Hacía un día caluroso y decidimos acercarnos a las puertas del museo de uno de los pintores más reconocidos de la provincia. De allí nos marchamos al Ayuntamiento, y en el salón de actos tuvo lugar el acto del día.
Se trataba de que visitaba la localidad el también jiennense, nacido en Arjona, Juan Eslava Galán. Un escritor de reconocido prestigio, humilde y bueno, galardonado con varios premios y autor de alrededor de cien libros.
Venía de Madrid con motivo de querer donar al museo un cuadro que le regaló el pintor Cerezo en un tiempo de colaboración. Era un pequeño dibujo, una acuarela, en el que aparecía un perrillo sobre un cojín de lujo. Por la parte posterior del cuadro estaba escrita una especie de carta en la que el animalillo le hablaba al escritor. Cuando el autor de “En busca del unicornio”, premio Planeta 1987, leyó el texto, todo el auditorio soltó una sonrisa de complacencia.
Pero Juan Eslava debió pensar, tal vez al mismo día de desplazarse desde Madrid al pueblo (no aparecía en el programa la entrega de dos obras, sino de una), que no era suficiente regalar ese pequeño cuadro, y que, ante la expectación creada, lo más conveniente era regalar otro que también guardaba en su casa y en que se veía un castillo entre sombras.
Después de la donación, de descorrer las cortinillas y dejarse ver las obras, y tras la intervención de diversas personalidades políticas y otras autoridades, el director del museo se quedó con el escritor en un mano a mano, a modo de entrevista, haciendo constar el entrevistador que fue un honor para él tener que ir a Madrid para recogerlo junto a su esposa, y que en el viaje hablaron de varios temas que, ahora, los hacían público.
Juan habló de su amistad con el pintor, de cómo intervinieron juntos en dos libros, del carácter extraño que mostraba, de la obsesión que tenía por su propia obra, y hasta llegó a afirmar que no era fácil contar con su generosidad. Por último, hizo un alegato al mundo moderno, donde todo lo que se refiere al arte está prostituido, y ya no se sabe diferencial entre lo que puede considerarse genial, como puede ser la obra de Picasso, de lo que solo es una mera vulgaridad a imitación del cubismo. Y contó la anécdota de que en un prestigioso concurso de escultura en el que participaron numerosos escultores, cuando según las bases es preceptiva la devolución de las obras no premiadas, y ver uno de ellos que no se la devolvían, comenzó a reclamarla amenazando que incluso, de no hacerlo, estaba dispuesto a ir al juzgado. Los organizadores pusieron su mecanismo de investigación en marcha, y preguntando a unos y otros, dieron con un municipal que les dijo que él sí sabía dónde se encontraba la obra: en el muladar de un pueblo cercano.
Finalmente, relató en qué consistía dicha obra presentada: se trataba de un bidón relleno de cemento y un palo de viga clavado en el centro, sobresaliendo. Toda una genialidad del arte moderno, nos confesó, añadiendo a continuación que lo mismo pasa en todas las demás artes.
El auditorio, ante la confesión improvisada del autor, irrumpió en una ovación clamorosa, lo que viene a testificar que todos pensamos más o menos lo mismo, y que ya está bien de engañifas.
Finalmente, tras recibir un recuerdo de agradecimiento y su esposa un ramo de flores, se hicieron todos la típica fotografía de grupo.
Juan Eslava Galán intercambió conmigo unas palabras y nos hicimos también una fotografía juntos. Él regresaría más tarde a Madid, donde reside, probablemente orgulloso de cómo se le trató en el acto. Yo, regresé a mi Úbeda, pensando, con seguridad, en que ese domingo estuve con uno de los mejores escritores de España.