martes, 6 de noviembre de 2012

¡QUÉ ASCO!


Los políticos, definitivamente, han perdido la vergüenza. Les da igual lo que el pueblo opine, se pasan por el arco del triunfo las críticas, los insultos, las mofas, las protestas, los silbidos, las manifestaciones, las huelgas... Ellos han alcanzado la cima del poder y así lluevan chuzos de punta, ni se inmutan. Ande yo caliente...

            Y es que se han dado cuenta de que el populacho ha dejado de tener fuerza. Lo tienen atontado, dividido y entretenido. Cada cuatro años se le convoca a echar el papelito y punto. Y aunque digamos, en un destello de lucidez, que no cuenten con nosotros para más parafernalias, después, como saben montar muy bien el circo y hacen como que se pelean y discuten, nos animan, y mucho más cuando todos acaban, entre  musiquitas y despliegue de banderitas, de acuerdo en que lo importante es que votemos porque estamos en una prodigiosa democracia que nos llevará al país de las maravillas. Y ¡hale!, ya convencidos, a votar, a legitimarlos otros cuatro años de chica y gorda.

            Y si te vi no me acuerdo. Se lavan las manos, se limpian el polvo de los caminos, se perfuman y se encierran en sus despachos de lujo. Y, venga, a comer y a beber gloria bendita, a viajar a países lejanos y hospedarse en hoteles con más estrellas que en el universo hay, a visitar los mejores locales, a vestir de alta costura, a asistir a recepciones, actos, convites, a recibir tratamientos, saludos e inclinaciones, a ver crecer sus cuentas corrientes de por vida..., y tan panchos, con más cara que espaldas, dándoles igual si el paro aumenta escandalosamente cada mes, o si miles de familias pasan hambre física, o si se ven cada día en la calle miles de criaturas por desahucios, o si la miseria es ya inaguantable en muchos pueblos... o si el cabreo de la sociedad es monumental. Ellos a lo suyo. Y más falsos que Judas. (Bueno Judas al lado de muchos es un verdadero santo. Él comprendió su error y presa de su desesperación se ahorcó.) Ellos nada de nada, ni aceptación, ni desesperación, ni pesar  alguno, hipocresía pura y dura. Pues no ha llegado un conocido presidente de una importante empresa pública de la corrupta Junta de Andalucía, Invercaria (“creemos en personas, invertimos en futuro”, es su lema”, manda huevos), a decir en una entrevista reciente que lo que más valora de las personas es la honestidad, y ahora resulta que se ha hinchado de comer en los restaurantes más caros a costa de los escandalosos y sangrientos impuestos que pagamos.
                                                                                 
            ¿Y la justicia? La justicia no existe. Las leyes las hacen ellos mismos y por lo tanto no les pueden perjudicar. Empezando por la inmunidad parlamentaria y terminando porque nunca dan con los huesos en la cárcel, y si acaban por ser más que escandaloso el hecho, existen mil maneras de menear la perdiz..., y a la calle. Y nunca devuelven el dinero. Jamás. Ningún mandamás devuelve el dinero robado. Con lo fácil que serían los veredictos: “Usted, señora o señor mío, a la cárcel hasta  que no devuelva el último céntimo.”     
 Pues claro. Tontos que son. Hoy por mí y mañana por ti. Y como todos tienen los bolsillos sucios..., a seguir así que esto sigue marchando. Marchando por el camino de vivir que son dos días y el que venga detrás que arree..., y a reírse, a reírse de todo... Como me río yo cuando oigo llover y estoy en una habitación de hotel en pleno centro de Moscú donde la noche me cuesta 1.600 eurillos de nada. ¡Qué asco!


1 comentario:

  1. Buscando a ver si aparecía escrito lo que expresó en la radio, hace unos días, sobre el famoso árbol de Ubeda, el laurel que se atreve a crecer frondoso ¡qué me encantó! y los versos que le dedicó también. Pero, en vez de éso, me he encontrado con este artículo, que no puede expresar mejor el sentir de muchas personas, yo diría que de la mayoría de los ciudadanos, pero ¡a saber! En fin, que lo ha expresado Ud. estupendamente. Y desde luego, estoy totalmente de acuerdo, los políticos han conseguido atontar, dividir y entretener al pueblo.

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