domingo, 27 de noviembre de 2016

AMOR SIN TIEMPO

Desde hace meses el grupo de Teatro MARANATHA viene ensayando la puesta en escena de una nueva obra teatral escrita por mí.

Se trata de una obra titulada “AMOR SIN TIEMPO”, en la que pretendo reflejar la grandeza de un amor sin límites entre un hombre y una mujer que, en unidad, han podido superar infinidad de obstáculos a lo largo de toda una vida, pero no la alambrada final que alguien, con poco conciencia, levantó entre sus corazones. Alambrada que puede separar dos vidas destinadas a estar juntas pero no a desunirlas, porque las espinas sólo pueden abrir y doblar el fuego en su base pero no impedir que las llamas se sigan juntando en las alturas.

“AMOR SIN TIEMPO” es por lo tanto una obra teatral con vistas al mar de los sentimientos, una ventana que mira más allá del alma e invita a quienes están al otro lado de la habitación a un brindis de amistad que también, aunque sea por segundos o por años, siempre tiene mucho de respeto, de gratitud y de amor.

En la escena, sin decoración precisa, porque estamos a la vez en lugares y fechas diferentes, verán la grandeza de un amor que desde el comienzo quiso ser eterno, navegando en medio de los egoísmos, los intereses, los cotilleos, las ambiciones y también los engaños de quienes rodean el círculo de la asfixia, unos queriendo y otros sin querer, pero todos arrastrando el barco de la luz al océano de la tristeza y de la muerte, donde sólo en la otra orilla de las olas está el abrazo sin fin en el que ya no existe el cuchillo que corta, sino tan sólo el lazo que une para siempre.

Hay, en la obra, por lo tanto, mucho de comedia pero también de drama. Mas, sobre todo, lo que hay es romanticismo y mucha, muchísima poesía. Y todo ello con la intención de ir a contracorriente en este mundo de ahora, donde el idealismo no tiene cabida y la lírica se ve cursi, donde la fidelidad, la educación, la bondad, el perdón, el altruismo, la vejez, la enfermedad, la esperanza, la fe… se desprecian y donde, incluso, el deseo de seguir vivos lejos del espacio y del tiempo se considera de locos ignorantes.

Pero MARANATHA sabe pasar de todo esto, porque desde que se creó representando “Cristo viene”, su misión no ha sido la de ser política y socialmente correcta, sino la de volar en libertad e independencia, la de fomentar valores, la de ahondar en el fruto sin quedarse en la cáscara, la de ayudar y estar al lado de los pobres, enfermos, necesitados…, la de hacer palpar el cosquilleo de la sangre y hacer sonar la campanilla que nos recuerda que también hay en nosotros, además de la carne, un misterio que es imposible ver pero sentimos. Comprendemos, no obstante, que hay otras realidades diferentes y otros comportamientos distintos, igual que reconocemos y aceptamos que hay personas e ideas que andan danzando en otros senderos, que si bien puede que no compartamos, sí que respetamos, siempre que no siembren el dolor y la muerte, porque, en el fondo de la existencia, nadie tiene en sus manos la verdad absoluta de las cosas.

El estreno será en Villanueva del Arzobispo, Teatro Regio, el sábado, 17 de diciembre a las ocho de la tarde, al precio módico de cuatro euros que se destinarán en su integridad para ayudar a las obras del templo de San Andrés. ¿Y por qué en Villanueva? Porque así lo ha querido una Asociación de Mujeres “Alfa y Omega”, que han mostrado interés e ilusión a raudales, pero también porque lo he querido yo, en cuanto Villanueva me dio su amor cuando llegué a ella siendo apenas un joven dispuesto a enseñar y encontré que me enseñaron. Me enseñaron a soñar, a reír, a crear, a vivir…, a amar.

A amar… en un AMOR SIN TIEMPO.

domingo, 13 de noviembre de 2016

RIZAR EL RIZO

Estamos llegando en este mundo a lo esperpéntico. Ahora resulta que un presunto artista va de misa en misa acercándose a comulgar en la mano hasta juntar, de una en una, la cantidad tan suficiente de Sagradas Formas como para escribir en el suelo de una presunta exposición, y de una manera gigantesca, la palabra “PEDERASTIA”. Y ante la correspondiente denuncia presentada, un juez más que presunto archiva la causa diciendo que no hay delito contra los sentimientos religiosos y de odio, ni graves ofensas contra la fe cristiana y libertad religiosa, y para justificarlo, el elemento judicial expone en su auto que la palabra “pederastia” se escribió con “objetos blancos y redondos de pequeñas proporciones”. ¡Qué inteligencia preclara! Felicidades, señoría. Y nada más enterarse de la decisión del juez va el amigo presunto artista y escribe esto en las redes sociales: “¡No nos calla ni Dios!” Genial. Eso sí que es rizar el rizo.

Lo mismo que pasa aquí cerca, en Úbeda, con una cooperativa en la que faltan algo así como veinticinco, treinta o cuarenta millones de euros, vamos, que ni se sabe, porque cada vez si dice una cantidad distinta. Y cuya solución para recuperar el dinero perdido de los socios consiste, prácticamente, en que ellos mismos lo pongan, y el que no lo ponga se le denuncia. Es algo así como el panadero a quien le llevan sacos de harina para que haga un pan y resulta que cuando le piden cuentas va y dice que si quieren pan que les traigan trigo, y no ya a sacos sino a carros. Y además por narices, porque si encima se niegan a llevárselo, los amenaza con denunciarlos al juzgado. El colmo. ¿No tendría que ser al revés, que quien tendría que ir primero al juzgado es él por haber metido las manos en la masa y habérsela comido? Esto sí que es también rizar el rizo.

Y ya más que el colmo es que bajo a las oficinas donde un empleado anda leyendo el periódico y otros dos mandando mensajes graciosos por el móvil en cuanto lo delatan las sonrisas picaronas que veo en sus caras duras, y voy entonces y pido a quien pueda de ellos un certificado de poca importancia para un trámite corriente, y me dicen que me pase dentro de ocho o diez días. “Pero señor, si el certificado sale por la impresora en cuanto le dé al botón de mi nombre en el ordenador.” A lo que me respondió el eficiente empleado: “¿Pero es que no ves lo muy atareados que estamos?” Y no me caí de espaldas como en el tebeo por vergüenza. La que ellos, no tienen. Y porque fui e hice un mal gesto de disconformidad ya ni me saludan al cruzarse conmigo por la calle. ¿Pero dónde estamos llegando? Y es que esto ya no es rizar el rizo, es tener el rostro, el corazón y el pelo de hormigón armado y querer hacer bucles después de secarse al sol del mes de agosto. ¡Qué desastre!  

domingo, 16 de octubre de 2016

VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS

Nos rasgamos las vestiduras. Venga, vamos, a tirarnos de los pelos por la violencia entre niños. Rápido, hay que lanzarse a la calle y pedir la dimisión del director de un colegio de Palma de Mallorca así como la de todos sus maestros y maestras porque en el recreo, a una niña de unos ocho años, varios compañeros, al parecer, algo mayores, le han dado una paliza que casi la matan. 

“Esto no se pude consentir. Esto no se pude tolerar. Esto hay que impedirlo por todos los medios…”, decimos y hasta gritamos aquí y allá, en todos sitios, en las plazas, en bares, entre amigos… ¡A la cárcel los maestros que no quieren otra cosa que vacaciones…! Concluimos como para quedarnos tranquilos… Ciegos todos conducidos por ciegos. ¿Los maestros culpables? Puede, alguna culpa desde luego, tienen, pero qué lástima, culpables primero los padres, las familias, el entorno, la sociedad al completo… Culpable la hipocresía que nos envuelve el alma.

Porque vamos a ver… ¿No andan muchos de nuestros niños sin educación, sin normas y sin saber obedecer, superprotegidos? ¿Inquietos y revoltosos a todas horas, subiéndose en mesas, sofás y sillones, dando saltos sobre ellos? ¿Llenos de caprichos y extravagancias? ¿No muestran con demasiada frecuencia su ira y su rabia, golpeando a madres y padres cuando no se salen con la suya? ¿No se tiran al suelo pataleando y gritando porque no se hace su voluntad? ¿No se encorajinan a la hora de comer porque no se le ha puesto según sus gustos y hasta tiran el plato al suelo? ¿Pero no dicen toda clase de palabras groseras e insultantes cuando alguien les lleva la contraria? ¿No se les compran ya teléfonos móviles a edades que ni razonan? ¿No se les tiene encerrados en la casa no sea que se resfríen o les pase algo? ¿No están hartos de jugar con el iPad, el ordenador o el dichoso móvil a matar y matar muñecos, guerreros, marcianos, monstruos y lo que se ponga por delante?... ¿Y quiénes los corrigen? Los padres, muchos separados o trabajando los dos, llegan a casa cansados y llenos de problemas y no quieran más líos. Mira que haga el nene lo que quiera y que me deje en paz. Y ya hasta en la misa del domingo se está poniendo de moda que los papás dejen a sus niños, algunos hasta bien crecidos, jugar con estos jueguecitos, y así, mientras el rendido, decepcionado y cansado sacerdote levanta la Sagrada Forma, ellos andan disparando a unos fantasmas encapuchados que asoman detrás de una montaña.

Y luego la televisión. ¿Lo han experimentado alguna vez? Hagan zapping en su televisor: terror, guerras, crímenes, asesinatos, disparos, degollamientos, ahogamientos, hachazos, estrangulaciones, bofetadas, puñetazos, cuchilladas, cortes de espada saltando borbotones de sangre a cámara lenta, explosiones, robos, venganzas, insultos, violaciones, persecución, accidentes, alcohol, drogas… Y así un canal tras otro a ver quién da más… Y si no, chabacanería de famosos y famosillos, todo un gallinero basado en mentiras, gritos, peleas, discusiones, traiciones, vulgaridades, desnudeces, sexo sin ton ni son… O, todo la mejor, política, y en ella, periodistas de bufanda que antes de opinar ya se sabe lo que van a decir, debates cual diálogo de sordos donde nadie da su brazo a torcer y, de nuevo, gritos, enfados, malos gestos, discusiones sin argumentos y, sobre todo ello, a ver a quien le echamos el muerto de más corrupto, el tú más.

Y para colmo ya se le ocurrirá a alguien, sea el padre, la madre, los abuelos, los tíos, los vecinos…, y mucho menos los maestros, regañar al pequeño de la casa. Que regañar crea traumas y luego pude sufrir mucho en la vida. Ni corregirlo, que corregirlo es coartar su libertad. Ni castigarlo, que castigar es de las mayores indignidades. Ni un golpe sobre la mesa, que eso asusta, sabe a amenaza y crea pesadillas. Y ni tocarlo. Vaya, ni cogerlo del brazo para darle un zarandeo, que eso es de primitivos degenerados y hasta puede costarte la cárcel… Sin embargo, ellos sí que pegan puntapiés y golpes a los propios papás, y empujones, y tiran cosas, y les hacen la guerra al hermano y al vecino y al compañero, eso es, exacto, al compañero, y amargan la vida, y no hacen caso a nadie, ni a sus maestros…,  y a medida que crecen, ya no solo desobedecen, sino que se burlan y hasta se enfrentan a ellos, grabándolos en los móviles, y si se descuidan los amenazan, les pinchan, rayan y destrozan sus coches o los golpean con descaro si fuera menester.

“Cosas de críos”, se suele decir en estos casos… Pues, eso, cuando ocurren hechos tan detestables como los del Palma, pues también habría que decir lo mismo: “cosas de críos”. Lo malo es que no son cosas de críos, son cosas de mayores, fundamentalmente de padres y madres que no saben imponer su autoridad como hay que imponerla, como se enseña en pedagogía, cual mano de hierro en guante de terciopelo, ni saben educar como es debido, ni en el fondo saben amar de verdad a sus hijos, porque creen que dándoselo todo, satisfaciendo todos sus caprichos, consintiéndole cuanto les vengan en gana, los querrán más…, sin saber que ellos, listos siempre, harán como quererlos, pero hasta que crezcan y se sientan libres, y una vez el árbol esté crecido descubran qué tipo de personas torcidas han creado Y claro, luego pasa lo que pasa: aridez, desvergüenza, falta de compromiso, egoísmo, pasotismo, ingratitud, incoherencia, ausencia de valores, infelicidad…, y a rasgarnos las vestiduras… Y a ver a quién le echamos la culpa para que no se nos altere la conciencia. “¡Que dimita el director y dimitan todos los maestros!”  Gritan los padres frente al colegio. Y punto. Todo resuelto.

¿Todo resuelto? Venga, hombre, todo resuelto cuando dimitan ellos primero.      

sábado, 8 de octubre de 2016

ME DUELE ESPAÑA

España –¿puedo decir España sin que me insulten?– me duele. Me duele porque he estudiado su Historia y sé la gran nación que fue y siguen siendo. Sé de su geografía, sus mares azules, sus montañas bellísimas, sus valles riquísimos, sus ríos inmensos, sus regiones y pueblos diferentes y especiales, su riqueza agrícola y ganadera, su comercio, su industria, sus gentes… Sé de sus luchas, su fuerza, su grandeza… Sus victorias asombrosas, unas veces por agrandarse, según la mentalidad de las épocas, y otras para no perder su propia libertad. Sé de sus conquistas que, aunque llenas de errores y ambiciones, fructificaron, siendo además mejores, mucho mejores y más solidarias que la que otros países llevaron a cabo. Sé de su cultura, grandiosa cultura, de sus inconmensurables artistas, sus genios. De sus deportes, de su arte, de su arquitectura, con templos, palacios, catedrales, murallas, palacios, edificios…  asombrosos. Sé de sus santos, sus maestros, sus fundadores, sus inventores, sus aventureros, sus soñadores… Y sé de sus reyes, gobernantes y políticos… que, en general, fueron y siguen siendo lo peor de todo.
 
En resumen, me duele España porque puesto todo en la balanza del tiempo, sin sacar del contexto histórico los hechos, sin analizar el pasado con la mentalidad de ahora, respetando lo que fueron sus gentes, sus costumbres, sus tradiciones, sus creencias, su religiosidad, sus formas de pensar y de entender la vida…, pesa más el platillo de las luces que el de las sombras.

España es una nación maravillosa de la que, tristemente, no pocos se avergüenzan. De ahí que silben su himno, desprecien su bandera, aborrezcan su escudo, rechacen su idiosincrasia… Pero eso no es lo malo, lo peor es que los que así se posicionan, ruidosos ellos, eso sí, soberbios y endiosados porque se creen superiores, arrastran a otros muchos para que piensen igual de mal y sientan el mismo desdén en su corazón.

Me duele España y envidio el sentir de otros ciudadanos del mundo, que siendo sus patrias mucho peores que la nuestra, que han cometido mayores barbaridades que nosotros, que además han aportado menos a la civilización, y son más guerreras, más llenas de armamento, más peligrosas, más dictatoriales y más injustas…, sin embargo se sienten unidos y llevan sus emblemas no sólo en su exterior sino en la hondura de su ser.

Nosotros no. Nosotros a mirar sólo lo malo que hicieron nuestros antepasados, a juzgarlos según nuestro presente, a criticarlos sin ahondar en las raíces, a medirlos con la vara de nuestro ahora. Nosotros a tirar chinas, piedras y peñascos sobre nuestro propio tejado. Inventándonos falsas historias interesadas que no fueron. Nosotros, en lugar de ir hacia una Europa fusionada y un mundo unido, a separarnos, dividirnos, destruirnos, autodestruirnos, resquebrajarnos, a odiarnos a muerte. Nosotros a hacer de la justicia un cachondeo, a hacer de las leyes una comedia, a hacer de la democracia un juego para sólo ocupar sillones. Nosotros a dejar que lleguen al gobierno incultos, mediocres, vulgares, inconscientes, sin ideas y sin ideales, personajes que ni saben respetar ni respetarse, que se comportan como niños cabreados de colegio, impresentables. Personajes, por un lado, que hablan pero que no hacen, que dicen estar con los pobres y parados, pero para aprovecharse de ellos y construir su propios totalitarismos, que discriminan, que apartan y desprecian a los que no piensan ni actúan como ellos. Embusteros, trileros, demagogos y vende humos, niñatos de papá de clase que hacen como que están contra las clases. Clases las suyas cerradas porque nadie que no sea de la honda pueda siquiera acercarse, entrar en el círculo. Personajes que disfrutan suprimiendo, prohibiendo, cerrando, destruyendo, quemando… sin crear ni levantar nada donde dejan el solar en ruinas y cenizas. Personajes, por otro lado, al otro extremo, acomplejados, miedicas, que no saben relacionarse ni comunicarse, incumplidores de promesas, dados a los pudientes y a la corrupción, que meten la cabeza bajo el ala con tal de seguir en la poltrona. Pilatos que se lavan las manos cada atardecer después de tanta ignominia vista y sembrada.

Me duele España y –lo confieso– pese a que me da miedo decirlo, expresarlo, porque también a mí, a golpes de martillo, me han inyectado la pusilanimidad, el temor y la cobardía, e incluso el desánimo dubitativo porque hasta han llegado a confundirme los gritos y los comportamientos de los “tirachineros” y “catapultadores”. Y porque sé además que éstos me dirán de todo y me las pagarán en cuanto puedan, así pasen décadas.

Me duele España porque veo en los acontecimientos deportivos extranjeros cómo los deportistas cantan unidos y con pasión su himno junto al público que llena el estadio, que están al lado de sus logros gloriosos y aceptan sus errores y fracasos, que aman su tierra. Me duele porque tienen que venir, por ejemplo, los italianos, el pasado jueves, a aplaudir nuestro himno que sonaba para acallar a los indignos que, escondidos en máscaras interesadas, populistas y separatistas, y refugiándose en la libertad de expresión que valoran sólo cuando les viene en gana, estaban silbándolo. Como me duele también el desprecio que tantos trajeados de aldeanismo como descamisados de cara a la galería, pero de buen paño cuando nadie los ve, falsos pacifistas que no cesan de emplear cada vez que hablan términos guerracivilistas, les están haciendo al Día de la Fiesta Nacional.

Me duele España. Me duele, en fin, por muchas cosas. Y la primera y principal es porque –¡qué le vamos a hacer! –, en su plena, variada y rica integridad es como me la enseñaron, la he conocido y la he vivido, haciéndome además sentir orgulloso de ella. Pero sobre todo me duele porque –no puedo remediarlo– la quiero.        

lunes, 26 de septiembre de 2016

PESTEPOESÍA

El mundo siempre ha estado loco, pero ahora más. Los seres humanos parecemos sombras vagando de un sitio para otro sin rumbo. El descontrol nos embarga. La falta de valores nos deshumaniza.  Los esquemas de ser no existen. Hasta lo más mínimo se pone en evidencia, en duda. Nada hay que no sea relativo y efímero. Destruir por destruir sin construir es el motor. … Todo, en fin, es un amasijo de colores informes mezclados con negro que al final da una masa hacia lo oscuro en la que ya no se sabe dónde está lo bello y lo horrible, lo bueno y lo malo, lo serio y lo grotesco, lo sublime y lo vulgar.

Y donde mejor se puede apreciar este desorden es en el arte. Con tal de alcanzar la fama se buscan nuevos caminos, nuevas formas, nuevas maneras y nuevos modos, y como ya todo está inventado, se llega a creaciones, manifestaciones y expresiones que rayan lo ridículo cuando no lo esperpéntico. Y como todo vale no son pocos los mediocres que visten al rey de lo artístico con el traje invisible de la nada mientras se las dan de inteligentes y llenos de talento, convenciendo a los demás de que quien no ve el vestido del rey es porque es idiota, poco culto y anticuado. Y así vemos formas sin forma, continentes sin contenido, fundamentos sin fundamento… en la pintura, en la escultura, en la arquitectura, en la música… y en la literatura. Y dentro de la literatura, en la poesía.

Qué pena con la poesía. Qué lástima lo que están haciendo con ella sobre todo los adalides del panorama oficial y oficialista y sus vulgares e incautos imitadores, que los hay y bastantes, por aquello de la gran facilidad a la hora de componer. Grupos de hipócritas engreídos que visten con caras camisetas o camisas negruzcas cual si fueran de pobres jornaleros compradas en el mercadillo de aldea, y van como sin lavar y sin peinar, pavoneándose de su izquierdismo falso, pero que luego viven en castillos de lujo y no hacen por nadie ni dan ni un céntimo a nadie. Corporaciones cerradas de camaradas que se reparten entre ellos las adineradas tartas de los simposios, congresos, convenciones, subvenciones, cursos de verano, publicaciones, premios y condecoraciones. Poetas que salen en la televisión y demás medios, por aquello de la fama, para después atraer a la gente a sus actos, dándoselas de intelectuales que todo opinan cuando no saben ni hablar. Recitando poemas que no entienden ni ellos. Destrozando técnicas, rimas, ritmos, musicalidad, métricas, lirismos, figuras, conceptos, ideas…, porque no hay que tener ataduras, porque hay que romper, porque el verso es libre, como surja, como llegue, como salga, como le salga a uno de… Y, claro, al final lo que sale es una chapuza, un churro, una amasijo de letras y palabras que da igual cómo se pongan, como se separen y como se lean, porque nada dicen, nada conmueven, nada impresionan… Todo un
jeroglífico que te deja con la cabeza caliente y el corazón helado. Pero eso sí, viste mucho ir a un recital de estos genios: allí se ve a ellos interpretar como dioses del parnaso y al público atendiendo y asintiendo con gestos evidentes de intelectuales recién salidos del paraninfo de los superdotados. 

Qué pena con la poesía. Qué lástima que tan hermoso arte, el más puro, el menos comercializado, el de más altura porque sólo puede brotar del alma, haya llegado a tan abismal sepulcro. Porque la están matando. Sólo está quedando para ser leída y escuchada por minorías en los salones de los vivales con barroquismos de falsedad…, pero lejos, muy lejos de los niños, de aquellos que en otros tiempos tanto gustaban del verso, y los leían y los componían y hasta hacían con ellos flores con los que llenar las lapidas de sus seres queridos como homenaje último más sentido; niños porque a ellos, se pongan como se pongan, no los pueden engañar, porque ellos saben muy bien que el rey va desnudo, que la poesía de los corifeos del presente es amorfa, sucia, grosera, banal, anodina, fría, prosaica, aburrida…, no llega, no cala, no transmite, no dice nada. Y de ahí también que no quieran saber nada de ella, y no sólo la indiferencien, la aborrezcan y la detesten sino que desde su corazón la llaman, no ya antipoesía, ni contrapoesía, ni apoesía, ni proesía…, sino pestepoesía, porque los niños, ellos, la gente sencilla, sensata, veraz, honesta, de corazón limpio, se aparta, corre, se larga, huye de ella…, huye de ella, eso, como de la peste.     

   

viernes, 9 de septiembre de 2016

LOS INTERESES CREADOS

Cuando Jacinto Benavente escribió “Los intereses creados”, estrenada el 9 de diciembre de 1907 en el Teatro Lara de Madrid, bien que supo el autor que había compuesto una obra genial que perduraría en el tiempo y se convertiría en clásica.

Y así fue y así ha sido. Todavía se sigue representando esta obra en numerosos espacios escénicos y raro es el grupo teatral tanto de profesionales como de aficionados que no la haya puesto en escena. Y es que, aunque se encuadre dentro del género de la comedia, es tanto su contenido, su verdad, su crítica, su arranque de máscaras, que te asegura el éxito, tal como fue desde el comienzo, cuando nada más cerrarse el telón del estreno ya contó con el reconocimiento, el aplauso y la más alta valoración de crítica, intelectuales y público.

Genial la obra. Única para mí. Una lección que en menos de dos horas nos desnuda y desnuda a la sociedad de ayer y de hoy, de siempre. Una obra que sólo viene a decirnos que ni hombres ni mujeres, ni ricos ni pobres, ni jóvenes ni viejos, ni listos ni torpes, ni cultos ni incultos, ni pícaros ni honrados…, nada, que no, que aquí, en esta vida nuestra, no hay más que un tremendo entramado de intereses que nos lía, nos envuelve y nos mueve.

Y así podemos apreciarlo cada día. Basta solo con mirar a nuestro alrededor: cada uno va a lo suyo, a ver lo que puede sacar, a ver por dónde tirar según el provecho que se obtenga, a ver cómo actuar para alcanzar lo propuesto, a pensar de esta o aquella forma y pertenecer a ese o aquel grupo si con ello logro los objetivos deseados… Y de este modo somos dados a la familia y a la amistad si se entra por el aro y se sacan réditos… Y hay más, incluso en lo más sagrado, en el amor, no son pocos los que más que dejarse llevar por el corazón se dejan llevar por la cartera… Y es que la vida es así: intereses, intereses y más intereses.

Intereses creados. Y ahora incluso más que nunca. Y si no, fíjense en los políticos que tenemos sentados en el congreso. Ninguno piensa por él mismo, todos son robots que obedecen al amo por interés, todos son egoístas, falsos, mentirosos y embusteros que hablan de servir al pueblo, de mejorarlo, de buscar su bien, cuando sólo buscan su codicia, vanidad, y su propio provecho, incapaces de ser generosos, de levantarse más allá del suelo, de llegar a un acuerdo. Y ahí andan, mirándose el ombligo, pese a saber que están en un país casi en ruina, en la cuerda floja, carcomido por el paro, lleno de enchufes, resquebrajado, sucio de corrupción generalizada, amenazado de ser intervenido, multado, sin presupuestos y sin gobierno después de casi un año… Ahí andan, pese a saberse además insultados, desvalorados y criticados por la inmensa mayoría de los ciudadano…, tan tranquilos. Ahí andan, haciendo circo, sonriendo, enriqueciéndose, con más cara dura todos que el cemento armado… ¿Y todo eso por qué? ¿Por el bien de España…? No. Qué va. Por el bien propio, por egoísmo, por el interés personal, sólo por el interés… Y maldito interés. Algo vergonzoso que ya hasta raya lo ridículo. Esperpéntico, de risa, cómico…, tal cual la trama y los personajes de la soberbia y eterna obra de Benavente.

jueves, 11 de agosto de 2016

VICENTE OYA RODRÍGUEZ, LA SABIDURÍA HECHA BONDAD

Juani me lo ha querido decir de la mejor manera para que la noticia no me causara el dolor que ella sabe me produce siempre la muerte de alguien a quien quiero y sé que me quiere.

Y me ha dolido. Pese a decírmelo con cuentagotas me ha llegado al alma el cuchillo que viene siempre a cortar de un tajo la unión de dos personas que se respetan y se quieren.

Y presa de esta herida, aun de cuerpo presente en el tanatorio San José de Jaén, escribo estas letras más que para homenajear al gran hombre, al Cronista Oficial de la Capital, para decirle que he valorado su inmensa labor periodística, de investigación, de oratoria, de darse a los demás hasta el extremo, y que he aplaudido sus muchos títulos, su nombramiento como Hijo Predilecto de Cambil, su pertenencia al Instituto de Estudios Giennenses, a la Sociedad Económica de Amigos del País, a la Santa Capilla de San Andrés, a los Amigos de San Antón, a la ejemplar Asociación Aprompsi, que presidía, dedicada a personas discapacitadas, y que también me pareció bien, aunque me hubiera gustado algo mejor para él, que le pusieran su nombre a la plaza central del Parque del Seminario… Y, sobre todo, para decirle que siento mucho que un infarto en la madrugada de hoy le haya puesto alas, como las que ha tenido siempre su pajarillo literario, Gacelo, para ya no solo volar por la hermosa inmensidad de nuestro Santo Reino, del que era también Cronista Oficial, sino por las grandes alturas de todo el ancho reino de los cielos para poder acercarse así todas los atardeceres a la orilla de ese Dios en el que creía, y a quien tanto pregonó y tanto amó.  

Adiós, querido amigo. Nunca olvidaré mis encuentros contigo, desde que yo era un chaval, aprendiz de las letras, y tú ya un gran escritor reconocido y admirado. Gracias por todo lo que has escrito sobre mí, y especialmente por venir a Úbeda a presentar, junto a Juan Carlos García-Ojeda, mi libro de poemas “Al encuentro de la felicidad”, aquella feliz tarde-noche del día 10 de junio de 2005. Gracias por tus conversaciones, tus palabras siempre aliñadas de positivismo, tu sencillez, tu humildad, tu constancia y, sobre todo, gracias por tu excepcional bondad. Nunca olvidaré, tampoco, el pasado 14 de mayo, cuando nos abrazamos al despedirnos después de comer juntos tras haber fallado, igual que hemos venido haciendo los últimos años, como miembros del jurado, el Certamen Nacional del Corpus de Villacarrillo.

–Hasta otra, Vicente, o el menos hasta el año que viene –te dije.
–Hasta otra o hasta el año que viene, Ramón, si Dios quiere –me respondiste.

Y Dios no va a querer que de nuevo el año próximo nos juntemos para fallar el certamen ni para volver a vernos aquí en la tierra. Te ha llevado antes a su gloria para que allí le hables de Jaén y del amor que le tienes, y darte, como último premio, su abrazo más hermoso, que después de todo es la más grande que te pueden dar.

Hasta volver a vernos en el más allá, amigo…, cuando Dios quiera. Un fuerte abrazo.