viernes, 5 de junio de 2020

¡EUREKA! SOY DE EXTREMA IZQUIERDA

Ante tantos enfrentamientos ideológicos, tantos insultos en las redes sociales, tantos golpes de estado que citan unos y otros, ante tanto odio…, uno se siente obnubilado, y si quiere seguir sobreviviendo y no verse perdido en tierra de nadie, está obligado a tomar una posición concreta, porque de no hacerlo, aparte de sentirse abandonado, más solo que la una, y ser tachado por unos y otros de complejines, recibirá tortas por todos lados.

Pues bien, me tengo que aclarar. Tomar una postura firme, definitiva. Y para ello solo hay dos opciones: DERECHA, es decir facha, fascista, franquista, carca y retrógrado; o IZQUIERDA, es decir: perroflauta, progre, rojo, feminazi  y socialcomunista.

Pongo entonces las televisiones y radios para informarme y solo veo y escucho noticias rojas o azules. No existe el blanco. Presto atención a los tertulianos bien pagados y encuentro tigres y leones con los ojos saltones y las garras afiladas lanzándose zarpazos en forma de argumentos que vienen a resumirse en el: “Y tú más”. Leo artículos y a las dos líneas ya sé en cuál de los dos bandos milita el autor sin comprender muy bien la explicación ni los motivos.


Lo que veo claro es que no es cuestión de ricos y pobres. ¿O sí? Y nada. Sufro. Sufro como lo he venido haciendo desde siempre. Pues muchos han pensado que yo soy de derechas, tal vez por haber interpretado durante varios lustros el personaje de Jesucristo. Pero también de izquierdas. Quizás por lo mismo, porque ahondando en la persona de Jesús se ve que está del lado de los más necesitados. Hubo hasta quienes aseguraron que yo estaba afiliado al partido de Izquierda Unida, que habían visto mi nombre en las listas, lo que me llevó a disminuir de golpe el número de los suscriptores de mi inolvidable revista IBIUT. Publicación, por cierto, que se mantuvo, pese a todo, treinta años solo de la aportación de ellos. Algo a destacar en estos tiempos donde únicamente se hacen cosas si se recibe ayudas de los políticos. Olvidando unos y otros que la libertad y la independencia solo son verdaderamente tales si no se depende de ninguna oficialidad gubernamental.

Pero sigamos. Bueno, a las claras, que quiero saber de una puñetera vez si de verdad soy de derechas o soy de izquierda.

Y me pongo vehementemente a informarme con la intención de ver si me aclaran los conceptos. Y leo mucho. Y todo son rodeos que en realidad nada clarifican. También acudo a publicaciones de ninguna dudosa ideología, tales como “El País”, “Infolibre”  o “Elplural”. Y sobre todo encuentro “Elperiódico” de Cataluña. Madre mía, este sí que me sirve, pues uno de sus periodistas, Andrés Herrero, publica en él un artículo aclaratorio titulado: “En que se distingue la izquierda de la derecha”. Impactante. Desde el comienzo. Leo: “Muchas personas que se presentan como de izquierdas no lo son, mientras que otras que se consideran de derechas se engañan sin saberlo, intercambiando sus papeles”. Genial. Menuda razón tiene. Ya me voy enterando. Bueno, no, estoy más laido. Pero sigamos. Dice ahora: “Nuestras posiciones políticas e ideológicas son consecuencia de nuestras necesidades e intereses”. Fantástico. Así que mi vecina, que dice ser de izquierdas desde el vientre de su madre, puede no serlo, y si lo aparenta es porque saca tajada. Como también conozco a uno que de cofrade acérrimo pasó hace poco a fanático socialista ateo para que le dieran un carguillo. Igualmente sé de uno que siendo de Podemos, al tocarle la lotería se afilió a Vox. Lleva razón el articulista. Se me van aclarando las ideas.

Y sigue a continuación lanzando estas preguntas: “¿Consideras aceptable utilizar, explotar, manipular, engañar y dañar a otros para obtener fama, riqueza o poder? ¿Intimidarías, acosarías y apartarías a quienes se interponen en tu camino para alcanzar tus objetivos y mejorar tu estatus? ¿Apruebas comprar bebés a mujeres pobres y pagar por sexo, sí o no? ¿Prefieres sacrificar lo que haga falta a tus intereses, a intentar conciliarlos con los ajenos para no perjudicar a nadie? ¿Te preocupa el futuro del planeta y de la humanidad, o no te importa arruinarlos si con ello obtienes un beneficio personal? Tú mismo tienes la respuesta. No necesitas preguntarle a nadie. Estamos hablando de elegir entre dos formas diametralmente opuestas de concebir la existencia: o con los demás, o contra los demás”.

Les juro que a estas preguntas he respondido desde mi conciencia con absoluta sinceridad: A las tres primeras con un NO rotundo. A las dos siguientes con un SÍ gigantesco. En definitiva, yo siempre con los demás, nunca contra nadie.

Pues bien, es claro que me voy viendo de izquierdas. Continúo. Dice ahora: “Pero lo que certifica, sin margen de error, si una persona es de izquierdas o de derechas es qué pesa más en ella, si el egoísmo o la conciencia”.

Pues miren, el egoísmo para mí es asqueroso, nunca lo he podido aceptar ni aguantar. Jamás ha sido el dinero ni las riquezas ni la ambición mi principal objetivo. Ni tampoco el segundo, ni siquiera el tercero. Tengo bien claro que no se puede servir a dos señores. En cambio la conciencia la he tenido siempre a flor de piel. De hecho si me estoy informando acerca de esta dualidad es para ver si, después de casi setenta años, me deja de una vez en paz. Lo que dudo llegado aquí es que haya muchas personas verdaderamente de izquierdas. Porque muchísimas de las que conozco no tienen más conciencia que su incoherencia. Que además rima. Y ya, por último, el autor presenta dos campos a elegir, exponiéndolos a derecha e izquierda, a modo de columnas. Veamos:

Si eres de derechas: buscas el bien privado. Si de izquierdas: al bien común. Elijo: el bien común, el bien común…

Derechas: atesorar. Izquierdas: compartir. Elijo: compartir, compartir…

Derechas: competir. Izquierdas: cooperar. Elijo: cooperar, cooperar…

Derechas: depredar. Izquierdas: respetar. Elijo: respetar, respetar…

Derechas: jerarquía. Izquierdas: igualdad. Elijo igualdad, igualdad… Pero si hasta soy partidario del sacerdocio femenino, opinión tan peligrosa que casi me cuesta la excomunión y la cárcel por expresarlo por escrito.

Derechas: meritocracia. Izquierdas: equidad. Elijo: equidad, equidad.

Derechas: riqueza. Izquierdas: bienestar. Elijo, por supuesto, bienestar, pero para todos, no solo para los que andan en las poltronas y pisan moqueta.

Derechas: orden. Izquierdas: justicia. Elijo: Justicia, justicia, vamos, justicia total, pero de verdad, de la buena, de la que no mira si eres rico o pobre, listo o bobo, hombre o mujer, gobernante o gobernado.

Derechas: ley del más fuerte. Izquierdas: apoyo al más débil. Elijo esto último, faltaría más. Y con hechos. Pero si nada más que desde Maranatha, con centenares de representaciones y distintas obras, hemos repartido más pesetas y euros a los pobres que olivos tiene esta provincia.

Y punto. Pues bien, haciendo balance, según el test del señor Herrero, soy más de izquierdas que la bandera roja de la hoz y el martillo.

Y ahora, no conforme del todo, siguiendo otras búsquedas, me encuentro con las declaraciones, también en “Infolibre”, que dirige el prestigioso señor Maraña, de un gran intelectual, nada menos que el Gran Wyoming. Acaba de decir el afamado humorista el pasado 23 de mayo, textualmente: “Hay que ser de izquierdas a muerte”. Y aclara los motivos: “Vivimos en un mundo tan escorado a la derecha que si tú eres partidario de la igualdad, de que cualquier niño nazca donde nazca tengan derecho a la educación, a una sanidad universal y quieres justicia, si quieres esas tres cosas, eres de izquierdas. Entonces, hay que ser de izquierdas a muerte”.  

Pues yo también. Yo también quiero esas tres cosas y las quiero con locura. Vamos, que moriría por ellas. Yo quiero educación para todos y en todos los lugares del mundo. Es más, quiero que los niños pobres sean los predilectos. Por eso durante muchos años hemos costeado desde la Asociación estudios a niños y niñas de Madagascar y por eso elegí trabajar en el colegio de los más humildes de Úbeda en su día, el colegio Juan Pasquau, y por eso quise ser director, para que a los más desfavorecidos no les faltara de nada; y en lucha con muchos de mis compañeros conseguir que el centro estuviera a la misma altura que el mejor de los colegios. Por lo que recibimos numerosos premios. Y quiero una sanidad universal, de máxima calidad, aunque no me importa que exista otra sanidad cualquiera siempre y cuando se la pague quien quiera hacer uso de ella de su bolsillo. Como hacen muchos artistas famosos, diputados y ministros progresistas… Y quiero justicia, ya lo he dicho antes. Justicia para que no me avasalle nadie, para que brille la verdad, para que no se me discrimine por mis ideas, raza, sexo o creencias, para que todos seamos considerados y respetados…, libres.

Es decir, que, según veo, incluso soy más exigente en la ideología de izquierdas que  “Elperiodico”, “Elplural”, “Infolibre” o El País” y hasta más que el mismísimo  Wyoming, y mucho más que muchos de los militantes de carnet.

Es decir, que he descubierto, en definitiva, que no solo soy de izquierdas sino que soy de extrema izquierda. Y yo sin saberlo. ¡Eureka!

Ahora solo me hace falta vestir andrajoso, sucio y sin peinar… y lo clavo.

Qué alegría. ¡De extrema izquierda! ¡Cojonudo! Ya me siento moralmente superior. Ya puedo decir y hacer sin miedo lo que me dé la gana. Ya tengo todas las puertas abiertas. Ya me pueden subvencionar. 


lunes, 18 de mayo de 2020

CRISTALES MÁGICOS


Con esto de permanecer casi todo el día confinado, y al ver que hoy, 18 de mayo, se celebra el Día Internacional de los Museos, me ha venido a la mente uno situado en Ámsterdam dedicado a las gafas. Curiosísimo. Allí, de todas las formas, desde los antiguos monóculos hasta los famosos quevedos, pasando por las últimas tendencias.

Pues bien, a manera de souvenir, como recuerdo imperecedero, compré unas que tenían la magia de que sus cristales cambiaban de color. Es solo cuestión de pulsar un botoncito situado en una de las patillas. Y lleno de añoranza, me las he colocado tras situarme en el balcón de mi casa.

Y, ¡oh maravilla! Al aparecerme el color rojo, he visto el paisaje socialista como algo extraordinario, con un presidente y unos ministros que vienen realizando un digno trabajo de diálogo con los comprensivos y tolerantes nacionalistas, los antiguos etarras de pelillos a la mar y los socarrones peneuvistas que casi nunca ponen el cazo, y si lo ponen es para bien… del país. Realizando una labor sin apenas fallos, basada en la verdad, la prevención, la efectividad, la transparencia, la libertad, el respeto a los derechos, la rectitud… Con decisiones trabajadas, meditadas y enriquecedoras, con apenas pequeñas rectificaciones, obviamente normales ante la gravedad del momento. Con un gran equipo de expertos cuyos nombres no se nos dicen porque de este modo trabajan con menos presión, así como con un portavoz científico que nos explica, diariamente, con voz fluida y convincente, que no hay muertos, ni cadáveres apilados, ni luto, ni llantos de familiares, ni entierros tristes… sino solo una curva de números siempre a la baja, con pequeñas oscilaciones que son científicamente analizadas al detalle. Merecedor, junto a todo el gobierno, como ya se viene solicitando por aclamación popular, el próximo Premio Princesa de Asturias de lo que sea. 

Pero más bonito es cuando vuelvo a apretar el botón y me sale el color morado. El color de la mora, de lo moral, de ser moralmente superiores. Qué hermosura. Todo en orden, en colectividad, en compañerismo, todos para uno y uno para todos. Con clamorosas luces de feminismo, justicia, igualdad y pacifismo sin armas ni ejércitos. Con un líder ejemplo de coherencia, capaz de sacrificarse al tener que vivir en un casoplón como espejo de que su lucha es para eso, para que todos, algún día, tengamos lo mismo. Partidarios de romper con el régimen del 78 solo para progresar, y partidarios de la república porque tener rey es costosísimo, anacrónico y retrógrado. Control perfecto para nuestro bien. El mundo feliz de Orwell. Solidarios. De ahí su entrega altruista y desinteresada, hasta el punto de inmolarse en pro de la patria, al tener que aceptar el camarada primus inter pares, aparte de una infecta vicepresidencia segunda, el comisionado de la asquerosa casta del mundo de las cloacas del CNI; y algunos de sus correligionarios, después de una altísima preparación y esforzadas y meritorias batallas, nunca por parentesco ni amiguismo, ciertos ministerios repelentes. 

Y cuando me aparece el color azul, veo que los populares son la leche, solo piensan en colaborar, en no poner palos en la ruedas de nadie, honrados sin fisuras, unidos como una piña, claros, moderados, ejemplares, magos capaces de convertir las piedras en pan. Condescendientes y respetuosos. En espera de salvar, como en otras ocasiones, esta tremenda crisis en la que andamos. Comprensivos con los ricos y justos con los pobres. Economistas y gestores de altura. Severos pero a la vez considerados con los separatistas y terroristas. Siempre mirando al futuro, sin más memorias históricas. Condescendientes y delicados con los rivales, incapaces de crear conflictos, hasta el punto de respetar cargos y seguir concediendo puestos de relevancia, subvenciones, ayudas y reconocimientos a los miembros rivales y demás satélites –a los de siempre–, cuando llegan al poder para demostrar que gobiernan para todos. Elegantes perdedores. Resignados coleccionistas de insultos, desprecios y cinturones sanitarios. Poco dados a manifestaciones y protestas. Exquisitos blandiblús. Admirables dontancredos de sangre fría. 

Y al salir el color verde, todo son banderas rojigualdas, himno, fuerzas de seguridad del estado, orden, rey, constitución, centralidad, valores, tradiciones, inmigración legal, tolerancia… Personas valientes. Firmes demócratas. Respetuosos y comprensivos incluso con los homosexuales. Pro-familia y pro-natalidad. Bravos defensores de lo nacional, como por ejemplo la caza, la pesca y los toros. Bizarros que jamás huyen de la lucha cuerpo a cuerpo. Sin miedo ni complejos de ningún tipo. Diciendo dentro y fuera de las cortes y a la cara las cosas claras. Desenmascaradores de vivales, demagogos y populistas. Aniquiladores del clientelismo y pesebrismo, así como de subvenciones, chiringuitos y demás mamandurrias, tanto españolas como las surgidas de la burocracia europea. Contrarios a la injusta ley de violencia de género. Enemigos acérrimos del comunismo, el castrismo y el chavismo. Críticos con el Islam. Azote implacable de etarras e independentistas. Reconquistadores orgullosos de hazañas históricas. Liberales sin límites. Amantes del esfuerzo y la disciplina. Y nada de apoyar más estados de alarma, que en el fondo no son más que encubiertas excepciones liberticidas. Al enemigo ni agua. ¡Viva España! 

Y si sigo me encuentro ahora con el color naranja… Qué suavidad de horizonte. Héroes sin paliativos frente al régimen implacable del separatismo y la corrupción del independentismo catalán, pero dulces, nobles y necesarios villanos en las cortes generales. Ejemplares. Capaces incluso de dimitir, como hacen pocos, ante la debacle electoral y las diferencias ideológicas que surgen entre ellos. Abnegados mártires partidarios de gays y lesbianas pese a que los echen de sus orgullos coloristas. Equilibristas de altura con ideología de izquierdas y economía de derechas. Veletas sabias. Punto de la diana. Centro del centro. Colaboradores altruista en estos momentos tan duros para salir de la que llueve, convirtiéndose, cuando es necesario, en perfecta coalición, botella de oxígeno, mano tendida, bisagra del alma, corazón de corazones…

Qué gafas tan estupendas las mías, qué interés, digo qué interesantes, pues ponga el color que ponga me hacen verlo todo color de rosa. Lo malo es que debajo de mi balcón anda un demonio al acecho con cuernos en forma de corona arrastrando un saco lleno de angustia, miedo, paro, miseria, hambre, esclavitud y muerte que se ríe y se pasa el color de los cristales por el forro de su asqueroso trasero invisible.

¡Pues fuera gafas y que Dios nos conserve la vista!




jueves, 7 de mayo de 2020

SIEMPRE LAS DOS ESPAÑAS


El panorama es aterrador. Los muertos son demasiados. El confinamiento cansa. La confusión irrita. El PIB se desploma. Los alimentos suben de precio y hasta pueden llegar a escasear. Muchas familias ya están pasando verdadera hambre física. El paro es imparable y estremecedor... Y la luz que aparece al final del túnel está más llena de penumbras que de otra cosa.

Sin duda, aparte del tremendo desconcierto, la inseguridad, los recelos y las desconfianzas entre personas por temor al contagio del virus, hay una crisis económica tremenda que traerá cola y será duradera. No se abrirán establecimientos. Otros, tras abrirse, cerrarán. Se recortarán pagas, se suprimirán ayudas, escasearán los medicamentos, aumentará la pobreza y el número de indigentes, se ampliarán las deudas, se acrecentarán las diferencias entre ricos y pobres, aumentarán las revueltas y saqueos, se intensificará la violencia, se incrementarán los robos… y el desempleo será inasumible. Mientras, la tristeza alargará su sombra de lágrimas sobre las miradas y los sueños.
Pero peor aún será la convivencia entre los supervivientes. No me gustan nada las posturas de trinchera que se están levantando. Se diría que después del Covid-19 nos espera una nueva guerra civil que si bien, probablemente, no se dirima en el campo a tiros de escopeta, sí desde los despachos de las demagogias, las estrategias, las manipulaciones, los medios de comunicación, las alianzas, los chantajes, las mentiras… y la poda de derechos y libertades así como de instituciones a golpes de hoz y martillo. 

La democracia anda sucia y débil. Cada vez hay menos escala de grises. Aquí todo es o blanco o negro. O estás conmigo o contra mí. Aquí hay ya dos bandos cada vez más definidos, radicalizados e irreconciliables que no admiten ambigüedades. O eres de extrema izquierda o eres de extrema derecha. Y ambos arrancando del mismo centro de la cuerda y tocándose por los extremos. No valen medias tintas.

Y ambos preparándose para el asalto final. Lanzándose granadas de humo y misiles ruidosos para que vayamos tomando posiciones. Uno: nacional, centralista, constitucionalista, conservador, liberal, capitalista... Otro: republicano, ropturista, intervencionista, laicista, socialista, comunista…

¿Y quién ganará? Nadie lo sabe. En la partida de ajedrez que juegan hasta ahora la cosa va en tablas. Cincuenta por ciento. Se mueven fichas. Se crean adeptos. Acérrimos y fanáticos. Intolerantes. Llegando a ser mayor el odio a los otros que el amor a los míos. Eso de quedarme tuerto con tal de verte ciego.

Lo malo es que uno de los dos, o los dos a la vez, en un momento determinado, puede que tras el ensayo del encierro obligado, dentro de la gran crisis, y empujados por las masas ebrias de rencor y desprecio –cada vez más en alza–, vayan más allá y sientan la tentación de tirar el tablero al carajo y pretender imponerse como sea hasta aniquilar al otro por completo. El campo está abonado y lleno de cadáveres. La situación vive la excepcionalidad. La justicia anda atacada, desprestigiada y en estado latente. Los separatismos están envalentonados. Los golpistas no solo se sientan en sus poltronas incumpliendo las sentencias a su antojo, sino en el mismo Parlamento Europeo, siendo incluso considerados como héroes. Los presidentes de las comunidades son reyezuelos ansiando sin cesar más competencias. Los etarras gobiernan pueblos y ciudades. Los corruptos se van de rositas. Las demagogias cotizan. La mentira y la verdad se han hecho simbiosis. La propaganda se impone. La censura arrecia. La libertad está presa. Las dimisiones no existen. Las traiciones dan ganancia. Los medios de comunicación con sus correspondientes periodistas se venden para subsistir… Y la mediocridad de los políticos raya lo ridículo. Y para colmo, el parlamento se encuentra prácticamente cerrado. Y hasta el rey Felipe VI anda en la cuerda floja, sin fuerza moral, después de la corrupción y los líos de faldas del Rey emérito, su padre, que pudiendo pasar a la Historia como una figura en la cumbre del respeto y la admiración, por culpa de sus indignos devaneos, acabará colocado en el subsuelo de la repulsa, manchando, de paso, de asquerosa pringue, no ya a él mismo, sino a la institución que lo configura y, en cierto modo, a la misma Transición de la que fue artífice.  

Ya lo dijo Machado en 1912. Pero somos tan torpes que, después de más de un siglo, no hemos hecho nada por cambiarlo:

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Aunque mejor decir las dos Españas a la vez.
Porque estas dos Españas a las que nos están llevando los políticos, tensadas en la locura de los extremismos, pueden terminar, más que helándonos, abrasándonos el alma.           

sábado, 25 de abril de 2020

MI SENTIDO APLAUSO (II)


Cuando comenzaron los aplausos en los balcones, especialmente dirigidos a los sanitarios, en una de esas noches envueltas en el terrorífico silencio, salí al mío y amplié mi sincero aplauso a todas aquellas personas que también, por su entrega, abnegación, generosidad y amor, daban lo mejor de ellas para el bien común. Aplauso que no dejaba en el olvido tampoco a los miles de fallecidos que ya se habían marchado, a causa de este miserable virus, al reino de la paz eterna.

El poema había sido ilustrado por Inés López Prada, que intercaló imágenes a mi voz y le dio el ritmo y la concordancia debidos, además de introducirlo en las redes en las que ella se mueve con cierta soltura.

Y cuando ya han pasado semanas de que este poema gire por la geografía de los entresijos anónimos, recibo una llamada telefónica de una amiga que reside en Gavá (Barcelona) y me hace saber, para sorpresa mía, que ha visto mi poema, al que yo había titulado “Mi sentido aplauso”, publicado en el diario de Cataluña “La Vanguardia”.  

Y me alegré, pero más que por mí mismo, por todos aquellos que pudieran leerlo e identificarse con mis sentimientos de admiración y respeto infinitos, uniéndose a mi aplauso.

Han pasado ya días, más de cuarenta, casi una eternidad en el almanaque de este encierro que se nos hace cada vez más pesado, más triste y más lleno de luto en cuanto no cesa el río de las necrologías llevando al mar luctuoso decenas de miles de seres humanos que fueron historias únicas e irrepetibles… Han pasado muchos días, es cierto, pero nuestros héroes no se han rendido y siguen ahí. Héroes que son todos los que, desde su constante trabajo, han sufrido y siguen sufriendo esta situación de hundimiento agravada por la desgobernabilidad, la desvergüenza y la inadmisible falta de medios. Héroes que, de alguna manera, somos también todos los que desde el confinamiento al que estamos sometidos nos anda sangrando el corazón porque nos han robado lo más valioso que se puede tener: la libertad.

Ojalá todo esto acabe pronto. No mucho más cercano de lo que desearíamos. Sabiendo además que, cuando pase, nos quedará otro gran desierto que atravesar por culpa del descarrilamiento político al que nos está llevando esta caterva de insensatos, y a la enorme ruina económica que se nos vendrá encima resquebrajada y gris. Pero al final, tarde o temprano, como siempre ha sucedido en todas las grandes crisis de la humanidad, brillará la luz y habrá un nuevo renacimiento.

En esa esperanza, al menos, pervivimos. Mientras tanto, mis fieles amigos, os dejo el poema por si no lo conocéis. 



jueves, 16 de abril de 2020

UN DÍA ÚNICO EN LA HISTORIA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE, PATRONA DE ÚBEDA


El pasado 22 de abril del año 2020, Sábado Santo, será un día histórico, único, dentro del gran libro cronológico de la Virgen de Guadalupe, Patrona de Úbeda.

Y será especial porque, por primera vez en siglos, la imagen de la Chiquitilla del Gavellar llegó a nuestra ciudad transportada en un vehículo sin que nadie o casi nadie lo supiese, en plena pandemia del llamado Coronavirus y yendo directamente, sin parada alguna, dentro de la máxima austeridad, a su capilla instalada en la Iglesia Mayor de Santa María.

Los que tuvieron el honor de trasladar a la Virgen desde su camarín del Santuario a su pueblo, fueron: la Señora Alcaldesa, el Presidente de la Unión de Cofradías, el Presidente de la Real Archicofradía de la Virgen y un Directivo de la misma. También se contó con la presencia de un miembro de la Guardia Civil, ataviado con el uniforme.

Cuando tuve conocimiento de la noticia y supe que nuestra venerada, chiquitilla y bella imagen estaba de nuevo entre nosotros por sorpresa, así, sin más, sin que nadie le dijese al menos “nos alegramos”, sentí la necesidad de componerle un poema de bienvenida y hacerlo público. Y lo hice, aparte de porque libremente quise hacerlo, porque quería reparar, aunque fuese mínimamente, el desagravio de traerla de manera tan prosaica, obligados por las tremendas circunstancias, y, sobre todo, en prueba de gratitud debido a me sentía y me sentiré siempre en deuda con ella en cuanto ha permitido que yo haya sido su cronista oficial, miembro de su junta directiva en los gloriosos años del Centenario, autor de la letra de su himno compuesto por Manuel Antonio Herrera, investigador al que hicieron llegar de un particular el libro original de actas de la primera mitad del siglo XX y que doné a la cofradía, artífice de un librito de su historia, creador de numerosos artículos relacionados, su pregonero por tres veces (dos en Úbeda y una en Sevilla), además de permitirme recibirla y despedirla, oficialmente, en el año 1980…, así como otras muchas cosas que guardo en el corazón.

Se ha hecho bien trayendo a la Virgen. La soledad en el Santuario era correr un riesgo tristísimo. Confieso, honestamente, que yo lo hubiese hecho de otra forma. Seguro que cada ubetense lo hubiera llevado a cabo de un modo diferente. Pero las circunstancias son muy singulares, delicadas y comprometedoras. Así que lo importante es que ya está aquí y que al igual que en otras muchas ocasiones, sequías, temporales, plagas, guerras, epidemias…, en definitiva, cuando la ciudad se ha visto agobiada por la pesadumbre, se ha acudido a ella buscando su amparo y protección. Sirva, como mejor ejemplo, cuando la llevaron al Hospital de Santiago en 1681, y cuentan que cesó la epidemia de peste. De ahí que desde entonces cuelguen por su pecho las llaves de oro de la ciudad.

Ya sé que hoy en día, como desde siempre, acechan los laicistas, los escépticos, los ateos, los sabios, los escribas y doctores de la ley… Que incluso están en contra y hasta se ríen y burlan de estas cosas. No importa. Cada uno es libre de pensar y opinar como considere. Como también los creyentes somos libre de pensar y vivir conforme a lo que creemos y son nuestras tradiciones. Y lo que creemos es que hay una fe que nos conforta en la esperanza y en al amor; fe en un Dios que se hace hombre en Jesús de Nazaret por medio de una mujer santa llamada María. En Úbeda representada por una imagen humilde y pequeña a la que han acudido, por espacio de casi seis siglos y medio, generación tras generación, los ubetenses sencillos en busca de consuelo, ayuda y salvación.

He aquí el poema de bienvenida:



jueves, 9 de abril de 2020

CONFINADO EN JUEVES SANTO. POEMA

Me pidió un medio doble de comunicación ligado a la Iglesia que escribiera algo, un poema o comentario, de alrededor de diez minutos, para conmemorar un Jueves Santo tan especial como este que estamos viviendo. Lo que compusiera iba a darse por radio y televisión y tendría, cuando menos, repercusión nacional.

Me puse entonces manos a la obra y escribí un poema con todo amor y fe.

Luego, concertamos el día para la grabación. Pero no tuvo lugar. Motivos, al parecer, de espacio de programación y compromisos presentados a última hora fueron la causa. Y ahí quedó el poema sin conocerlo nadie.

Comenté entonces, la víspera del Jueves Santo, tan desilusionante hecho a una persona muy allegada, a quien remití el trabajo. Tras leerlo me animó a publicarlo en mi blog y en Facebook, así, al menos, si no llegaba a tener tanta trascendencia, sí podrían leerlo aquellas personas interesadas en el tema.  

Cuando estaba a punto de colgarlo, apareció Inés López Pradas, un ángel de ojos claros y alma limpia, que me aconsejó grabarlo con mi voz e ella ilustrarlo.  Y así lo hicimos, dando como resultado el montaje que aquí dejó.

Un montaje que, seguramente, no llegará a rincones lejanos, como estaba previsto, pero sí, al menos, al alma de los que entráis en este blog mío y me hacéis el honor de leerme. Dios os lo pague. Gracias por siempre a todos.  





sábado, 4 de abril de 2020

UNA PANDEMIA SIN DIOS


La pandemia que sufrimos es algo natural. El Covid-19 es un virus desconocido que ha surgido, sin saber muy bien cómo, en algún lugar de China, y que se ha extendido por el mundo debido a la globalización.

Las epidemias son cosas normales. Toda la vida han existido, desde que hay bacterias y virus. Es decir, desde la más remota antigüedad.

Entonces, ¿de qué tenemos que tener miedo? Ahora, como ha sucedido siempre, las personas saldrán de esta. Quedará, eso sí, un enorme reguero de muertos, pero se saldrá como salieron nuestros antepasados, y a seguir viviendo los que queden. Y hasta puede que siendo mejores, después de reflexionar lo poco que somos y lo frágiles.

La única diferencia es que, antiguamente, al más mínimo brote infeccioso que aparecía en un lugar determinado, ya se estaba mirando al cielo. Y se tomaba como castigo divino por los muchos pecados que se habían cometido. Y se oraba, se pedía perdón, se hacían penitencias, se realizan rogativas, se procesionaban cristos y vírgenes, se obligaban a propósitos de enmienda, se prometían conversiones…, en definitiva, se imploraba a la Divinidad clemencia, piedad y misericordia. Y cuando cesaba la plaga, se hacían fiestas de acción de gracias y se les regalaba a las imágenes mediadoras llaves, mantos, placas y demás obsequios honoríficos como símbolo y reconocimiento de haber sido escuchados.

Ahora no. En nuestros días no. Hoy no se mira al cielo. Hoy Dios no existe, es una quimera, un invento. Y de existir está lejos y ajeno a nuestro devenir evolutivo. Además, si en realidad tuviera relación directa con nuestra existencia, entendemos que Dios no puede castigar en cuanto es amor. Dios no puede enviarnos el mal en cuanto es bondad infinita. Dios tampoco puede querer el sufrimiento debido a que es Padre Santísimo. Sin embargo, dicen, al menos los doctores de la Iglesia, que esto de la epidemias y demás sí es una prueba y un tiempo de dificultad que permite, en cuanto, pudiendo Dios evitarla (ya que todo lo que sucede, aunque no lo cause, depende de Él, y todo lo que quiere puede ser, es decir: es omnipotente), no lo hace.   

Por lo tanto, al menos para los creyentes, es claro que Dios –que al fin y al cabo es un gran misterio– consiente esta realidad que nos aflige. Y aunque no sabemos muy bien por qué, si podemos entender para qué. Sin duda, para que, mientras está pasando y pase, reflexionemos y nos demos cuenta de cuanto veníamos haciendo mal, que son muchas cosas. Mal el creernos dioses inmortales, poderosos y engreídos. Mal en cuanto disponemos de la vida de seres inocentes e indefensos. Mal en cuanto dejamos morir de hambre y enfermedades banales a millones de niños y adultos. Mal en cuanto estamos destrozando el planeta y la naturaleza. Mal en cuanto consentimos las enormes diferencias entre ricos y pobres. Mal en cuanto el dinero lo hemos elevado a los altares de la vanagloria. Mal en cuanto los vicios, la perversión, la explotación, la especulación, las drogas, los maltratos, los crímenes, la corrupción, las falsedades, la degeneración… nos ciegan. Mal en cuanto el egocentrismo, la promiscuidad, las infidelidades,  las injusticias, los robos, la insolidaridad, la incredulidad, las idolatrías, el terrorismo, las guerras, los fanatismos… están a la orden del día. Mal en cuanto no paramos de construir armas de destrucción masiva. Mal en cuanto vamos sin rumbo hacia no sabemos dónde. Mal en cuanto la inmensa mayoría de los que nos decimos cristianos no somos más que tibios fariseos hipócritas. Mal en cuanto la Iglesia, a pesar de su gran labor, anda dividida, acomplejada y confusa… Mal en cuanto todo lo hemos convertido en relativismo, hedonismo, egoísmo y materialismo.

Eso, materialismo, todo es materialismo. Esté el gobierno que esté, mande quien mande. Todo es progresar, ascender y alcanzar la cima de los placeres, conseguir el mayor estado de bienestar de cara al exterior…, pero nada de mirar adentro de nosotros, nada de lo que arrepentirnos, nada de escuchar a la conciencia… Y nada de Dios. Ni mencionarlo. Como si fuera un apestado, algo peor que la misma infección de la que mueren como perros miles de personas queridas. Nada de Dios, ni pronunciar siquiera su nombre. Nada de oír, salvo alguna excepción, en ninguna de nuestras televisiones, ni demás medios de comunicación, la palabra Dios. Eso sí: “saldremos adelante”, “juntos venceremos”, “con unión somos más fuertes”, “resistiremos y triunfaremos”, “este virus lo paramos unidos”…  Incluso la ilusionante y repetida frase de “Todo saldrá bien” (copiada de Italia: “Tutto andrà bene”). Que, miren por donde, es una expresión dicha por Jesucristo, en mayo de 1373, a la mística inglesa Juliana de Norwich en una visión que tuvo, y en la que tras hablarle de la tragedia del pecado finalizó diciéndole: “Pero todo irá bien”.  

Nada de Dios. Dios sobra. A Dios no lo necesitamos. Nada de con la ayuda de Dios. Nada de Dios nos socorra. Nada de Dios nos libre. Nada de sea lo que Dios quiera. Nada de Dios nos perdone y nos bendiga. Nada de Dios lo tenga en su gloria. Nada de Dios es nuestra esperanza. Nada de si Dios quiere. Nada de Dios socórrenos que nos ahogamos… Nada. Nos bastamos nosotros solos. Ya lo solucionarán los gobernantes, los políticos, los sabios, los científicos, los investigadores... Dios es de catetos, ignorantes, retrógrados, fachas, carcas… Decir Dios no está bien visto. Mentar a Dios, sencillamente, es cosa de incultos.

Pues nada. A seguir. A continuar navegando en el mar de la tormenta en la barca de la soberbia. A dejar que Dios siga dormido. Ya saldremos nosotros solos, sin ayuda de nadie, sobre las olas, la lluvia, los rayos y los vientos hasta llegar a buen puerto. Al divertido puerto de viva la pepa y tonto el último. Pues nada. Eso es lo que hay.

Pero, permitidme, al menos, aunque me llaméis de todo, que yo, como lo hacen otros muchos, sí miré hacia arriba y hacia mí mismo y pida a Dios perdón y ayuda para el mundo entero. Señor, despierta, te necesitamos. Y si salimos de esta, intentaré mejorar, y si me quedo en el camino, por favor, dame tu mano y déjame sentir la eternidad en la paz de tu presencia. Porque rezar no es decir solo palabras, es comprometerse a transformar el comportamiento a mejor

Y todo porque para mí una vida sin Dios es la más triste de las vidas. Y así lo he creído siempre, antes, ahora y también mañana, cuando salgamos todos, Dios quiera que pronto, a las calles y nos llenemos de nuevo de la luz del sol y de los abrazos.