
Y es que se
han dado cuenta de que el populacho ha dejado de tener fuerza. Lo tienen
atontado, dividido y entretenido. Cada cuatro años se le convoca a echar el
papelito y punto. Y aunque digamos, en un destello de lucidez, que no cuenten
con nosotros para más parafernalias, después, como saben montar muy bien el
circo y hacen como que se pelean y discuten, nos animan, y mucho más cuando
todos acaban, entre musiquitas y
despliegue de banderitas, de acuerdo en que lo importante es que votemos porque
estamos en una prodigiosa democracia que nos llevará al país de las maravillas.
Y ¡hale!, ya convencidos, a votar, a legitimarlos otros cuatro años de chica y
gorda.
Y si te vi
no me acuerdo. Se lavan las manos, se limpian el polvo de los caminos, se
perfuman y se encierran en sus despachos de lujo. Y, venga, a comer y a beber
gloria bendita, a viajar a países lejanos y hospedarse en hoteles con más
estrellas que en el universo hay, a visitar los mejores locales, a vestir de alta
costura, a asistir a recepciones, actos, convites, a recibir tratamientos, saludos
e inclinaciones, a ver crecer sus cuentas corrientes de por vida..., y tan
panchos, con más cara que espaldas, dándoles igual si el paro aumenta
escandalosamente cada mes, o si miles de familias pasan hambre física, o si se
ven cada día en la calle miles de criaturas por desahucios, o si la miseria es
ya inaguantable en muchos pueblos... o si el cabreo de la sociedad es
monumental. Ellos a lo suyo. Y más falsos que Judas. (Bueno Judas al lado de
muchos es un verdadero santo. Él comprendió su error y presa de su desesperación
se ahorcó.) Ellos nada de nada, ni aceptación, ni desesperación, ni pesar alguno, hipocresía pura y dura. Pues no ha llegado un conocido presidente de una
importante empresa pública de la corrupta Junta de Andalucía, Invercaria (“creemos en personas, invertimos en futuro”, es su lema”, manda huevos), a decir en una entrevista reciente que lo que más
valora de las personas es la honestidad, y ahora resulta que se ha hinchado de
comer en los restaurantes más caros a costa de los escandalosos y sangrientos
impuestos que pagamos.
¿Y la
justicia? La justicia no existe. Las leyes las hacen ellos mismos y por lo
tanto no les pueden perjudicar. Empezando por la inmunidad parlamentaria y
terminando porque nunca dan con los huesos en la cárcel, y si acaban por ser más
que escandaloso el hecho, existen mil maneras de menear la perdiz..., y a la
calle. Y nunca devuelven el dinero. Jamás. Ningún mandamás devuelve el dinero robado. Con
lo fácil que serían los veredictos: “Usted,
señora o señor mío, a la cárcel hasta que no devuelva el último céntimo.”

Buscando a ver si aparecía escrito lo que expresó en la radio, hace unos días, sobre el famoso árbol de Ubeda, el laurel que se atreve a crecer frondoso ¡qué me encantó! y los versos que le dedicó también. Pero, en vez de éso, me he encontrado con este artículo, que no puede expresar mejor el sentir de muchas personas, yo diría que de la mayoría de los ciudadanos, pero ¡a saber! En fin, que lo ha expresado Ud. estupendamente. Y desde luego, estoy totalmente de acuerdo, los políticos han conseguido atontar, dividir y entretener al pueblo.
ResponderEliminarBuenas noches Don Ramón soy Seba un alumno suyo de viva. Del arzobispo perdí su telefono y no puedo contactar con huted me gustaría pudiese asistir a la presentación de un libro bueno un cuento que a escrito mi hija tiene un carácter educativo y orientado a eliminar complejos en los niños será el próximo sabado 16/03/18 en Úbeda a las 12,30. Mi tlf 696983544
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