Ya cansa el tema de las subvenciones.
Que no.
Que, al menos por un tiempo, se acabó el vivir del dinero de todos. Que ha sido
de locura el hecho de tener una ocurrencia y correr al organismo público
correspondiente para que la pague. Que se me ocurre escribir un libro, o montar
con cuatro una obra de teatro, o hacer una película, o que venga por aquí la
sinfónica de Viena, o que se acerque a dar una charla Iker Casillas, o crear un
asociación de amigos de la capa..., y ¡hale!, a que el Ayuntamiento me pague
todos los gastos correspondientes, o la Diputación , o la Junta , o el Gobierno...

Que no. Que
el que quiera música, o contar chistes, o hacer una película, o traer conferenciantes,
o montar una fiesta de barrio, o vestir con capa y sombrero..., que se lo pague,
o lo paguen los que asistan.
Que no. Que
no estoy de acuerdo con que el dinero público venga a costear los deseos de los
iluminados de turno. Todo lo más que acepto es que se le ayude algo en los
comienzos, en los orígenes, con una condición: que no se tenga en cuenta el
color de los ojos del solicitante, ni se mire si es de izquierdas, derechas o de
ninguno. (Aunque en este caso puede evitarse la solicitud puesto que nunca será
subvencionado. Y esto es obvio, en cuanto la independencia tiene el alto precio
de la indiferencia y el olvido más absolutos)... Y luego, como los pájaros, a
salir del nido del apoyo oficial y oficialista, y a volar en libertad, que es
como de verdad tiene mérito y valor el vuelo.
Que no, amigos
chupones, que ya está bien de salir a los medios de comunicación a protestar
porque este año no os dan los miles de euros de todos los años. Que no. Que,
gracias a Dios, se está acabando el mamoneo, porque, aparte de que los
dirigentes no tienen un solo euro, también se han dado cuenta de que éste es el
momento de quitarse del cuello a tanta incansable sanguijuela chupóptera.
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