miércoles, 18 de marzo de 2026

VOLVER A LA VIDA

Volver a la vida es siempre algo que debemos agradecer a Dios. 

 

Y yo he vuelto a vivir y a escribir después de un paréntesis de dos meses justos. He abierto los ojos y he mirado el mundo que me rodea y lo veo todo igual y diferente. Igual en tanto nada ha cambiado y diferente en cuanto todo tiene otro color, otra forma de ver las cosas, otra manera de sentir y afrontar los problemas.

 

Nada ha cambiado porque veo a mi alrededor las mismas actitudes y formas de ser. No hay manera de cambiar ni de rectificar. Todo es como un teatro donde cada cual cumple un papel, donde todos son de una forma de ser que no cambia, que es intrínseca a su personalidad, que no varía por más que se quiera. Un teatro que busca dramatizar la escena con la discusión y las ganas de complicarnos la vida.  

 

Pero también todo es diferente en lo personal. Uno llega a la conclusión de lo efímera que es la vida, el poco tiempo que nos regalan y lo mal que lo aprovechamos. Y siente en lo profundo la necesidad de ser mejor. Es algo así como si se les abrieran los ojos y viera, como mirando por las gafas de visión nocturna, lo que antes no veía y busca estar ajeno a cuanto pueda herirle.

Son sensaciones de llegada, como si uno viniera de un país lejano y desembarcara en un puerto donde acaba de nacer la primavera. Y es hora del reposo, del descanso, de la relajación. Es hora de la contemplación, de mirar dentro del ser y dejar de discutir por trivialidades. Es el momento de ascender en libertad a las alturas de la soledad y no querer saber de ataduras envueltas en críticas mundanas. Es el instante de que nada te preocupa porque nada es lo suficientemente relevante como para amargarte el sendero que lleva a la esperanza.

 

Una esperanza agradecida por tanto que sé habéis pedido por mí. Han sido oraciones sinceras que no han caído en saco roto, que han sido escuchadas por el Altísimo y han dado fruto. Nunca tendré, por mucho que viva, palabras suficientes para agradecer tanta generosidad y grandeza de corazón. 

 

Me alegra saber que sigo vivo. Que abrí los ojos después de atravesar el túnel del silencio, como tantas veces los he cruzado en el camino entre olivares que he venido haciendo a lo largo de los años, mientras me decía a mí mismo que igual que los cruzaba en esos momentos, algún día los cruzaría en el vuelo al infinito. 

 

Me alegra volver a mi blog. A este blog en el que escribo para mí sin que me importe demasiado el número de lectores. Por supuesto que me encantaría que fueran millones, pero ante tal imposibilidad me doy por satisfecho en cuanto sé, y ahora más, que lo importante no es triunfar en este mundo, sino adquirir un talento que te permita multiplicarlo haciendo el bien sin herir a nadie.

 

Me alegra seguir sembrando azucenas en las que olvidarme cuando todo cese y mi rostro se deje reclinar sobre el Amado. 

 

Me alegra vivir. 

 

Bienvenidos de nuevo a mi blog. Gracias.   

domingo, 4 de enero de 2026

LA VOLUNTAD DE DIOS

La vida tiene estas cosas, uno se encuentra bien mientras va caminando por la senda clara y por una prueba cualquiera te detectan algo extraño y entonces el camino se torna nublado y frío. 

 

Y hemos de estar preparados. Ya nos lo dice el evangelio. Velad porque no sabéis el día ni la hora…, permaneced con los candiles encendidos para que cuando venga el Esposo os encuentre vigilantes.

 

También estamos todos dentro del Huerto de Getsemaní en plena noche. En cualquier momento nos atrapan las sombras y cae sobre nosotros el cáliz que ha de beberse. Entonces aparecen la angustia, el miedo, la pesadumbre, los sudores de sangre…, y si el cáliz no se retira de los labios no queda más que mirar a Dios y decirle que se haga su voluntad.

Y entonces Dios envía el ángel de la templanza que te conforta y te consuela, y todo se ve de otra dimensión, con otro fondo, desde otra perspectiva, y comprendes que hemos nacido para esto, para la mortalidad, pare dejar de ser, para desaparecer.

 

Y aquí se halla uno ante sí mismo. No hay nadie más. No hay más palabras que las que te dice tu propio espejo: No hay nada, todo es nada, nada es todo. O todo es todo. Y palpas que hay una mano tendida de alguien superior que te dice: “Yo soy la resurrección y la vida”.

 

Y ahora sientes una paz esperanzada. Todo queda en manos de ese Padre Creador que nos dio la existencia. Y comienza el tiempo de la lucha para superar la prueba. Y la prueba puede ser vencida y volver a la senda clara, al gozo de vivir en libertad, a la alegría de ver que te han regalado unas cuantas hojas más del calendario que te dejaron dentro del corazón al nacer. 

 

Pero el camino, por más que se prolongue ante nuestros pies, se ve que concluye al final de la recta, tras cruzar una última curva con socavones, por lo que una vez más hemos de estar preparados, porque tras ella, tras cruzarla, y ver la meta hecha precipicio, ya no hay vuelta atrás.  

 

Es decir, que la vida y la muerte son las dos caras de una misma moneda que de vez en cuando es lanzada al aire a ver qué cae. Y lo mismo a quien ahora le sale cruz, mañana le sale cara. Pero la verdad es que, si te fijas, la que marca cruz es mucho más grande, poderosa y dominante. Por lo que llega un momento en que se va extendiendo hasta acabar con la que muestra un rostro en el anverso, el tuyo, que acaba desapareciendo, diluyéndose, y entonces, al ser lanzada, solo caerá por el envés. Y fin.  

 

Pero seamos felices. Mientras estemos aquí hay infinidad de motivos para la dicha, hay maravillas a nuestro alrededor, hay colores y sabores y amores que merecen la pena disfrutarlos y hay sueños por cumplir. Mientras estamos aquí y en este momento es señal de que existimos y sentimos, estamos realmente viviendo, porque en el pasado vivido dejamos de estar y en el futuro aún no estamos porque no existe. 

 

Un año nuevo nos llega. Doce apasionantes meses por delante. Que seáis todos muy felices. 

 

Yo, desde mi Getsemaní particular, pido por todos vosotros y por mí, mientras le digo a Dios que se haga su voluntad y no la mía.