miércoles, 21 de octubre de 2026

VIOLENCIA

El ser humano, de manera individual y por regla general, es siempre un ente pacífico que huye de la violencia. Solo cuando se convierte en masa, se junta en grupo y se disuelve su personalidad en la aglomeración se torna imprevisible y se transmuta en fiera.

Lo vemos en todas las ocasiones que se presentan y en todos los países. Lo vemos en Francia, en Bélgica, en Italia… y hasta en España. Lo vemos en lugares lejanos y próximos. Lo vemos incluso en nuestro propio pueblo, cuando se juntan tres o cuatro personas y se envalentonan para atropellarte, robarte o apalearte. 

 

Son violentos. La masa convierte al ser humano en agresivo, lo desviste de su bondad y lo transforma en malvado. Lo hemos podido ver, ahora, en nuestros días, en Francia, donde un grupo de perversos facinerosos, la mayoría cubiertos los rostros, invadían centros comerciales mientras una propietaria salía al paso exclamando que ella estaba con ellos, que los votaba…, mientras que ellos, sin hacerle ni caso, la empujaban para entrar y saquear su tienda.

 

Si esta misma propietaria se encontrara días después con ese violento, que la anduvo empujando, a solas, cara a cara, seguro que hasta se disculparía por la desfachatez de su comportamiento. 

 

Son cobardes que se revisten de valentía cuando se ven arropados. Son muñecos dirigidos por fantoches. Son sombras ciegas que no ven más allá de sus amos. 

 

Y no pocas veces me pregunto, cómo, por ejemplo, en España puede tener tanto apoyo un personaje tan singular como Sánchez, a quien nadie o casi nadie de los suyos se le subleva. Y yo mismo me respondo diciendo que son los palmeros diputados los que nada pueden hacer por sublevarse, les va en ello el pan nuestro de cada día. Pero cuando me pregunto también cómo es posible que personalidades de contractada reputación, tales como jueces o fiscales, o el mismo defensor del pueblo, o los miembros del Tribunal Constitucional pueden bailarle al agua a un señor que solo aspira a seguir gobernando a base de trucos y mentiras, nada puedo responderme, más que decirme a mí mismo si no seré yo el equivocado. 

Y mientras tanto, entre nosotros, habría que pensar que si no hay violencia extrema en Ceuta, después de más de dos meses de invasión extranjera, sin que se le quiera dar solución, y si no hay violencia extrema en los acampados de la Puerta del Sol, sin que se les quiera molestar, y si no hay violencia extrema en los profesores participantes vestidos de verde, o en los manifestantes contra VOX o contra la visita de Milei…, es porque estamos en espera de saber los resultados de las elecciones del 29 de noviembre. Todo en definitiva es un ensayo, un mover los hilos de las marionetas populares para darles el caldo de la violencia cuando se precise. Es un aviso: o nosotros o el caos.   

 

Y el caos será entonces inocular el virus de la violencia en el alma y volver irrespirable el aire. El caos será entonces la chispa que prenda la hoguera, sobre todo de los más jóvenes que no cuentan con medios suficientes para independizarse, con unos sueldos ridículos, con un mañana sin esperanza… El caos será entonces, en definitiva, el empujón necesario para levantar a la masa y destrozar escaparates, asaltar tiendas, robar enseres y ropas…, y quemar sin miramientos contenedores, coches, calles y plazas, ciudades enteras. 

 

El caos será entonces convertirnos en salvajes de la democracia. 

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