Lo del independentismo no tiene punto de comparación. El daño que tanto el País Vasco como Cataluña vienen haciendo a España es gigantesco.
El que los presos de ETA estén saliendo a la calle después de haber sido condenados a cientos de años de cárcel es inconcebible. Que venga Otegi a expresar que en la final de la copa del Rey se llene el estadio de Sevilla de ikurriñas para demostrar que Euskal Herria no es España es insólito. Que se pite al himno de España por parte de los seguidores donostiarras es increíble y que incluso se quieran cargar una caravana en la carretera, lanzándola a la cuneta, porque lleva la bandera del Atlético junto a la de España, es también inaudito.
Pero si nos vamos a Cataluña, eso ya es el colmo. Que el desertor de la justicia, el señor Puigdemont salga criticando al presidente del gobierno, llamándolo sinvergüenza, por no hablar en la reunión llevada a cabo en Barcelona, de líderes progresistas, de la independencia de las cuatro provincias de la esquina noreste es como para tirarse al suelo partidos por la risa.
Pero lo relevante aquí es el ataque que se le ha hecho al escritor, Premio Cervantes, Eduardo Mendoza, por decir que San Jorge, o San Jordi, no pinta nada en el día del libro. Primero porque San Jordi era un maltratador de animales y segundo porque además no sabría ni leer.
Y hasta tanto ha llegado la polémica que no pocos activistas catalanes han pedido que le sea retirada la medalla de San Jordi, que le fue concedida por la Generalitat en el año 1995, gobernando el que después sería imputado, el molt honorable president Jordi Puyol, además de pedir que libros de Mendoza sean quemados públicamente en la plaza el día de San Juan, como si aún estuviéramos en el medievo.
Todo es inventar fechas para dar realce al nacionalismo. Y si el resto de los españoles ya tiene el día 14 de febrero como día dedicado a los enamorados, los catalanes han puesto el 23 de abril, sin ser conscientes de que eso de la rosa, como símbolo de amor, junto al libro no es más que un invento comercial.
Y a todo esto viene de nuevo el Sr. Puigdemont, que no cesa de pretender hacerse visible, como para que no se le olvide, y lo ha catalogado de resentido y de nacionalista… Apartarte que me mancho, le dice la sartén al cazo.
Y no pasa nada. En España nunca pasa nada que venga a propuesta de los independentistas. Si alguien aquí, tan retrógrado y nazi como puede ser cualquier ciudadano dijera lo de Otegi o lo de Puigdemont ya estaría encarcelado por delito de odio.
Y si es por hacer apología de su supremacismo pidiendo que se quemen los libros de
Mendoza, después de ver las barbaridades que se han cometido en la historia arrojando libros a la hoguera, cuando ningún libro, por malo que sea, debe ser condenado al fuego, no viene más que a demostrar los insensatos que rigen las numerosas plataformas separatistas. Las de esos que viven del cuento y siguen tantos descerebrados.








