martes, 21 de abril de 2026

INDEPENDENTISMO

Lo del independentismo no tiene punto de comparación. El daño que tanto el País Vasco como Cataluña vienen haciendo a España es gigantesco. 

 

El que los presos de ETA estén saliendo a la calle después de haber sido condenados a cientos de años de cárcel es inconcebible. Que venga Otegi a expresar que en la final de la copa del Rey se llene el estadio de Sevilla de ikurriñas para demostrar que Euskal Herria no es España es insólito. Que se pite al himno de España por parte de los seguidores donostiarras es increíble y que incluso se quieran cargar una caravana en la carretera, lanzándola a la cuneta, porque lleva la bandera del Atlético junto a la de España, es también inaudito. 

 

Pero si nos vamos a Cataluña, eso ya es el colmo. Que el desertor de la justicia, el señor Puigdemont salga criticando al presidente del gobierno, llamándolo sinvergüenza, por no hablar en la reunión llevada a cabo en Barcelona, de líderes progresistas, de la independencia de las cuatro provincias de la esquina noreste es como para tirarse al suelo partidos por la risa.

Pero lo relevante aquí es el ataque que se le ha hecho al escritor, Premio Cervantes, Eduardo Mendoza, por decir que San Jorge, o San Jordi, no pinta nada en el día del libro. Primero porque San Jordi era un maltratador de animales y segundo porque además no sabría ni leer. 


Y hasta tanto ha llegado la polémica que no pocos activistas catalanes han pedido que le sea retirada la medalla de San Jordi, que le fue concedida por la Generalitat en el año 1995, gobernando el que después sería imputado, el molt honorable president Jordi Puyol, además de pedir que libros de Mendoza sean quemados públicamente en la plaza el día de San Juan, como si aún estuviéramos en el medievo.   

 

Todo es inventar fechas para dar realce al nacionalismo. Y si el resto de los españoles ya tiene el día 14 de febrero como día dedicado a los enamorados, los catalanes han puesto el 23 de abril, sin ser conscientes de que eso de la rosa, como símbolo de amor, junto al libro no es más que un invento comercial.   

 

Y a todo esto viene de nuevo el Sr. Puigdemont, que no cesa de pretender hacerse visible, como para que no se le olvide, y lo ha catalogado de resentido y de nacionalista… Apartarte que me mancho, le dice la sartén al cazo.

 

Y no pasa nada. En España nunca pasa nada que venga a propuesta de los independentistas. Si alguien aquí, tan retrógrado y nazi como puede ser cualquier ciudadano dijera lo de Otegi o lo de Puigdemont ya estaría encarcelado por delito de odio. 

 

Y si es por hacer apología de su supremacismo pidiendo que se quemen los libros de

Mendoza, después de ver las barbaridades que se han cometido en la historia arrojando libros a la hoguera, cuando ningún libro, por malo que sea, debe ser condenado al fuego, no viene más que a demostrar los insensatos que rigen las numerosas plataformas separatistas. Las de esos que viven del cuento y siguen tantos descerebrados. 

martes, 7 de abril de 2026

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA MEDIOCRIDAD

Para lo que hay que ver es mejor morirse, me decía mi madre no pocas veces, y eso que entonces los avances tecnológicos apenas estaban desarrollados. Hoy, que todo está embarrado por la mediocridad y nos valemos de cualquier cosa creyéndonos valiosos, más que morirse lo que uno tiene que hacer es reírse de todos y de todo.

 

Hemos perdido de paso el miedo al ridículo. Con esto de las redes sociales nos hemos creado un personaje ficticio que nos alimenta el ego y nos hace creernos importantes porque en ellas presentamos las fotos de nuestras presencias mundanas. Y nos las damos de grandes cuando somos muy pequeños. 

 

Hace algunos años, escritores de talento me dejaban algún trabajo para leerlo que me parecía valioso, pero no se atrevían a publicarlo por miedo al sonrojo y a la desconsideración, y por más que los animabas, nada conseguías. En nuestros días eso no ocurre, con esto de que yo escribo con el corazón, o yo escribo desde mi forma de entender la vida, o yo escribo lo que considero conveniente, nos hemos ido acercando a la mediocridad más absoluta y hasta llegan a darnos premios y reconocimientos que son un desprestigio tanto para quienes los conceden como para la ciudad que representan.  

Y así en todas las artes. De ahí esas imágenes horrorosas que vemos en las iglesias, y esas películas sin pies ni cabeza que nos presentan, y esas composiciones musicales que aburren, cansan o dejan indiferentes, y esas creaciones arquitectónicas que son cajas herméticas, y esas pinturas enigmáticas llenas de manchas que parecen creadas por niños de infantil, y esos poemas insustanciales, sin alma, sin vida que nada dicen ni nada evocan ni nada emocionan. 

 

Y para colmo, cuando los creadores, que en nuestros días no son pocos, no saben o no pueden ir más allá, recurren a la Inteligencia Artificial, y en segundos les proporciona una marcha, una casa, una pintura, una película, un discurso, un pregón, un libro o una colección de poemas que maravillan, aunque, para ser sinceros, se nota que hay un algo extraño en las imágenes, en la voz, en los escritos…, un algo evidente que se ve realizado por una máquina sin sentimientos. Un algo, por cierto, que se superará hasta lograr la perfección, por lo que no habrá mejores escritores, ni poetas, ni músicos, ni directores de cine, ni arquitectos, ni escultores… que la misma Inteligencia Artificial.

 

Y de nada nos valdrá decir que lo que yo hago es artesanal, manual, que la IA no puede superar lo que el alma dicta, pero será mentira, las personas se inclinarán por lo perfecto, por la altura de la composición, por la maestría del relato… y se verá la artesanía de la obra y la palabra como algo anticuado e imperfecto. 

 

No obstante, siempre hay que dejar una rendija a la esperanza, y creer que las personas del futuro pueden que no se dejen arrastrar por tanta mediocridad y sean capaces de valorar más la capacidad humana que el simple mecanismo de un robot que será todo lo perfecto que se quiera, pero que nunca podrá sustituir al verdadero artista.