domingo, 16 de diciembre de 2012

EL FIN DEL MUNDO


Qué bien, amigos, me da tiempo a despedirme de ustedes. Todo un honor. Y lo hago desde mi humilde blog, haciéndoles constar que este será mi último comentario. Dentro de nada, como todo el mundo sabe, el 21 de diciembre, se acaba el mundo. Así que hemos de estar tristes por un lado, pero muy felices por otro. Dinero que nos vamos a ahorrar. Ya no tendremos que gastar en marisco, ni mantecados, ni licores para la nochebuena, y menos para año viejo, y nada en regalos de Reyes. Adiós a los problemas de hipotecas, luz, agua, basura, impuestos, contribución, IVA, IRPF... Adiós al miedo a un terremoto gordo después de los cientos pequeños que venimos sufriendo. Adiós a los amigos del alma. Adiós a los enemigos que no se cansan de hacer vudú para que te fastidies. Adiós al trabajo y adiós al horror de estar en el paro. Adiós a tanto político corrupto y sinvergüenza... Desde mañana ya no tendremos por qué preocuparnos, ya no hará falta protestar para que terminen de una vez la carretera que une nuestro pueblo con Jaén capital, porque por la que transitamos desde hace muchos años, repleta de bandas sonoras, estrecheces, curvas mortales, baches y mala señalización, es, más que tercermundista, criminal. También vamos a respirar tranquilos porque ya no habrá árboles impertinentes tapando las asombrosas piedras doradas de nuestros monumentos, así que los Caballeros 24 podrán descansar tranquilos, no va a quedar, se lo aseguro, hoja sobre hoja, todo pelado. Tampoco, en este caso, hemos de mover un dedo por recuperar las decenas de monedas de oro robadas en las estancias del Ayuntamiento a todo el pueblo en una madrugada. ¿Para qué?, si ya todo se va a convertir en ceniza. Que se joroben los ladrones...

            Pues nada, amigos, como sólo quedan unas horas, sean sensatos y aprovéchelas, váyanse de juerga y gasten hasta el último euro que tienen. Sáquenlo de la cartilla o del fondo del colchón, donde quiera que lo tengan guardado y, ¡hale!, a la buena vida, a vivir que son dos minutos. Después... Después, Dios dirá. Al cielo o al infierno, depende de lo mucho que hayamos salido o no en las procesiones, porque si la salvación depende de otros motivos, me da la impresión de que nadie va a gozar del banquete eterno, que con esta mala leche que arrastramos todos desde que nos invadió la crisis, pocas papeletas tenemos de salvarnos...

            Lo malo, lo malo es si los mayas y los cuatro vividores del cuento se equivocan y resulta que pasa el 21 y nada sucede que no suceda otro cualquier día del año. Entonces, entonces es que no tengo más remedio que darme cuenta de que soy un bobo, un tonto de remate, un idiota ignorante, un imbécil más de tantísimos como hay en Úbeda y en el mundo entero.

El 22 sabremos la respuesta, después de publicidad.


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