viernes, 9 de junio de 2017

ACOMPLEJADOS QUE SOMOS

En los españoles existe un complejo de serlo que es terrible. Nadie en el mundo como nosotros para ser culpables de todo y sentir vergüenza por nada. De ahí esas actuaciones desconcertantes en políticos, esas ansias de separatismo, esas incongruencias y sectarismos, ese desconcierto y confusión que nos invaden. De ahí, por ejemplo, que a un empresario que crea infinidad de puestos de trabajo y paga sus impuestos reglamentarios le rechacemos nosotros mismos el regalo supermillonario que además ofrece para salvar vidas contra el cáncer. De ahí esas disputas y guerras constantes de unos contra otros. De ahí también que nos dé bochorno mostrar nuestra bandera y andemos silbando nuestro himno, llegando incluso a apalear a un joven por llevar en polo con los colores rojo y gualda en el filo de las mangas. De ahí ese pensamiento constante de no valemos nada, andamos los últimos, somos el culo del mundo.

Y no es así. La mayoría de los demás países no son mejores que nosotros, ni por historia, ni por arte, ni por literatura, ni por monumentos, ni por aportación a otros continentes…, ni por paisajes, gastronomía, clima, playas, alegría, costumbres, fiestas… Pero también ninguno nos gana en autocrítica. Porque, eso sí, para criticar, criticarnos y autodestruirnos nadie como nosotros, “harakirescos” que somos. Y pongo un solo ejemplo que me ha tenido lleno de dolor y de rabia muchos días:

En Londres se comete un atentado terrorista el sábado día 3 de junio. Hay varios muertos. Los tres terroristas son acribillados. Un español llamado Javier Echeverría, de quien los amigos dicen que salió en defensa de una mujer y cayó al suelo tras un navajazo, está desaparecido. ¿Desaparecido? Nadie sabe nada. A la familia no se le informa al respecto y no conoce si está ingresado en algún hospital o en la morgue. La policía y el Gobierno de allí no saben ni contestan. La angustia aumenta. El gobierno español pide información. Los familiares que andan en esas tierras ruegan explicaciones… Los cerebros que llevan el caso piden huellas dactilares, ADN, esto y lo otro…, largas y más largas. Qué vergüenza que un reino tan prestigioso se comporte tan inhumana e indignamente y no sepa o no quiera dar información al respecto. El viernes diremos algo… y podrán ver el cadáver, porque el viernes se le hará la autopsia. ¿La autopsia el viernes? ¿Casi una semana después…? Mientras tanto, el miércoles, ¡el miércoles!, encuentran otro cadáver en el río Támesis… El colmo. Vamos, como para correrlos a gorrazos… Sin embargo, el jueves, la hermana, ebria por los agasajos, adulaciones y vítores amplificados por los medios de comunicación, declara que algo triste se ha convertido en bonito y grandioso. Referente a la actuación de las autoridades británicas, sacando el complejo que llevamos dentro, dice que son: “suficientes y correctas”, y ni una crítica. Menos mal que la madre echó al enlace británico de la habitación cuando éste le dijo que vería el jueves a su hijo tras un cristal? ¿Tras un cristal? Pero, Dios, ¡¿qué es esto?!

Y llegados aquí, pregunto: ¿Ha cesado en el cargo algún policía británico? ¿Ha dimitido algún político inglés aunque sea de la tercera división? ¿Ha habido alguna manifestación de protesta en el Reino Unido en contra de tanto despropósito? ¿Se han suspendido las elecciones?...

Pues miren, amigos, si esto mismo, igual, sin quitar ni añadir nada, ocurre en España, e Ignacio Echeverría es un extranjero, o un español, da igual, ya habríamos hecho arder a este país por los cuatro costados. Porque, eso sí, en quemarnos a nosotros mismos somos los primeros.  

martes, 30 de mayo de 2017

DE LOCOS LO NUESTRO

Todos los años tenemos que recibir una buena ración de pitos al Himno de España en la final de copa. Y da igual qué equipos lleguen, porque en todas las aficiones hay descontentos y rencorosos que, parapetados en el anonimato de la masa, expresan sus frustraciones a base de silbidos a lo que sea. Más, desde luego, si los equipos finalistas son catalanes o vascos, porque a muchos de estos seguidores, además de a las propias frustraciones personales, hay que añadirles la estrechez de mente y el odio que rezuman sus corazones debido, sobre todo, a la pésima educación recibida. Estrechez de mente porque el mundo, se quiera o no, está abierto, enlazado, globalizado, por lo que ya vale poco eso de mi parcela, mi jardín y mi choza. Y odio porque, a base de mentiras, tergiversaciones y visión de la Historia partidista y distorsionada, se crean mentes deformes y de pocas perspectivas que llegan a no diferenciar la realidad de la fantasía, a creer que las grandezas pretéritas de un todo son suyas y los grandes defectos de ese todo sólo de los otros, generando esta lava dentro un rencor que quema y estalla.

Pero silbar al Himno de España es, sobre todas las cosas, un signo de falta de valores y de educación, porque silbar al Himno es, aparte de silbarnos a nosotros mismos, silbar a nuestros abuelos y bisabuelos, a cientos de generaciones antepasadas, a millones de hombres y mujeres que lucharon, se esforzaron, sufrieron y dieron su vida por lo que creyeron más justo, más noble y mejor… Personas con sus defectos y virtudes, con sus pensamientos y sueños, con sus valentías y temores… que no podemos juzgar desde nuestra perspectiva actual, desde nuestro presente, fuera del contexto histórico.

Muchos también de los que silban al himno de España lo hacen, además, porque se creen mejores e incluso superiores a los que no piensan ni sienten como ellos. Y no lo son, no lo son porque quienes son mejores y superiores, los que de verdad valen más –y esto es de manual básico de psicología–, se caracterizan precisamente por todo lo contrario, por ser los más respetuosos, tolerantes, compresivos y dados al amor sin interés.

Pero bueno, todo continuará igual y los que nos gobiernan de allí y de aquí, dentro de esta España resquebrajada, seguirán jugando al gato y al ratón, dividiéndose, tirando de la cuerda, viendo quién se lleva el trozo más grande de la tarta que una y otra vez se pone encima de la mesa…, desacreditando con todo esto a toda esta nación que podría ser mucho más grande, infinitamente más grande de lo que es de no ser por nosotros mismos, que no paramos de desprestigiarnos, de golpearnos, de lanzar piedras sobre nuestro propio tejado. Una España tan extraordinaria que, todavía y pese a tanto, es admirada por el resto del mundo…  Mundo que cada vez que ve o escucha las noticias en las que se dice que los mismos españoles se silban a sí mismos, se lleva las manos a la cabeza diciendo: ¡Están locos!

Pues eso, de locos lo nuestro.

jueves, 11 de mayo de 2017

LAS GAFAS CON LAS QUE MIRAMOS


¿Cómo quieres mirar esto que digo?
¿Cómo quieres mirar esto que hago?
¿Desde la forma estrecha de tu ombligo
o desde el amplio cobro de un impago?

Porque puedes mirar con la malicia
o la bondad del ojo que quisieses.
Porque nunca miramos en justicia
sino desde las gafas de intereses.

Por eso lo que es firme y es plenario
puedes verlo vacío y sin cimientos.
Y lo que es nada verlo extraordinario
si pones el cristal de los aumentos.

Y si el éxito de otro en tu camino
te hace sombra, es fracaso sin virtud.
Y si te perjudica el desatino,
valoras que es acierto en plenitud.

Si amas la paz y en Dios eres coherente,
un creyente verá en ti a un pacifista.
Si es un ateo, la cosa es diferente,
que eres un anticuado y un fascista.

Si alguien llega y se ofrece para darte,
que algo buscará, que algo pretende.
Si alguien es un roñoso y no comparte,
que el hombre es ahorrativo y se comprende.

Y si tienes al lado a tus amigos,
cuanto digas o hagas será hermoso.
Mas si de pronto se hacen enemigos
ya todo en ti se torna en horroroso.

Las gafas. ¡Ay, las gafas que tenemos!
Las gafas que olvidamos el guardarlas.
Que nos dejan mirar como queremos
haciendo que miramos sin usarlas.

Por eso el gobernante nunca acierta.
Si reviste los pueblos de esplendor,
que eso es tirar la casa por la puerta.
Si los deja tal cual, que vaya error.

Si acude a los mil actos programados,
que afán de tanto ser protagonista.
Si se queda en su hogar, sin más fregados,
que no cumple en funciones el artista.

Si sale en procesión, que qué hace ahí.
¿No es de izquierdas? La cosa tiene miga.
Si no quiere salir, que qué hace allí,
cuando estar con el pueblo es lo que obliga.

Y dicho sea de paso, igual diréis
del comentario éste que aquí os dejo.
Si os caigo bien, genial, expresaréis.
Si mal, vaya idiotez de un pobre viejo.

De ahí que nos dijera Campoamor:
Nada es verdad ni nada es mentira,
todo depende siempre del color, 
del color del cristal con que se mira.






martes, 25 de abril de 2017

ÚBEDA QUIERE A ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 Lo cuenta él mismo. Dice que era un niño pusilánime que jugaba en la plazuela de San Lorenzo a ser escritor. Todos los chiquillos de por allí lo veían distinto, diferente, extraño. Nunca entraba en peleas, no discutía, no tomaba parte en acciones violentas… En la escuela de los alumnos azuletes le fue bien, en la de los marrones no tanto, y se queja de ello. Luego, en el instituto, la cosa mejoró… Lo que vino después todo el mundo lo sabe: novelista de primera línea, Premio de la Crítica, Premio Nacional de Literatura, Académico de la Real Academia, numerosos premios nacionales e internacionales, y así hasta alcanzar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras… Y pronto obtendrá el Cervantes… Y si las circunstancias y entramados políticos-comerciales universales que juegan a la ruleta no lo impiden, el Nobel de Literatura.

A él los premios, lo confiesa también, no le importan mucho. Pero aunque no quiera, es lo que ha hecho que en muchos lugares del mundo lo valoren y lo consideren. No son pocos los que lo saludan, abrazan y admiran sin haber leído de él un solo párrafo. Cosas de la vida.

Los que sí lo han leído, también lo admiran con honestidad, aunque siempre haya alguno que se desmarque por los condicionantes que sean.

De lo que sí puede estar seguro Antonio es de que en Úbeda, su pueblo, se le quiere y cada día más. Hubo un tiempo en que yo mismo me quejaba de lo injusta que estaba siendo la ciudad con él. Ahora, la cosa marcha por mejor camino. Aquí tiene una placa dedicada a su persona en el instituto donde estudió, otra en la fachada de su casa donde vivió, letreros relacionados con sus novelas en distintas esquinas, el nombre a una calle que aunque no tenga casas tiene un paisaje que asombra… Ha sido también nombrado Hijo Predilecto y se le ha distinguido con la Medalla de Oro de la ciudad… Y vendrán más cosas, seguro que algún día, más pronto que tarde, se le pondrá su nombre a un colegio o instituto, y a una céntrica avenida, y al viejo teatro, y a un nuevo auditorio, y a una nueva biblioteca, y a un barrio entero…, y hasta puede que alguna vez a esta ciudad suya se le nombre más por Mágina que por Úbeda… Y, sin duda, se le levantará en alguna de nuestras mejores plazas un gran monumento con su imagen en bronce para que se fotografíen junto a él vecinos y forasteros.
 
A Antonio se le quiere en su pueblo. No hay vez que no venga que no se llene el espacio. Hasta pagando. Se retransmiten por radio y televisión locales sus discursos, sus palabras, sus pensamientos… Se le trata con sumo respeto, con especial deferencia y se considera un honor hasta el simple hecho de estrecharle la mano.

Hace unos días, Antonio ha vuelto a estar en Úbeda. Y entre los diferentes actos programados con motivo del treinta aniversario de su novela Beatus Ille, el más importante ha sido el de ser nombrado “Socio de Honor del Club Diana”. Una distinción a la altura de las mejores y más gloriosas, porque no se la entrega un grupo de sesudos intelectuales, ni interesados buscando intereses, ni políticos de la onda, ni editores y libreros ingeniosos… Se la ha concedido y entregado un grupo de personas humildes y sencillas, buenas, que, en libertad de pensamiento, ideologías y creencias, se reúnen para charlar, para leer la prensa, para pasar el tiempo, para tomar una copa, para hacer algo de cultura… Una distinción que no viene a buscar la simple alabanza banal de qué grande eres, Antonio Muñoz Molina, sino que sepas que es un orgullo saberte parte importantísima de nuestra Historia más ilustre, y que eres un ejemplo de superación, y una honra para nosotros, y una flecha directa a nuestro corazón, y una diana de nuestra más limpia amistad…, y que te queremos sintiéndonos felices por ello. Orgullo que comparto y que dejo aquí expresado en forma de fotografía que un periodista de manera improvisada nos hizo en el salón del club y en la que se me ve también feliz por el simple hecho de estar a su lado.

martes, 11 de abril de 2017

CRÍMENES ABOMINABLES

Comienza la Semana Santa. Es Domingo de Ramos y los cristianos coptos de Egipto, como todos los cristianos del mundo, sean de la rama que sean, van a conmemorar la festividad a sus iglesias. En dos de ellas, la de San Jorge en Tanta y la de San Macos en Alejandría, nadie sabe que la muerte anda esperando en forma de rayo negro cargado con un cinturón de explosivos con olor putrefacto a intolerancia.

Y el cinturón estalla y se lleva por delante a más de medio centenar de mujeres, hombres y niños inocentes, dejando en el suelo a centenares de heridos. Los dos atacantes suicidas fueron los primeros en morir, estallando por los aires para dejar sus cuerpos desperdigados en millares de trozos asquerosos y repugnantes de materia pestilente. Los dos salieron volando derechos al firdaws, nivel séptimo y máximo del paraíso de Alá es grande, para ser recibidos como mártires victoriosos por los ángeles celestiales y poder gozar de toda clase de placeres, desde manjares exquisitos a gran cantidad de huríes de ojos grandes y brillantes, pasando por una gran multitud de vírgenes e infinidad de muchachos jóvenes.

¿Y quién entiende esto? ¿Qué religión puede predicar semejante bárbara locura? Esta locura de ganar el paraíso a costa de matar infieles, y a cuantos más mejor. Es decir de asesinar a traición y a sangre fría a quienes no piensan ni creen en lo que tú piensas y crees. Increíble.

Ya sé, ya sé que no todos los musulmanes piensan, creen y actuan lo mismo que estos yihadistas del demonio. Que la inmensa mayoría de los que viven en nuestros pueblos y ciudades son pacíficos, comprensivos, comedidos, cautelosos… y, eso, prudentes, muy prudentes… Pero deberían ser un poco menos de todo esto que son, porque cuando se producen estas masacres constantes, estos actos de terrorismo que no cesan, estos asaltos abyectos a templos cristianos, estos crímenes abominables…, deberían ser los primeros en salir en masa a protestar, a exponer que están totalmente en contra de esos bárbaros, a manifestarse con pancartas y gritos de desaprobación en las puertas de todas las mezquitas y en todas las plazas de todos los pueblos del mundo libre… Y exigir de paso que también en los países donde se impone la religión que ellos profesan, dejen abrir templos budistas, mandires hinduistas, santuarios sintoístas, sinagogas judías e iglesias cristianas… 

Tener fe es un gozo para el alma, siempre y cuando creer en un ser superior lleve al amor, la paz, la convivencia, el respeto y la vida. Pero si la fe lo que provoca es odio, fanatismo, terror, sangre y muerte, entonces solo te empuja a la locura, y para estos locos, lo diga el dios que lo diga y esté escrito en el libro sagrado o la libra sagrada que tú quieras, no cabe más espacio ni más paraíso que el manicomio o la cárcel, y el infierno para siempre.

domingo, 26 de marzo de 2017

HACIA UN MUNDO FELIZ

Cuando de joven leí Un mundo feliz de Aldous Huxley, creí que había leído una buena novela, muy imaginativa, pero lejos de la realidad. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo, me voy convenciendo de que la novela se asemeja cada vez más a la realidad. Y miedo me da pensar que, de alguna u otra forma, todo puede acabar como refleja la magistral obra del autor inglés.

En ese mundo, perfectamente evolucionado, jerarquizado y avanzadísimo en tecnología, dividido programáticamente en castas, todo es saludable, limpio, ordenado y aceptado. El sexo no presenta ningún tipo de barreras ni límites. La promiscuidad es tan necesaria  como obligatoria. La fidelidad algo que se considera reprobablemente inmoral e inaceptable. La belleza física de los habitantes es ideal, y siempre, hasta la muerte, se es joven. La droga (soma) es el pan nuestro de cada día. Con ella se está siempre gozoso, tomándola todo se acepta y nada duele ni perturba ni se teme. Un mundo donde la avaricia, la guerra, la ambición, la pobreza, el odio… han sido eliminados, pero a costa también de eliminar los sentimientos, la familia, la cultura, la religión, el arte, el pensamiento… y, sobre todo, la libertad y el amor. Un mundo en el que se venera al líder, jefe de la comunidad, y en donde quienes viven fuera de esta civilización oficial y oficialista se les considera, sencillamente, seres prehistóricos, meros salvajes a quienes hay que apartar, olvidar y rechazar. 

Un mundo que, pese a parecer idílico, en el fondo asusta, da pánico, terror. Un mundo que se nos muestra como de futuro lejano, pero que si nos ponemos a pensar no está tan lejos ya del presente. Porque yo me pregunto: ¿Acaso no andamos hoy en día en dirección a ese mundo feliz más que hacia su contrario? ¿No estamos viendo ya esas ansias de acabar con todo lo que es militar, con todo lo que huela a religiosidad, con todo lo que lleva a la familia…? ¿No vamos hacia un pensamiento único, marcado todo a base de leyes de las que no se puede salir? ¿No estamos dirigidos desde las castas políticas, cerradas, superiores, privilegiadas, desde los líderes? ¿No vamos hacia un mundo uniforme, sin diferencias de género, sin sexos, o con sexos que se eligen según convenga o interese, inmensamente promiscuo y lleno de infidelidades? ¿No estamos cerca de concebir y desarrollar los fetos en incubadoras en cadena, y llegar a creer que la maternidad es un agobio, una carga de vida e incluso algo asqueroso y denigrante que deforma el cuerpo? ¿No estamos a punto de aceptar que la educación debe ser monocorde y darse sólo en centros públicos concebidos por la socialización dirigida desde el poder? ¿No vamos hacia una sociedad de mujeres y hombres obsesionados por aparecer físicamente perfectos, deseosos de aparentar ser siempre jóvenes, y donde no caben los deficientes, los débiles, los ancianos…, donde se puede acabar con la vida de cualquier niño engendrado que muestre alguna deficiencia para que no nazca y de cualquiera mayor que desee morir? ¿No vamos hacia una sociedad instruida, educada y dirigida desde la televisión, a la que obedecemos ciegamente? ¿No comemos, bebemos y vestimos según se nos indica? ¿No nos encontramos ya en una colectividad donde cada vez tienes que tener más cuidado con lo que dices o escribes porque la libertad de expresión se está reduciendo a base de golpes, insultos, desprecios, amenazas y boicots…? ¿No nos movemos ya a base de todo tipo de drogas: para el más mínimo dolor, para dormir, para el estrés, para la tristeza, para ponerme…, para desinhibirme, para estar contento…? ¿No nos encontramos ya en la vía de un mundo globalizado, integral, único? ¿No entendemos con frecuencia que todo aquél que huye de todos estos esquemas y se aleja hacia lugares recónditos, perdidos, solitarios…, y se aferra a los valores y derechos individuales, es un ser raro al que se le indiferencia, se le insulta, se le cataloga de poco moderno y nada progresista, y se le considera anticuado, carca, extraño, primitivo…, salvaje, en definitiva?

Ya hay países herméticamente cerrados en su mundo feliz y países donde la intención de ser un mundo feliz anda en marcha. Países que sueñan con lograr algún día que el planeta entero sea un mundo feliz, tan feliz que nadie es nadie, como robots sin alma.

domingo, 5 de marzo de 2017

BRINDIS POR LA MUJER

Porque todos los días del año son su día y no sólo el 8 de marzo.




                             Brindo por ti, mujer,
                             por ti cuando, tan pequeña, desnuda,
                             llegaste a esta asombrosa estación de la vida
                             y ya derramaste tus primeras lágrimas blancas.

                            Brindo por ti, mujer,
                            por cuando eras niña y jugabas
                            a volar con los pájaros de la inocencia
                            y creías que las estrellas eran luces
                            que llegaban del país de nunca jamás.

                           Brindo por ti, mujer,
                           por tu delicadeza adolescente,
                           por tus primeros tacones de cristal,
                           por tu labios recién pintados
                           dispuestos para el primer beso. 

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tus sueños de juventud,
                          por tus amores de sol
                          y tus desamores de luna nueva.
                          Brindo por ti,
                          por tus abrazos sinceros,
                          tus luchas por conquistar el mundo,
                          tus palabras azules y tus silencios hondos.
                          Brindo por tu coraje, tu valentía, tu honestidad,
                          por haber sobrevivido a la historia y a los siglos,
                          por haber superado con honor
                          la más inmoral de las discriminaciones.
                          Brindo por tu poder de engendrar,
                          por tu hermosura de cuerpo y de alma,
                          por tu generosa y sacrificada entrega.

                          Brindo por ti, mujer,
                          por tu sonrisa madura,
                          por el fuego que enciendes en los inviernos
                          para que el hogar y los hijos
                          se alegren con la nieve
                          que cae tras los cristales.
                          Brindo por tu siembra incansable,
                          tu corazón latiendo a primavera,
                          tu encontrada libertad de alas abiertas,
                          tu trono de igualdad ya indiscutible.

                          Brindo por ti, mujer,
                          ya anciana, sentada a la ventana
                         de la nostalgia más sentida,
                         cosiendo un pañuelo para la esperanza
                         o leyendo un libro que ya poco
                         puede enseñarte de tan sabia como eres.

                         Brindo, por ti, mujer.
                         Brindo por ti en este atardecer de las horas
                         con el más dulce y justo de los licores.
                         Brindo por ti, porque ahora sé,
                         sobre todas las cosas,
                         que lo más bello del mundo
                         y de la vida
                                  eres tú.