y chicas con carreras, licenciaturas, doctorados, másteres, cursos formativos, idiomas, publicaciones… luchando a muerte por sacar una plaza de maestro de educación infantil que le pueda aportar algo más de mil euros al mes. Y a su lado, cientos y miles de padres y madres en vilo, temiendo lo peor, clamando al cielo, ofreciendo velas, dando su vida si fuera necesario con tal de ver a sus hijos del alma con un trabajo.

En el primer descanso que tuvimos, quise interesarme por la situación. Me acerqué entonces al tablón de anuncios: Pruebas escritas: Tribunal 1: Presentados, 169. Aprobados: 42. Tribunal 2: Presentados: 174. Aprobados: 51. Tribunal 3: Presentados: 159. Aprobados: 36. ¡Dios, qué escabechina! Pero bueno, supongo que, al menos, todos o casi todos los que han aprobado el escrito tendrán un puesto de trabajo fijo. Pero alguien a quien pregunto me lo aclara: “Sólo uno por tribunal obtendrá plaza.” ¿Uno? ¿Sólo uno por tribunal? ¿Quieres decir que de 502 presentados aquí –y eso mirando sólo este instituto de Sevilla– obtendrán plaza solamente 3? ¿Y no se le cae a nadie la cara de vergüenza? ¿Se puede jugar así con los sentimientos, las esperanzas y las ilusiones de los jóvenes? ¿Se puede alguien en esta sociedad sentir orgulloso de dónde hemos llegado?

Me sentí tan afectado que me acerqué a una de las puertas donde un joven de alrededor de treinta años exponía su programación y la unidad didáctica que por sorteo la había correspondido. Y lo hacía con maestría, con conocimiento, con desparpajo, apoyándose en un amplio y rico material por él mismo confeccionado. Al salir, empapado en sudor, la novia se acercó a él con lágrimas en los ojos para abrazarlo... “¿Qué tal?” “Bien, lo he hecho muy bien, pero no servirá de nada... Ya con ésta van cuatro. Y este año volverá a suceder lo mismo, ya lo verás.” Le decía el joven opositor mientras se perdían camino a la desolación y la impotencia.

De golpe, salió también de otra aula una chica muy enfadada porque el tribunal le había cortado la exposición de la unidad didáctica por pasarse de la media hora establecida y no la habían dejado concluir la exposición. “No hay derecho. Juegan con nosotros. Todo por una plaza, que luego, de seguro, es para algún enchufe… ¡Una guerra, eso es lo que tiene que venir, una guerra…!”, le decía con ira a sus padres que andaban esperándola consumidos.

Yo me sentí tan mal, tan unido a ellos en la lucha contra esta causa tan injusta, tan indigna y tan cruel, que decidí no volver a entrar en la clase de teatro y coger el coche para regresar lo antes posible a mi casa, mientras me decía: Y luego hay quienes se preguntan por qué el populismo crece como la espuma… Pues aquí tienen la respuesta, amigos, que es muy sencilla: porque la desesperación lleva al suicido.  

miércoles, 17 de junio de 2015

LAS ALAS QUE DAN LOS AÑOS

Decía el gran Ingmar Bergman que “envejecer es como escalar una montaña, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena”. Y es verdad. Conozco a muchas personas que después de una vida muy activa en sus respectivas profesiones y labores sociales, políticas y culturales, después de llegar a una cierta edad, han optado por retirarse a su particular monasterio de Yuste, en donde vivir sus soledades y sueños personales con el fin de dejar crecer sus alas en pura libertad sin impedimentos ególatras y alcanzar una vista más infinita y en calma.  

Toda persona que traspasa los sesenta, en mayor o menor medida, sabe que por mucha buena salud que goce, está mucho más cerca del atardecer que del sol del mediodía, y no digamos del de la mañana, y que la tierra anda ya construyéndole un cobijo hondo para su reposo infinito. De ahí que las personas mayores se hagan más sabias, más valientes, menos miedosas, y de ahí también que tomen la decisión de olvidarse de los poderosos y poner fin a cualquier tipo de pleitesía a los impresentables. Igual piensan que es la hora justa de dejar de acudir a compromisos que no van ni con sus ideas ni con sus convicciones. Ni a actos que organizan quienes sólo se acuerdan de ellos cuando buscan les sirvan de relleno, de bulto o de notorios palmeros. También toman la decisión de dejar de tragar sapos y que por no molestar, por no crear problemas, por mantener unidades de grupo, han tenido que devorar en infinitas ocasiones.

Y es por ello también por lo que huyen de lo chabacano y mediocre que tanto nos invade y tanto se fomenta. Y de las falsas estructuras altruistas que parten de necesidades económicas pidiendo ayudas y subvenciones y que no son más que disfraces para esconder bajo las apariencias de los soles dorados intenciones y réditos espurios, elegantes tapaderas del baúl de las codicias farisaicas. Y huyen de los laberintos de los intereses creados. Y de las sectas ideológicas que se atribuyen la autoridad moral de las cosas y enjuician y etiquetan según seas o no de su onda. Y huyen de los que sólo se acuerdan de tocar las campanas el día que ellos van a dar la misa. Y de los que se las dan sin ser nada. Y de los que se ocultan en la capa de hacer por los demás cuando lo hacen por ellos mismos. Y de aquéllos que quieren aparentar lo que no son para que los que son los dejen entrar en sus círculos de influencias, poder y honores. Y de los que creen que los pueblos les pertenecen. Y de los que buscan los primeros sitios y aparecer en todas las fotos. Y de los que están ebrios de sillones y moquetas para su propio beneficio.

Y todo esto me lo terminaba de confirmar un viejo amigo, periodista jubilado y pintor, el otro día, al encontrármelo por la calle cuando me disponía a acudir a una conferencia a la que me sentía obligado por un compromiso con el organizador y pedirle que me acompañara. “Lo siento –me dijo–, pero a bastantes conferencias he ido ya por narices. Estoy cansado de entrar en el círculo de las parafernalias, de las modas pasajeras, de las cartas marcadas, de para quedar bien… Y me da igual lo que piensen y lo que digan… Ahora creo en lo que quiero, y pienso como deseo, y escribo y pinto lo que me parece. Ahora voy y vengo, asisto, realizo, salgo, entro y acudo… donde me da la gana. Sin más.”

Y le di la razón. Y se la di hasta el extremo de darme media vuelta y marcharme a mi casa. Al encuentro de un libro que me esperaba y que una amiga mi había regalado la semana anterior: “Azúcar amargo”, de Christopher Hartley.

Y es que eso es lo que estamos viviendo, una especie de azúcar amargo, una dulce apariencia que al tragarla te deja siempre un regusto a agrio, a desasosiego, a disconformidad, porque nos la comemos en la mesa de la más grandiosa hipocresía. Y al probarla todos decimos que es dulce, pero al quedarnos solos la escupimos porque está llena del mal sabor del egoísmo, el vacío y la falsedad.

Más tarde, al acostarme, meditando sobre lo que me había sucedido, me vino a la mente el pensamiento del poeta Emerson, cuando decía: “La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”. Y pensé: ¡qué razón lleva! Después, dejé volar los sueños y me dormí feliz. Y es que, al fin y al cabo, es eso: que los años no perdonan… O mejor dicho, como decía el anuncio aquél: que te dan alas.



lunes, 1 de junio de 2015

LA LECHE QUE NOS DIERON

La leche que nos dieron, pero si ya estamos a uno de junio. Habrase visto cómo corre el tiempo. Y menudo mes éste. Mes de los últimos exámenes, la selectividad, las oposiciones, las notas, los actos de finales de curso… Mes de la Feria de la Música, del Encuentro Internacional de la Poesía, del Corpus… Mes de los sueños, de la llegada de las vacaciones, de plantear dónde las vamos a pasar… ¡Pero si todo está carísimo! ¿No decían que habíamos salido de la crisis? La leche que nos dieron.

Y sobre todo, el mes de la toma de posesión de la nueva corporación municipal ante unos resultados que dicen mucho. Dicen del descontento de la gente, cansada de los incumplimientos y complejos del gobierno de la nación, pero también cansada de arrogancias, enclaustramientos, impuestos abusivos, huelgas a golpes de tambor, olvidos, denuncias tontas, conflictos…, de dejarse ciertas concejalías llevar por personas a sueldo, sibilinos, que en lugar de pensar en el bien del pueblo en general piensan en ellos y en sus propios intereses. Los resultados electorales dicen también que stop a los nuevos que llegan con la intención de aprovecharse de los que, según ellos, la casta se está aprovechando. Dicen que no puede un vividor deudor presentarse entre personas dignas porque todos a la calle. Dicen que no se puede querer ser eterno por mucho don de palabra que se posea. Dicen que votar a algunos partidos de grupos pequeños es tirar el voto. Dicen que repitan dos concejales cabezas de lista que se han dejado el alma honradamente y tienen ideas diferentes. Dicen que la nueva alcaldesa debe ser cercana, de puertas abiertas, justa, humilde, en contacto con los ciudadanos, valiente, gobernadora de todos y dada al bien y a la cultura de todos, y no sólo de unos cuantos radicales e intolerantes que son de pensamiento único y se atribuyen la autoridad moral y no dan valor a nada que no sea lo suyo. Listos que ya han empezado, sin esperar siquiera a que se siente en el sillón, a pedirle subvenciones en grandes cantidades para ellos y lo que traen de fuera, mientras ni migajas, ni un mínimo apoyo para los que piensan diferente, y trabajan por una Úbeda mejor que llegue a todos sitios. Y es que todo lo que no sea de su onda no es cultura. ¡Qué le vamos a hacer! La leche que nos dieron.

Mes también del Corpus, del día grande que brilla más que el sol. De ver por las calles, junto a la Sagrada Forma, a decenas de niños sin saber a lo que van, distraídos y revoltosos, luciendo sólo los trajes y los vestidos recién salidos de la superlimpieza. De ver las banderas sobre hombros presidenciales y las medallas brillantes en el pecho de los penitenciales y gloriosos, y que luego muchos de ellos se guardan hasta que se acerque la Semana Santa y se vuelvan a sacar del baúl del olvido de la coherencia donde se suelen guardar porque sólo entonces se recuerda a Dios. Perdón si ha molestado a algunos esta palabra. Que hay que tener mucho cuidado con lo que se dice.   

¡Vaya mes! Y encima me entero de que hoy, día uno, se celebra el Día Mundial de la Leche. Habrase visto las cabezas. Lo que faltaba. Pues, eso, la leche que nos dieron. 

           



viernes, 22 de mayo de 2015

EL SAN JUANITO DE MIGUEL ÁNGEL


He asistido en la sacristía de la catedral de Jaén a la conferencia pronunciada por Francesco Caglioti, de la Universidad de Nápoles, titulada “El San Juanito de Úbeda, obra maestra del joven Miguel Ángel”.

En ella, el ponente ha dado razones más que suficientes para demostrar que esta escultura del pequeño predicador del desierto es, de manera definitiva, obra del genio del Renacimiento cuando contaba con tan sólo veinte años, y a la que hacen mención sus biógrafos.

Para ello se ha basado en estudios y fotografías, comparaciones, análisis y eliminación de otras figuras de pequeños precursores parecidas que también se le han venido atribuyendo a Miguel Ángel.

Por último, trató de analizar la manera de llegar la escultura a la ciudad de los cerros. Para ello logra enlazar la cadena de herencias de las obras de arte de los Médici hasta desembocar en Cosme I que, por interese políticos, para poder afianzarse en el poder del estado florentino, necesitaba un importante apoyo, y ninguno mejor que el que podía prestarle al rey Carlos V. Y en ese camino estaba su omnipotente secretario encargado de los asuntos de Italia y ultramar, y gran interesado en la posesión de obras de arte, recibiendo en su carrera importantes dones diplomáticos. El conferenciante indica que en estas circunstancias lo mejor era regalar a Cobos algo de gran valía, por lo que asegura que ello fue la figura en mármol del San Juanito. Corrobora además esta idea el hecho de que en el año 1541, Cosme ya no tenía esta obra, ya que, por palabras literales del ponente, “éste pidió prestado a la familia Martelli el San Juan adolescente de Donatello para colocarlo en el centro de todo el aparato del bautismo de Francesco, su primogénito”. Una petición, continúa indicando Caglioto, “algo rara si él hubiera poseído el San Juanito de Miguel Ángel”.

El San Juanito fue llevado a Úbeda, vía Cartagena, por dos razones, la primera porque a Cobos no le convenía exhibirla en la corte, por entonces itinerante, evitando así de paso los comentarios un tanto dispares en cuanto a la cantidad y calidad de los regalos que recibía, y la segunda porque por entonces el secretario contaba ya con sesenta años de edad, y pretendía recoger todas sus posesiones artísticas en sus tierras andaluzas, como ostentación pública con la intención, de nuevo en palabras de Caglioti: “ de servirle para la ostentación pública de su piedad y de su celebración funeraria”.

Orgullo por lo tanto saber, casi a ciencia cierta, que el San Juanito, tan considerado siempre en nuestra ciudad, y que fue vilmente hecho trozos el 26 de  julio del año treinta y seis, y ahora, tras dos décadas de trabajos exhaustivos en el prestigioso Opificio delle Pietre Dure de Florencia, restaurado partiendo de los diversos y escasos fragmentos, entre ellos parte de la cabeza, que fue arrojada a la hoguera ennegreciendo su mármol de Carrara irremisiblemente, vuelve a tener forma y, tras ser exhibido en el Museo del Prado, regresar a su Capilla del Salvador para admiración de todos.

Enhorabuena a cuantos lo han hecho posible y felicidades a Francesco Caglioti por demostrar que el pequeño que al crecer será voz que clame en el desierto, y “el que de mujer no se ha levantado otro mayor”, según palabras de Jesús de Nazaret, es obra nada menos que de uno de los grandes genios de la Historia. Y para poner punto y final a las dudas, concluyó el profesor Caglioti su conferencia mostrando en una pantalla la pintura de Azor y su hijo Sadoc, de la genealogía de Cristo, realizada también por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, y en donde el pequeño niño tiene un parecido tan asombroso respecto a la escultura del San Juanito que, esta prueba sólo, es suficiente para convencer hasta el más escéptico de que ambos niños no pueden ser más que obras salidas de una misma mano: la del genial Miguel Ángel Buonarroti.




miércoles, 13 de mayo de 2015

CORRUPTOS

Que España es un país de corruptos no puede negarlo nadie. Que también hay muchas personas honestas y justas, no cabe duda. Pero a mí lo que más me preocupa es que no se tomen las medidas necesarias y precisas para que aquéllos que han cometido el delito de apropiarse de lo indebido no acaben, no sólo cumpliendo condena, sino devolviendo hasta el último céntimo. “Usted, hasta que no devuelva todo lo robado no pueda salir a la calle.”

Pero también aquí tengo que hacer un inciso. Igual de severo que debe ser el castigo para el ladrón, deber serlo para aquél que, movido por el odio, la venganza o la maldad, levante un falso testimonio y una calumnia contra quien tiene las manos limpias y nada ha quitado a nadie.

Lo digo por la prensa, tan dada a la difamación y al sensacionalismo. Capaz de lanzar al aire noticias injustas y falsas con tal de dañar a quien no se ha rendido a sus pies, no entra en su juego de intereses o le hace algún tipo de sombra. Y lo digo, igualmente, por aquellas personas que, en los pueblos, dicen falsedades de éste o aquél, adjetivándolo de infundios, lanzando al aire, en modo parecido a lanzar las plumas negras de una gallina por las calles, difamaciones e injurias, para luego, como le dijo que hiciera aquél santo sacerdote a un difamador que fue a confesarse, fuese días después a recogerlas. “¡Imposible!” Respondió. Pues igual de imposible es de reparar una calumnia lanzada, y más cuando el propio calumniador no sólo no se arrepiente sino que sigue alardeando de su mentira y su maledicencia. Aunque este tipo de personas son muy tristes, porque ya llevan en el pecado la penitencia, y la lengua, si se fijan bien, manchada de cieno venenoso con el que han de tener cuidado para no mordérsela, porque de hacerlo acabarán amortajados por su propio veneno.

La corrupción verdadera no se puede consentir. Y no ha de ser el hecho de acabar con ella sólo cosa de políticos, sino de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, de todos los hombres y mujeres que componen la sociedad. Lo que no puede ser es que sabiendo y teniendo pruebas de que alguien es un malhechor y un mangante, amigo de lo ajeno, lo ocultemos, hagamos como que miramos para otro lugar e incluso lo alabemos. Porque cuando la corrupción no se ataja y se corta con la hoz de la justa coherencia, la cizaña crece más que el trigo y aflora más la corrupción.

Y en España está pasando esto. Y al no cortarse la corrupción como es debido, al no aniquilarla de un tajo, hace que broten corruptos y vivales por todos sitios. Y prueba de ello es que los partidos tradicionales siguen llevando en sus litas a políticos basura. Y los nuevos…, bueno, los nuevos partidos es ya el colmo, porque a éstos se han arrimado no sólo los pillos, vivales y sinvergüenzas para ver si, ante su espesa mediocridad, se hacen con un puesto y viven, como sanguijuelas, a costa de los demás, sino a pícaros y descarados que ya van con la clara intención de robar a manos llenas, porque está visto que aquí somos muy estrictos con los desgraciados que hurtan un pan para que coman sus hijos, pero muy blandos, blandísimos con los poderosos y los que nos gobiernan… Y si no que se lo pregunten a Urdangarín, la infanta Elena, Camps, Blanco, los Puyol, Bárcenas, Matas, Rato, Viera, Fernández, Lanzas… y tantos y tantos que ya hasta hemos olvidado sus nombres. Y ahí está la clave del corrupto. Clave que además enseña el camino a los corruptos que son y quieren serlo: vivir mientras no me pillen, y si me pillan a aguantar la tormenta hasta que pase el chaparrón y después a disfrutar a pleno sol de la cómoda playa de las ganancias. Y que me quiten lo bailao.

miércoles, 29 de abril de 2015

UNA CIUDAD CON MALA SUERTE

Ahora que están cerca las elecciones municipales, no hay persona que, al encontrarme con ella y entablar una conversación, no me diga que es una pena lo que sucede en Úbeda a nivel político.

¿Has visto, me dijo ayer un viejo conocido, quiénes van en ciertas listas de los partidos que se presentan a las municipales? ¡Qué tremendo! ¿Tú crees que esto se puede consentir? Pero si hay hasta trépalas y morosos. Y esto no es un parecer, es sentencia judicial.

¡Qué vergüenza! En qué manos está Úbeda. Y va de mal en peor. ¡Qué mala suerte hemos tenido una y otra vez…! Insistía mi interlocutor. Y yo no podía quitarle la razón. Demasiados enfrentamientos a lo largo de las legislaturas, judicializaciones, conflictos sociales, impuestos abusivos, derroches, amiguismos, zancadillas, plenos denigrantes, endiosamientos personales, enclaustramientos en despachos con vigilancias pretorianas… Pero me lo puso a huevo. Mi viejo conocido, con dos titulaciones universitarias, doctorado cum laude, de vasta cultura y conocedor del mundo por sus muchos viajes…, no era el más legitimado para hacer tal comentario, porque la respuesta a tanto desaguisado la tenía en sus manos. “Preséntate tú.” Le solté a bocajarro. “Da el paso. No digas hay que hacer. Hazlo.” Se quedó como petrificado, pensativo. A continuación me respondió: No es fácil que los partidos políticos consolidados te dejen entrar. Los que ya están arriba no quieren hombres y mujeres de altura, sino personas dóciles que no les puedan hacer sombra. Además, en mi caso, reconozco que no valgo como político. Para ello tienes que tener también mucho aguante y cara dura, y hacer que los problemas no te derrumben ni te afecten.

Le interrumpí. “Luego ser concejal o alcalde no es fácil, ¿verdad?” No, no es fácil. Me respondió un poco más calmado. Pues vaya entonces nuestro respeto y consideración para quienes desde la verdadera honestidad de conciencia dan el paso de someterse al peso de las urnas. Después…, después lo que hace falta es que otras muchas personas, preparadas, formadas, cultas, inteligentes y honestas, con valores, que las hay, dejen sus escondites y sus trincheras críticas y salgan al ruedo de la entrega y el compromiso. Personas capaces de tener proyectos serios, sin demagogias, que muestren personalidad, sean íntegros, justos y honrados, lejos de cualquier corruptela. Capaces de preocuparse de corazón por sus vecinos, sean de la ideología que sean. Así como lo suficientemente sabios como para comprender que llegar al poder no es un premio ni un endiosamiento ni un brillo para más resplandecer y todos me veneren, sino un hermoso servicio al pueblo y a sus gentes. De esto modo, los otros, los listos, los pillos y los vivales, los que no saben ni expresarse y dan vergüenza ajena, y sólo buscan medrar y vivir a costa de los demás, que también los hay, y son conocidos por todos, no tendrán más remedio que desaparecer… Y así Úbeda dejará de ser, políticamente, lo que es, eso que todos dicen: “Una ciudad con mala suerte.” 



jueves, 16 de abril de 2015

CARTAS

Lo que se pierden los jóvenes.

Ya no se escriben cartas. Ahora, en todo caso, se envían wasap y correos electrónicos.

Lo que nos perdemos todos sumergiéndonos en la frialdad de las máquinas y las computadoras.

Hoy todo el mundo envía y recibe correos, algunos adjuntando fotos, montajes o vídeos sacados de You Tube. Otros, por aburrimiento, por el simple hecho de decir algo, por solicitar alguna cosa… Correos fríos, apáticos, sin espíritu. Correos que empiezan con un “buenos días”, o “buenas tardes” o “buenas noches”, para evitar poner “estimado” o “querido” o “muy querido”, no sea que se malinterprete, y despidiéndose con un simple “hasta otra”, o todo lo más “un saludo”, no sea que si ponemos “un beso” o “un abrazo”, entiendan lo que no es.

Y escribo esto porque yo, dejándome llevar por esta práctica moderna, cansado además de encabezar mis correos con un “querido…” y terminar con un “fuerte abrazo”, para recibir por respuesta un frío “buenos días, Ramón” y terminando con un “cordial saludo”, tratándose además de alguien a quien tengo en gran consideración y aprecio, cuando no entre los que más amo, he recibido hoy un correo de una mujer, funcionaria, a la que no conozco personalmente, que hace unos días me llamó por teléfono, no para pedirme nada, como suele ser lo normal, sino para ofrecerme sueños de artes, de poesía y de teatro sin contraprestación alguna a cambio. Sólo me pedía le hiciese un escrito descriptivo de mi situación. Y se lo adjunté con una breve introducción: “Estimada señora…”, para terminar con un lacónico: “gracias, quedo a su disposición.”

Pues bien, esta mañana he recibido su respuesta: “Querido amigo…” Terminando con “ha sido un placer tratar contigo, recibe un fuerte abrazo”. Impresionante. Hasta he sentido emoción. Con su correo he vuelvo a revivir el calor de las cartas de la juventud, de cuando te escribía un amigo, un ser amado, la mujer a la que tanto amabas… Y abrías el sobre en un ritual de temblor de manos y desplegabas el papel como quien descubría un mundo luminoso, y te embriagabas de las palabras escritas a mano, artesanales, personales, irrepetibles… Y luego volvías a plegar la hoja y la guardabas de nuevo dentro del sobre, para más tarde volverte a esconder en la soledad y una vez más leerla saboreándola palabra por palabra… Y así una y otra vez, hasta cien veces. Cartas que conservabas por mucho tiempo, por años, de por vida, como si no quisieras perderlas porque las considerabas como un pequeño tesoro de valor incalculable.

Añoro este tipo de cartas. Cartas que ya sólo escriben, en todo caso, algunos románticos, como ese viejo amigo que conocí el día que llegue a Villanueva para ejercer mi profesión de maestro y que hoy también, cosas del destino, después de más de treinta y cinco años sin tener contacto, me ha escrito por carta postal para decirme que pese al tiempo y la distancia –ahora vive en Chiclana de la Frontera–  tan sólo me escribe porque me ha recordado y simplemente le apetecía saludarme por escrito y expresarme su aprecio.  

Cosas de viejos ebrios de añoranzas, dirán algunos. Cosas hermosas que se las están llevando los ladrones de almas, digo yo.  


viernes, 27 de marzo de 2015

SEMANA SANTA, COMIENZA EL ESPECTÁCULO

Comienza el espectáculo. Ya está aquí la Semana Santa. Ya están preparados los tronos repletos de flores y de velas. Las túnicas planchadas. Los cirios expectantes para ser encendidos. Los vestidos de mantilla impolutos sostenidos en las perchas. Los tambores tensados, las cornetas brillantes, los enseres incólumes… Y las comidas dispuestas para la gran degustación familiar… Ya sólo falta que el tiempo sea bueno y luzca el sol.

 Comienza el espectáculo, los desfiles penitenciales, las procesiones... Y no digo yo que todo sea parafernalia. Sé que hay cristianos católicos que se lo toman muy en serio. Costaleros que se meten bajo los tronos, mujeres de mantilla y penitentes que procesionan por verdadero sacrifico y penitencia, en puro recogimiento y oración. Cristianos congruentes, ejemplares, comprometidos con su cofradía, a la que muchos pertenecen desde niños, trabajando en ella todo el año, más allá del simple sentimiento del momento, con honda devoción a sus Titulares sabiendo que son medios para llegar al Dios que habita dentro del alma. Pero también hay muchos que lo hacen por simple tradición, sin sentido, sin saber siquiera por qué o para qué lo hacen, tal vez porque salen los amigos, por romper la monotonía, por la inercia de la misma sociedad, por tomar parte de la diversión que toca.

Comienza el espectáculo. Los bares andan llenando sus neveras de exquisitos manjares. Las terrazas aseadas para el servicio de mesas. Los restaurantes y hoteles reservados… Los vendedores de globos, puritos americanos, pipas y golosinas dispuestos para hacer su agosto, y hasta las monjas andan preparando sus magdalenas, roscos y hornazos típicos para venderlos por el torno. 

Comienza el espectáculo. Y en medio de todo ello nada menos que la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Gentío en las calles y plazas. Multitud detrás de los pasos. Aglomeración para ver las salidas. Y muchos jóvenes y niños, hombres y mujeres de cháchara, de bromas, de risas, de juerga, con las copas en la mano mientras pasa a su lado la imagen de un Cristo sufriente o una Virgen dolorosa. Y mientras tanto, vacías las iglesias, cuatro gatos rezándole al Santísimo y algunos viejos y poco más, para contraposición, en todo caso, acudiendo a los carcas oficios.

Comienza el espectáculo. Críticas asombrosas y rasgada de vestiduras porque este año tal Cristo iba vestido de peor manera que al año anterior, y la cual Virgen sin palio, y se ha tocado mucho peor la marcha de la antigua cofradía, y se ha mecido de manera descompasada el nuevo trono después de haberle cambiado las trabajaderas, y se han ido los músicos en medio de la procesión porque estaban contratados sólo por dos horas, y el redoblante de la hermandad más prestigiosa falló en su lucimiento por la plaza, se le cayeron los palillos… ¡Qué desastre! ¡No sé dónde vamos a llegar! 

Comienza el espectáculo… Y en medio de todo ello, Dios se entrega, se sacrifica, sufre, padece y muere por nosotros. Muere ese Dios hecho Hombre que nos pide ser limpios, justos, entregados, honestos, veraces, fieles, libres, coherentes, generosos, esperanzados, dados a los más necesitados… Que nos pide no pecar. Un Dios para ser adorado, amado, seguido, predicado de palabra y de obra. Un Dios al que hay que llevar en el corazón todo el año. Un Dios que es amor pero no un pelele al que cogemos, levantamos, paseamos y soltamos como un títere de feria. Un Dios al que hay que acudir y comulgarlo como alimento de vida. Un Dios, dicho sea de paso, ante el que hay que arrodillarse cuando es elevado en la Consagración y cada vez que pasa por tu lado hecho Eucaristía. Un Dios que si algo no es, es eso, un espectáculo.