sábado, 22 de julio de 2023

JORNADA DE REFLEXIÓN

            

                     Como somos ovejas, los pastores                            

                            nos prometen praderas y sembrados

                            desde su religión de paniaguados

                            inmersos en falacias y favores. 

 

                            Y cuentan con su haz de adoradores,

                            los de los manifiestos apegados,

                            sus chupópteros bien amamantados,

                            sus palmeros, sus perros ladradores…

 

                            Menudos elementos y vivales 

                            de más tener a más que menos vales

                            buscando las poltronas de mandar. 

 

                            Y aunque cierto sabemos que unos y otros

                            vivirán como reyes de nosotros,

                            como somos ovejas: ¡A votar!

 

 

 

sábado, 8 de julio de 2023

PERROS

Los perros tienen sus derechos que deben ser respetados, faltaría más. Pero los perros no son personas. 

 

Yo amo a los animales. Tengo pájaros amigos que viven en libertad y tortugas que salen a mi paso cuando cruzo por el patio y el pequeño jardín de mi casa. Y hace unas semanas he dedicado un libro de poemas a las aves del mundo repleto de admiración y cariño. 

 

Pero los perros son mis favoritos. Ya, siendo muy pequeño, le tomé aprecio a un perro callejero que se hizo amigo de los niños de la manzana. Todos jugábamos con él. “Fiera” lo llamábamos. Pero de fiera tenía poco, era todo lo contrario, manso y noble, aparte de esquelético, y en sus ojos sin brillo se mecía la mueca de la tristeza, como sabiendo que su fin sería trágico. Una mañana, un hombretón chulo y desgarbado, se lo llevó al campo y lo colgó de un olivo. Todos lloramos y guardamos un luto no impuesto que nos dejó sin ganas de jugar por largos días en la plazuela. 

 

Los perros son, además, los animales más listos e inteligentes de la creación. Cuando el hombre comenzó a desarrollar la caza por la necesidad, el perro se dio cuenta de que, más que huir del enemigo y ser devorado, lo mejor era pactar, ponerse de parte del fuerte, y ayudó al poderoso a cambio de salvar la vida y recibir parte del botín, aunque fueran las sobras que se arrojaban a sus pies. Es decir, el pillo se vendió por treinta monedas de huesos. 

 

Y como el ser humano, ellos también han avanzado. A base de carantoñas, fidelidades, obediencias y demás recursos engatusadores han llegado a ser no los siervos de la casa, sino los dueños, los amos, los reyes. Y se les saca a pasear, son llevados al veterinario al más mínimo síntoma, se los compra comida en los supermercados, tienen su casita, su sofá, su manta, su cama, su ropa, su peluquería estética, su guardería, su canal de televisión… y no pocos hasta se acuestan con ellos y los cobijan entre sus brazos. Ah, y el propietario o propietaria está obligado a recogerle la caca, aunque en esto hay de todo, porque rara es la calle que no está llena de excrementos e insólita la casa que no tiene dibujados en sus fachadas larguísimos y variados cuadros de orines. 

Y todo bien, pero me da la impresión de que la sociedad también está perdiendo el rumbo en esta materia. Ya son muchos los que ven en los perros más que un animal de compañía, una simple mascota, un ser igual y semejante…, incluso un amor con el que llamarles hijos o casarse.  

 

El perro, por lo tanto, ante la rendición del ser humano, se sabe jefe y patrono, y está empezando a creérselo subiéndose al sillón de a mí nadie me tose. 

 

En Cartagena, hace unos días, dando un paseo al atardecer por una vía conocida, pasó por mi lado una mujer en cuyo brazo izquierdo llevaba dormido, con la cabecita hacia fuera, un niño de meses, mientras que con la mano derecha empujaba un carrito de capota. Frente a ella se fue acercando una señora bien entrada en carnes con un perraco negro suelto. Al pasar por el lado de la madre, el animal saltó sobre el recién nacido y rozó su cara con su hocico terroso y húmedo. La joven, instintivamente, apartó el brazo mientras se le fue un grito de espanto: “¡Leche, con el perro asqueroso, pues no ha querido morder a mi hijo!”. Y para qué quiso más. La dueña, ofendida, en jarras, comenzó a ladrar como una posesa…: “Mi perro tiene derecho a ir por la calle y no es asqueroso, es una persona, mejor que una persona…, lo que es asqueroso es lo que tú lleva en tus brazos, desgraciada, que ojalá se muera”. Y sin palabras me quedé.

 

Ante tanta miseria, la madre siguió su camino sin entrar en polémica, hasta que se perdió por uno de los callejones más próximos. Yo estuve a punto de intervenir y expresar mi disconformidad. Pero me contuve y solo animé por lo bajini a la señora a que siguiera su marcha y evitara entrar en discusión. Tratar con animales que tienen perros no es conveniente por consideración a los perros. 

 

Pero ¡ay! casualidades de la vida. Ya de regreso, en Úbeda, el último día de las fiestas circenses del Renacimiento que mira al Sur, sentado en un banco de Santa María, observo que frente a mí hay una mujer mayor también sentada, en esto que de repente un perro más grande que un castillo, viniendo por detrás, se mete bajo la falda de la anciana con el consiguiente susto para la mujer, que, temblando, se puso de pie como empujada por un muelle metálico lanzando al aire un grito que todavía resuena por la torre del palacio del Marqués de Mancera, todo un gran palacio, dicho sea de paso, destrozado por dentro sin escrúpulos, mientras que a cualquier casilla extraviada en una calle perdida que tiene dos piedras juntas le paralizan las obras por los siglos de los siglos. 

 

Pues bien, el dueño del can se encaró con la señora de malas maneras: “No se queje, que no es para tanto. A ver si mi perro no se va a tener derecho a acercarse a las personas”. Y aquí si intervine. En Cartagena sentí tras el suceso relatado dolor de conciencia por mi cobardía. Pero aquí quise resarcirme del entuerto. Así que me fui hacia él señor dueño y le dije: “Mire, esta señora ha gritado y está afectada porque se ha asustado mucho… Y no, su perro no tiene derecho a acercarse a las personas sin el consentimiento de ellas y menos meterse bajo las piernas de nadie ajeno y menos aún si se trata de una señora mayor. Su perro a lo que tiene derecho es a ser respetado, pero por encima de todo tiene la obligación de respetar a los seres humanos y no meterse donde no lo llaman. Él se esforzó en replicarme, pero yo solo añadía que no, que no, que no… 

Que no. Que nos estamos pasando también en esto. Porque ya todo el mundo habla de los derechos del perro como si fuera más que una persona, pero hora es ya de empezar a trabajar en serio acerca de las obligaciones de los dueños y dejen así de ser más perros que los perros. Con perdón a estos animales geniales que han sabido progresar y entender la vida como pocos. 

 

miércoles, 21 de junio de 2023

NUEVA CORPORACIÓN MUNICIPAL

El pasado sábado, día 17 de junio, se constituyeron los ayuntamientos. Y entre ellos, el nuestro, el de Úbeda. Atrás quedaron las promesas y la propaganda. En esa mañana, tocó jurar o prometer, y recibir las autoridades electas los distintivos de la ciudad, y la alcaldesa, además, el bastón de mando. 

 

Pero llegados aquí, bueno es hacerles recordar a los recién llegados y a los que ya vienen ocupando cargos desde años, que los distintivos (tanto la medalla impuesta, y creo que, como en legislaturas anteriores, aunque no se realizó de cara al público, la insignia) que representan a toda la ciudad al completo, aunque sí son un orgullo, no son símbolos de poderío sino de servidumbre, y el bastón no es emblema de reinado absolutista sino de compromiso y responsabilidad. 

Yo no soy nadie para dar consejos, pero como ciudadano que se toma la democracia como algo sagrado porque ha costado sudor, lágrimas y mucha sangre a lo largo de la historia alcanzarla, y sabe que hay que estar muy alertas para no perderla, sí quiero decir con claridad, por medio de este blog que desde hace años viene dando voz a mi voz libre, que se ha de gobernar para todos y no para unos cuantos, esos que creemos son los nuestros. Que es el pueblo siempre el que en última instancia manda. Que admitan que en todo mandato se hacen cosas buenas y no tan buenas. Que se anden con más cuidado referente a las obras públicas y privadas para no caer en los destrozos urbanísticos y monumentales. Que no solo ellos, sino que todo ubetense de bien ama a esta ciudad tan asombrosa como especial, y en ese amor goza, y en ese amor sufre cuando la ve herida. Que hay que favorecer una más amplia e independiente creatividad cultural y social… y no querer dominarlo todo. Que más trabajo y desarrollo empresarial y menos circo. Que se eviten tantas trabas, papeleos y burocracia para desarrollar cualquier iniciativa y se den mayores facilidades a los emprendedores. Que sobran apariciones de cara a la galería y a la adulación, y se precisan más hondos silencios fructíferos. La humildad que siembra, por más que este nublo o sea de noche, brilla por sí sola sobre los celemines. Que menos impuestos, trampas y derroches subvencionadores. Que estén cerca de los ciudadanos. Que no busquen ni se fíen de las alabanzas banales y obren con rectitud y serena autoridad. Que más abanico de pensamientos e ideas y menos monocorde adoctrinamiento político. Que escuchen las iniciativas que surjan de los ciudadanos y las consideren. Que acepten la libertad de expresión. Que sepan consentir las críticas e incluso favorecerlas, nunca ahogarlas con duros ataques, y menos con amenazas subliminales o explícitas… Y que la soberbia enloquece, el odio ciega, la injusticia condena y la mentira atrapa… Y que quien bien obra, bien acaba.   

Y a trabajar. Y ya que dicen que se han presentado para servir al pueblo y mejorar al pueblo, pues adelante. Eso los honra, engrandece y es digno de consideración. Y dentro de cuatro años, dejando aparte la ingratitud que por regla general reviste al ser humano, volveremos a valorar de manera lo más equitativamente posible a cada edil, viendo quienes han pasado de puntillas y quienes se han dejado la piel en el cargo, evaluando finalmente la labor colectiva desarrollada. Y a los que ya no van a estar y a los que no estén en el futuro por cualesquiera razones, les digo que solo entonces sabrán de verdad si han valido o no, si lo han hecho bien o mal, si han cumplido, porque, cuando no sean nada, ya sin palmeros ni pelotas ni interesados, cada gesto de cariño, deferencia y respeto que reciban, será una limpia, preciosa y valiosa papeleta echada en la urna de su corazón. 

Enhorabuena y feliz mandato a todos.


martes, 6 de junio de 2023

UNA OBRA PARA LLEGAR A JESÚS POR JUAN

Mi nieta Elena Nazaret ha hecho su primera comunión en Córdoba y aún no es plenamente consciente, pese a sentir por vez primera la presencia de Dios hecho pan en su alma, de todo lo bueno vivido en ese día.

Junto a sus amigos de catequesis se acercó al altar en una mañana de sábado luminoso y gozó, acompañada de sus padres y familiares, de uno de los momentos más hermosos que pueden vivirse en la vida, el de recibir la Sagrada Forma y ver las puertas abiertas a seguir haciéndolo hasta que la muerte se lo impida, y no porque con ella todo acabe, sino porque ya no será necesario seguir alimentándose del Cuerpo de Cristo en cuanto estará junto a ella, con ella y en ella, hecho presencia gloriosa y real, por toda la eternidad. Y esto no es porque yo lo diga dejándome llevar por mi apasionado sentir poético, sino porque el mismo Jesús nos lo dejó dicho por medio del evangelista Juan, que lo expone con suma claridad en el capítulo sexto de su evangelio. Capítulo que sirvió como base para que mi hijo José Ramón escribiera el libro: El Evangelio de Juan y la Eucaristía. Un punto de vista personal. Análisis del capítulo 6. Y que publicó como regalo también a su hijo Ramón Aléxandros cuando hizo, en el dos mil veintiuno, su primera comunión. 

 

Mi nieta, como todos los niños, tuvo su fiesta y recibió algunos presentes que sin duda la llenaron de satisfacción y alegría. Pero hubo uno que, siendo el mejor, le pasó mucho más desapercibido. El de un libro, inmenso, de 442 páginas, que su padre, tras muchos meses de trabajo, de esfuerzo, de horas robadas al ocio y al sueño, de enclaustramiento, de estudio y de honda introspección le ha escrito y publicado sin escatimar gasto alguno, para que ella, más el día de mañana que en el ahora, se empape de la maravilla que es la palabra de Dios escrita y más concretamente la expuesta por el evangelista San Juan en su Evangelio que es el más espiritual, transcendente y místico de cuantos se han escrito, tanto reconocidos como no por la Iglesia Católica.

 

El libro, Buscando a Jesús en Juan. Análisis de diez episodios del Evangelio de Juan, es un estudio exhaustivo y amplio de diez perícopas seleccionadas dentro de diez de los veintiún capítulos que lo componen. Siendo las elegidas: la llamada a los primeros discípulos, el templo, la samaritana, la adúltera, el ciego de nacimiento, la última cena, la flagelación, la crucifixión y muerte, la tumba vacía y el prólogo, que siendo lo primero, lo deja para el final por considerarlo un himno cristológico que viene a condensar todo el evangelio en sí, un broche de oro que eleva, cala y llena, haciendo que la fe se haga más fuerte y firme porque tras cada versículo y cada palabra uno comprueba que ninguna mente humana puede expresar tales maravillas si no son inspiradas directamente por Dios.  

 

Y ahí quedó el libro, en las manos de mi nieta, que lo hojeó y, tras mirar la foto que lo abre en la que se ve junto a su papá, leer en voz alta el texto de la portada y decir, al ver en la contraportada las manos atadas del Cristo de la Columna entre una gran espiga radiante sobre el perfil del puente romano de la ciudad califal, que le gustaba mucho, lo dejó sobre la mesa para ir a recoger esos otros regalos ilusionantes con los que divertirse y distraerse.  

Regalos que acabarán arrinconados, perdidos, olvidados…, mientras que el libro irá acercándose, haciéndose más presente, más vivo. Hasta llegar la hora de la madurez, de la equidad personal, del saber separar la paja del grano… Y entonces sí. Entonces acudirá a él, lo abrirá con inquietud, con cierto sigilo y lo leerá, mejor lo devorará una y otra vez, y cuando llegue al final de cada uno de los episodios y lea la reflexión que su padre (y tras él, en unidad plena de vida, su madre) le dedica en cada uno de ellos, rodarán por sus mejillas lágrimas de emoción y gratitud que fluirán llenas de ternura mientras abraza la obra en su pecho como se abraza a un amor que en el Amor de los Amores se hizo amor. 

 

El libro, una joya para estudiosos llena de hondura, delicadeza, notas, interpretación, historicidad y reflexión, una perla para los que desean sumergirse en el mar de la verdad evangélica y buscan llegar más allá de la orilla de la simple arena, fue regalado a todos los invitados. 

 

Y yo, en mi mochila, me traje unos cuantos a Úbeda convencido de que se trataba de una obra brillante que no debe faltar en la librería de todo aquel que no quiere quedarse en la cáscara de una fe sin reflexión ni razón, no analítica, amorfa y cómoda. Si alguno de mis amigos lectores quiere recibirlo como regalo, tan solo con llamar a mi puerta lo tendrá amablemente en sus manos. Lo que se recibe de gracia se ha de dar de gracia, que también dijo Jesús. 

 

Un libro, en resumen, para remover conciencias sembrando unidad y esperanza, y que será también presentado oficialmente, el próximo mes de octubre, en Córdoba, para ser regalado igualmente a los asistentes, ya que no está a la venta. Una obra, en definitiva, que, como María, no solo pretende buscar a Jesús en Juan, sino llegar a él, y así conocer ya por siempre, el camino, la verdad y la vida. 

martes, 23 de mayo de 2023

SER DE IZQUIERDAS


De izquierdas eran los de antes, los hombres envejecidos a los cuarenta y las mujeres viejas a los treinta, los obreros explotados de las fábricas, los jornaleros de sol a sol cuando eran llamados a la faena, las sirvientas que servían a los señoritos hasta quedar con las manos hinchadas, las rodillas descarnadas y el pecho seco que ni leche daba para amamantar a sus hijos, los que caían muertos de repente en plena siega y trilla, no por golpes de calor, sino por debilidad suprema, por agotamiento, por hambre física. De izquierdas eran los de antes, los que soñaban con quitarse de encima el yugo de los reyezuelos opulentos, bobos y promiscuos, de dictadorzuelos vivales y aprovechados, de caciques sin alma, de capitalistas codiciosos e insensibles, de mala gente…, para encontrarse con un amanecer de justicia, de igualdad, de fraternidad…, y de libertad.

Y lucharon por ello. Y entre los luchadores más utópicos estaban los anarquistas, los poetas sobre la superficie de la conciencia, los jilgueros del campo sin alambradas, las luciérnagas de las noches oscuras, los amantes de la gran libertad… No querían ni estado, ni partidos políticos, ni poder, porque todo ello suponía opresión, sumisión, rejas, candados en la persona. El hombre es bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompe, decía Rousseau, a quien siguieron otros ideólogos anarquistas, como Stirner, Tolstoi o Bakunin. Por ello, para no corromperse, es fundamental una educción exquisita que impida que nadie se malee, y así poder configurar un mundo en el que vivir en paz, en armonía, en justicia, en igualad, en connivencia con la naturaleza, en responsabilidad…, sin perder, por ello, la propia individualidad, lo que lo diferenciaba del marxismo, comunismo o socialismo que aboga por un poder sobre todo poder denominado “dictadura del proletariado”, donde la masa colectiva anula completamente al individuo. Por lo tanto, el sueño anarquista era alcanzar un mundo ideal donde prevaleciera al bien común sin perder por ello la individualidad, de modo que si todos nos comprometían sin falsedad a vivir por el bien de todos, sabiendo que la vida no es más que una parada compartida en el tiempo, no había entonces necesidad de policías, ni de jefes de gobierno, ni ministros, ni alcaldes, ni de nadie que dirija la vida de nadie, ni perturbe ni maneje la libertad personal.

Luego, el anarquismo se fue fragmentando en variadas tendencias, especialmente en anarquismo individualista y anarquismo colectivista, éste más próximo al comunismo. Pero ambos, en teoría y según sus partidarios, no supone desorden, sino todo lo contrario, consideran que al surgir de la base y no ser dirigidos, la organización será de plena armonía, de primer orden, tal como marcaba el ideólogo Henri Lefebvre.

Pero el anarquismo, tan idealista, tuvo que ser perseguido por peligroso e irrealizable. Y lo mejor para ello fue etiquetarlo de violento y subversivo, aprovechando que algunos impacientes por imponer el régimen usaron la fuerza tanto en sus reivindicaciones como en su equivocada y sangrienta estrategia de derrocar al poder.

Y a mí me hablaron, dentro de lo poco que nuestros padres quisieron hablar de estas cosas con sus hijos, de un hombre de la familia, de ideas próximas al anarquismo y partidario del movimiento obrero a través del sindicalismo de la CNT,  de los de izquierdas de verdad, partidario en su día de la república, no por traer ella en teoría el ideal anarquista de igualdad, fraternidad y libertad, sino en cuanto quería ver con su llegada un paso para salir del estancamiento social, cultural y económico que asfixiaba a la mayoría de la población de entonces, creyendo que traería trabajo para todos, formación, enseñanza de calidad, igualdad hombre y mujer, libertad de pensamiento y de expresión, virtud cívica y honesta… Llegando incluso en plena guerra civil a crear una colectividad de trabajadores del mismo oficio en el que daban todo y se repartían las raquíticas ganancias en equidad.

Este familiar, recién acabada la guerra, fue denunciado, para ganar méritos ante los cabecillas franquistas de la dictadura, por una trabajadora que no quiso pertenecer al colectivo, siendo detenido por sus ideas y juzgado sin garantías, hasta el punto de que, al no tener delito de sangre, fue condenado a cadena perpetua, noticia que recibieron su esposa, hijas e hijo con dolor y lágrimas. Pero era tan poco el valor que tenía una persona de izquierdas en estos juicios sumarísimos, que en la relación hecha pública su nombre apareció equivocadamente en la lista de los condenados a muerte. Enterada la familia tuvo que luchar con todas las fuerzas del mundo contra aquellos gerifaltes que poco interés tenían en subsanar el error, hasta que encontraron a uno que se apiadó de los llantos y las súplicas de rodillas, y haciendo un esfuerzo, tras comprobar las sentencias, corrigió el fatídico error que lo libraría de ser fusilado. Y cumplió su condena en cárceles miserables, no hasta la muerte, pero sí hasta quedar roto, hundido, enfermo y ciego. Y ya en la calle, seguir luchando en su creatividad por construir anhelos que hicieran sacar a flote a sus cinco hijos, de los cuales, cuatro –yendo, para asombro de muchos, en un principio a Baeza a estudiar, andando, y copiando a mano los libros que les prestaban los más pudientes, y presentándose luego a exámenes de estudios superiores por libre–, obtuvieron al final las carreras que el régimen permitía a las mujeres: una maestra y dos comadronas, y un practicante (le faltó unas asignaturas para recibir el título).

Lo nunca visto. Pero este salir adelante de aquellos hijos tenía sus raíces en el campo del pensamiento del padre soñador que encontró un gran apoyo en el sacrifico silencioso de su esposa que, pese a no saber leer ni escribir, se hizo unidad con él para ambos salir de las penurias, y hacer que sus hijos no las sufrieran de igual modo, soñando con la formación de calidad, el bien común, la igualdad, la fraternidad, el amor, …, y la libertad. Y no cesó hasta su muerte de inventar, de construir carruseles en los que los niños dieran vueltas para que no dejaran de encontrarse con ellos mismos, haciendo además fotos, retratando, con ayuda, de feria en feria, con su cámara minutera, a personas que quedaban así inmortalizadas en instantáneas de quietud, caminando también, en sus horas perdidas, con tristeza, de un sitio a otro, buscando una isla perdida entre la decepción y la esperanza…, llevado de la mano de este lazarillo, su nieto, que hasta el presente ha guardado todas estas cosas en su corazón, y que en este día de mentiras y falacias políticas, vísperas de elecciones embarradas por tantos egoísmos hipócritas, le quiere dedicar este trabajo en este humilde blog, para que sea como un postrero homenaje de cariño y recuerdo a su persona, y sepan, de paso, los sucedáneos oportunistas de izquierdas de ahora lo que es ser de izquierdas, de izquierdas de verdad.

lunes, 8 de mayo de 2023

EL DOLOR DE NO IR EN NINGUNA LISTA ELECTORAL

Estoy triste y decepcionado. Dentro de unos días van a tener lugar las elecciones municipales y ningún partido político me ha pedido que vaya en sus listas. 

 

Y es para estarlo, porque uno no es que sea una lumbrera, pero comparado con algunos y algunas de los que aparecen en los listados puedo estar a nivel. Tengo ligeros estudios, experiencia en la docencia, e incluso en la dirección, se algo de leer y también puedo escribir una carta o un documento para que se paguen los impuestos, e incluso puedo declamar algo en verso si fuera necesario. También puedo actuar, pasar como que no te he visto, hacerme el tonto, aparentar que trabajo hasta el límite, reírme de mi sombra y hasta llorar de pena, aunque para esto no es necesario fingir mucho, basta con mirar alrededor o asomarse a la tele o a las noticias. 

Pensé que podía ir en la lista de “Con Andalucía-Izquierda Unida-Podemos”. Ahí tengo –aunque muchos no lo crean– buenos amigos. No se lo voy a perdonar. Pero lo mismo también tengo algún enemigo, no lo sé, que lo ha impedido, por eso de que uno va a misa y acepta a Jesús como líder indiscutible de su partido. Una pena, porque a mí eso de estar del lado de los trabajadores, los explotados, los humildes, los necesitados, los pobres, los presos, los perseguidos, los oprimidos, los usurpados, los parados…, que es con los que ellos dicen estar, me mola mucho. Baste también con decir que las bienaventuranzas y las obras de misericordia son mi programa favorito. De igual modo, hubiera estado dispuesto a dejarme la coleta, vestir camisa tricolor y darle algún carguete a la madre de mis hijos para una mayor unidad en la lucha contra la casta, si bien me hubiera negado, eso sí, a disuadir a los ubetenses de que coman jamón con aceite de oliva y cervecita, pobrecillos, como aconseja Garzón que hagamos, aunque luego él lo incumpla en las fiestas. 

 

Después pensé que podrían venir los de VOX. No es raro por lo mismo, porque como soy cristiano y creo en Dios pues debo ser un facha de los de aúpa, un fascista de libro, un reaccionario de primera. Además, soy valiente, digo y escribo lo que pienso y no me vendo ni por un yate de los de Puerto Banús. ¡Qué buen voxero hubiera sido! Abascal a mi lado un mindundi afónico. Además, nada más llegar al cargo, como dicen ellos que harán cuando lleguen al poder nacional, aniquilaría chiringuitos y quiosquillos, paguillas y pagazas, ayudillas y ayudazas, adiós a los chupopteros, los subvencionados, los vendidos, los pelotas, los palmeros, los fariseos de una vela al santo y otra al demonio… Pero nada, se ve que hasta ellos me tienen miedo, no sea que me pase y recorte excesivamente gastos y reduzca sueldos, complementos y gratificaciones, y los reparta en los que de verdad trabajan por el pueblo y se vean entonces sin poder comprar gambas ni ramones bilbaos.

 

Pero para decepción decepción, el no haberme dicho nada el PP. Imperdonable. Porque es que la inmensa mayoría de los políticos ubetenses que se dicen de izquierdas y parte de los del mundanal ruido, si creen que puedo ser de algún partido… ese es el Pépé. No me hubieran hecho falta muchos esfuerzos para demostrarlo. En el fondo todos saben que vivo en la moderación, que huyo de los conflictos y los enfrentamientos, que soy cobardica y acomplejado. Vamos, que soy incapaz de matar una mosca, por lo que hubiera dejado todo como está y gobernado para todos, es decir, para los mismos de siempre. Ahora, eso sí, de haberme llamado a filas hubiera hecho, al menos, una precampaña algo mejor de la que se está haciendo. Con más calidad, más ánimo, más redes sociales, mejor dramatización y puesta en escena, más amplia publicidad, mayores denuncias, porque los peperos saben muchas cosas que dicen por lo bajini pero que se las guardan después en al bolsillo interior de la memoria…, porque son así, porque no quieren hacerse destacar y les tomen manía. Son tan buenos…

 

Mas el mayor dolor, lo confieso como buena persona que soy, es que los del Partido Socialista Obrero Español Andalucista Jiennense y Ubetense no me hayan invitado a tomar parte en su lista de listos. Qué hubiera dado yo por ir en ella, por ver mi nombre impreso en su relación de oro, por saberme de fijo, así me hubieran puesto en el último lugar, uno de los ganadores-ganadoras indiscutibles. Tonto de mí que no ha hecho tampoco por donde para meterme, como sí han hecho otros más de cultura y trepadores. “Señor don Ramon Molina Navarrete, concejal del Excelentísimo Ayuntamiento de Úbeda, Ciudad Patrimonio de la Humanidad.” ¡Suena bien! Qué orgulloso se hubiera sentido mi abuelo, condenado a cadena perpetua por Franco y encarcelado por muchos años, viendo que su nieto ha progresado dentro del progresismo y sin necesidad de ninguna memoria democrática. ¡Qué grandeza! ¡Cuánto honor! Y me hubieran distinguido poniéndome, en el solemne salón de plenos, en la solapa de la elegante chaqueta, la insignia dorada, y en el pecho la medalla brillante y esmaltada con su corona y sus doce leones que ya no recibiré nunca. He dejado pasar el tren y los trenes que se pierden no regresan y menos si el maquinista te ha puesto la cruz. Pero así son las cosas de la libertad y la independencia, no se puede hacer nada si no te quieren. 

 

Y querer querer, lo que se dice querer, para qué nos vamos a engañar, no me quiere ningún partido. A la vista está. 

 

Pero lo mismo me da un pronto y fundo un partido y me presento en las elecciones del 2027 y doy el golpe… ¡Capaz soy! Pero no, no, no… Que me machacarían entre todos y entre los mismos míos y me endurecerían el alma hasta el punto de ser el último muñeco de anidación dentro de otros muñecos mayores, vamos lo que se dice una vulgar matrioska sin poesía. Lo dejo para ellos y ellas que de prosas saben mucho. Enhorabuena. Y que lo disfruten.

domingo, 23 de abril de 2023

SEQUÍA

Estamos inmersos en una gran sequía. El campo está de pena. Yo la sufro cada día cuando me adentro por esas veredas perdidas por los cerros, al igual que lo he sufrido hoy al visitar el puente Ariza y verlo abandonado en su plena integridad sobre un inmenso manto de yerbajos medio amarillentos, cuando debería estar completamente sumergido en agua, aunque gritando su indigno ahogo monumental de siglos por no ser rescatado. Por cualquier lado, aflora la sequedad. Todo lo más, pequeñas florecillas silvestres y alguna que otra mariposa oscura revoloteando sin rumbo ni elegancia, así como numerosos reptiles huyendo para esconderse entre las rendijas de las piedras, más que asustados, confundidos. Los olivos en flor, brotándoles el cañamón, pero envueltos en melancólica tristeza. Y pese al sol radiante y el cielo azul rabioso, y aunque estemos celebrando la primaveral Pascua de Resurrección, no hay sensación de contento. 

Y las nubes no llegan. Y los profetas callan. Ya no hay ni un solo jeremías que salga a la tribuna de la plaza y levante la voz diciendo que estamos condenados por nuestras propias miserias y pecados, y que no llueve porque no tenemos arreglo, porque somos, más que otra cosa, escribas y fariseos, sepulcros blanqueados, raza de víboras, judas con los cuchillos alzados, hipócritas… Sí, porque hay que decirlo claro, la sequía es un castigo, si no de Dios, de la misma naturaleza –que tiene entidad en sí misma y es sabia–, que se rebela ante tantos desatinos y crueldades que cometemos contra ella. El cambio climático nos está envolviendo y asfixiando, aunque muchos lo niegan porque todo tiene que ensuciarse con la política y los intereses monetarios, sociales y periodísticos. 

 

En los tiempos antiguos se hacían rogativas. ¿Vamos a hacer ahora lo mismo? ¿Es que alguien cree que por sacar una imagen a la calle va a llover? Y cuando hayan salido cientos de cristos, vírgenes, santos, santas y san isidros… y por esas cosas que pasan, llueva, ¿nos pelearemos por ver a quién de ellos le debemos el favor…, como hacían nuestros antepasados? 

 

¿Que sí pero que no? Pues nada, venga, hagamos rogativas, saquemos a todas las advocaciones a las calles…, pero para que tenga efecto el milagro, se necesita fe, eso lo sabe todo el mundo, y tener fe quiere decir no creer en que la imagen tiene poder, sino que el poder radica en Dios único a quien se llega desde la limpieza del corazón de cada uno…, del corazón común, el de todos unidos. Así que, si dejamos de odiarnos, de golpearnos, de maltratarnos, de traicionarnos, de discriminarnos e indiferenciarnos porque no eres de mi grupo “selecto”, de ser injustos e insolidarios…, y amamos de veras la naturaleza y la cuidamos y mimamos, sabiendo que es la casa común que nos acoge, sin demagogias, mentiras ni egoísmos…, puede que vuelvan las lluvias. Pero, cuando vuelvan, y cerremos los santos en sus capillas, que los corazones no se encierren en velas, báculos, medallas, flores, tambores y trompetas…, sino que sigan en la lucha de convertir la sequía de dentro en incesante fresca lluvia de paz, solidaridad, respeto y clara convivencia.

Y que llueva, que llueva pronto y mucho. ¡Ojalá! Aunque nunca llueve, ya lo saben, a gusto de todos. 

 

lunes, 10 de abril de 2023

TODOS, MENOS DIOS

Es acabar la Semana Santa y a uno le surgen demasiadas preguntas. 


La expectación ha sido grande. Los hoteles llenos. Los turistas por miles. Los bares y restaurantes a rebosar. Los penitentes y nazarenos numerosos. Los costaleros y portadores superándose. Las mantillas primorosas. Los tronos y pasos bien presentados. Las bandas, filarmónicas, agrupaciones musicales y demás, en gran cantidad, incansables y estupendamente ensayadas. Los cortejos recreándose en la parsimonia. Las autoridades cumpliendo sin falta. Las revistas, boletines, programas, cartelería… por demás. El tiempo de dulce. Las calles abarrotas. Las iglesias medio vacías… ¿Y Dios? ¿Dónde está Dios?

Porque si echamos la vista alrededor, uno tiene que hacerse preguntas. No pocas veces da la impresión de que andamos en esos tiempos bíblicos que reflejan algunas películas, donde aparecen fiestas desenfrenadas, envueltas en alcohol y lujuria. Fiestas para la pura diversión, en donde la gente, vestida con inmoderación y actuando sin respeto, con vasos de cubalitro o botellas de cerveza, beben, ríen, se besan, se abrazan y se tocan al paso de los cristos y las vírgenes que en esos instantes más bien parecen muñecos que anuncian las ferias del pueblo. Y qué decir de los que, abarrotando algunas calles, ebrios y ciegos etílicos, hablan a gritos, se carcajean y ligan sin mirar ni importarles el cortejo penitencial que anda pasando por su lado. Y no digamos de aquellos penitentes que aún vestidos con sus túnicas y capirotes andan, tras terminar la procesión, metidos en bares poniéndose morados. 


Por otra parte, dentro de las cofradías, se viven momentos de emociones inenarrables, encuentros entre hermanos, abrazos entre lágrimas, rezos sentidos… y un procesionar con verdadera meditación, penitencia y sacrificio.


Y por el contrario a todo esto, en los templos, dentro de los cultos establecidos, los oficios y vigilias…, prácticamente nadie en comparación. Allí se muestra a Cristo, se lee la pasión, se adora la cruz, se reviste el sagrario, se ora, se goza la resurrección y se presenta el Dios hecho Eucaristía que se deja comer para tener vida eterna…, pero nada, cuatro gatos.   


¿Qué pasa aquí? ¿Cómo actuar? Ante esto, muchos son los que opinan que todo está paganizado, que las procesiones son meras excusas para las vacaciones y la juerga, y que la Iglesia está haciendo el ridículo manteniéndolas, por lo que debería de suprimirlas o transformarlas en manifestaciones de orden más privado e intimista.  Otros son de la opinión de que algo deja el paso de las imágenes, que son catequesis populares, que todavía son muchos los que se santiguan y piden y le agradecen al verlas pasar cerca. Los hay que las defienden por ser tradición de siglos, raíces de vida, herencia de padres a hijos, motivos de encuentro y unidad familiar, anuncio de la primavera. Y también están aquellos que consideran que en ningún momento han de dejar de salir a la calle porque eso, en el fondo, fastidia mucho a todos los contrarios, ateos, agnósticos y demás incrédulos. 

Y mientras tanto, ¿qué opina Dios? ¿Qué dice Dios de todo esto? ¿Lo acoge todo con una sonrisa angelical? ¿Nos ama tanto que todo el mundo es bueno? ¿Es tan comprensivo que a nada le da importancia? ¡Cosas de jóvenes, la vida es así, esto es lo que toca vivir, no estamos en la Edad Media…! ¿Qué de malo tiene comer y beber, tener relaciones, disfrutar, gozar a tope…? Si Jesucristo bajara de nuevo a la tierra se pondría entre el gentío del bar de copas y tampoco miraría la procesión ni iría a la iglesia…, me decía muy convencido el mismo Viernes Santo un amigo muy ilustrado. 

 

¿Y Dios? ¿Dónde está Dios? Y particularmente, ¿dónde está en Semana Santa? Nadie lo sabe. Lo mismo está en todo y en todos o lo mismo no está en ningún lado ni con nadie. Yo no lo sé. Yo solo digo lo que dijo aquel poeta, que dicen era ubetense, en pleno franquismo (¡anda que si viviera hoy!), que escribió un poema extraordinario y lo dio a conocer sin firmarlo, por lo que se considera anónimo a pesar de habérsele atribuido a diferentes autores: que estaban muchos, que estaban todos…, ¡TODOS, MENOS DIOS!

 

Pues eso.