jueves, 19 de mayo de 2022

EL MISTERIO PROCESIONAL

¿Qué sucede en Úbeda con sus procesiones? ¿Qué sería de la ciudad sin ellas? ¿Y de los ubetenses?


Es salir a la calle una imagen acompañada por sus fieles seguidores y sentir que se estremecen las torres y la historia y acudir las gentes en masa al encuentro. Nadie es ajeno al acontecimiento, pocos quieren perderse el desfile y muchos buscan verlo varias veces, atajando por calles y cambiando de acera para más empaparse de los detalles. Y de no poder ir a verlo, quedarse en el corazón un arañazo de desconsuelo.


Y entre las procesiones en Úbeda, las de Semana Santa. Y dentro de la gran Semana, la procesión de procesiones, La General, donde, si no había sido suficiente con lo vivido ininterrumpidamente a lo largo de seis días con lo procesionado, pues once repeticiones más, juntas, en la noche del Viernes Santo, llenas de tradición, color, sentimiento y fe. Y aún queda la del Domingo de Resurrección más la del Santísimo. 

 

En Úbeda, los ubetenses, allá donde estén, se obligan misteriosamente a asistir a la cita del primer plenilunio de primavera. Muy pocos son los que viviendo en ella o lejos deciden pasarla en la playa o visitando otras ciudades con mayor esplendor y fama.

Sé de una señora que vive en Estados Unidos, y que poco le falta para cumplir los ochenta, que tiene a gala no haber faltado a la cita ni un solo año de su vida. Su marido, gringo de pies a cabeza, la ha acompañado, resignado y atónito, todas las veces, sin llegar a comprender ni por asomo cómo es posible que sabiendo lo que se va a ver, los mismos ropajes, las mismas imágenes, las mismas estructuras, los mismos recorridos…, con apenas variaciones de relevancia en torno a ello, lo deje todo y se persone un año tras otro como si nunca lo hubiera visto. Y luego, además, llegar a casa y encender el televisor para volver a ver lo mismo una y otra vez, incansable, sin que haya además otro tema de conversación esos días que el referido a los desfiles procesionales y sus particularidades.  


Y es pasar esta fecha… y La Virgen de Guadalupe, la Patrona. Que es llegar a la ciudad, y procesión. Y en el Corpus, procesión acompañando al Santísimo. Y en su festividad, procesión. Y a su regreso al Santuario, procesión… Y San Miguel Arcángel, y la Virgen del Carmen, y San Isidro Labrador, y Santiago Apóstol, y María Auxiliadora, y Don Bosco… Y, entre medias, traslados de Cristos y Vírgenes de una iglesia a otra, o alrededores, con vía crucis o vía lucis, qué más da… 

 

Y hace unos días, promovido por los Amigos de la Semana Santa, “El Sudario”, otra gran procesión general… de niños. Algo extraordinario que lleva teniendo lugar desde hace varios lustros. Cada cofradía presenta sus pasos. Desde el Borriquillo al Resucitado. Todo muy digno, infantil, tierno, simpático, fiel reflejo de sus mayores, imitadores de formas y de fondos, espigas creciendo para ser trigo en los campos de la fe. 

 

Y viendo sus desfiles, sus caras de inocencia, las desarmonías en los toques, sus despistes, incluso los desórdenes internos, me vino a la mente los recuerdos de mis días de niño, donde, de modo espontáneo, sin que nadie nos organizara o nos incitara a ello, por los distintos barrios, constituíamos grupos procesionales vestidos con capirotes informales, largos y ligeros cucuruchos de papel de periódico forrados de papel de seda, y capas del mismo material, con componentes sin distinción de sexo ni de géneros (adelantados al tiempo que fuimos), con bandas en las que llevábamos tambores de latas agujereadas para pasar por ellos el ramal que nos anudábamos a la cintura y cuyas imágenes a las que acompañábamos, rudimentarias, las esculpíamos nosotros mismos con barro cocido al sol y poníamos sobre una plataforma que adornábamos y mostrábamos a quienes se detenían para vernos pasar gozosos, no sin el riesgo, de paso, de encontrarnos con algún aguafiestas que protestaba quejoso por tanto ruido de lateo que hacíamos y tantas vueltas alrededor del mismo sitio. Proceder que han continuado después, en esencia, nuestros hijos y ahora nuestros nietos.  

 

Y esta impronta todos la llevamos en la sangre y dentro del corazón hasta la muerte. Es una hermosa mecha que conservamos en lo hondo del ser, capaz de prender al instante en cuanto oímos un toque de tambor o el son de una campanilla, y nos marca y nos identifica y nos ilusiona y nos obliga y nos llena de vida. Es la leche procesional que mamamos y siguen mamando nuestros pequeños de ahora para que en el mañana continúen relevando en el testigo a los atletas de hoy que son capaces, a pesar de los tiempos tan confusos, agnósticos, profanos y hasta burlescos que nos están tocando vivir, de seguir sacando a la calle, con sentido de religiosidad, dignidad, respeto, caridad, esperanza y tradición, aunque también con sus muchas necesidad de mejoras, a nuestro Señor y su santa Madre en sus distintas advocaciones, así como a otros santos. Renovando en nuestras almas los sentimientos y sueños que sembramos en aquel pasado y revivimos con gozo cada vez que una procesión nos sale al paso. 

 

¿Comprende ahora mi amigo el americano el porqué de esta locura y esta necesidad tan imperiosa y misteriosa de ver, una y otra vez, lo que ya tenemos visto y no nos cansa?  

 





sábado, 7 de mayo de 2022

NOMBRES PARA LAS CALLES DE ÚBEDA

Las cosas son, no pocas veces, más simples de lo que parecen. Todo surge porque un ubetense residente en Alcalá de Henares, Miguel Ángel Santisteban, salta en las redes sociales pidiendo adhesiones para que le sean concedidas sendas calles a Antonio Espadas Salido y Marcelo Góngora Ramos, dados sus muchos méritos profesionales, artísticos y humanos. 

 

Ni que decir tiene que de inmediato presenté mi adhesión a la solicitud. Antonio y Marcelo fueron dos de mis grandes amigos, con los que compartí vivencias únicas y maravillosas, y a los que llevé en el alma hasta el final, compartiendo incluso sus últimas esperanzas y guardando en lo hondo de mi corazón, como María, sus más íntimas confidencias. 

 

No podía, pues, más que alegrarme. Ver que cabía la posibilidad de pasar algún día, antes de que la muerte venga a cerrar mis ojos cosidos a esta carne mortal que me envuelve, por una calle de esta Úbeda de mis sueños y ver que una cartela lleva rotulado el nombre de uno y, en otra calle, otra cartela lleva el nombre del otro, impresos para la Historia, era tan ilusionante como conmovedor. 

No voy a decir de nuevo los muchos y grandes méritos que los avalan. Estás cosas, en verdad, en el fondo, tienen el valor relativo de según se quieran ver, del color, una vez más, de las gafas con que se quieran mirar. Sólo diré que Antonio es modelo de arte y humanidad y Marcelo maestro de creaciones universales. 

 

Y sí, ya sé que hay también otros muchos grandes ubetenses que tampoco han tenido reconocimiento oficial alguno, ni estando vivos, ni estando muertos, mientras que otros, con menos huellas dejadas por los espacios que habitaron, andan con sus nombramientos de honor colgados en sus currículos o sus nombres inscritos en calles porque tuvieron la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento justo, o por políticas, o por influencias, o por amiguismos, o por simple canjeo de intereses. 

 

Por cientos pueden contarse en este pueblo nuestro, tan renacentista, leal y noble, los ubetenses dignos de ser considerados y reconocidos, y no lo fueron. Y en todos los ámbitos y estamentos. Infinidad. Pero entre todos ellos, no me lo pueden negar, se hallan, sin duda alguna, Antonio y Marcelo. Una calle, por lo tanto, en su memoria es digno y justo. No porque se haya dejado de hacer justicia con quienes se lo merecieron se puede pagar con más injusticias con quienes se lo merecen y alguien así lo solicita. Lo que hace falta es que Úbeda en pleno, y por ella, en nombre de ella, los que conforman la Corporación Municipal, porque el pueblo así lo ha querido, eligiéndolos, se dejen de estrecheces y aldeanismos, abran el corazón y acepten que Úbeda es una ciudad que imprime carácter a sus gentes, que siembra en su sangre semillas de arte y de belleza, que enamora con locura y hace que el enamorado se esfuerce por agradarla ofreciéndole lo mejor que lleva dentro. En Úbeda surgen artistas por doquier, cientos de talentos, geniales creadores, multitud de hombres y mujeres ejemplares y extraordinarios por todo el mundo que son faros en medio de las noches y la niebla. 

 

Qué le vamos a hacer. Aquí y fuera de aquí raro es el día que no nos impresiona un ubetense por su labor, su arte, su sabiduría, su profesionalidad, su generosidad, sus creaciones… Suerte que tenemos. Sea, pues, su ciudad generosa con ellos. Porque un pueblo es más grande cuantos más hijos suyos aparezcan ocupando en letras de plata las páginas de oro de su Historia. Nada, entonces, de racanerías.

 

¿No será mejor que ciertas calles de Úbeda, en lugar de llamarse Flor, Acacia, Alondra, Jazmín, Olmo, Nogal, Cerezo, Abedul o Ventanas…, lleven el nombre de quienes dieron lo mejor de ellos por su ciudad impregnándola al tiempo de un mayor esplendor? 

 

Ha surgido una propuesta en el pueblo de dar una calle a Antonio Espadas y otra a Marcelo Góngora, dando y exponiendo sus muchos méritos, y cientos de ubetenses y entidades nos hemos adherido. Estamos en democracia y los que nos gobiernan, meros representantes de la voluntad popular, que es la que en verdad manda, han de aceptarlo y aprobarlo. 

 

Y para que se haga mayor justicia, no estaría de más que, ya puestos, se hiciera algo semejante con otros muchos ubetenses que también se lo merecieron y no fueron reconocidos. Y para mayor gloria y satisfacción de todos, tal vez sería bueno, igualmente, que una de las calles céntricas se llamara “De todos los ubetenses”, al fin y al cabo, todos los que lo fueron a lo largo de los siglos y lo son, cada uno en la medida de sus posibilidades, se lo merecen porque entre todos se ha hecho de Úbeda lo que es: una Ciudad que asombra y enamora.

lunes, 25 de abril de 2022

UBETENSES POR EL MUNDO

Me llena de gozo y al mismo tiempo de pena ver que fuera de Úbeda se encuentran verdaderos talentos que dan lo mejor de ellos para grandeza del mundo.

Gozo en cuanto raro es el día que no escucha uno que un ubetense que vive lejos de los cerros ha conseguido algún logro digno de ser aplaudido. Ubetenses que llevan por sus venas sangre heredada de los doce leones que los hace grandes, nobles y leales.

Y aparecen en todas las ramas que conforman el espacio de la sociedad. Y así tenemos artistas que destacan en el mundo de la literatura, la música, la composición, la escultura, la arquitectura, la pintura, la danza, el teatro, la moda… y personas excepcionales que destacan en el mundo de la ciencia, la ingeniería, la medicina, la abogacía, la empresa, la enseñanza, el deporte, la gastronomía, la política, la religión, el ejército… Hombres y mujeres que ocupan puestos de gran responsabilidad en entidades nacionales e internacionales… Y miles también de ubetenses sencillos que fuera de nuestras fronteras han levantado negocios humildes y trabajan en lo que han tenido oportunidad dando lo mejor de ellos.

Y así lo he podido constatar. Infrecuente ha sido salir de Úbeda y no encontrarme con algún ubetense que me haya sorprendido por su luz. En las redes sociales, en “ubetenses por el mundo”, por ejemplo, no cesan de aparecer destellos diariamente de esta realidad. Una realidad que, después de todo, no nos muestra por completo el inmenso tesoro que en verdad atesora esta ciudad nuestra.

Y así me sucedió, por citar unos pocos casos fuera de España, al viajar a Bruselas, o a Londres, o a Buenos Aires, e incluso estando en Nueva York. Y también dentro. Hace unos días, sin ir más lejos, al viajar a Cartagena para estar en casa de mi hijo una temporada. Fue salir a dar un paseo por las afueras de la milenaria ciudad portuaria y encontrarme con Carolina y su esposo Luis. Dos ubetenses encantadores. Él, dirigente y responsable de una gran cadena de empresas que es modelo de servicio, colaboración y atención al público. Y ella, ilustre sembradora de valores, sacrificios y fe. Ambos, la amabilidad personificada, la educación sublime, la entrega sin límites.

Mas, al fondo de todas estas vivencias, siento también un goteo de pena en el alma, porque, si bien todavía quedan residiendo dentro de nuestra ciudad renacentista grandes ubetenses, son más, muchísimos más, tal vez demasiados, los grandes ubetenses que habitan lejos y que, por mil causas, hemos dejado marchar…, haciendo con ello que Úbeda sea un poco más mediocre y al mismo tiempo más amada y añorada, en cuanto ninguno de sus hijos, por más lejos que se encuentren y por más que hayan sido golpeados por alguna de sus piedras, más que de oro de carne, ha dejado jamás de amarla.

Honor y gloria a todos ellos porque hacen a Úbeda más luminosa y a todos los ubetenses más dignos.  


viernes, 1 de abril de 2022

EL PENITENTE HECHO MONUMENTO

                                               Un monumento cobra verdadero sentido

                                        cuando, al contemplarlo, algo de él te identifica.

                                               

                                                

El pasado domingo, 27 de marzo de 2022, a las cinco de la tarde, tuvo lugar el acto de inauguración y bendición del monumento dedicado a la Semana Santa de Úbeda.  Intervinieron el Sr. Obispo de la Diócesis, don Sebastián Chico, el Presidente de la Unión de Cofradías, don Luis Carlos Martínez, el autor de la obra, don Alfonso Ruiz y la Señora Alcaldesa, Dª Antonia Olivares. También estuvo presente don Felipe Torres, como anterior presidente de la Unión, interviniendo en el momento de descorrer el velo que cubría la imagen para hacerla pública.  

 

Y ahí quedaba el penitente al que, según relata y explica su autor: le han dado forma tres metros catorce centímetros, 600 kilos de barro, 400 de bronce, 80 de acero Cor-ten, 375 de escayola, 50 de silicona y otras distintas cantidades de otros materiales. Inspirada en San Jorge, de Donatello. El nazareno, descalzo, sujeta con su mano derecha la medalla. En la parte superior aparece una cruz guía entre cuatro ráfagas, delimitada por un círculo que simboliza el ciclo de las estaciones, que comienza y se cierra con la fase de la primera luna llena de primavera, bajo una cúpula celeste iluminada de estrellas, todo un renacer de la vida y de la fe, tiempo de catequesis en las plazas de nuestras ciudades y, por tanto, de hermandad y confraternidad. En el plano inferior se representa el escudo protector del cristiano, en él se pretende hacer referencia a la parte artística y artesana de la Semana Santa, en el que quedan incluidos la imaginería, la talla vegetal de los retablos andantes, los bordados, la música, así como todo el folclore inherente al tema cofrade. En el centro del mismo se encaja el emblema de la Unión de Cofradías. Toda la obra queda sustentada en una funcional peana, en cuyo frente se puede leer la leyenda: ÚBEDA CIUDAD DE SEMANA SANTA.

Y ahí quedaba el penitente, al que contemplé gratamente al descubrirse desde la distancia, lejos del espacio que la oficialidad había cercado elegantemente para, sin duda, realzar el acto al aire libre, distribuyéndolo interiormente en tres estamentos: en la derecha, el dirigente cofrade y religioso; en el centro, el dirigente político (con la señora alcaldesa, el señor obispo, el autor y los dos últimos presidentes de la Unión, a la cabeza); y a la izquierda, el conglomerado social, constituido por miembros de los cuerpos de seguridad, familiares, invitados y referentes del mundo cultural local, todos sentados. También, sedentes en las sillas a lo largo de la amplia zona final, la Agrupación Musical Ubetense. Fuera del cercado, numerosos miembros del pueblo, de pie. 

 

Y ahí quedaba el penitente, cuando ya, finalizado el acto de inauguración y bendición, me acerqué para observarlo más de cerca y a solas. Y confieso que me impactó. Tiene grandeza, fuerza y elegancia. Y tiene espiritualidad, sentimiento, vida. Bajo el capirucho hay una mirada profunda, intemporal, mitad espectral, como del pasado, mitad expectante, como del futuro. Y hay un alma enigmática, contemplativa, casi mística, sumergida en la reflexión, la penitencia, la oración, el perdón… Una mirada también que, desde dentro, se prolonga hacia un perfil ligeramente lateral y externo que muestra un mundo cambiante, diferente, diverso…, en el que no dejan de convivir ricos y pobres, alegres y tristes, sanos y enfermos… 

Un penitente anónimo, joven, de horas, pero que, de golpe, siente que se han metido en él, bajo su bronce recién estrenado, cientos de miles de penitentes llegados de los siglos. Nuestros antepasados cofrades, con sus luchas y sus sueños, sus dolores y gozos, sus esperanzas y deseos de inmortalidad. De ahí que aquí no importen los colores de las túnicas, ni la forma de las medallas, ni los modos de alumbrarse…, aquí importa la universalidad de ser cofrade, el amor a una hermandad, simbolizada en la mano derecha que agarra con fuerza el emblema, y en la creencia en un Cristo inmortal sin el que nada tendría sentido, ni la misma escultura en sí misma, por lo que el bronce solo se quedaría en bronce. También dentro de él se han introducido misteriosamente los cofrades del futuro, porque serán, irremediablemente, también pasado. Y estamos los presentes, los que ahora lo vemos fuera de nosotros, pero nos identificamos con él sabiendo que pronto estaremos igualmente dentro. Tal vez por ello, movido el autor por la providencia, aparezcan en la obra tres cruces, la que sirve de guía, la que cuelga del rosario y la que forma parte del escudo de la Unión. Tres cruces en tres tiempos y tres espacios, tres cruces alumbradoras en la unidad de un penitente solitario que camina descalzo, es decir, libre, valiente, firme… hacia la vida eterna, cruzando por las calles de este mundo buscando hacer el bien y dando testimonio de entrega, de fe, de caridad y de esperanza.  

 

Y ahí quedaba el penitente. Aquí queda. Ojalá sea respetado por los siglos. Y desde el bronce, ya patinado por el tiempo, sigamos infinidad de ubetenses contemplando el devenir de un pueblo que se ha hecho grande, y lo seguirá siendo, por su historia, su arte, sus nobles gentes y su fe.  

 

El patrimonio de Úbeda se enriquece con este monumento tan próximo. Tanto que, junto a él, hombres, mujeres y niños se harán miles de fotografías identificándose con el personaje. Y el sol, cada amanecer, al contemplarlo, se hará también un poco más semanasantero. 

 

Muy digno también el emplazamiento y el entorno. Todo un éxito. Enhorabuena a cuantos lo habéis hecho posible.     

 

                        Firme en la fe, descalzo, cercano, ascua en su brillo,

                        el penitente en Úbeda se hace alma trascendida. 

                        Es de bronce y de amor, de corazón sencillo. 

                        Y en él andamos todos, cruzando por la vida.  

domingo, 20 de marzo de 2022

LIBROS EN EL BASURERO DE BARCELONA

Invitado a visitar Barcelona para asistir a un evento el domingo, llego al hotel el sábado.

 

Después de descansar un rato en la habitación, me dispongo a dar un paseo por la zona centro. A pocos metros de la salida hay tres contendores de basura. Junto a uno de ellos, veo un gran saco de rafia azul a punto de estallar y sobre el suelo varios libros en perfecto estado, uno de los ejemplares todavía envuelto en el plástico de salvaguarda. Me detengo pensando que a alguien se les habrá caído accidentalmente. En ese preciso momento se detienen dos buscadores de desechos que venían montados en un curioso carromato en el que transportan objetos residuales. 

 

Los observo con atención. Se bajan y abren el primer contenedor. Con una especie de garfio largo, hecho de manera artesanal, sacan un destrozado tostador de pan que dejan en el carro cual trofeo valioso. También la parte metálica de una plancha. Visto que ya no hay más material valedero, se dirigen al segundo contenedor. Lo abren y empiezan a escudriñar. Pero qué va, ahí no hallan nada de interés más que bolsas con restos de comida y algún trapajo inservible. Toca ahora el tercer contendor, ese que tiene junto a él una bolsa gigante repleta de algo que no termino de captar y varios libros cercanos a la base que entorpecen las maniobras de búsqueda.  

¡Y oh sorpresa!  A uno de los señores buscadores de tesoros no se le ocurre otra cosa que apartarlos de una patada. Los libros ruedan hacia la izquierda como pelotas rectangulares. Levanta la tapa. Mira. Hace señales al compañero que introduce el gancho obteniendo una gran presa: tres películas en DVD y en cuyas portadas se perciben ciertas imágenes subidas de tono. Se miran entre ellos mientras sus rostros dejan escapar unas pícaras sonrisillas cómplices. Y al carro. Se frotan las manos, suben al vehículo destartalado y se largan calle abajo.

 

Me quedé entonces mirando con tristeza los libros desperdigados por el suelo. Como con disimulo, me fui acercando a ellos. Miré a un lado y a otro para asegurarme de que nadie me observaba y me agaché para ver de qué libros se trataba. Dos eran novelas, uno un tratado de recetas y otro un ensayo de economía. Todos, menos el gastronómico, en catalán.

 

Me incorporé y me dio por mirar en el interior del gran saco adjunto al contenedor. ¡Madre!, era todo un contenido también de libros. Perdí entonces la vergüenza y la timidez y por las claras los fui revisando. Todos cuidados, bien encuadernados, la mayoría presentaban cubiertas duras y hasta algunos en presentación de lujo. 

 

Y no supe qué hacer. ¿Cómo se pueden tirar a la basura obras de arte? ¿Cómo se pueden arrojar al suelo jirones de vida y de sueños con tanta indecencia y sin que nadie se interese en rescatarlos, ni siquiera los buscadores de desechos, que podían haberlos vendido, cuando menos, a libreros de mercadillo por unos pocos euros… 

 

¿Y cómo llevármelos yo, que solo disponía de un pequeño maletín…? ¿Y cómo disfrutarlos si estando en catalán no podría leerlos? Hasta que tomé una serena decisión: salvaría, al menos, los de lengua castellana. Volví a revisarlos y solo había dos. El de cocina y otro, de exquisita presentación, ilustrado a todo color, de medicina. 

 

Y con ellos me adentré en el hotel para, haciendo hueco entre una muda y la bolsa de aseo, dejarlos en el maletín. Pocos minutos después volví a bajar para dar el paseo pretendido. Pasé de nuevo junto a los contenedores y miré una vez más el saco con todos los libros en su interior dejado caer en el contenedor. Sentí gran pena y dolor. Me volví a acercar y los volví a tocar en la esperanza de que alguien, como la mano de nieve de Bécquer, viniera a salvarlos.

 

Ya tarde, de regreso al hotel, me fui hacia los contenedores y ahí seguía la bolsa gigante de los libros, nadie se los había llevado. Los containers ahora estaban repletos de bolsas de basura y demás residuos y desperdicios. 

 

Esa noche dormí con cierta inquietud. Cada vez entiendo menos a este mundo, cada vez comprendo menos este tipo de sociedad que hemos creado, cada vez me pesa más esta vida repleta de egoísmo, de mentira, de injusticia, de incultura, de deshumanización… 

Y es que, si no valoramos nada, si nos invade la inmoralidad y el relativismo, si nos reviste la irresponsabilidad, la desgana y el desconcierto, si somos máquinas de destrozo, si se arrancan y arrojan seres humanos al muladar…, cómo no se van a tirar libros a los contenedores de basura por mucho que se nos diga que son hijos, amigos, como algo de uno mismo… 

 

¿Cómo extrañarnos entonces de que Barcelona se esté convirtiendo en una ciudad sin alma? 

 

¿Cómo extrañarnos entonces de que no cesen de caer sobre nosotros las plagas de Egipto?   

 

martes, 1 de marzo de 2022

¡VIVA LA LIBERTAD!

Putin, sentado en su trono de dictador comunista, obsesionado con convertirse en el más grande emperador dueño de medio mundo, medita en la posibilidad de conseguirlo y mira a su alrededor. “Lo primero, hacerme con Ucrania, una gran nación hija de la antigua madre patria. Rica. Granero del continente. Ahí quedan todavía, sobre todo en la parte del sureste, regiones como Donbás y Lugansk, mayoritariamente pro-rusas. Hacerse con ellas, como lo hice con Crimea, no es ningún problema. Una buena excusa además para comenzar la invasión hacia el sueño”.

Putin, sonríe, da un trago al vodka y se regocija en su propia ambición. “Bien, esto va por buen camino. Apoderarme de Ucrania será fácil. Solo tienen un ejército de andar por casa. Con solo una pequeña parte de mi arsenal me haré de ella en dos días como mucho. Derrocaré a los nazis y drogatas del gobierno y pondré a unos títeres de mi onda. Primer paso conseguido”.

 
Luego, Vladímir, se levanta. Da un paseo por su amplísimo lujoso despacho y mira por la ventana. Ve caer la nieve lenta. A lo lejos, un horizonte gris que sobrecoge. Más allá parece ver un sol redondo y cálido que da al Atlántico abierto al otro mundo. “Ah, si yo llegara hasta allí. ¿Y si incluso llegara a orillas del Mediterráneo? Las playas de Grecia, de Italia, de España… España solo tiene el inconveniente de situarse muy lejos, pero de todas sería la más fácil de meter en la buchaca. Allí cuento con grandes amigos de extrema izquierda que incluso forman parte del gobierno. Además, están los etarras, que los tengo de mi parte, y los separatistas que tanto me deben. Un gobierno, por lo tanto, débil con una oposición dividida y en guerra. Miel sobre hojuelas. Además, está también por ahí mi amiguete Zapatero, que tanto hace por Venezuela, Cuba y demás sucursales compañeras, moscas cojoneras de los fascistas yanquis”. 

 

Putin respira, se frota las manos. “¿Me atrevo? Pero es que está la Unión Europea”. Vuelve a beber otro largo trago de vodka y deja el vaso vacío. Los bótox de la cara de un viejales de setenta años que quiere aparentar cincuenta se ponen rojos y parece que le van a estallar y, de hacerlo, llenarle de grasa pegajosa los ojos. “La Unión Europea no es nada. Están más desunidos que nunca. Andan entretenidos, a ver quién es más progre, con los divorcios, los abortos, los LGTBI, la eutanasia, el laicismo, el feminismo, el racismo, la homofobia…, el pan y circo, la publicidad, el confort, el relativismo, el conformismo…, los grandes valores que los sostenían los han perdido, machacando a impuestos a los pueblos para mantener a cientos de miles de gorrones… Ellos no harán nada si digo de invadirlos. Correrán como conejos. Son políticos vivales que se matan entre ellos y hacen como que hacen para cobrar y vivir la vida”. 

 

Vladímir Putin llena de nuevo el vaso y sentándose bebe el licor blanquecino cual si fuera agua. “La Unión Europea tampoco es problema. Pero está la OTAN. Y estos son militares. Contrapongamos fuerzas. Yo tengo un gran ejército. Poseo armamento excepcional. Dispongo de mandos bien formados para la guerra y soldados perfectamente adiestrados. Y tengo a la gran China de mi lado. La OTAN es también un lío de ejército. Una torre de babel. Unos de aquí, otros de allí, algunos no pueden ni verse. Unos de derechas, otros de izquierdas, otros de centro, otros veganos, otros ecologistas, otros nacionalistas, otros pacifistas, otros negacionistas, otros cristianos, musulmanes, judíos… Con lo fácil y grande que es ser todos comunistas, todos iguales, todos en un mismo pensamiento y hacia un mismo destino, todos para todo en común, sin grietas, sin oposición, obedientes al líder que ha sido elegido para guiarlos…” 

 

Ahora, el gran jefe de Rusia, se deja caer sobre el respaldo de su elegante sillón y toma la gran decisión cual dios que se siente: “Está claro, lo tengo todo a mi favor para adueñarme de Europa entera. Así que daré un discurso por televisión y listos para entrar en Ucrania… y luego, Polonia, Finlandia, Alemania, Francia… Hitler a mi lado será un pobre hombre, un hermano de la caridad. Así que, si de él se han hecho miles de documentales, películas, libros…, qué no se hará de mí”. En este momento, Vladimir Putin ríe a carcajadas y se vacía de golpe el vaso en su boca de sanguijuela. Toma el teléfono amarillo y da la orden: “Comenzamos la nueva solución final”.   

Y Rusia entró, por el norte, sur y este, antes del amanecer, en Ucrania, el 24 de febrero de 2022. Y Rusia se encontró que Ucrania le presentó más resistencia de la esperada. Y la Unión Europea se unió en ella misma como no se podía ni imaginar. Y la OTAN está en espera y en alerta. Y gran parte de los ciudadanos del mundo, incluyendo no pocos rusos, protestando y condenando el atentado y la masacre que está cometiendo el loco del vodka… 

 

Y Rusia se está quedando aislada. Y está Putin que trina. Y, como todo ciego herido y acorralado, se dedica a dar palos sin ton ni son. Hasta el punto de amenazar con el uso de armas nucleares. De ahí que sí, que hasta puede que se apodere de Ucrania, y de otros países, y hasta de Europa entera… Pero al final, así se adueñe de medio mundo y quede medio planeta destruido, no ganará nada, porque la luz siempre es más poderosa que la oscuridad. Porque Putin representa el comunismo en lucha contra la libertad del hombre y la mujer. Y la libertad, más tarde o más temprano siempre vence, siempre, porque la esclavitud es muerte y la libertad es vida. 

 

¡Viva la Libertad! 

sábado, 19 de febrero de 2022

EL ÁRBOL DEL BIEN Y DEL MAL





                                                   
El árbol del bien y del mal

                                                se ha corrompido en tal manera

                                                que ya no da manzanas,

                                                ni limones, ni peras,

                                                ni fruto alguno que pueda comerse.

 

                                                Ahora el fruto –mirad– es la ceguera.

 

                                                Y son las hojas mustias.

                                                Y están las ramas secas.

                                                También el tronco sufre

                                                la adustez de la tristeza.

                                                Y hasta van las raíces podridas

                                                mordiéndose entre ellas. 

 

                                                El árbol del bien y del mal

                                                se ha convertido en árbol sin conciencia. 





lunes, 7 de febrero de 2022

DEMOCRACIAS Y DICTADURAS

Están los políticos demócratas obsesionados con eso de progresar, sin que sepamos bien en qué consiste el progreso. Por que vamos a ver, ¿es progreso acabar con la vida de un ser humano indefenso que espera nacer? ¿No poder estudiar en tu idioma en tu propio país? ¿El amor libre? ¿El aumento escandaloso de los divorcios? ¿Acabar con la fe de las personas? ¿La manipulación del lenguaje, la grosería, la descortesía, la vulgaridad…? ¿Las armas nucleares, la destrucción de la naturaleza, la esclavitud de los móviles…? Vamos a ver también, ¿no era progreso en la transición el desnudo y el erotismo y en nuestros días se persiguen y censuran?, ¿cuándo eran progreso, antes o ahora? No debe andar muy clara la cosa cuando se ha liado lo que se ha liado con la canción “Mamá”. ¿Es progreso buscar el enfrentamiento entre hombres y mujeres en lugar de la plena igualdad en derechos y deberes? ¿Es progreso las mentiras de los que nos gobiernan, sus hipocresías, sus luchas intestinas, sus chantajes, sus filtraciones a la prensa…? ¿Es progreso la inflación, la subida de los precios, la factura de la luz, el paro, la pobreza que aumenta…? ¿Es progreso que no se cumplan las sentencias de los jueces, que el fiscal general sea del mismo partido del que gobierna, que los que han de juzgar sean elegidos por los que han de ser juzgados…? ¿Es progreso estar en el poder los que odian a su propia nación?...

 

Aquí el progreso es, como siempre, para los que están arriba. Los otros, los del pueblo llano, su progreso consiste en que no les falte un plato de comida, una cerveza y un colchón donde dormir… Y tan felices… 

 

La democracia fue un arma maravillosa y convincente (porque siempre será mejor una mala democracia que una buena dictadura), que se inventó para poder aspirar a quitarle la tarta a quien la tenía de por vida y adueñarse de ella para luego, a base de engañar a los de abajo, poder mantenerla y disfrutarla, y vivir mejor junto a sus compinches sin que les pese la conciencia porque tienen la justificación de haber sido votados por ellos. Y hablan en nombre del pueblo, para el pueblo, por el pueblo…, pero nadie, y ellos menos, sabe en verdad quién es el pueblo. 

 

La democracia en teoría es algo grandioso, los que la hacen pequeña son los que la tienen que defender. ¡Qué espectáculos nos dan, qué circo, qué vergüenza…! Se venden y se prestan, dicen blanco y a la vez negro, prometen y no cumplen, se visten de publicidad, compran voluntades, medios, empresas, bancos…, prevarican, se corrompen. Y si alguna pobre persona de la casta paria levanta un poco la voz para decir algo…, ya tienen el calificativo preparado: facha, fascista, retrógrado…, progre, rojo, comunista… dependiendo del bando a donde quiera situarse o quieran situar al desgraciado. 

 

Y así se ha ido desarrollando la Historia, entre dictaduras y democracias. Cuando llega la dictadura, arrasa con lo que había hecho la democracia. Adiós títulos, distinciones, monumentos, calles, leyes… Cuando llega la democracia, adiós títulos, distinciones, monumentos, calles, leyes… Y en ello estamos ahora, borrando todo atisbo que huela a franquismo… poniendo en cambio, como les da la gana a los que manda, en nombre del pueblo que pasa de ellos, nuevos títulos, distinciones, monumentos, calles, leyes… Para que en cuanto llegue una dictadura dedicarse a borrarlos, porque entonces será tan perverso el haber vivido en democracia como lo es en nuestros días el haber vivido en dictadura. 

Y a mí me da pena y lástima, incluso humillación y oprobio ajenos, el ver como a grandes personas, artistas, intelectuales, científicos, médicos, políticos, empresarios, religiosos, militares, conquistadores… se les denigra y se les desposee de honores recibidos en nombre también del pueblo del que formaron parte. Con el agravante además de juzgar con parámetros del hoy los hechos del ayer. 

 

Pues ya lo saben, ahora toca democracia, pero la dictadura siempre acecha y el tiempo es largo. Así que cuidado con los títulos, distinciones, monumentos, calles… a los “demócratas” del presente, que pueden acabar en descrédito, ignominia y vejación por las dictaduras del futuro. Y no hace falta pensar solo en gente de armas o fanáticos que dan un golpe de estado... Rusia, China, Cuba, Venezuela, Corea del Norte…, el Islam… están ahí, y no son un espejismo.