martes, 18 de agosto de 2026

ECLIPSE

Como tantos otros, no quise perderme el eclipse del pasado 12 de agosto. Por lo que nos pusimos en camino subiendo a un cerro situado en la Carralancha, desde donde poder apreciarlo en su total dimensión.

Ahí pudimos ver cómo la luna se interponía lentamente sobre la silueta del sol. Comenzó a oscurecerlo desde la zona sureste. Y lentamente el sol se fue apagando, sin llegar en Úbeda a un eclipse total. El fenómeno comenzó a las 19:41 horas. Llegando a un punto máximo a las 20:36. La zona apagada del sol quedó en un 97.20%. Pero con toda sinceridad pensé que la oscurona no dejaría lugar a que la vista pudiera contemplar el paisaje que, eso sí, parecía apagarse, entristecerse, aunque con una intensidad semejante a la de cualquier otro atardecer cuando el sol ya anda ocultándose en el horizonte. 

 

Mientras contemplaba el proceso pensé que los eclipses eran mágicos en otros tiempos, dando lugar incluso a ceremonias que requerían derramamiento de sangre, al pensar que el sol, como ente vivo, se mostraba enfadado y amenazaba con no alumbrar si las cosas no cambiaban. Ahora, toda esta magia ha desaparecido, y casi todos vemos el eclipse como un simple fenómeno astronómico sin mayor trascendencia. 

 

No obstante, a mí me vino a la mente que algo de aquella creencia antigua podía estar dándose ahora. Y me dio en el corazón que algo en particular nos estaba diciendo también el sol en este momento. ¿Algo que cambiar? ¿Pero qué se puede cambiar en nuestros días? Ya está. Quizás un cambio político. Nuestros gobernantes están llenos de corrupción. No he visto otros políticos más falsos que los que tenemos, ni más hipócritas y embusteros. Vendría bien una limpieza en toda su dimensión. 

 

No son políticos dignos ni luchan por su país. Solo buscan permanecer en los cargos y pasar por las puertas giratorias de las que hablaba el también corrompido Pablo Iglesias. Casi todos ellos son vivales a la caza de los puestos que mejores réditos den. 

 

Y aquí no dimite nadie. Después de las condenas en firme del Fiscal General, Coldo, Ábalos y David Sánchez…, y teniendo imputada a su esposa, pendiente de juicio, hechos que hubieran hecho caer a cualquier primer ministro de cualquier democracia y más cuando quien preside el gobierno no ha ganado las elecciones y lleva tres años sin ver aprobados los presupuestos y anda aliándose con terroristas y separatistas, aquí sigue el señor, mientras ve por televisión la invasión de los migrantes en Ceuta, veraneando en La Mareta y dando buenos consejos acerca de qué música escuchar y qué libros leer. El colmo.

 

Pero hay más. Están, presuntamente, Cerdán, Leire, las cloacas del estado, la financiación ilegal del partido, José Luis Rodríguez Zapatero, con sus joyas y empresas fantasma…, y más y más. Y está el presidente, atando en corto al Jefe del Estado, el Rey. Desde lo de la Dana, en donde aquel salió como gato que lleva el diablo, huyendo por los insultos y ataques de la gente, mientras este permanecía, entre golpes de barro, impertérrito, dando a todos una gran lección de aguante y superación, no lo deja moverse libremente.

Hay quienes dicen que su majestad no tiene lo que hay que tener para romper las ataduras que lo sujetan. Y puede que tengan razón, pero algo debe de haber debajo de todo esto que nos hace ser unos perfectos ignorantes.

 

Desde el 17 de abril de 1912, hasta el 12 de agosto de 2026, no habíamos tenido en la península un eclipse de sol completo, y no tendremos otro, después del año 2028, hasta el 12 de septiembre de 2053. Algo más de ciento catorce años han tenido que pasar para que la naturaleza, siempre tan caprichosa, alinee de nuevo la tierra, la luna y el sol, y den los tres astros muestras de la magia de hacer creer que el sol se oscurece ante nuestros propios ojos. Todo un evento que siempre esconde un misterio: ese de que algo nos quiere decir el sol desde su silencio inconmensurable.

 

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