martes, 27 de julio de 2021

LA NUEVA EDUCACIÓN

Desde siempre, los seres humanos han considerado necesario establecer unos valores que favorecieran la convivencia y los hicieran alejarse del mundo de la animalidad, hasta el punto, no hace tanto, de constituirse una sociedad basada en el exagerado refinamiento y pulcritud, sobre todo en las altas esferas, a las que, a su modo, intentaban imitar también los menos pudientes. 

 

Aún recuerdo las enseñanzas recibidas en mi casa de niño, donde no había riqueza material alguna. Cómo sentarse a la mesa, cómo usar los cubiertos, cómo comportarse en la calle, en la escuela, con los vecinos, en los medios de transporte… Esto no se hace, esto no se dice, esto no se coge… Tienes que ser bueno, cumplidor, veraz, amable, servicial… En definitiva, pobres pero honrados. 

 

Sin embargo, hoy, todo esto importa poco. Lo importante es ser hábil para mentir, engañar, ganar dinero, hacerte camino en medio de la selva que nos hemos tristemente creado. Y nada de estilo, ni cortesía, ni corrección. Poco en las formas y nada en el fondo. El mundo al revés. Donde antes, ser educado, amable y respetuoso eran llaves que abrían puertas, ahora son candados que las cierran. Si llegas a algún lugar con humildad, prudencia y buenas maneras… ni te atienden. 
 

Hace unos días en la sala de espera de un hospital llegó un hombre mayor con su esposa. Ella estaba pálida, mareada, respirando con dificultad, con un pañuelo en la boca en el que se entreveía ciertas manchas rojas. El hombre se acercó y se dirigió al funcionario de turno. Por favor, señor, perdone las molestias, le ruego que en cuanto sea posible atiendan ustedes a mi mujer que esta muy enferma, la pobre. El funcionario, un ser como un armario, con ojos de lagartija, ni respondió. Sólo hizo un gesto con la cabeza como afirmando mientras mascaba chicle. Y así pasaron, y no exagero, más de dos horas. Hasta que llegó un vocinglero maleducado con un niño que se había torcido el pie. Oye, dile al médico que salga y vea a mi niño que tiene el pie hinchado como una bota. Espere ahí y ya lo llamaremos. ¿Pero qué dices? ¿Que espere a qué? Que salga el médico, coño, que sois todos unos vagos cuentistas. ¿No pago yo mis impuestos? Pues entonces. ¡Porque es que si le pasara algo a mi Cristóbal le pego fuego al hospital entero! Y atendido al instante.  

 

Luego están los comerciales. Importunando cualquier hora de todos los días. La amabilidad de quien responde, para ellos, es señal de mayor acoso e insistencia, solo una grosería puede poner punto final. 


Y así, miles de casos. Una lucha constante. Todos con las uñas afiladas. No hay claridad, no hay delicadeza, no hay consideración. Nadie dice que no a lo que no quiere hacer, te da largas, te cansa, te aburre. Nadie es claro, tienes que interpretar los gestos, las palabras, la mirada. Y a tanto hemos llegado que nadie se fía de nadie, ni nadie quiere saber nada de nadie. Los malos modales, los insultos, los desprecios están a la orden del día.

 

Último caso vivido. En el aeropuerto de Madrid, al ir a pagar el parking, me indica la máquina, después de introducir el tique, que no admite billetes. En el cajero adjunto, un señor paga su estacionamiento. Por favor, señor, ¿tendría usted cambio de cinco euros? Ni se inmutó. Como creí que no me había escuchado, insistí. Es que como solo admite monedas y solo tengo este billete… ¿No tendría usted cambio, por favor? Recogió su tique y unas monedillas que habían caído y se marchó sin mirarme siquiera, mostrándome una indiferencia absoluta, hablándole a su perro. Vamos, José Luis, bonito, que nos está esperando la mami.

 

Y helo ahí, los perros por encima de las personas. Los animales tienen preferencia. A eso nos está llevado la nueva educación. Hasta que nos precipitemos por el abismo de la estupidez y la barbarie. 

viernes, 9 de julio de 2021

LA SUPERIORIDAD MORAL DE LA FALSA IZQUIERDA

Vuelvo a recordarlo. Cuando era estudiante en la SAFA, ya a finales del franquismo, un grupo de compañeros solían reunirse con ciertas inquietudes políticas en torno a una mesa en el interior del bar Martos. En una ocasión, fui invitado a una de las reuniones en la que uno de los cabecillas proponía vestir todos pantalones vaqueros por aquello de parecer más revolucionarios, al tiempo que exponía con insistencia que había que cambiar el rumbo de la historia posicionándonos a favor del comunismo. Recuerdo que tomé la palabra y dije que eso de comprar todos pantalones vaqueros era un contrasentido, ya que suponía hacerles precisamente la hoya gorda a los yanquis que, teniendo excedente de estas prendas de granjeros, rudas, ásperas y poco estéticas, trataban de abrir el mercado y endosárnoslas a nosotros y al resto del mundo para forrarse aún más. De modo que si entrábamos por el aro de adquirir sus pantalones no estaríamos haciendo otra cosa, aparte de aborregarnos y perder nuestra propia identidad personal, que favorecer su imperialismo capitalista. A continuación se me ocurrió también una idea tan brillante como peligrosa para empezar a poner en práctica el verdadero comunismo, y propuse que desde ese día, cuando nos juntáramos en el bar con la intención de debatir posiciones y estrategias político-sociales, por cada caña que nos tomáramos, pondríamos el mismo dinero en una hucha para, con la cantidad final ahorrada, poder ayudar a algunas de las familias necesitadas que los jesuitas tenían apuntadas en sus listas de socorro. Una cerveza para mí y otra para los necesitados. ¿Qué os parece?

Ni que decir tiene que jamás volvieron a invitarme a sus fiestas. Y lo mismo sigue pasando en la sociedad presente. Todo aquel que se posiciona en contra de la demagogia y la hipocresía reinantes, es inmediatamente etiquetado de estar fuera de la superioridad moral y quedas marginado. No existes.

Y de nada vale que te rebeles, que te indignes ante tanto atropello, ante tanta mentira, ante tanto populismo publicitado. Aquí, además, quienes se posicionan en contra de estas ideologías de izquierda ficticia, totalitarias y demagógicas, han de sufrir el calvario de sentirse considerados social, política y moralmente inferiores. 

Pero, vamos a ver, ¿estamos ciegos? ¿De qué superioridad moral hablamos? ¿Qué superioridad moral cuando los falsos adalides de izquierdas dicen estar con los pobres y los obreros, y viven en la opulencia de los ricos. Cuando dicen no querer sanidad ni educación privadas y los vemos ir a clínicas de pago y llevar a sus hijos a escuelas elitistas. Cuando hablan de libertad y bienestar social, y apoyan y quieren que vivamos como los que viven en países dictatoriales donde no hay más que hambre, opresión y miseria. Cuando no son capaces de tolerar otras formas de ser y de pensar, llamando fascistas a todos los diferentes. Cuando reparten el dinero público de manera arbitraria favoreciendo en grandes cantidades a los que se declaran enemigos de España y solo pretenden destruirla. Cuando votan por correo para que no los vean votar en sus distritos de lujo y acompañan a los padres porque viven en los barrios humildes...?

¿Qué superioridad moral cuando quieren corromper la justicia, nombrando fiscal general a quien ha sido ministra, y ayudando a asesinos quien ha sido un juez de prestigio, y atacando además al Tribunal Superior y al Tribunal de Cuentas. Cuando la que es directora de la guardia civil hace campaña de partido. Cuando se comete una y otra vez malversadoras manipulaciones demoscópicas. Cuando se quiere expresar ideas y denunciar desmanes y te atacan con violencia. Cuando los etarras y los golpistas se sientan en los sillones del poder. Cuando persiguen nuestra propia lengua en nuestra propia tierra. Cuando se amnistía a quienes no se arrepienten y dicen volver a delinquir. Cuando dicen una cosa y hacen la contraria. Cuando compran los medios de comunicación...?

¿Qué superioridad moral tienen los que están haciendo una ley de seguridad donde, cuando lo decida el presidente, sin aclarar circunstancias, este tendrá poderes absolutamente dictatoriales y hasta los medios de comunicación habrán de ponerse a su servicio, pudiendo confiscar cuanto considere...?

Qué superioridad tienen quienes no cesan de subir impuestos y quieren cobrarnos hasta por viajar por las autovías, quienes destrozan derechos individuales, quienes solo subvencionan a los suyos, quienes pertenecen a sindicatos, asociaciones y demás grupos y la lían sin descanso cuando no están los suyos en el poder y desaparecen cuando lo están. Como en mi pueblo que, cuando gobernaba Rajoy, cada dos días teníamos en la plaza del reloj a un buen puñado de personas con simbolismos y pancartas en las manos vociferando pensiones justas, y desde que llegó Sánchez no están ni se les espera... ¿Es que ya sí son justas las pensiones, ya nadie las está robando, ya no son pagas de mierda? ¡Dios míos, pero si es que además el Ministro de Seguridad Social ha dicho que van a ser recortadas! Entonces, ¿por qué no siguen manifestándose? ¿Pero de qué superioridad moral hablamos?

Ya lo ha dicho también el prestigioso economista Daniel Lacalle: “La batería de escándalos y tropelías que se está cometiendo en España es tan inmensa, que si la hubiera llevado a cabo un gobierno de centro-derecha estarían ardiendo las calles”.

Pues nada, siguen sintiéndose moralmente superiores. ¡Qué suerte! Pero yo, como cuando estudiante, pido menos apariencias de pantalones vaqueros, menos palabrería y más hechos. Aunque no me inviten a sus fiestas.

 

 

miércoles, 23 de junio de 2021

JESÚS, POR FAVOR, DESPIERTA

En el evangelio del domingo pasado, se nos dice, por boca del evangelista Marcos, que Jesús subió a una barca pidiendo ir a la otra orilla y que otras barcas lo acompañaban. Para añadir que, ya de camino, se levantó una fuerte tempestad hasta el punto de que las olas llenaban de agua la nave y poco faltaba para que se hundiera.

Asustados los discípulos y viendo que su Maestro seguía placidamente dormido en la popa sobre un cabezal, decidieron despertarlo. “¿Es que no te importa que perezcamos?” Le dijeron. El Señor se levantó, increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio, enmudece!” Y el viento cesó y vino una gran calma. Jesús entonces les dijo a sus discípulos: “¡Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” Pero ellos, tremendamente asustados, llenos de miedo, se decían unos a otros: ¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!

Después de leer infinidad de comentarios al respecto y escuchar alguna homilía, en todos los casos se nos viene a decir más o menos lo mismo, que lo importante es aquello de ir a la otra orilla, de que la Iglesia es la barca que zozobra en determinados momentos de la historia pero nunca se hunde, de la falta de fe y confianza de los discípulos, del poder divino de Jesús, de que yendo con él, en su misma embarcación, no hay por qué tener miedo...

Pero nadie dice nada de las otras barcas, nadie aclara qué fue de ellas, si llegaron a alguna otra orilla, se hundieron en el lago o sufrieron idéntica inclemencia con la posterior calma. Y ese silencio es preocupante en cuanto no eran ajenas, sino seguidoras también de Jesús, a quien acompañaban.

Tampoco habla nadie de la necesidad de que Jesús, el Maestro, deje de dormir en el día de hoy, se levante y detenga la tempestad. Porque falta que hace.

Ya sé que el cristianismo desde su mismo comienzo ha estado en crisis permanente. Pero la de ahora es exagerada. Y más en Europa y Estados Unidos, y ya empieza a serlo también en América Latina. Y, generalizando, este es el desolador panorama: Las familias no siembran la fe en sus hijos. Los templos andan cada vez más vacíos. Los conventos se cierran a diario. Las vocaciones son mínimas. De cada diez bodas que se celebran solo una es por la Iglesia. Los confesionarios están llenos de telarañas. La Eucaristía se pone en duda. Los textos bíblicos suenan a antiguayas. La doctrina eclesial no se sabe cómo adaptarla a los nuevos tiempos. Las tradiciones religiosas son más festivas que vivenciales. Los cardenales andan en luchas de poder, enfrentados. Los sacerdotes en disputas protegiendo sus parcelas de cargos y sus territorios parroquiales, rodeándose de afines y excluyendo a los menos dóciles. Los obispos metiéndose en política a favor de los intolerantes, supremacistas y violentos para ver si, dentro de sus complejos, les perdonan la vida. Los medios de comunicación pagando con indiferencias, burlas y críticas. Y los cristianos que van quedando, cada vez más solos, incoherentes, individualistas, haciendo de su capa un sayo, divididos, más fríos, con más dudas, sin apoyos ni amor entre ellos. Y la Iglesia, en su conjunto, mal vista, desprestigiada, mundanizada, hablando de todo menos de quien deben hablar porque no tiene mancha por donde cogerlo: de Jesús de Nazaret. Con papas a los que los mismos creyentes y la misma jerarquía despotrican. Y cada vez con mayor vehemencia, como lo están haciendo con Francisco, a quien llaman, no pocos, despectivamente, Bergoglio y lo catalogan de todo, desde masón a hereje, deseándole incluso la muerte.  

Y el mundo, mientras tanto, en su colorista predicación televisiva, lloviendo violencia, contaminación, destrucción, divorcios, abortos, eutanasias, pandemias, concupiscencias, desenfreno, adulterios, traiciones, engaños, injusticias, egoísmos, desigualdades, odios, robos, asesinatos, confusión... Carpe diem.

Y la barca se hunde. Ya hay un prestigioso intelectual que ha vaticinado que dentro de cien años el catolicismo será una religión de museo. Donde los niños de las escuelas irán para ver cálices, patenas y casullas. No creo yo que se llegue a tanto, pero sí creo que es hora de que vayamos a despertar al Maestro y se levante para parar un poco tanto viento y tanta lluvia y tantas olas que nos hunden... Porque si bien es verdad que hemos de tener confianza en él, tampoco estaría de más que se hiciera notar en medio de tanta niebla y dejara de guardar tanto silencio y tanto ahí os apañéis como podáis.

 Así que, Maestro, ¿es que no te importa que perezcamos? Por favor, despierta, porque ya no es solo cuestión de fe y de no tener miedo, sino de simple supervivencia.  

sábado, 12 de junio de 2021

LA TRAIDORA INGRATITUD

La ingratitud es traición a la humanidad, decía James Thomson. Pero ingratitud es también traición a un pueblo. Y muy traicionada está Úbeda. Porque conozco a personas que han dado por ella su vida entera..., y todo han sido silencios y olvidos. Han pasado a la historia como soplo de polvo por el viento. Otros, con nada, con menos, se han erigido en dioses y sus nombres están en letras de oro.

Entre los primeros, no puedo menos que recordar a personas excepcionales, ya todas, no hace mucho, desaparecidas, artistas, empresarios, educadores, médicos… que me vienen así, repentinamente, a la mente y al corazón: Manuel Moreno Méndez,  Ramón Quesada, Marcelo Góngora, Domingo Molina, Memé Alvarado, Antonio Martínez Gallego, Juan Martínez de Úbeda, Antonio Vico, Pedro Nieto, Julio Corzo, Pedro Blanco, Moreno Siles, los hermanos Fuentes, Antero Guardia, Mari Tere Ortiz… Y muchos, muchísimos más…, que junto con otros cientos de miles anónimos de siglos han hecho lo que hoy somos y con tanto orgullo pregonamos: Patrimonio de la Humanidad.

Y aunque no haya nombrado a ningún político, porque estos casi siempre me dejan el alma fría, y no porque sus logros no hayan sido en muchas ocasiones dignos, sino porque en el fondo, la mayoría, no son de fiar, sí voy a nombrar, excepcionalmente, desde el respeto y la admiración, al político socialista Antonio del Moral, fallecido el pasado 26 de mayo. Antonio fue mi vecino y un ejemplo. Socialista verdadero, que vivió pobre y murió pobre. A nadie la negó un pan. Yo he visto llamar indigentes a su puerta y no irse ninguno con las manos vacías. Dio todo desde su labor de concejal y en la Cruz Roja, y fue fiel y coherente, honesto, amable y bueno.

Y supo seguir el consejo de Miguel de Unamuno, aquel que venía a decir: no des a nadie lo que te pida sino lo que necesita…, para terminar diciendo: y soporta luego la ingratitud. Como él la ha soportado, como tantos otros la han soportado en silencio, pero con dolor. Ahora ya descansa en paz. Lo mismo los que mandan o manden, algún día, en desagravio, aprueban elevar un gran monumento que simbolice y aglutine a todos estos personajes grandes y pequeños para situarlo junto al que se va a hacer de los cronistas, con una dedicatoria en letras de plata: A los ilustres de Úbeda no reconocidos y a los anónimos que todo lo dieron por ella.

lunes, 24 de mayo de 2021

ACERCA DEL MONUMENTO A LA SEMANA SANTA DE ÚBEDA

Gobernar y presidir es difícil. Hay presiones, intereses, amiguismos, traiciones… Pero, sobre todo, hay críticas y diversidad de opiniones. Y entre ellas, aparecen las de quienes no comulgan con que se levante un monumento a la Semana Santa de Úbeda. Extraño parecer este, ahora, cuando, después de años de estudio, quedó aprobado por la Corporación hace ya muchos meses. 

Y salen los que están en desacuerdo, clamando al cielo, con la pancarta progre de que este hecho alienta el pasado, no aporta una narrativa de futuro y es una mala inversión social en tiempo de crisis.

Pues bien, mostrando el respeto debido a lo que se ha dicho puesto que vivimos en democracia y la libertad de expresión es sagrada, hago saber que yo sí estoy a favor de que Úbeda levante un monumento a su Semana Santa. Y lo estoy porque nada ni nadie se lo merece más que ella. Si aquí se alza un monumento a un personaje o a un símbolo y se ve bien, cuanto más no ha de verse bien si ese monumento representa a centenares de miles de personas. Porque el personaje en cuestión, por mucho que haya hecho y por más grande que sea, nunca habrá aportado a nuestra ciudad y a nuestra historia lo que la Semana Santa y cuanto ella aglutina. En el penitente que aparece en el monumento (otro tema es si gusta más o menos o qué lugar es el más idóneo para instalarse) no están personificados solo los magnos, los insignes, los famosos…, sino todas las clases sociales, pobres, ricos, nobles, campesinos, artesanos, gobernantes, intelectuales, artistas, ignorantes, analfabetos, discapacitados…, porque bajo la túnica y el capirucho no hay diferencias. Están simbolizadas generaciones enteras. Ahí, nuestros antepasados, padres y abuelos, y también nuestros hijos. En el penitente del monumento estamos todos, hombres y mujeres y niños, los que creen y también los que no creen, los que se han vestido con la túnica penitencial y los que no, pero viven la Semana Santa desde la tradición, la cultura, la convivencia, el reencuentro con la familia, el comercio, la música, la gastronomía, el turismo, la fiesta, el esplendor de la primavera…  Un monumento a la Semana Santa de Úbeda es algo, en definitiva, que representa y homenajea a todos, al colectivo, porque todos hemos hecho historia de alguna manera y juntos hemos logrado a lo largo de los siglos que Úbeda sea lo que es. 

Y esto que expreso no es porque ahora quiera yo salir al paso de nadie. Ya lo hice saber hace muchos años en mi obra teatral “Úbeda dama de sueños”, en donde de todos los ilustres que están enamorados de ella, nuestra ciudad elige al personaje anónimo: al Pueblo, porque es el pueblo al fin y al cabo quien en verdad construye su ciudad.

A mí me hubiera gustado, eso sí, que fuese costeado por suscripción popular y no con dinero público. Y así, al mirar la figura levantada en su pedestal, poder decir con orgullo: “Ahí estamos todos; y todos, en homenaje a todos, lo hemos costeado.” Pero también en este caso (y lo dice quien ha estado siempre en contra de las subvenciones), estoy de acuerdo en que el Municipio aporte dinero público, en cuanto se hace cierta equidad en relación al mucho gasto que realiza y ha venido realizando costeando otros proyectos a particulares y de grupo que a la postre nunca tendrán ni por asomo la misma trascendencia por muy de progreso que los quieran vestir. Porque para labor progresista ninguna como la que realizan las cofradías y hermandades, en activo todo el año, realizando un trabajo totalmente altruista y sacrificado que sí que repercute en todo el pueblo, primero porque establecen cadenas heredadas de vida y amor que unen tiempos y personas, siendo además los grandes artífices de la grandiosa fiesta cristiana de la Semana Conmemorativa de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y después, porque innovan, fomentan, publican, fundan, conservan y amplían el patrimonio artístico, mejorándolo, aportan trabajo, crean riqueza directa e indirectamente, contribuyen al mundo de las artes, originan convivencia, igualdad y fraternidad, participan y cooperan en todas las demás fiestas, mantienen tradiciones, siembran fe y esperanza, participan en el mantenimiento de los monumentales templos, auxilian a la Iglesia, organizan campañas, dan cobijo, libros, medicinas y alimentos, ayudan a los necesitados… ¡Tremendo!

Sí, por lo tanto, a que se haga realidad el monumento a nuestra Semana Santa como los hay, dicho sea de paso, en otras muchas grandes ciudades y nos da además nombre internacional. Y porque levantándolo no olvidamos lo bueno del pasado, aporta poesía de futuro y es una buena inversión social en cuanto anima a seguir en la lucha para antes salir de la crisis, aparte de que nos iguala y nos representa a todos por muchos siglos o, cuando menos, si me apuran, a una grandísima mayoría.  

martes, 11 de mayo de 2021

UNA JOYA COMO REGALO

No es exageración de padre, pero tener en mis manos el libro escrito por mi hijo José Ramón, dedicado a su hijo Ramón Aléxandros, mi primer nieto, con motivo de su primera comunión en la Iglesia de Cristo Rey y Nuestra Señora del Valle de Córdoba, el pasado sábado, es saber que la historia de los pueblos y del cristianismo tiene una aportación más a su legado de grandeza que viene a hacerlos, cuando menos, más dignos y más universales.

El libro, EL EVANGELIO DE JUAN Y LA EUCARISTÍA. Un punto de vista personal. Análisis del capítulo 6, es todo un reto literario, reflexivo y teológico, que ha supuesto, después de una labor ímproba y de una entrega sin límites diaria en el campo de la medicina, tanto en el Hospital Reina Sofía como en los Centro de la Cruz Roja y San Juan de Dios, cientos de horas de trabajo personal robadas al tiempo de ocio, desde la compra de libros en distintos idiomas y su lectura y estudio, muchos de ellos ejemplares únicos ya agotados, mirlos blancos en bibliotecas perdidas, hasta verlo, tras la impresión en Gráficas Minerva, encuadernado en pasta dura y tela blanca, con letras doradas y sobrecubierta inspirada en un cuadro al óleo de Blas López, pasando por un contenido hondo, estructurado, desmenuzado y argumentado que se ha forjado a golpes de quietud a altas horas de la madrugada, en la intimidad de un despacho silencioso, bajo la luz de una lámpara que deja entrever a su alrededor, en la penumbra, pese a ser aún tan joven, numerosas placas y reconocimientos… y, de manera particular, recuerdos de enfermos, entre ellos niños, que agradecen seguir teniendo vida porque él le está ayudando con mucho amor a no perderla. Todo también mérito de su esposa, Nieves, doctora de reconocido prestigio, que ha regalado de igual modo sacrificios y entregas silenciosas a manos llenas, sin escatimar palabras y hechos de ánimo y aliento en las horas que venían vestidas de desaliento y fatiga.       

Es, en definitiva, este libro una joya que ha de tenerse en cualquier salón de cualquier interesado en la exégesis evangélica, tanto eclesiástico, como laico, investigador, teólogo, historiador…, o persona interesada en conocer la mística joánica y su trascendencia en el acontecer de los tiempos.

En la obra se nos habla de San Juan, el autor que da nombre a su evangelio, de su estructura, así como fecha y lugar de composición. Para adentrarse a continuación en el estudio y desarrollo del capítulo 6, el más complicado, hondo y misterioso de cuantos escribió o promulgó el discípulo amado del Señor, dividiéndole en ocho grandes bloques: El signo de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús camina sobre las aguas. Transición. Primer fragmento del discurso del pan de vida. Segundo fragmento del discurso del pan de vida. Tercer fragmento del discurso del pan de vida. Cuarto fragmento del discurso del pan de vida. Y reacciones al discurso del pan de vida. Terminando con una dilatada relación de autores y una amplísima bibliografía.

Y lo más hermoso de todo, se ha escrito y publicado el libro, en edición limitada, sin ánimo de lucro, como regalo de José Ramón y Nieves a su hijo en su primera comunión, y para regalarlo de paso a la sociedad. De tal modo que si alguien tuviese interés por hacerse de un ejemplar sin coste y no precisamente para servir como simple reclamo de polvo en una estantería con carácter ornamental, solo bastará con que muestre interés y se ponga en contacto con su autor.

EL EVANGELIO DE JUAN Y LA EUCARISTÍA, escrito desde la fe y la grandeza de corazón, no es, en definitiva y ello ha de quedar claro, una obra trivial, nimia y ligera, sino todo un amplio y condensado compendio para el análisis, el estudio, la formación y el conocimiento misterioso de quien escuchó a su Maestro decir que quien come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna y él lo resucitará en el último día.

Felicidades, hijo. Gracias, Nieves. Enhorabuena, Ramón, por ser artífices de un libro tan sencillo y a la vez tan grande. ¡Dios os la pague!

 

 

martes, 27 de abril de 2021

EL LIBRO MÁS VENDIDO

Es sábado por la tarde. Llego con el coche hasta la salida de Úbeda. Aparco en la Carralancha. Andando, busco, un día más, el camino de la antigua vía. Me adentro en él contemplando el bellísimo paisaje que me muestra los mares de olivos, las sierras, el valle del Guadalquivir y la ciudad de sueños. Cruzo túneles y puentes. Después de las lluvias el sendero se muestra muy irregular. Espero y deseo que, algún día, los gobernantes hagan de este camino un hermoso y adecentado paseo por el que caminar y hacer deporte, algo así como una especie de senda verde o trayecto de recreo en el que disfrutar los padres con los hijos, los mayores, los enamorados, los soñadores, los deportistas, los poetas… El esfuerzo costará algo, pero merecerá la pena.

No llevo reloj ni móvil. Pierdo la noción del tiempo. Voy pensando y medito. No hay ni un solo campesino por los alrededores. Solo escucho el silbo del aire al roce con las ramas de los árboles y el canto de los pájaros, hasta escucho el batido lento de las alas de algunas mariposas pequeñas que se cruzan por entre los matorrales. Me siento feliz, alegre. Todo está en armonía serena.

La quietud en la lejanía, junto a la soledad, también es cierto que impone. La población queda lejos. Ayer fue el día del libro y fiel a la tradición me compré una pequeña antología poética de Vicente Gaos que llevo en el bolsillo y me pongo a leer bajo un olivo. Gaos es un extraordinario poeta, además de ensayista y estudioso de las letras. Dio clases de Literatura en varia universidades del mundo. Y murió joven, a los sesenta y un años. No muy conocido por el gran público porque tuvo la mala suerte de nacer en 1919, por lo que le tocó vivir de pleno la guerra y la posguerra, así como realizar la mayor parte de su obra literaria durante el franquismo. Algo que para los gobernantes y etiquetadores despóticos e intolerantes de hoy es todo un pecado que condena, en mayor o menor medida, al ostracismo y la exclusión. Y más aún si, como él, compone poemas religiosos, sin tener en cuenta siquiera el contenido, la hondura o el significado. 

Cierro el libro. Camino de nuevo. Gran poeta este Gaos, me digo. Uno más de entre los grandes poetas de siempre. Geniales escritores. Excepcionales artistas… Y así, pensando en todo esto, veo a lo lejos el coche. Me acerco a él. Llego cansado, sudoroso, fatigado. Respiro hondo. Me repongo. Me monto y arranco. Y, al hacerlo, como siempre va la radio encendida, escucho la noticia: Con motivo del día del libro se han vendido más de un millón de ejemplares. Me alegro, aunque lo que hace falta es que de ese millón se lean, al menos y en verdad, la mitad, y no sirvan solo para adornar alguna de las estanterías de la casa y llenarse de polvo.

Salgo de la Carralancha y me adentro por las calles de Úbeda. Ahora, de entre los libros más vendidos, vamos a decirles los que ocupan los primeros puestos. Permanezco atento. Vamos a ver si alguno de los diez primeros libros más vendidos es de poesía. Pero nada. Ni el diez, ni el nueve, ni el ocho… Me da pena. Cómo puede un género literario tan bello tener tan pocos lectores. La poesía no vende. Me respondo. Tampoco hay interés por comercializarla. Lo mismo es también porque la poesía que hoy se hace no interesa, la han desvestido de esencias para convertirla en prosaica, fría, jeroglífica y aburrida, sin musicalidad ni emoción ni sentimiento ni elegancia.

El locutor dice una serie de títulos y autores que, la verdad, apenas si conozco. Hasta que escucho decir: Y el libro que ocupa el primer puesto en el ranking de más vendidos es de un autor muy conocido por todos… Y quien habla hace una pausa larga. Me da  tiempo a pensar. Vamos a ver, será… y por mi mente pasan, a cámara rápida, como fantasmas con pluma y papel en las manos, imágenes de grandes escritores del pasado y del presente, intelectuales prestigiosos, doctores filólogos, miembros de la Real Academia, arquitectos de las letras con alta formación… ¿Quién será el que ocupa ese trono de honor del primer puesto…? ¡Qué emoción! ¡Qué nervios! Hasta que por fin oigo decir:

El libro más vendido no es de un autor, sino de una autora: ¡Paz Padilla!

Y de golpe escucho un tremendo: ¡¡Zas!! Mi coche se ha salido de la calzada y se ha estrellado contra una farola. La broma me ha salido cara. ¿La broma? Menuda broma.

Y luego decimos que cómo puede alguien querer salir en los programas basura de la televisión.

¡Madre mía, cuánto bobo en esta sociedad de cínicos!