lunes, 23 de abril de 2018

EL INSOPORTABLE PROCEDER DE LA BANCA


Los bancos se han vuelto insoportables. Las oficinas cuentan con un personal mínimo y la atención al cliente es pésima. Colas de horas en cualquier sucursal para realizar una mínima gestión, como si las personas no tuvieran otra cosa que hacer. Y, claro, eso lleva a cansancio, enfados, malas formas, cabreos… Y robarte a manos llenas: retraso en los pagos, cobros abusivos de comisiones, descuentos injustificados, consignaciones erróneas…

Y deseos de cambiar a otra entidad que ofrezca mejores condiciones, para terminar siendo igual o peor.

¿Solución que te dan? Que seas tú el empleado sin remunerar del banco. Que saques el dinero por el cajero, que pongas la cartilla al día, que realices las transferencias por tu mano, que pagues los recibos introduciendo claves…, claves que, en cuanto te descuidas, te son denegadas por tu propia seguridad, según te indica la máquina impasible y sin corazón… Y pedir otras nuevas, para que de nuevo te sean denegadas… Y hacer cursillos o masters de informática y contabilidad si quieres sobrevivir. Y hastío, frustración, impotencia…  Y dolor de alma.

Mientras tanto, las ganancias bancarias son escandalosas, 11.783 millones de euros de beneficios solo en los nueve primeros meses del pasado año 2017, un 16,1% más con respecto al mismo periodo del año anterior. Beneficios que han de superarse constantemente porque así está considerado y sea un éxito más de los dirigentes y accionistas… Cueste lo que cueste: opresión, recisiones, despidos, amenazas, jubilaciones, abusos, esclavitud… El capitalismo en sumo grado.

Y ahí ando yo, haciendo estudios de banquero. Intentando formarme en claves, firmas electrónicas, referencias, NIF, NIE, códigos, políticas de Cookies… Y ni por esas. No hay manera. Por lo que entrar en la cuenta y realizar alguna operación, aparte del terror que me hace sentir, me supone hacer un ejercicio de paciencia y autocontrol estoico. La mayor de las penitencias.

Y tampoco vale quejarse. A estos monstruos tan poderosos como prepotentes, eso les afecta poco. Las hojas de reclamaciones son para ellos como pobres gotas de lluvia en plena tarde de verano. No hay más que pedir una de ellas y comprobar con que prontitud te la facilitan. Ellos saben que no pasa nada, que no hay quienes les tosan, que tienen en verdad la llave de todo, tanto de la economía como del poder. De ahí que pese a que en el año pasado se realizaran, oficialmente, nada menos que cerca de un millón de quejas, nada se ha mejorado. Todo lo contrario, vamos a peor.

Y a peor seguiremos yendo. La maquinaria engendrada alrededor del dinero para ganar dinero no dará tregua. La banca todo lo tiene dominado. De ahí que cada vez más te obliguen con mayor fuerza a estar dentro de este engranaje interesado, en donde mejor vigilarte y donde mejor controlarte Hacienda, es decir, la banca también.

Y a tanto se llegará que pronto dejará de emitir monedas y billetes para que solo se use la tarjeta que te designan, y fuera de ella nada puedas comprar ni vender, y de todo quede constancia, y de todo se enteren, y de todo te sangren los de arriba. No esos necios engreídos que aparecen en las noticias pertenecientes a partidos políticos como si fueran y mandaran algo…, sino los otros, los que andan ocultos en grandes bunker lujosos y paradisiacos, y manejan los hilos de todos nosotros, los muñecos de los escalones base de la pirámide, las pobres marionetas del teatrillo de la vida.


viernes, 6 de abril de 2018

HECHOS REALES EN UN MUNDO A LA DERIVA


Cuando llegan a ocupar los cargos personas de gran altura, éstos lo primero que hacen es rodearse de hombres y mujeres de gran valía, porque saben que la empresa que tienen en sus manos irá a más y brillará con más luz. Cuando son los mediocres los dirigentes de algo, se rodean de chusma, por aquello de que nadie les haga sombra. Y cuando es chusma los que alcanzan el vértice de la pirámide de alguna cosa, se rodean de menos que chusma, es decir, de indignos, rastreros y maleducados.

Y eso está ocurriendo en nuestros días. Sobre todo en el mundo político, social, cultural y religioso. Menos en el de la economía, por aquello de que con el pan de comer no se juega. Y así nos va. Gentucilla dándoselas de nada, ocupando sillones que les quedan más que grandes.

Y pongo tres ejemplos recientes de aquí mismo. En el social: Una cooperativa oleícola marcha de maravilla con un presidente competente. Se crea un grupo morralla de oposición que hace saber que si sigue él la entidad irá a pique y además es hora de acabar con el enchufismo de colocar en ella a los familiares de los dirigentes. Ganan las elecciones. Años después, la sociedad está llena de empleados relacionados con los nuevos mandamases envueltos en una tela de araña de corrupción. Yo me como las uvas de cinco en cinco, tú de tres en tres y él de dos en dos… El dinero de los socios no aparece. Los listos de siempre ya han sacado el suyo. Faltan cerca de cincuenta millones de euros. Concurso de acreedores. Asambleas, trampas, papeleo, abogados, notarios… Casi todo está perdido. Familias enteras en la ruina. Todos se lavan las manos. “Cosas que pasan, nadie es culpable”, dice uno de los jefecillos. Y otro, amigo íntimo desde niños, le responde: “Todos los directivos, si bien no sois culpables, sí sois, al menos, responsables”. Desde entonces no le habla. Pobre venganza de pobres personas.

En el cultural: Un arrogante que se las da de periodista sin serlo, es nombrado jefe de protocolo de una asociación que dirige otro inculto. Había un concierto conmemorativo cuya entrada era gratis, por invitación. El cielo amenazaba lluvia. La esposa del director se persona pocos minutos antes de comenzar el acto con sus dos hijos, un varón de unos seis años y una niña de cuatro. “Si no tenéis invitación no se puede pasar”, le indica con prepotencia el pseudoperiodista. “Mire usted, señor, soy la esposa del director de la orquesta y estos son nuestros hijos”, aclara con suma educación la buena señora. “He dicho que si no tenéis invitación no pasáis”. “Bueno, haga usted el favor de llamar a mi marido o deje, al menos, pasar al niño, su padre tiene mucho interés en que escuche el concierto.” “He dicho que sin invitación no se pasa”, sentenció el engreído portero. La dama y los pequeños se dieron media vuelta. Ya había empezado a llover y permanecieron un rato a la puerta del recinto. Después, viendo que no escampaba, salieron a todo correr en busca de una cafetería donde refugiarse. Mientras tanto, el concierto había comenzado y más de la mitad del aforo estaba vacío. Al fondo, el ridículo guardián que se cree alguien por aparecer de vez en cuando en un medio de comunicación de poca audiencia engolando la voz, seguía permaneciendo de pie vigilando la entrada. Allí, por sus narices, no pasaba nadie que no tuviera el papelito firmado por su vulgar superior. Tal para cual. Chusma manda a chusma. Y chusma, perro fiel, cumple la orden a rajatabla. Si quieres conocer a Juanillo dale un carguillo.

En el religioso: Tras el acto final penitencial a puerta cerrada en el templo, el hermano mayor de la cofradía hace saber a cofrades y fieles allí presentes, que en la casa de la hermandad se dará una bolsa con pastas a cada uno de ellos… Añadiendo: “Espero que haya para todos”. Ya en la casa, uno de los cofrades de toda la vida, anciano, que había estado en el templo y que no puede procesionar ya por las calles por sus dolencias, tras esperar a que los penitentes y costaleros se llevasen a pares y a triples las bolsas, y viendo que en la caja quedaban algunas, se acercó a la pareja encargada de la distribución y, con máxima humildad, prudencia y educación, les dijo: “Me pueden dar, por favor, una bolsa…, si es que sobra”. Se miraron los dos repartidores, vestidos aún con las túnicas penitenciales, y la mujer le respondió secamente: “No sobra”. El pobre hombre, sorprendido, triste y humillado, agachó la cabeza y se apartó lentamente. Pero se giró de golpe al escuchar a uno de los costaleros decir con la boca llena: “Nena, me voy, dame un par de bolsas más que estas pastas están riquísimas”. Y vio, sorprendido, casi a punto de llorar, como le ponía en sus manos dos bolsas sin rechistar. Cofrades impresentables vacíos de alma.

¡Ah!, ¿que no he puesto ningún ejemplo del mundo político? Ni falta que hace. Todos conocemos de sobra cientos de casos sangrantes acerca de esta fauna peligrosa. 

Y si esto es a escala pequeña, imagínense a escala mayor. ¿Se puede vivir, amigos, en un mundo así, a la deriva? A mí, que he sido testigo e incluso parte de los hechos que acabo de relatar, me cuesta cada vez más, por lo que busco apartarme siempre que puedo camino de la soledad. Ya lo dijo hace siglos también Juan de la Cruz: “Entre las piedras me encuentro mejor que entre los hombres”. 

domingo, 25 de marzo de 2018

EL PAPA FRANCISCO Y LA IGLESIA


Se han cumplido cinco años de la llegada de Francisco al papado y son muchos los que  alaban su labor, como son muchos también los que la critican.

No hay más que leer los portales de religión en internet para darse cuenta de que no son pocos los que andan en oposición a quien a día de hoy ocupa la silla de Pedro. Como no son pocos los centenares de blogs católicos en los que se le censura, se le tacha de demagogo y populista, de izquierdoso, de ir contra la tradición de la Iglesia, de charlatán, de impresentable… e incluso hasta se llegan a pedir en ellos oraciones para que muera pronto.

Y para colmo de males y demás descalabros, la cosa no se queda en estos extrarradios, sino en círculos más próximos, generando una guerra entre también no pocos cardenales, obispos y sacerdotes contra el papa Francisco, empeñados en mantener la más estricta ortodoxia, la tilde de la ley, la tradición, el inmovilismo, el boato, los privilegios y el poder. Tachándolo, privada y públicamente, de lo que no está escrito, poniendo en contradictoria evidencia al Espíritu Santo, tan despierto e intervencionista para ellos cuando el Papa es de su onda, pero tan dormido, según parece ser, en el último cónclave. 

Una pena que hace que no pocas personas, medianamente inteligentes y honestas, libres, amantes de la verdad, ante tanta incoherencia, se retiren a sus monasterios íntimos haciendo que los templos aparezcan aún más vacíos.

La Iglesia no tiene que cambiar. La Iglesia lo que tiene que hacer es mostrar el evangelio, la palabra de Cristo, con claridad, sin tergiversaciones al mundo. La Iglesia no tiene que cambiar porque solo tiene que ser fiel al mensaje de quien es el camino, la verdad y la vida. Los que tienen que cambiar son los que componen la jerarquía. Los que tienen que cambiar son los Papas, yendo con su tiempo, que no significa ir contra Jesús de Nazaret, sino todo lo contrario, acercarse a Él con valentía y de su mano dar lecciones de amor, misericordia, perdón, acogida, unidad, paz, sacrificio, coherencia…, poniéndose de parte de los débiles, los pobres, los enfermos, los sencillos, los mansos, los que lloran, los que sufren… Los que tienen que cambiar son esos cardenales que viven en las alturas cual príncipes de poder. Los que tienen que cambiar son esos obispos que desde sus palacios dirigen cual políticos y gobernantes. Los que tienen que cambiar son esos clérigos que rodean a los obispos buscando cargos y honores, politicastros que se alían con los poderosos y pudientes, de los que reciben ayudas y servicios a cambio de sus influencias para obtener concesiones eclesiásticas, haciéndose los despistados ante los pecados públicos que éstos cometen…, mientras ponen trabas, apartan y hasta desprecian a los limpios de corazón, a los humildes, a los pobres, a los que dan luz… Los que tienen que cambiar son esos sacerdotes que toman sus parroquias como una oficina a la que van a trabajar según horario, rodeándose de personajes que los adulan a cambio de que les dejen carguillos y les permitan ciertas colaboraciones, sin mirar siquiera el daño que algunos hacen al salir del templo. Los que tienen que cambiar son esos monjes y monjas que viven más mirando al mundo que mirando al cielo, en luchas y ansias de protagonismo, individualistas, apegados a su parcela terrenal, contrarios a una unidad en los carismas, así se esté derrumbando el convento o queden dos. Los que tienen que cambiar son esos seglares que se dicen creyentes de palabra, de una vela a Dios y otra al demonio, presos del simple cumplimiento, del externo viva la Virgen y el Patrón del pueblo, del putisantismo.

Que ha habido y hay, por otro lado, papas, cardenales, obispos, clérigos y sacerdotes ejemplares y santos, desde luego que sí, faltaría más. Que hay misioneros que son viva imagen de Cristo, por supuesto. Que hay religiosos y religiosas modélicos, implicados plenamente en la luminosidad propia de su orden, pero sabiendo siempre que el brillo mayor es el Señor, claro que sí. Como hay seglares coherentes, comprometidos, fieles, entregados y serviciales. Pero es que de no ser así, la Iglesia se hubiera acabado ya hace mucho tiempo.

Se han cumplido cinco años de la elección de Francisco como sumo pontífice y hay que ver cuántos elogios a su labor desarrollada, pero también cuántas reprobaciones. Y es que los que cuelan mosquitos y se tragan camellos, los martillos de herejes, los sabios y entendidos, los escribas y fariseos, los miembros del sanedrín…, nunca desaparecen, siempre están ahí, al acecho, porque la ley es la ley, como si el sábado no se hubiera hecho para el hombre.

Confiemos en el Espíritu Santo y dejemos que la Historia juzgue. Una historia, la de la Iglesia, llena de grandes luces pero también de enormes sombras, no pocas, tan negras que hasta avergüenzan. Sombras que, algunas, siguen ahí, cegando, frenando, haciendo que se vaya a remolque, construyendo fallas, sembrando anacronismos…., sin dejar pasar la claridad que aliente vanguardias, abra caminos, vaya por delante…, e impregne todo de un resplandor deslumbrante capaz de cambiar la sociedad por completo, tal y como sucedió en el mundo con la aparición del cristianismo hace ya dos mil años.



  

sábado, 10 de marzo de 2018

CARTA A JOSÉ MANUEL TRAS SU TEMPRANO FALLECIMIENTO ASÍ ESTÁ MEJOR, ¿VERDAD?


Querido José Manuel:

Por más que sé que la muerte es esa sombra que está ahí, a tu lado, rondándote todos los minutos para, en el momento que menos te lo esperas, clavarte su cuchillo de niebla fría; por más que sé que a todos nos tiene apuntados en su cuaderno de tiempo en el que a cada uno nos pone un reloj de arena en el que marca la hora a su capricho; por más que sé que morir es tan real y necesario como nacer, no puedo menos que rebelarme por tan innoble injusticia y expresar mi más hondo desconcierto ante el dolor que me invade cada vez que alguien cercano se me va. Como ahora, como hoy, contigo, que, lleno de vida, de ilusiones, de creatividad, de obras de arte en tu mente y amor que dar en tu corazón, la sombría y esquelética forma sin fondo te ha señalado con su dedo largo y negro dibujándote un cáncer agresivo y rápido en medio del pecho y con tan solo veintidós años te ha llevado para hacerte de ceniza y olvido eterno.

Ahora, amigo, ahora que tan de moda está la denuncia por acoso, yo propongo denunciar en todos los juzgados del mundo a la muerte por acosadora, porque no deja ni un solo instante de perseguirnos, porque vayamos donde vayamos, estemos donde estemos, ahí que anda, mirándonos, acorralándonos, siguiéndonos…; y porque en contra de nuestra propia voluntad se acerca, una y otra vez, sigilosa, y se pone a jugar a los dados con cada uno de nosotros, y por más que le decimos que no, que se vaya, que la odiamos, que la rechazamos, más se ríe, porque bien sabe que claudicaremos y acabaremos acostumbrándonos a su presencia, tanto que hasta terminaremos aceptándola e incluso queriéndola, pues por algo hemos de pasar con ella el resto de nuestra eternidad.

Adiós, José Manuel. Gracias por venir en Jaén a buscarme siendo un adolescente para formar parte del Grupo de Teatro Maranatha. Gracias por tantas representaciones haciendo de hijo en la obra “Malos tratos”, a beneficio siempre de los necesitados. Gracias por hacerte mayor a nuestro lado. Gracias por tu sencillez, tus sueños de artista, tu magia… Gracias por vivir en ese mundo tan singular que te construiste, siendo tú especial, único, distinto, diferente. 

Bien sabes que tu madre, tu novia y tu padre Javi no te olvidarán nunca. Tampoco tus amigos de reparto: José Luis, María de los Ángeles, Juani, César, Sonia, Fernando, Lucía y Adolfo… Ni yo.

Y te confieso también que, pese al dolor que siento, algo dentro, tras tu partida, me invita a la sonrisa. Porque desde la fe y la esperanza te veo gozoso en las alturas. Un chico como tú, que tanto ha hecho por los demás en tan poco tiempo, no puede quedarse en la “nada” de la que hablabas en la obra, pero sí dentro de la última frase que pronunciabas en ella dirigiéndote al público: Así está mejor, ¿verdad?, le decías…, cuando el matrimonio se abrazaba sin el menor rastro de malos tratos en medio de ellos…

Pues, “así está mejor, ¿verdad?”, te digo yo ahora desde aquí, sabiendo que Dios te abraza para siempre.

Que seas feliz.


martes, 27 de febrero de 2018

LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA


Tuve un amigo en tiempos de la transición con el que compartía sueños literarios. Nadie como él supo de mis esfuerzos por sacar una revista adelante y algunos poemarios disfrutando de la libertad que la democracia nos traía. Algo que sin embargo él no llevaba bien, considerando aquellos años tiempo de traidores a Franco, empezando por el Rey y terminando por Suárez. Perteneció al OPUS y se casó con una chica de Almería en la mismísima catedral rodeado de un boato extraordinario. Luego, se hizo de Fuerza Nueva, trabajando para el partido en algunos eventos de propaganda…

Y le perdí la pista. Lo último que supe de él era que vivía en Barcelona. Hasta hace algunos años que vi una foto suya en la prensa, con el puño levantado cantando La Internacional. Entonces me interesé por él y supe que se había hecho de la izquierda radical y se dedicaba a organizar congresos, actos culturales, mítines y asambleas, aparte de tener una importante editorial en la que sólo publica y distribuye libros de la onda. Fundó una ONG ecologista y una agencia mediadora en restauración de obras de arte. Se hizo de una gran fortuna. Ha recibido varios reconocimientos y distinciones. Se divorció y se casó dos veces más por lo civil. Ahora vive en una casa de lujo en la zona de Vallmajor, con una tailandesa veintiún años menor que él.

Por You Tube pude verlo hace unas semanas dando una conferencia en la que despotricaba contra Felipe VI, Rajoy, el Partido Popular, Ciudadanos, los fascistas de la derecha, los carcelarios de presos políticos y demás corruptos del gobierno, mientras lanzaba enérgicas soflamas a favor de la independencia de Cataluña, el reparto equitativo de la riqueza, el justo control del estado, la solidaridad del pueblo para con el pueblo y no pocas alabanzas al marxismo, el castrismo y el madurismo.

Y curiosidades de la vida. La semana pasada, estando en Córdoba, paseando con mi nieto por el parque de la zona centro, nos cruzamos. Él, bastante calvo ya, con la barba como de una semana, vestía a la manera pobre, con pantalón vaquero rasgado, camiseta negra descolorida, cazadora color verde oscuro con las coderas raídas, calcetines bajos y zapatillas de deporte grises.

–Hombre, Ramón. Cuánto me alegro de verte después de tanto tiempo. ¿Vives en Córdoba?
–Lo mismo digo. Y no, no vivo en Córdoba, ando visitando a mi hijo y su familia.
–Pues yo vivo en Barcelona. Aunque tengo un apartamento ahí cerca, en la otra parte del río.
–¿Qué estás…, de vacaciones?
–No. Ahora estoy aquí por motivos de trabajo. Tengo que entrevistarme con algunos políticos en Sevilla.
–¡Qué bien! Como has sabido entender la vida, ¿eh? Has dado un giro de ciento ochenta grados, macho. Se ve que en la derecha sólo encontraste frío y soledad. Que ser independiente suponía quedarte perdido en medio de un desierto pedregoso. Y que era en la izquierda donde se hallaba el calor, el buen rollo, el compañerismo, la colaboración y las ayudas. ¿Verdad?
–Bueno. Hay que vivir. ¿Y tú, qué? ¿Sigues siendo tan beato?
–Lo que sigo siendo es sólo un buscador del hombre y de Dios.
–Pues te equivocaste y te equivocas, amigo. Dios es un cuento. Cuando te mueras te comerán los gusanos y punto.
–Lo mismo el equivocado eres tú, que vives en la falsedad y la doblez. Disfrazado permanentemente y sin espejos donde poder mirarte para que no te hundas en la vergüenza. Y que sepas que a ti también te comerán los gusanos.
–A mí no. Ya he dejado dicho que me incineren.
–Vale.





lunes, 12 de febrero de 2018

HUMAREDAS NEGRAS


Hoy en día, cualquiera que eche un vistazo a su alrededor, inmediatamente llega a la conclusión de que las cosas no marchan bien.

Y es que nunca marchan bien las cosas. Nadie, en el fondo, está contento. Nadie, en verdad, es feliz. Se puede sentir la alegría, el gozo, los sueños…, pero siempre por un rato, por unas horas, por un tiempo…

Y a nivel de sociedad, para qué decir… Políticas denigrantes, desigualdades, ambiciones, mentiras, robos, independentismos, corrupción… Normas para favorecer las rupturas, la incredulidad, la desesperanza… Progresismos para dividir, alterar, romper… Ideologías para desestabilizar, aniquilar, destruir…

Y a todo esto, injusticias, crímenes, atentados, intolerancias, racismo, desempleo… Desigualdades horrendas, donde mientras unos viven en el lujo, la opulencia y el derroche, otros apenas tienen para ir tirando.

Y quejas, descontentos, críticas, intereses, peleas… Y a pie de calle, gran cantidad de divorcios, matrimonios gais, abortos legalizados, infidelidades, adulterios, madres solteras, violaciones, ideología de género, pederastia, violencia entre sexos, feminismo radical, que ha ido derivando, por la ley del péndulo, desde la lucha por la liberación del cuerpo de la mujer hasta un puritanismo rancio, donde hasta se prohíben cuadros de desnudos en los museos… En fin, como para echarse las manos a la cabeza.     

Por lo que concluimos que, sin duda, esto no va por buen camino, que así no se puede seguir, que acabará mal… Que el ser humano ha perdido el norte, sus valores, su grandeza, su altruismo… Que estamos desunidos, desorientados, perdidos, muertos.

Bien. De acuerdo. Pero no es cierto que todo esto sólo ocurra hoy. El hombre, desde que lo es, ha sido siempre el mismo. Dicen que en el Paleolítico eran igualitarios, que todo lo compartían…, sin embargo en Atapuerca se habla de canibalismo. Dicen que en el Neolítico todos participaban en el reparto de tareas, pero las diferencias de clases ya es más que evidente. Dicen que la fe antes sí que era valiosa, pero la misma Biblia, particularmente el Antiguo Testamento, está llena de violencia, castigos, opresión, persecuciones, invasiones, malos augurios, cautiverios, terror, guerras, con tomas de ciudades pasando a cuchillo a niños, mujeres y ancianos…

¿Terrible, entonces, esto que estamos viviendo en nuestro primer mundo…? ¿Terrible?... Terrible los sacrificios humanos a los dioses, la absoluta discriminación milenaria de la mujer, la esclavitud, los siervos del feudalismo, los súbditos de los reinos, los negros de la África colonizada, las hogueras de la inquisición… Terrible las contiendas, el caciquismo, el poder terrenal de la Iglesia, las miserias, las pestes, el analfabetismo, la incultura, las dictaduras, el fanatismo, la yihad, los campos de concentración, las cámaras de gas, los genocidios, las lapidaciones, los ahorcamientos a los homosexuales, las penas de muerte… Terrible los cristianos asesinados en infinidad de lugares, los que no pueden expresarse libremente, los que se montan con desesperación en las pateras y no llegan a la costa, los refugiados sin refugio, los que mueren por las bombas, o de hambre, o por falta de un medicamento básico, o por soledad…

No. Nada de que hoy esto va mal. Todo ha ido mal siempre, desde siempre, y peor, mucho peor antes, porque el mal lo lleva el hombre en su adentro…, igual que lleva el bien. De ahí que en medio de todas las humaredas negras que levanta continuamente sin poderlo evitar, encienda sin descanso, una y otra vez, una esperanzadora linterna para ver por donde acercarse más y más a la luz.              

sábado, 20 de enero de 2018

PALABRAS QUE MATAN

Cuando uno de mis mejores amigos estaba mortalmente herido por el cáncer y fui a visitarlo, me quedé, al verlo, profundamente impresionado. Sin embargo, guardé la compostura, sonreí y le dije, con la pretensión sobre todo de animarlo y darle fuerzas, que lo veía bien, pero que muy bien de aspecto.

Me miró entonces fijamente y con lágrimas en los ojos me dijo que me agradecía mis palabras. No sabes, amigo, lo que me duele cuando alguien se cruza por mi lado y me dice lo mal que me ve. “Pero qué demacrado y estropeado estás.” “No eres ni sombra.” “Estás muy flaco.” “Te veo fatal.” “Te has quedado sin pelo.” “¿Es que tienes algo malo?...” Palabras que se dicen y salen por la lengua como cuchilladas frías que congelan la sangre. Palabras ingratas y miserables que duelen, que hieren, que matan.

A mí, una familiar mía, en mi sensible adolescencia, en cada ocasión que venía del pueblo y me veía, una y otra vez me decía, como con asco, con perversa intención, con recochineo sublime, remarcando hondamente las palabras: “¡Hijo, pero qué largo y seco estás!” Y ante mi alarmante cambió en la expresión y mi zozobra, se daba media vuelta y se perdía tan feliz.

Pasado el tiempo, tras tomar consciencia de que al decírmelo y ver que me dejaba turbado y con la autoestima por los suelos, y ella satisfecha en su amarga malicia, decidí hacerle oídos sordos. Y confieso de todo corazón que se evitaba verla, mucho mejor.

Desde entonces, sabiendo lo que duele esas formas de expresarnos, jamás he dicho a nadie ni qué bajo, ni qué seco, ni qué largo, ni qué gordo, ni qué feo, ni qué calvo, ni qué viejo estás… Desde un principio me negué a pagar con la misma moneda y eso que me sobraban las razones para hacerlo. De ahí que siempre intente, ante la presencia de alguien, expresar algo agradable, y si no me sale de dentro, guardo silencio. Porque nunca se sabe el porqué de esa apariencia, la llaga que esconde, el calvario por el que se puede estar pasando para que encima venga yo a cargarle con más peso y más dolor.

Y el caso es que, pese a que todos sabemos que estas expresiones molestan, levantan ampollas, no gustan, están de más, desaniman y hieren…, se dicen con demasiada frecuencia. Algunos hasta parece que salen a la calle cada día con la pistola cargada y no regresan a gusto si no la disparan a quemarropa.

¿Y esto por qué? Seguro que es porque así descargan en cierto modo el trauma que llevan dentro fruto de su propia disconformidad consigo mismo. También porque la envidia ciega y uno ve en el otro lo que no quiere ver en su propio espejo. Y no pocas veces lo hacen, sencillamente, porque son malas personas.  

Dejo aparte el pensar que pueden hacerlo por ignorancia. De ignorancia nada. Todos nacemos con la impronta en la conciencia de que se debe tratar a los demás como a ti te gustaría que te trataran, que es lo mismo que saber, y más cuando no se te ha dado vela en ese entierro, que no has de decir a nadie lo que no te gustaría que a ti te dijeran…

Pues a ver si lo hacemos para bien de todos.