miércoles, 24 de agosto de 2022

REGRESO DE VACACIONES

 

                    Regreso de vacaciones.

                    Las maletas repletas de compras.

                    La piel bronceada.

                    El estómago destrozado de excesos.

                    La carne tatuada de lámparas nocturnas.

 

                    Entrar en la casa es un golpe traidor

                    en la conciencia.

                    Las pocas macetas de la entrada

                    se han secado.

                    Y hasta encuentro telarañas

                    en el rincón del portal.

 

                    Hay que volver a la rutina,

                    me digo, casi con lágrimas en los ojos.

                    Bebo un sorbo de agua

                    que sabe a tierra añeja.

                    Abro la nevera y allí encuentro

                    una lata sin nombre y sin destino.

 

                    Miro el móvil y busco una foto

                    donde me veo en la orilla de una historia.

                    Y la comparto en las redes

                    para que rabien de rabia los que me conocen.

 

                    Finalmente me siento cansado (cansada)

                    en el sillón del salón que necesita una limpieza.

 

                    Hay hormigas por la cocina.

                    Y una salamanquesa detrás del farol de la terraza.

 

                    Estoy triste y deprimido (deprimida). 

                    Busco un antidepresivo, un ansiolítico,

                    cualquier cosa que me alivie el llanto y el temblor.

 

                    Y no lo entiendo. ¿Cómo puedo hallarme así

                    después de tanto esparcimiento y diversión? 

                    Ya sé:

                    se fue de vacaciones una parte de mí.

                    La otra, la más importante,

                    la dejé en la nevera junto a la lata de conservas.

jueves, 11 de agosto de 2022

EL DILEMA DE EDUCAR PARA LA PAZ

Aquí, como en otros muchos lugares, nos hemos pasado décadas sembrando valores de convivencia, solidaridad, respeto, libertad, amor…, y paz. En todos los colegios hemos dedicado jornadas enteras a la paloma blanca con ramo de olivo, hemos cantado canciones, recitado poemas, confeccionado pancartas, dibujado en folios sueños de esperanza...


En la emisora escolar del colegio que dirigí durante doce años, la sintonía de cabecera era una canción que repetía un estribillo tan sencillo como breve: “Los niños queremos la paz”. Y así llegaron a tararearlo todos los alumnos del centro, desde infantil a octavo. 

Y en la siembra de la paz hemos crecido. Entonces, les hacíamos ver a los pequeños los males que traían las guerras, las desgracias que ocasionaban, la mucha sangre que vertían… Y soltábamos globos y dedicábamos aplausos y gritábamos vivas… Y me iba feliz a casa, pensando que lo que hacíamos no era otra cosa que llenar de vida y pacifismo miles de corazones en aras de un mundo mejor.   

 

Pero ahora, sentado ya en el banco del final del parque, en soledad, sin apenas tener relación con antiguos compañeros, con muchos amigos ya habitando las estrellas, con algunos conocidos inmersos en la añoranza, viendo la situación del mundo, la decadencia de Europa, el deterioro de España, me pregunto si aquello mereció la pena, fue un error, o, simplemente, se hizo de manera inadecuada.

 

Porque vamos a ver… Si hay dos pueblos que piensan y viven distinto, y uno fomenta la libertad, la democracia, la separación de poderes… y el otro busca el autoritarismo, el totalitarismo, la tiranía… Y el primero lleva, aunque con ciertas desigualdades, a la superación y desarrollo personal, a la libre decisión de elegir, al convencimiento de respetar, a favorecer el llamado estado del bienestar…, y el segundo a la pobreza, a convertirse uno en un simple número en la colectividad, al pensamiento único, a la ruina generalizada... Y en el primero se aboga por el no a la guerra, por el no a las armas, por el no a la violencia, por el no a la contaminación, por el no a la destrucción del planeta…, mientras que en el segundo se aboga por no informar de nada a los súbditos, por armarse insaciable mientras el pueblo pasa hambre, por no hacer caso a las resoluciones contra la contaminación y el ansia de imponer, sea como sea, su ideología… Al surgir una invasión de este sobre aquel… ¿De qué servirá la educación dada en el primero?

 

En todas las encuestas que se hacen en España sale con claridad que muy pocos estarían dispuestos a luchar en un conflicto bélico, que nada de derramar hasta la última gota de sangre por la bandera, que eso de amor a la patria es de fachas, que ni hablar de violencia… Y entonces llega Putin e invade Ucrania. Y entonces llega Estados Unidos y toca las narices de China. Y entonces llega China y rodea Taiwán. Y entonces llega Corea del Norte y ensaya una nueva arma nuclear. Y entonces llega Marruecos y se arma hasta los dientes aumentando el gasto militar un 30%... Y los topos que quedan dentro de nuestro país democrático, comunistas traidores, minando fuerzas de libertad, desdeñando al ejército, embarrando la convivencia, poniendo el grito en el cielo si alguien da una bofetada a alguien…, pero cobijando a los criminales de ETA, apoyando a los golpistas separatistas, poniéndose del lado de Putin, de Xi Jinping, de kim Jong-un, de Maduro, de Ortega, de Castillo, y de cuantos tienen sometidos a los pueblos, y hablando de paso de guillotinas para cortar la cabeza del Rey si este se sale un pelín de su ideología marxista, como hace unos días al no levantarse Felipe VI al paso de la que dicen ser una de las espadas del sanguinario Simón Bolívar en la toma de posesión como presidente de Colombia del que fue guerrillero narcotraficante criminal y ahora autodenominado de izquierdas progresista, Gustavo Petro.  

Pero a pesar de todo, no me arrepiento de haber educado en el amor, en la convivencia, en la solidaridad, en el respeto, en la libertad, en la paz…, porque así me invadan todos los déspotas y opresores del mundo y acaben conmigo, mientras caigo, sabré con gozo que en este viaje por la vida he estado en el lado de los buenos. Y que sembrar paz en lugar de guerra, pese a todo, aunque acabemos derrotados y humillados, nos hace más grandes, más nobles y más humanos. 

viernes, 29 de julio de 2022

MIRANDO A LA IGLESIA


Algunos medios de comunicación y las redes sociales han puesto el grito en el cielo porque la reina de España, doña Letizia, en la festividad de Santiago Apóstol, en Compostela, a la hora de proclamar el Evangelio, ni se santiguó. Sí lo hizo el Rey así como la Princesa y la Infanta, aunque estas sin demasiada soltura ni convicción.

¿Y qué quieren? ¿Qué critican los beatos de siempre? La Reina no es creyente, según su primo hasta es abortista practicante. Va a la iglesia obligada y siempre que puede deja de hacerlo, y más que lo hará. ¿Y qué pasa?

 

A quién hay que mirar es a la Iglesia. Esa Iglesia de boato y pomposidad que se resiste a ser verdaderamente evangélica y perder privilegios terrenales. Una Iglesia poco consecuente que abre las puertas en la festividad del 25 de julio a autoridades y poderosos y se las cierra a peregrinos que vienen de hacer cientos e incluso miles de kilómetros. Una Iglesia que cuando cierra sus puertas y quedan allí clérigos con sus ropajes de gala y demás parafernalias, rodeados de numerosos peces gordos, hinchados de comer y beber, engreídos y vivales, se pone a leer el evangelio de San Mateo, 28, 20-28, en donde se dice: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que se vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo…” ¡Casi nada! 

 

Pues como quien ver llover. Y tan felices. El Rey sale del recinto diciendo, ya hemos cumplido. La Reina que se la he hecho muy larga la ceremonia y que tienen mérito aguantar tanto facherío. La Princesa y la Infanta que hubiera sido un completo aburrimiento de no haber sido por el vuelo tan espectacular del botafumeiro. Y los peces gordos preguntándose dónde ponen el mejor marisco, que para eso es hoy el día de Galicia.

 

Y luego nos quejamos de que los templos están vacíos, que a las misas dominicales asisten cuatro y mal avenidos, que la gente pasa de los curas, de la frialdad de conciencia, de que no hay vocaciones, de que los conventos no paran de cerrarse…

 

La incoherencia, amigos, la incoherencia. Y, sobre todo, el anquilosamiento de una Iglesia que anda noqueada por los tiempos, con grandes frentes a los que no sabe dar claras y convincentes respuestas, como la igualdad plena de la mujer, el celibato, las comunidades, la homosexualidad, el posconcilio… Inmersa en luchas de cardenales y obispos, acomodada, burocratizada, con párrocos funcionarios, adormilada, agitada un poco en tiempo de procesiones que sacan a la calle grupos de personas movidas, más que por la fe y la evangelización, por la fiesta y la tradición.    

 

¿Y quién, ante este panorama, puede convertirse? ¿Lo llevo a una misa donde ya ni se arrodilla uno en la consagración? ¿Le presento al señor obispo? ¿Le hablo del señor viario? ¿Del deán de la catedral? ¿Del rector del seminario? ¿Lo invito a las catequesis de primera comunión? ¿A los cursillos prematrimoniales? ¿A un bautizo? ¿A una confirmación? ¿A una boda?... Puafff. ¿Le hablo del Papa, sabiendo que la mitad de la cristiandad misma lo pone verde, se ríe de él, lo ridiculiza, lo denigra, lo llama hereje…? ¿Le hablo de la penitencia, de la dificultad de encontrar un sacerdote en caso de necesidad…? ¿Le hablo de no hallar apoyo de nadie del clero cuando dices de hacer algo altruistamente para bien de los demás…? ¿Le hablo de cómo nos llevamos los cristianos? ¿Le hablo de los congresos eucarísticos, del sínodo, de los concilios, de los dogmas, del catecismo, de las encíclicas, de la doctrina social, del derecho canónico, del discaterio de la doctrina de la fe, de la casilla del IRPF, de los bienes del banco vaticano…?

 

¿O le hablo de Jesús, de Jesús de Nazaret? Y así le leo cada pasaje del Evangelio, le muestro la coherencia perfecta, el amor sublime, la comprensión más honda, la igualdad más plena, la entrega más generosa, la fraternidad más alta, la libertad más sentida, el camino más recto, la verdad más grande, el pan de vida, el sacrificio, la resurrección… y, de paso, de cuantos, en silencio y humildad, en su nombre, y siguiendo sus pasos, andan dando su vida por los demás aquí y en los confines de la tierra. 

 

Y es que comparar a Jesús con la Iglesia superjerarquizada, mundana, dependiente y politizada, es comparar el sol con la luna, aunque la Iglesia tenga a Jesús y sea de Jesús… Y es cierto, y lo acepto convencido, lo que no acepto es que tanta oscuridad de siglos y tanto ramaje de intereses personalistas y tantos abusos ocultos y ostensibles pretendan dejarme ciego y hacerme comulgar, no con sagradas formas, sino con pesadas ruedas de molino, esas que sirven para, antes de que se escandalice a un pequeño, quienes pretendan hacerlo se las cuelguen al cuello y se arrojen al mar. 

 

El día que, por ejemplo, en Compostela, en la festividad de Santiago, vea a los peregrinos en primera fila, y a los gobernantes sentados entre ellos sin emblemas, y al Rey o la Reina acudiendo sin compromiso político, solo porque así lo quieren, por propia voluntad…, y se lea el evangelio de san Mateo 28, 20-28, y todos se persignen respetuosamente antes y todos digan al final con fe y en absoluta libertad: “Gloria a ti, Señor Jesús”, ese día, digo, creeré que los que están dentro creen verdaderamente, creemos.  

viernes, 8 de julio de 2022

AÑO ELECTORAL

En 2023, por estas fechas, ya estarán configuradas en toda España las nuevas corporaciones municipales. Es decir, que acabamos de adentrarnos en un nuevo y apasionante año electoral.


Toda una fiesta por delante de doce meses. Todo un espectáculo lleno de sorpresas y escenas extraordinarias capaces de mantenernos en vilo y sobrecogidos.

 


Pasen y vean. Comienza la función. En el gran teatro de los pueblos se van a representar las mejores obras salidas de la pluma de los más excelsos dramaturgos. Ahí veremos las mejores caras, sonrisas contagiosas, palabras mágicas, gestos asombrosos, silencios exquisitos… Ahí veremos a los Montesco de siempre odiando a los Capuleto de siempre y viceversa. Ahí los veremos, arrojándose improperios, discutiendo a ver quién colecciona más verdades y quiénes más mentiras, bordando proyectos, vendiendo humos, conquistando inocencias… Saliendo al paso, sin miedo alguno, a la palestra, para debatirse en emocionante duelo de espadas, los quitavergüenzas de uno y otro bando, los Teobaldos y Mercucios, tan apasionados ellos que estarán dispuestos incluso a perder la vida en cada lance. Y lo que es más extraordinario y terrible, también aparecerán los Marcos Bruto, los Efialtes, los Judas Iscariote, los Egistos y las Clitemnestras…, traicionándose, vengándose, acuchillando por la espalda a los propios suyos. Y para mayor turbación se lanzarán destellos luminosos de la política general, bombas fétidas, corrupciones oficiales, pactos indignantes, separatismos tribales, leyes partidistas, inflaciones, miserias, paro, desesperación…, con tanto énfasis que nublará toda la escena hasta la náusea. 

 

Entretanto, los que andan en las poltronas locales nos harán ver lo mucho que han hecho y lo mala que ha sido la oposición. Y los que aspiran a los sillones nos expondrán la pésima gestión realizada por los gobernantes y lo sublime que va a ser su gobernanza si salen elegidos. 

 

Y mientras, los pueblos, el pueblo, los ciudadanos pensando en el voto. Los que son de izquierdas, que lo suelen ser desde el vientre de su madre, no lo van a cambiar así los suyos sean los más ruines de los ruines. Los de derechas de toda la vida, tampoco lo van a cambiar por más que sus representantes sean unos ineptos. Los chupópteros, tiralevitas, apesebrados, subvencionados, condecorados…, y todos los que se creen ser algo por andar apegados al sol de quien está mandando, votarán, así caigan chuzos de punta, a los que están dirigiendo el barco. La mamandurria es la mamandurria y más vale malo conocido. Y ya quedan los cuatro friquis en su mundo, los tres independientes hasta de sí mismos y los dos reflexivos solitarios que analizan su decisión de voto tan escrupulosamente que pareciera que solo de su papeleta dependiera el resultado final. Y algunos más por ahí perdidos, que se dividirán en tres grupos, los que analizarán lo bueno y lo malo conseguido antes de introducir honestamente la papeleta en la urna, los que lo harán según sople el viento del momento y los que, por lo que sea, no quieren saber nada de votar. 

 

Y a todo esto, los pueblos respiran y se adecentan. Verán que fiestas vivirán, cómo se limpian sus calles, cómo reviven sus jardines, cómo alumbran sus barrios, cómo aumentan los puestos de trabajo… Y qué cercano se hace el señor alcalde o la señora alcaldesa, qué amables, qué serviciales, qué comprensivos, qué trabajadores… 

 

Y saldrán a las calles y a los mercados y a las empresas para repartir propaganda, para ofrecernos esperanza, para animarnos a la alegría de la democracia… Para después, cuando ya haya pasado el 28 de mayo, si te vi no me acuerdo y vivir en los privilegios, los honores y la paga sustanciosa… y seguir ayudando y dando a los suyos, y seguir depreciando y ninguneando a los otros. Es decir, lo de siempre, lo de toda la vida, lo que, en el fondo, todo el mundo sabe.

 

Acomódense, la representación ya ha comenzado. Disfrútenla.

 

 

 

 

 

 

jueves, 23 de junio de 2022

KARMA POLÍTICO

En ningún país serio puede suceder lo que en España. Eso de que en Cataluña los separatistas hagan lo que les dé la gana con la connivencia del gobierno de la nación, que no solo busca mirar para otro lado, sino que se conchaba en alianzas, subvencionando además sus caprichos con grandes cantidades y dádivas, es de tal indignidad que apabulla. Y todo para no enfrentarse nuestros gobernantes socialistas-comunistas a quienes, acomodados en la esquina noreste, solo intentan destruir a los que no piensan como ellos. Socialistas-comunistas que pretenden, a cambio de tanta rendición, y en contraprestación, ser apoyados por estos contumaces para poder gozar el máximo tiempo posible del poder. Y después, el que venga detrás que arree.

Y no escarmentamos. Los catalanes independentistas con mando en plaza ya han ido minando la convivencia desde hace décadas. Ya han creado un clima irrespirable que oprime y humilla. Ya han logrado que muchos españoles los desprecien. Y poco les importa si ciudades y pueblos suyos, antaño acogedores, modernos y luminosos, sean ahora ariscos, cutres y grises. Y hasta el Fútbol Club Barcelona, años atrás siembra de seguidores deslumbrados por unos colores emanados de una ciudad a la altura de las mejores de Europa y símbolo de vanguardia y progreso, es hoy una ruina sosteniendo un estadio politizado que se cae de vejez, desunión y tristeza.

Y no paran. No hay manera de que un niño estudie ahí en español. Ni la mitad de las clases, ni el veinticinco por ciento, como mandan todos los tribunales de justicia habidos y por haber, ni un solo segundo siquiera. Vamos, ni en los patios de recreo. Ni en las guarderías. Sus cojones. ¿Se habrá visto mayor fascismo, totalitarismo y aldeanismo? ¿Se habrá visto mayor dejadez y permisividad? ¿Se habrá visto más alta traición? Y digo yo, si ellos se pasan las sentencias judiciales por el arco del triunfo, ¿por qué los demás hemos de acatarlas? Me niego. Pero si me niego, ya verán dónde voy.  

Y el colmo, ahora ya no solo es que se den las clases y los recreos en catalán, es que se tergiversa abiertamente la Historia, se manipula, se cambia, se convierte en falacia, se usa para adoctrinar, para enfrentar, para lavar cerebros, para crear fanáticos. ¡Qué terrible! ¡Qué horror!

Y no hay manera de impedirlo. Hasta el consejero de Educación de la Generalidad sale en los medios de comunicación jactándose de no obedecer a la Justicia y de que la Historia sirva a la causa para poder salir cuanto antes de la tremenda opresión española.

Y aquí habría que plantarse y tomar decisiones valientes antes de seguir degradándonos todos y acabar sin ninguna decencia ni honra. Una, aunque muy difícil de llevar a cabo, por razones obvias, podría ser la de concederles la independencia sin más concesiones económicas, ni más mercadeo, ni más mercedes, levantando fronteras. Que ellos aceptarían encantados sabiendo que la robustez de los límites duraría un simple soplo de reloj. Al fin y al cabo, somos hermanos, ¿no?, hemos convivido muchos siglos juntos, ¿no?, hemos de ser solidarios, ¿no? Venga, hombre, pelillos a la mar. Y otra, la de dar un golpe en la mesa y decir basta. Y cumplir y hacer cumplir las leyes y la Justicia. Y no dar pábulo a los golpistas, ni agua. Y no porque piensen diferente a la mayoría de los españoles, sino por no cumplir la Constitución y andar saltándosela a su antojo. Si quieren independencia que empleen los cauces legales en ella misma marcados. Y si así lo consiguen, nada hay que decir al respecto, tan solo felicitarles.

¿Pero este cascabel quién se lo pone al gato? ¿Quién se pone aquí serio? Nuestro presidente actual no lo hará. Él se oculta entre la maleza y las rocas como hacen las lagartijas. Y los mima y los sobrelleva y los riega y hasta se enorgullece de su pacto, ese pacto que juró una y otra vez no lo haría por nada del mundo, ni con estos ni con los otros, morados y herederos de manos manchadas de sangre, mintiendo con descaro y engañándonos a todos miserablemente, al tiempo que nos ahoga la crisis económica, la devastadora inflación, el desorbitado gasto, el aborto (hasta de menores sin permiso paterno-materno), el paro, los impuestos, la mala gestión de exteriores… y la obtusa y constante publicidad vomitiva.

Y luego vienen algunos, entre ellos ciertos políticos de mi pueblo, y dicen no entender cómo el PSOE pierde las elecciones en Andalucía de forma tan abrumadora, aparte de perderlas en otras comunidades. Ciegos, que estáis ciegos. Y más que vais a perder de seguir inmutables bajo las directrices del señor Sánchez, incluso, como os descuidéis un poco, y por más logros que hayáis conseguido, las municipales, que ya es decir. Porque la mentira es una negra sombra que por más que quiera aparentar luz siempre acaba trayendo y envolviéndolo todo en oscuridad. Algunos lo llaman karma. Pues eso.

jueves, 9 de junio de 2022

CONSTANTE DESPEDIDA

Vivir es una constante despedida.

 

Cada día, cada hora, incluso cada segundo nos andamos despidiendo de algo o de alguien. Vemos lo que ya nunca más volveremos a ver de igual manera. Una nube, un rayo de sol en el jardín del patio, un niño o un anciano que cruza cerca de la ventana, una ropa tendida en el balcón, un pájaro que pasa atravesando el cielo, un chorro de agua danzando en una fuente, un amor de juventud, el primer beso, el primer abrazo, el primer sueño…, y unos padres que se fueron y unos abuelos con los que apenas convivimos…, y muchos familiares y amigos con los que hemos compartido gozos y tristezas, sacrificios y confidencias…, y, de golpe, ya no están, ya no estarán jamás…, se marcharon en el tren del olvido y nos dejaron ahítos de tristeza.

 

No hay más que pasear por los lugares de la infancia para comprobarlo, desde la perspectiva de la lejanía, con mayor claridad. Cruzar las calles de niño es saber que todo ha cambiado, que, aunque se acerca a ti su imagen borrosa, ya no está, ya no estás, que hay una barrera tan intemporal como espesa que lo impide, que te despediste de él, sin ser consciente siquiera, cuando se subió al tren de la constante partida; como te despediste de los ruidos de entonces, del griterío, de los cantos, de las casas que fueron y ahora están, si no ruinosas, remodeladas, de los compañeros que nos salen al paso cual espectros invisibles, de la vecina que nos regañaba porque hacíamos demasiado escándalo pateando la lata, del perro sin dueño que era de todos, del viejo gruñón al que molestábamos golpeando el llamador de la casa, ahora abandonada y fría, con un hilo que se alargaba hasta algún ridículo coche aparcado enfrente, tras el que nos escondíamos de manera desvergonzada… Todo perdido ya, todo lejano, todo muerto.

 

Y aquí vivía este y aquella y aquel. Y de cada uno guardamos una imagen fija, un momento concreto, un instante que no quiere ser enterrado del todo en la memoria porque entonces la amnesia nos haría sangrar el alma de terror. Los recuerdos son aliento que nos sostiene para no desfallecer en el camino. Son estrellas fugaces que nos mantienen en alerta para que no escondamos en el bolsillo del ser el pañuelo del adiós mientras los trenes van pasando con dirección el horizonte del no retorno. Son estupefacientes para hacernos creer eternos en un mundo efímero, porque, aunque todos nos sabemos mortales, la muerte siempre queda lejana y nunca es nuestra sino de los demás. 

 

Pasear por estos lugares nos da la medida justa de las muchas, casi infinitas despedidas que hemos realizado. Algunas, despedidas ligeras, casi imperceptibles, livianas…, y otras, despedidas inmensas, dramáticas, trágicas… Cadáveres sobre los hombros que cada vez pesan más.

 

Y así una y otra vez, despidiéndonos constantemente, dejando atrás estelas de vida, cenizas sin forma, humo sin conciencia. Y así hace años, y así el mes pasado, y así ayer…, y así hoy mismo, y así en este preciso momento en que golpeo las teclas del ordenador y me equivoco en una letra y tengo que borrar la palabra. Cuántas despedidas al escribir este texto, al corregir, al retocar, al fijar… Tantas despedidas por segundo en la vida, con tanta rapidez que…, cuando menos lo espere, me habré despedido de mí mismo de forma total y ni me habré dado cuenta.

 

Y es que, a fin y al cabo, vivir es un lápiz que va dibujando presentes y al mismo tiempo una goma que los va borrando, dejando solo pequeñas manchas, como de agua, que ya el sol de la oscuridad se encargará de secar definitivamente. 

jueves, 19 de mayo de 2022

EL MISTERIO PROCESIONAL

¿Qué sucede en Úbeda con sus procesiones? ¿Qué sería de la ciudad sin ellas? ¿Y de los ubetenses?


Es salir a la calle una imagen acompañada por sus fieles seguidores y sentir que se estremecen las torres y la historia y acudir las gentes en masa al encuentro. Nadie es ajeno al acontecimiento, pocos quieren perderse el desfile y muchos buscan verlo varias veces, atajando por calles y cambiando de acera para más empaparse de los detalles. Y de no poder ir a verlo, quedarse en el corazón un arañazo de desconsuelo.


Y entre las procesiones en Úbeda, las de Semana Santa. Y dentro de la gran Semana, la procesión de procesiones, La General, donde, si no había sido suficiente con lo vivido ininterrumpidamente a lo largo de seis días con lo procesionado, pues once repeticiones más, juntas, en la noche del Viernes Santo, llenas de tradición, color, sentimiento y fe. Y aún queda la del Domingo de Resurrección más la del Santísimo. 

 

En Úbeda, los ubetenses, allá donde estén, se obligan misteriosamente a asistir a la cita del primer plenilunio de primavera. Muy pocos son los que viviendo en ella o lejos deciden pasarla en la playa o visitando otras ciudades con mayor esplendor y fama.

Sé de una señora que vive en Estados Unidos, y que poco le falta para cumplir los ochenta, que tiene a gala no haber faltado a la cita ni un solo año de su vida. Su marido, gringo de pies a cabeza, la ha acompañado, resignado y atónito, todas las veces, sin llegar a comprender ni por asomo cómo es posible que sabiendo lo que se va a ver, los mismos ropajes, las mismas imágenes, las mismas estructuras, los mismos recorridos…, con apenas variaciones de relevancia en torno a ello, lo deje todo y se persone un año tras otro como si nunca lo hubiera visto. Y luego, además, llegar a casa y encender el televisor para volver a ver lo mismo una y otra vez, incansable, sin que haya además otro tema de conversación esos días que el referido a los desfiles procesionales y sus particularidades.  


Y es pasar esta fecha… y La Virgen de Guadalupe, la Patrona. Que es llegar a la ciudad, y procesión. Y en el Corpus, procesión acompañando al Santísimo. Y en su festividad, procesión. Y a su regreso al Santuario, procesión… Y San Miguel Arcángel, y la Virgen del Carmen, y San Isidro Labrador, y Santiago Apóstol, y María Auxiliadora, y Don Bosco… Y, entre medias, traslados de Cristos y Vírgenes de una iglesia a otra, o alrededores, con vía crucis o vía lucis, qué más da… 

 

Y hace unos días, promovido por los Amigos de la Semana Santa, “El Sudario”, otra gran procesión general… de niños. Algo extraordinario que lleva teniendo lugar desde hace varios lustros. Cada cofradía presenta sus pasos. Desde el Borriquillo al Resucitado. Todo muy digno, infantil, tierno, simpático, fiel reflejo de sus mayores, imitadores de formas y de fondos, espigas creciendo para ser trigo en los campos de la fe. 

 

Y viendo sus desfiles, sus caras de inocencia, las desarmonías en los toques, sus despistes, incluso los desórdenes internos, me vino a la mente los recuerdos de mis días de niño, donde, de modo espontáneo, sin que nadie nos organizara o nos incitara a ello, por los distintos barrios, constituíamos grupos procesionales vestidos con capirotes informales, largos y ligeros cucuruchos de papel de periódico forrados de papel de seda, y capas del mismo material, con componentes sin distinción de sexo ni de géneros (adelantados al tiempo que fuimos), con bandas en las que llevábamos tambores de latas agujereadas para pasar por ellos el ramal que nos anudábamos a la cintura y cuyas imágenes a las que acompañábamos, rudimentarias, las esculpíamos nosotros mismos con barro cocido al sol y poníamos sobre una plataforma que adornábamos y mostrábamos a quienes se detenían para vernos pasar gozosos, no sin el riesgo, de paso, de encontrarnos con algún aguafiestas que protestaba quejoso por tanto ruido de lateo que hacíamos y tantas vueltas alrededor del mismo sitio. Proceder que han continuado después, en esencia, nuestros hijos y ahora nuestros nietos.  

 

Y esta impronta todos la llevamos en la sangre y dentro del corazón hasta la muerte. Es una hermosa mecha que conservamos en lo hondo del ser, capaz de prender al instante en cuanto oímos un toque de tambor o el son de una campanilla, y nos marca y nos identifica y nos ilusiona y nos obliga y nos llena de vida. Es la leche procesional que mamamos y siguen mamando nuestros pequeños de ahora para que en el mañana continúen relevando en el testigo a los atletas de hoy que son capaces, a pesar de los tiempos tan confusos, agnósticos, profanos y hasta burlescos que nos están tocando vivir, de seguir sacando a la calle, con sentido de religiosidad, dignidad, respeto, caridad, esperanza y tradición, aunque también con sus muchas necesidad de mejoras, a nuestro Señor y su santa Madre en sus distintas advocaciones, así como a otros santos. Renovando en nuestras almas los sentimientos y sueños que sembramos en aquel pasado y revivimos con gozo cada vez que una procesión nos sale al paso. 

 

¿Comprende ahora mi amigo el americano el porqué de esta locura y esta necesidad tan imperiosa y misteriosa de ver, una y otra vez, lo que ya tenemos visto y no nos cansa?  

 





sábado, 7 de mayo de 2022

NOMBRES PARA LAS CALLES DE ÚBEDA

Las cosas son, no pocas veces, más simples de lo que parecen. Todo surge porque un ubetense residente en Alcalá de Henares, Miguel Ángel Santisteban, salta en las redes sociales pidiendo adhesiones para que le sean concedidas sendas calles a Antonio Espadas Salido y Marcelo Góngora Ramos, dados sus muchos méritos profesionales, artísticos y humanos. 

 

Ni que decir tiene que de inmediato presenté mi adhesión a la solicitud. Antonio y Marcelo fueron dos de mis grandes amigos, con los que compartí vivencias únicas y maravillosas, y a los que llevé en el alma hasta el final, compartiendo incluso sus últimas esperanzas y guardando en lo hondo de mi corazón, como María, sus más íntimas confidencias. 

 

No podía, pues, más que alegrarme. Ver que cabía la posibilidad de pasar algún día, antes de que la muerte venga a cerrar mis ojos cosidos a esta carne mortal que me envuelve, por una calle de esta Úbeda de mis sueños y ver que una cartela lleva rotulado el nombre de uno y, en otra calle, otra cartela lleva el nombre del otro, impresos para la Historia, era tan ilusionante como conmovedor. 

No voy a decir de nuevo los muchos y grandes méritos que los avalan. Estás cosas, en verdad, en el fondo, tienen el valor relativo de según se quieran ver, del color, una vez más, de las gafas con que se quieran mirar. Sólo diré que Antonio es modelo de arte y humanidad y Marcelo maestro de creaciones universales. 

 

Y sí, ya sé que hay también otros muchos grandes ubetenses que tampoco han tenido reconocimiento oficial alguno, ni estando vivos, ni estando muertos, mientras que otros, con menos huellas dejadas por los espacios que habitaron, andan con sus nombramientos de honor colgados en sus currículos o sus nombres inscritos en calles porque tuvieron la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento justo, o por políticas, o por influencias, o por amiguismos, o por simple canjeo de intereses. 

 

Por cientos pueden contarse en este pueblo nuestro, tan renacentista, leal y noble, los ubetenses dignos de ser considerados y reconocidos, y no lo fueron. Y en todos los ámbitos y estamentos. Infinidad. Pero entre todos ellos, no me lo pueden negar, se hallan, sin duda alguna, Antonio y Marcelo. Una calle, por lo tanto, en su memoria es digno y justo. No porque se haya dejado de hacer justicia con quienes se lo merecieron se puede pagar con más injusticias con quienes se lo merecen y alguien así lo solicita. Lo que hace falta es que Úbeda en pleno, y por ella, en nombre de ella, los que conforman la Corporación Municipal, porque el pueblo así lo ha querido, eligiéndolos, se dejen de estrecheces y aldeanismos, abran el corazón y acepten que Úbeda es una ciudad que imprime carácter a sus gentes, que siembra en su sangre semillas de arte y de belleza, que enamora con locura y hace que el enamorado se esfuerce por agradarla ofreciéndole lo mejor que lleva dentro. En Úbeda surgen artistas por doquier, cientos de talentos, geniales creadores, multitud de hombres y mujeres ejemplares y extraordinarios por todo el mundo que son faros en medio de las noches y la niebla. 

 

Qué le vamos a hacer. Aquí y fuera de aquí raro es el día que no nos impresiona un ubetense por su labor, su arte, su sabiduría, su profesionalidad, su generosidad, sus creaciones… Suerte que tenemos. Sea, pues, su ciudad generosa con ellos. Porque un pueblo es más grande cuantos más hijos suyos aparezcan ocupando en letras de plata las páginas de oro de su Historia. Nada, entonces, de racanerías.

 

¿No será mejor que ciertas calles de Úbeda, en lugar de llamarse Flor, Acacia, Alondra, Jazmín, Olmo, Nogal, Cerezo, Abedul o Ventanas…, lleven el nombre de quienes dieron lo mejor de ellos por su ciudad impregnándola al tiempo de un mayor esplendor? 

 

Ha surgido una propuesta en el pueblo de dar una calle a Antonio Espadas y otra a Marcelo Góngora, dando y exponiendo sus muchos méritos, y cientos de ubetenses y entidades nos hemos adherido. Estamos en democracia y los que nos gobiernan, meros representantes de la voluntad popular, que es la que en verdad manda, han de aceptarlo y aprobarlo. 

 

Y para que se haga mayor justicia, no estaría de más que, ya puestos, se hiciera algo semejante con otros muchos ubetenses que también se lo merecieron y no fueron reconocidos. Y para mayor gloria y satisfacción de todos, tal vez sería bueno, igualmente, que una de las calles céntricas se llamara “De todos los ubetenses”, al fin y al cabo, todos los que lo fueron a lo largo de los siglos y lo son, cada uno en la medida de sus posibilidades, se lo merecen porque entre todos se ha hecho de Úbeda lo que es: una Ciudad que asombra y enamora.