sábado, 11 de enero de 2020

EL IMPORTANTE DE LO IMPERDONABLE


Basándome en un hecho real, empezaré diciendo que llegó a ser un tipo importante. Eso al menos creía él, sobre todo porque tenía bajo su mando a unos cuantos subordinados.

También era un tipo muy arrogante, hasta el punto de ser capaz de despreciar a todos aquellos que no piensan ni actúan como él.

En su pueblo, no obstante, se le consideraba más que por él mismo, por tener un sobrino que huyó a Estados Unidos y alcanzó, pese a verse perseguido por la policía y el desprecio del importante, fama de gran actor.

De misa diaria, eso sí. Todo lo contrario que su sobrino, ateo hasta la raíz del pensamiento. Al menos de boquilla, que no de pañales. Que eso viste y vende mucho.

También en aquel tiempo, en el pueblo, despuntaba un joven en el mundo de los libreros. Una vez, el importante visitó su establecimiento por simple curiosidad y aunque nada compró –no era tampoco muy dado a la generosidad– el joven le quedó agradecido.

Un día llegó a las manos del joven un pequeño libro que un escritor había publicado, acerca del sobrino actor, con declaraciones del propio protagonista, y en el que dedicaba un corto capítulo a la familia del afamado personaje. Y dentro de él una parrafada al importante, que ya se había rendido al resplandor del famoso cambiando el desprecio por sumisa adulación. El joven adquirió varios ejemplares para vender en su establecimiento y pensó que le agradaría al susodicho leer lo que de él se decía, que era laudatorio y bueno si se leía con la buena fe del muchacho, pero que según otros, si se leía entre líneas o sobre líneas o bajo líneas, podía no ser tan bueno.

Y dejó, con mucho entusiasmo y la idea de agradar, uno de los ejemplares en el buzón del piso del importante. Y ¡oh, desfachatez! Este se lo tomó como una provocación y una ofensa. Por lo que, aparte de enviarle escritos de respuesta llenos de desaprobación y amenazas, decidió denunciar al joven remitente, que no al autor ni al editor del libro, que eso ya era harina de otro costal. Menos mal que, gracias a Dios, esto entonces era una democracia, y no pasó del intento, la frustración y la rabia.  

El joven emigró a la capital. Y muchos años después regresó al pueblo para pasar las fiestas navideñas con la poca familia que aún le quedaba. Y en la tarde del último domingo del año, como cristiano honesto que era, acudió, casualidades de la vida, a la misma misa en la que se encontraba el importante. Al salir, dejándose llevar por la humildad y el impulso del espíritu navideño, se acercó a él y le deseo felicidad, al tiempo que le pedía perdón por aquel atrevimiento que con tanta buena fe hizo en aquel día ya muy lejano.

«Imperdonable. Aquello fue imperdonable. No tiene usted perdón. Ningún perdón. Así que adiós.» Respondió ensoberbecido e iracundo el importante con migajas todavía en la lengua del Cuerpo de Cristo.

Y eso que en la segunda lectura de la misa de ese día el apóstol Pablo acababa de exponer como Palabra de Dios con absoluta claridad: “«Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra el otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo». Y en el rito de la comunión, no cabe la menor duda, habría rezado con los ojos cerrados, beatíficamente, cualquiera que lo mirara diría que en éxtasis, el padrenuestro, haciendo un gran énfasis en: “«Y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Y todo esto dejando aparte lo de: “«Siete no, setenta veces siete». Pues ni por esas.

Y luego hay quienes dicen no entender por qué están cada vez más vacías las iglesias…


lunes, 23 de diciembre de 2019

DÍPTICO PARA ESTA NAVIDAD






                                                                   I
                                        El sueño ha sido largo y me despierta
                                        el frío de una luz sobre la aurora.
                                        Hay ruido entre los humos. Alguien llora
                                        en mi llanto, y me llueve y desconcierta.

                                        Crezco sobre la ruina y la reyerta
                                        de unos contra otros. Cegadora
                                        y sin alma esta lucha transgresora
                                        que sabe a esclavitud sangrante y muerta.

                                        Busco entonces salir de mi yo mismo,
                                        abrazar un sentir de corazones,
                                        hacerme verso azul que al viento vibre.  

                                        Busco romper cadenas de egoísmo,
                                        de triste soledad y de ambiciones…
                                        Busco ser Navidad viéndome libre.


                                         II
                                        Ya sé qué es Navidad. Su luz y aroma.
                                        Conozco que conozco sus destellos,
                                        el blanco singular de sus cabellos,
                                        sus misterios que llegan por la loma

                                        donde inocente el gozo siempre asoma                   
                                        cabalgando al tropel de los camellos.
                                        Ya sé qué es Navidad. Son sueños bellos
                                        que no podrá borrar ninguna goma.

                                        Navidad es vivir, es consentir
                                        que la vida se acune en tu regazo
                                        y te consagre al beso de su calma. 

                                        Navidad es amar y compartir,
                                        hacer que yo sea tú, y tú mi abrazo.
                                        Navidad es nacer Dios en el alma. 


                            CON MI DESEO DE FELICIDAD PARA TODOS.
                                                         GRACIAS.


sábado, 7 de diciembre de 2019

HACIA LA NAVIDAD


                        

                      ¿En dónde Navidad? ¿Cuál el camino
                      que me lleve directo hacia esa cumbre?
                      ¿En qué lugar la hoguera hecha destino                   
                      que tiene que abrasarme con su lumbre?

¿En dónde Navidad?, pregunto al cielo.
Y me muestra una niebla sobre el barro.
Y alentado en mi propio desconsuelo
me adentro en su espesor, hundo mi carro.

Y encuentro aquí la pena y el dolor.
Gusanos que devoran las entrañas
vestidos de progreso y desamor,
tejiendo por la sangre telarañas.

Aquí todo es confuso, sombra oscura.
Y hay aullidos que rajan y enmudecen.
Y manos que se lavan en basura.
Y lluvias de monedas que enloquecen.

Mas nada de parar. Sigo adelante.
En medio de este fango ha de surgir
alguna luna llena, un sol radiante
que dé sentido al hecho de existir.

Y escucho que una vela es luz del mundo
y un Verbo se hace carne al conjugar.
Y dentro del misterio, en lo profundo,
hay un niño que solo viene a dar.

Un pequeño que anuncia un ángel puro
y concibe una sierva del Señor…
Y nace en un establo sin futuro
trayendo amor y amor… y solo amor.

Y me animo en mi empeño de seguir.
Y siento que supero encrucijadas.
Que algo dentro me ayuda a resistir
aun sabiendo vendrán cruces pesadas.

Hay que seguir –me digo–, sin descanso,
desde este oficio enorme de vivir,
dándole a cada río su remanso,
aprendido a mirar, soñar, morir. 

Hay que seguir…, mirar alto, más alto,
hasta alcanzar por fin la claridad:
esa forma de ser, el sobresalto
de saber que encontré la Navidad.




viernes, 22 de noviembre de 2019

EL MAYOR ESCÁNDALO DE CORRUPCIÓN


Uno tiene que tomarse en broma lo que muchos dicen acerca de los EREs. En especial los comentarios de ciertos tiralevitas que, por pagos y favores prestados, o bien para alcanzar privilegios, cargos, reconocimientos, subvenciones o mejores puestos en las próximas listas electorales o porque simplemente están orgullosos de ser socialistas desde el vientre de su madre, hacen al respecto.

Y lo hacen de tal manera que dan vergüenza ajena. Retorciendo las premisas de los silogismos para crear una verdad que no hay por dónde cogerla. Porque no hay por dónde coger lo que ha pasado en Andalucía. No lo hay porque esto ha sido algo más que un robo descarado, una atrocidad que nos ha costado, por lo pronto, según sentencia, a todos los españoles y en particular a los andaluces 680 millones de euros y donde tenemos a más de quinientos imputados y cerca de doscientos juicios pendientes todavía al respecto, aparte los que ya han prescrito por manejos y dilaciones de una juez que hasta está denunciada por la fiscalía, impulsores durante diez años como mínimo de una terrible trama operativa, de dopaje político, de caciquismo barriobajero, de redes clientelares para cobrarlos en votos, de llevarse muchos de ellos a sus cuentas particulares el dinero de los parados y más pobres, y ver además que les sobraba, tanto que algunos hasta han llegado a gastarlo en drogas y putas, cuando no en asar vacas.

No. Uno, por muy de izquierdas que sea, no pude justificar este horror. No vale con eso de que los demás son también corruptos. Ya lo sabemos. Otros indignos sinvergüenzas. De acuerdo. Ni vale tampoco buscar otras excusas basadas en el tiempo y en el espacio… Ni esconderse bajo los paraguas y los chubasqueros de medios afines y dejar correr algunos días hasta que la tormenta amaine. Ni decir que hay que callar hasta que el supremo y luego Estrasburgo y más tarde el tribunal de los tribunales, es decir hasta que todos estemos cadáveres, den su veredicto. Que no. Que cuando a uno lo pillan con el carrito del helado solo vale aceptar el error, pedir perdón, cargar con la cruz que le venga impuesta en justicia y asumir responsabilidades. Y los que lo estamos viendo desde la barrera, silbarles con desprecio y exigirles que devuelvan hasta el último céntimo. Y cuando vengan por la ciudad, no ir como hace años corriendo a llevarles sumisos las tapas y las cervezas ante la arrogancia de los personajes, sino ponerse del lado de la luz y exigirles moral, dignidad y coherencia.

Yo estoy deseando encontrarme un político que cuando él cometa un acto de corrupción probada, no calumnias, y ratificada por los jueces, no se ponga ninguna venda, sino que lo acepte y lo reconozca ante los demás con decencia, humildad y responsabilidad. Y si son los suyos los que lo han hecho, salga, al menos, reprochándoselo y aceptándolo también y reconociéndolo sin excusas. 

Lo que no puede ser es la doble, triple y quíntuple vara de medir. Lo que no puede ser es la hipocresía y el cinismo hasta el extremo, lo que no se puede permitir es que lo de Andalucía sea para el PSOE algo del pasado sin mucha importancia, cosas que pasan. Para Podemos un desliz culpa de bipartidismo y, por supuesto, de la derecha rancia, pero que no obstante les ayudará para tener más fuerza en el pacto de estado y tocar más poder, lo único que en realidad les importa. Y para los golpistas, separatistas, proetarras  y demás “amantes” de nuestra España un motivo más para, bajo cuerda, arengar a los suyos a mantenerse firmes en sus objetivos aniquiladores mientras hacen como que miran, con sorna y regodeo, hacia otro lado para sacar más tajada.

Que no. Que esto no es ser progresista ni es progresismo. Que no, que no les deis más vueltas, que lo de los EREs andaluces es el mayor escándalo de corrupción con dinero público que se ha dado en la historia de España y de la Unión Europea.

Que sí.        

sábado, 2 de noviembre de 2019

EL CAMPO DE BATALLA DE LA VIDA


La vida es un campo de batalla. La extensión del tiempo es una zona entre dos trincheras desiguales. Nada más nacer llegas desarmado a la que te corresponde y estás obligado a avanzar. En frente te asignan a un francotirador que, apostado en su parapeto, buscará por todos los medios acabar contigo, de manera persistente, sin parar hasta lograrlo. Cuanto más lejos estás y más medios pones por delante, menos posibilidades hay de que lo consiga. De vez en cuando dispara, pero hay muchas probabilidades de que la bala no llegue, o pase de largo, o solamente te hiera. A medida que avanzas, el peligro es mayor. Y cuando estás muy cerca de su línea, entonces es ya muy fácil apuntarte al corazón y no fallar.
                                
Los francotiradores, espectros casi inmortales, programados, viven de matar. Son seres oscuros, invisibles, sin conciencia, inmisericordes, persistentes, obstinados.

Son defensores a ultranza de un enigmático territorio de sombras. De vez en cuanto, los que están en la misma zona, deciden ponerse de acuerdo a la hora de disparar, y si lo llevan a cabo con insistencia se habla de grandes tragedias y accidentes colectivos.

Los de esta parte vamos bordeando parajes, escondiéndonos entre rocas, arrastrándonos por el suelo, nadando por ríos, resguardándonos entre árboles… Hasta que la bala nos alcanza. Entonces, el final puede ser inminente o, de ser heridos, entrar en un periodo de convalecencia de la que se puede o no salir. Y de salir, seremos irremediablemente dianas de nuevos disparados. Y así hasta que llegue el impacto certero y definitivo que te convierta en polvo. No hay escapatoria.

Durante el recorrido de avance, intentamos no pensar en la amenaza, trabajar para poder subsistir, distraernos, divertirnos, entretenernos, relacionarnos y mal relacionarnos, ir tirando… Y aunque sabemos que allí enfrente tenemos a nuestro impasible e incansable francotirador con el rifle cargado, buscamos olvidarlo, pensando en el fondo que fallará, o andará dormido por largo rato, o que soy tan listo que puedo driblando con agilidad haciendo difícil que me abata… Hay quienes incluso creen que tras caer contra el suelo atravesado por el proyectil, si tu avance ha sido honesto, dado al amor y la ayuda, y con fe en un Dios, podrás atravesar la ciudad de la oscuridad de los tenebrosos francotiradores y llegar a un reino de la luz infinita y eterna.

¡Quién sabe! Lo único cierto es que morimos mientras avanzamos. Que vemos con absoluta claridad que quienes iban por delante, o a nuestro lado, e incluso por detrás, van cayendo, desapareciendo, deshaciéndose, dejándonos… Y que nada podemos hacer por evitar que nuestro asesino, tarde o temprano, se salga con la suya. No hay manera. Él es tan imperturbable, duro y frío que no se deja sobornar, ni engañar, ni doblegar. Ni siquiera conoce el olvido. Te la tiene sentenciada desde el mismo momento de ser y no parará hasta salirse con la suya.

Yo conozco al mío. A medida que me voy acercando a él, sin verlo, veo que anda dejando escapar una mueca de jactancia por ese extraño rostro suyo medio tapado por el fusil que fijamente me apunta con el dedo puesto en el gatillo.  

Y desde aquí, antes de caer, quiero que sepa que lo perdono dentro de la pena que me da. Al fin y el cabo, además de tener un aspecto horroroso, no es un ser libre, por lo que bastante desgracia tiene ya. ¡Bah!


miércoles, 23 de octubre de 2019

CEGUERA INDEPENDENTISTA

Se puede ser independentista catalán, como yo, andaluz, ser seguidor del Barça desde niño. Es cosa de sentimientos.

Lo que no se puede ser es un independentista o un seguidor fanático ciego que se niega a ver la realidad.

Y la ceguera es precisamente la enfermedad contagiosa que ha contaminado a media Cataluña, incluido al Fútbol Club Barcelona.

Los independentistas están ciegos porque no quieren ver la luz que da la razón. Están tan adoctrinados desde que nacen y sobre todo en las escuelas que ya no son dueños de ellos mismos. De ahí esa inmensa jauría de jóvenes violentos incendiando ciudades y destruyendo todo lo que pillan a su paso.

Están ciegos en cuanto se apoyan en ideas falsas. “Votar no es delito”, “Libertad presos políticos”, “Libertad de expresión”, “Cataluña no es España”…, dicen. Y todo falso de absoluta falsedad. Votar es delito cuando poner urnas para hacerlo va contra las leyes que nos rigen y más aún cuando encima son advertidos de la gran irregularidad por los altos tribunales del Estado. No puede, por ejemplo, el equipo del Barça, en medio de un partido, querer votar, y solo entre la mitad de ellos, contra la voluntad de los árbitros, dirigentes, jugadores contrarios y el resto de futbolista de su propio equipo, que darle al balón con la mano en el área no es penalti porque su defensa central lo ha hecho en una jugada anterior. Tampoco dejan votar en mi pueblo para aprobar echar de él a los gitanos, los negros y los inmigrantes. En democracia hay normas fundamentales que nadie puede saltarse a la torera. Y si hay quienes quieren ser independentistas y separarse del resto tienen que luchar de manera pacífica buscando cambiar las leyes hasta que estas permitan hacerlo.

Partiendo de esto, todo lo demás es obvia consecuencia. Si lo hacen es delito. Y los dirigentes que lo promuevan han de ser juzgados. Y cuando lo son, estamos todos también, así se esté o no de acuerdo, obligados a aceptar las sentencias. Así que los independentistas condenados por el Supremo no son presos políticos, sino políticos presos que han delinquido. En cuanto a la “libertad de expresión” que exigen, otra reivindicación falaz, pues en pocos lugares del mundo la tienen como en Cataluña, hasta el punto de que a los del pensamiento único se les permite decir y decir (y actuar) pese a hacer con ello daño, al tiempo que buscan cercenar las libertades de los otros impidiéndoles no solo que se expresen sino discriminándolos e ignorándolos. Y eso de que Cataluña no es España, otra falacia. Nunca este territorio fue independiente, ni reino, ni colonia… Y si alguien dice que lo fue es tergiversando la Historia.

Y para colmo, los más ciegos son los ciegos que los gobiernan, ciegos guiando a ciegos, por lo que el final solo puede ser caer todos envueltos en las esteladas por el hoyo de las sombras. Incluido el F. C. Barcelona, declaradamente ya politizado independentista, nido de ciegos, tan ciegos que muerden las manos que les dan de comer, las manos de esos millones de seguidores que tiene por el mundo y que llegará a perder del todo cuando se convierta en una entidad vulgar y no esté Messi. Por lo pronto, con gran pesar y tras muchos esfuerzos y dificultades, infinidad de españoles han dejado ya de sentirse seguidores blaugranas. Yo estoy en proceso, aunque confieso que con la esperanza de que lleguen antes de que me desenganche del todo unos nuevos directivos, aunque sean tuertos, y digan que el Barça no es más que un club de fútbol apolítico que acoge entre sus colores a todas las gentes que solo quieren amar el deporte sin fronteras.

Ya sé que esto es mucho pedir, hay ya en Cataluña demasiados invidentes supremacistas enloquecidos llenos de odio. Y no es fácil, puesto que, como todos sabemos, no hay peor ciego que el que no quiere ver.   


lunes, 14 de octubre de 2019

LOS VERSOS MÁS ALEGRES


    


     Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
                                           Pablo Neruda


Hoy yo puedo escribir los versos más alegres,
porque mi Juan David, mi pequeño más grande,
mi enano de aventuras imposibles, 
mi rebelde arquitecto de bondades,
el que nunca creció
en las claras pupilas de su madre,
el defensor de leyes,
el servicial amigo, el noble responsable…,
se encontró sin buscarlo,
a la vuelta de un sueño de alturas verticales,
a una niña mujer
con ojos del color del mar hecho diamante,
con voz de las sirenas que habitan en los bosques
y sonrisa constante, 
Inés, la mariposa de la brisa,
la estrella azul que alumbra por el aire,
la profesora honesta y entregada,
la psicopedagoga de manos maternales…

Hoy yo puedo escribir los versos más alegres,
porque mi Juan David e Inés Concepción, su ángel,
han decidido unirse en el amor,
a la luz de Dios Padre,
bendecidos por Él en boda luminosa, 
aquí, en esta Córdoba donde el embrujo es arte,
y ser los dos un solo corazón
latiendo por los siglos en sábanas de encaje:
Paraíso infinito donde poder gozar 
de una luna de miel inacabable.