viernes, 22 de mayo de 2015

EL SAN JUANITO DE MIGUEL ÁNGEL


He asistido en la sacristía de la catedral de Jaén a la conferencia pronunciada por Francesco Caglioti, de la Universidad de Nápoles, titulada “El San Juanito de Úbeda, obra maestra del joven Miguel Ángel”.

En ella, el ponente ha dado razones más que suficientes para demostrar que esta escultura del pequeño predicador del desierto es, de manera definitiva, obra del genio del Renacimiento cuando contaba con tan sólo veinte años, y a la que hacen mención sus biógrafos.

Para ello se ha basado en estudios y fotografías, comparaciones, análisis y eliminación de otras figuras de pequeños precursores parecidas que también se le han venido atribuyendo a Miguel Ángel.

Por último, trató de analizar la manera de llegar la escultura a la ciudad de los cerros. Para ello logra enlazar la cadena de herencias de las obras de arte de los Médici hasta desembocar en Cosme I que, por interese políticos, para poder afianzarse en el poder del estado florentino, necesitaba un importante apoyo, y ninguno mejor que el que podía prestarle al rey Carlos V. Y en ese camino estaba su omnipotente secretario encargado de los asuntos de Italia y ultramar, y gran interesado en la posesión de obras de arte, recibiendo en su carrera importantes dones diplomáticos. El conferenciante indica que en estas circunstancias lo mejor era regalar a Cobos algo de gran valía, por lo que asegura que ello fue la figura en mármol del San Juanito. Corrobora además esta idea el hecho de que en el año 1541, Cosme ya no tenía esta obra, ya que, por palabras literales del ponente, “éste pidió prestado a la familia Martelli el San Juan adolescente de Donatello para colocarlo en el centro de todo el aparato del bautismo de Francesco, su primogénito”. Una petición, continúa indicando Caglioto, “algo rara si él hubiera poseído el San Juanito de Miguel Ángel”.

El San Juanito fue llevado a Úbeda, vía Cartagena, por dos razones, la primera porque a Cobos no le convenía exhibirla en la corte, por entonces itinerante, evitando así de paso los comentarios un tanto dispares en cuanto a la cantidad y calidad de los regalos que recibía, y la segunda porque por entonces el secretario contaba ya con sesenta años de edad, y pretendía recoger todas sus posesiones artísticas en sus tierras andaluzas, como ostentación pública con la intención, de nuevo en palabras de Caglioti: “ de servirle para la ostentación pública de su piedad y de su celebración funeraria”.

Orgullo por lo tanto saber, casi a ciencia cierta, que el San Juanito, tan considerado siempre en nuestra ciudad, y que fue vilmente hecho trozos el 26 de  julio del año treinta y seis, y ahora, tras dos décadas de trabajos exhaustivos en el prestigioso Opificio delle Pietre Dure de Florencia, restaurado partiendo de los diversos y escasos fragmentos, entre ellos parte de la cabeza, que fue arrojada a la hoguera ennegreciendo su mármol de Carrara irremisiblemente, vuelve a tener forma y, tras ser exhibido en el Museo del Prado, regresar a su Capilla del Salvador para admiración de todos.

Enhorabuena a cuantos lo han hecho posible y felicidades a Francesco Caglioti por demostrar que el pequeño que al crecer será voz que clame en el desierto, y “el que de mujer no se ha levantado otro mayor”, según palabras de Jesús de Nazaret, es obra nada menos que de uno de los grandes genios de la Historia. Y para poner punto y final a las dudas, concluyó el profesor Caglioti su conferencia mostrando en una pantalla la pintura de Azor y su hijo Sadoc, de la genealogía de Cristo, realizada también por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, y en donde el pequeño niño tiene un parecido tan asombroso respecto a la escultura del San Juanito que, esta prueba sólo, es suficiente para convencer hasta el más escéptico de que ambos niños no pueden ser más que obras salidas de una misma mano: la del genial Miguel Ángel Buonarroti.




miércoles, 13 de mayo de 2015

CORRUPTOS

Que España es un país de corruptos no puede negarlo nadie. Que también hay muchas personas honestas y justas, no cabe duda. Pero a mí lo que más me preocupa es que no se tomen las medidas necesarias y precisas para que aquéllos que han cometido el delito de apropiarse de lo indebido no acaben, no sólo cumpliendo condena, sino devolviendo hasta el último céntimo. “Usted, hasta que no devuelva todo lo robado no pueda salir a la calle.”

Pero también aquí tengo que hacer un inciso. Igual de severo que debe ser el castigo para el ladrón, deber serlo para aquél que, movido por el odio, la venganza o la maldad, levante un falso testimonio y una calumnia contra quien tiene las manos limpias y nada ha quitado a nadie.

Lo digo por la prensa, tan dada a la difamación y al sensacionalismo. Capaz de lanzar al aire noticias injustas y falsas con tal de dañar a quien no se ha rendido a sus pies, no entra en su juego de intereses o le hace algún tipo de sombra. Y lo digo, igualmente, por aquellas personas que, en los pueblos, dicen falsedades de éste o aquél, adjetivándolo de infundios, lanzando al aire, en modo parecido a lanzar las plumas negras de una gallina por las calles, difamaciones e injurias, para luego, como le dijo que hiciera aquél santo sacerdote a un difamador que fue a confesarse, fuese días después a recogerlas. “¡Imposible!” Respondió. Pues igual de imposible es de reparar una calumnia lanzada, y más cuando el propio calumniador no sólo no se arrepiente sino que sigue alardeando de su mentira y su maledicencia. Aunque este tipo de personas son muy tristes, porque ya llevan en el pecado la penitencia, y la lengua, si se fijan bien, manchada de cieno venenoso con el que han de tener cuidado para no mordérsela, porque de hacerlo acabarán amortajados por su propio veneno.

La corrupción verdadera no se puede consentir. Y no ha de ser el hecho de acabar con ella sólo cosa de políticos, sino de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, de todos los hombres y mujeres que componen la sociedad. Lo que no puede ser es que sabiendo y teniendo pruebas de que alguien es un malhechor y un mangante, amigo de lo ajeno, lo ocultemos, hagamos como que miramos para otro lugar e incluso lo alabemos. Porque cuando la corrupción no se ataja y se corta con la hoz de la justa coherencia, la cizaña crece más que el trigo y aflora más la corrupción.

Y en España está pasando esto. Y al no cortarse la corrupción como es debido, al no aniquilarla de un tajo, hace que broten corruptos y vivales por todos sitios. Y prueba de ello es que los partidos tradicionales siguen llevando en sus litas a políticos basura. Y los nuevos…, bueno, los nuevos partidos es ya el colmo, porque a éstos se han arrimado no sólo los pillos, vivales y sinvergüenzas para ver si, ante su espesa mediocridad, se hacen con un puesto y viven, como sanguijuelas, a costa de los demás, sino a pícaros y descarados que ya van con la clara intención de robar a manos llenas, porque está visto que aquí somos muy estrictos con los desgraciados que hurtan un pan para que coman sus hijos, pero muy blandos, blandísimos con los poderosos y los que nos gobiernan… Y si no que se lo pregunten a Urdangarín, la infanta Elena, Camps, Blanco, los Puyol, Bárcenas, Matas, Rato, Viera, Fernández, Lanzas… y tantos y tantos que ya hasta hemos olvidado sus nombres. Y ahí está la clave del corrupto. Clave que además enseña el camino a los corruptos que son y quieren serlo: vivir mientras no me pillen, y si me pillan a aguantar la tormenta hasta que pase el chaparrón y después a disfrutar a pleno sol de la cómoda playa de las ganancias. Y que me quiten lo bailao.

miércoles, 29 de abril de 2015

UNA CIUDAD CON MALA SUERTE

Ahora que están cerca las elecciones municipales, no hay persona que, al encontrarme con ella y entablar una conversación, no me diga que es una pena lo que sucede en Úbeda a nivel político.

¿Has visto, me dijo ayer un viejo conocido, quiénes van en ciertas listas de los partidos que se presentan a las municipales? ¡Qué tremendo! ¿Tú crees que esto se puede consentir? Pero si hay hasta trépalas y morosos. Y esto no es un parecer, es sentencia judicial.

¡Qué vergüenza! En qué manos está Úbeda. Y va de mal en peor. ¡Qué mala suerte hemos tenido una y otra vez…! Insistía mi interlocutor. Y yo no podía quitarle la razón. Demasiados enfrentamientos a lo largo de las legislaturas, judicializaciones, conflictos sociales, impuestos abusivos, derroches, amiguismos, zancadillas, plenos denigrantes, endiosamientos personales, enclaustramientos en despachos con vigilancias pretorianas… Pero me lo puso a huevo. Mi viejo conocido, con dos titulaciones universitarias, doctorado cum laude, de vasta cultura y conocedor del mundo por sus muchos viajes…, no era el más legitimado para hacer tal comentario, porque la respuesta a tanto desaguisado la tenía en sus manos. “Preséntate tú.” Le solté a bocajarro. “Da el paso. No digas hay que hacer. Hazlo.” Se quedó como petrificado, pensativo. A continuación me respondió: No es fácil que los partidos políticos consolidados te dejen entrar. Los que ya están arriba no quieren hombres y mujeres de altura, sino personas dóciles que no les puedan hacer sombra. Además, en mi caso, reconozco que no valgo como político. Para ello tienes que tener también mucho aguante y cara dura, y hacer que los problemas no te derrumben ni te afecten.

Le interrumpí. “Luego ser concejal o alcalde no es fácil, ¿verdad?” No, no es fácil. Me respondió un poco más calmado. Pues vaya entonces nuestro respeto y consideración para quienes desde la verdadera honestidad de conciencia dan el paso de someterse al peso de las urnas. Después…, después lo que hace falta es que otras muchas personas, preparadas, formadas, cultas, inteligentes y honestas, con valores, que las hay, dejen sus escondites y sus trincheras críticas y salgan al ruedo de la entrega y el compromiso. Personas capaces de tener proyectos serios, sin demagogias, que muestren personalidad, sean íntegros, justos y honrados, lejos de cualquier corruptela. Capaces de preocuparse de corazón por sus vecinos, sean de la ideología que sean. Así como lo suficientemente sabios como para comprender que llegar al poder no es un premio ni un endiosamiento ni un brillo para más resplandecer y todos me veneren, sino un hermoso servicio al pueblo y a sus gentes. De esto modo, los otros, los listos, los pillos y los vivales, los que no saben ni expresarse y dan vergüenza ajena, y sólo buscan medrar y vivir a costa de los demás, que también los hay, y son conocidos por todos, no tendrán más remedio que desaparecer… Y así Úbeda dejará de ser, políticamente, lo que es, eso que todos dicen: “Una ciudad con mala suerte.” 



jueves, 16 de abril de 2015

CARTAS

Lo que se pierden los jóvenes.

Ya no se escriben cartas. Ahora, en todo caso, se envían wasap y correos electrónicos.

Lo que nos perdemos todos sumergiéndonos en la frialdad de las máquinas y las computadoras.

Hoy todo el mundo envía y recibe correos, algunos adjuntando fotos, montajes o vídeos sacados de You Tube. Otros, por aburrimiento, por el simple hecho de decir algo, por solicitar alguna cosa… Correos fríos, apáticos, sin espíritu. Correos que empiezan con un “buenos días”, o “buenas tardes” o “buenas noches”, para evitar poner “estimado” o “querido” o “muy querido”, no sea que se malinterprete, y despidiéndose con un simple “hasta otra”, o todo lo más “un saludo”, no sea que si ponemos “un beso” o “un abrazo”, entiendan lo que no es.

Y escribo esto porque yo, dejándome llevar por esta práctica moderna, cansado además de encabezar mis correos con un “querido…” y terminar con un “fuerte abrazo”, para recibir por respuesta un frío “buenos días, Ramón” y terminando con un “cordial saludo”, tratándose además de alguien a quien tengo en gran consideración y aprecio, cuando no entre los que más amo, he recibido hoy un correo de una mujer, funcionaria, a la que no conozco personalmente, que hace unos días me llamó por teléfono, no para pedirme nada, como suele ser lo normal, sino para ofrecerme sueños de artes, de poesía y de teatro sin contraprestación alguna a cambio. Sólo me pedía le hiciese un escrito descriptivo de mi situación. Y se lo adjunté con una breve introducción: “Estimada señora…”, para terminar con un lacónico: “gracias, quedo a su disposición.”

Pues bien, esta mañana he recibido su respuesta: “Querido amigo…” Terminando con “ha sido un placer tratar contigo, recibe un fuerte abrazo”. Impresionante. Hasta he sentido emoción. Con su correo he vuelvo a revivir el calor de las cartas de la juventud, de cuando te escribía un amigo, un ser amado, la mujer a la que tanto amabas… Y abrías el sobre en un ritual de temblor de manos y desplegabas el papel como quien descubría un mundo luminoso, y te embriagabas de las palabras escritas a mano, artesanales, personales, irrepetibles… Y luego volvías a plegar la hoja y la guardabas de nuevo dentro del sobre, para más tarde volverte a esconder en la soledad y una vez más leerla saboreándola palabra por palabra… Y así una y otra vez, hasta cien veces. Cartas que conservabas por mucho tiempo, por años, de por vida, como si no quisieras perderlas porque las considerabas como un pequeño tesoro de valor incalculable.

Añoro este tipo de cartas. Cartas que ya sólo escriben, en todo caso, algunos románticos, como ese viejo amigo que conocí el día que llegue a Villanueva para ejercer mi profesión de maestro y que hoy también, cosas del destino, después de más de treinta y cinco años sin tener contacto, me ha escrito por carta postal para decirme que pese al tiempo y la distancia –ahora vive en Chiclana de la Frontera–  tan sólo me escribe porque me ha recordado y simplemente le apetecía saludarme por escrito y expresarme su aprecio.  

Cosas de viejos ebrios de añoranzas, dirán algunos. Cosas hermosas que se las están llevando los ladrones de almas, digo yo.  


viernes, 27 de marzo de 2015

SEMANA SANTA, COMIENZA EL ESPECTÁCULO

Comienza el espectáculo. Ya está aquí la Semana Santa. Ya están preparados los tronos repletos de flores y de velas. Las túnicas planchadas. Los cirios expectantes para ser encendidos. Los vestidos de mantilla impolutos sostenidos en las perchas. Los tambores tensados, las cornetas brillantes, los enseres incólumes… Y las comidas dispuestas para la gran degustación familiar… Ya sólo falta que el tiempo sea bueno y luzca el sol.

 Comienza el espectáculo, los desfiles penitenciales, las procesiones... Y no digo yo que todo sea parafernalia. Sé que hay cristianos católicos que se lo toman muy en serio. Costaleros que se meten bajo los tronos, mujeres de mantilla y penitentes que procesionan por verdadero sacrifico y penitencia, en puro recogimiento y oración. Cristianos congruentes, ejemplares, comprometidos con su cofradía, a la que muchos pertenecen desde niños, trabajando en ella todo el año, más allá del simple sentimiento del momento, con honda devoción a sus Titulares sabiendo que son medios para llegar al Dios que habita dentro del alma. Pero también hay muchos que lo hacen por simple tradición, sin sentido, sin saber siquiera por qué o para qué lo hacen, tal vez porque salen los amigos, por romper la monotonía, por la inercia de la misma sociedad, por tomar parte de la diversión que toca.

Comienza el espectáculo. Los bares andan llenando sus neveras de exquisitos manjares. Las terrazas aseadas para el servicio de mesas. Los restaurantes y hoteles reservados… Los vendedores de globos, puritos americanos, pipas y golosinas dispuestos para hacer su agosto, y hasta las monjas andan preparando sus magdalenas, roscos y hornazos típicos para venderlos por el torno. 

Comienza el espectáculo. Y en medio de todo ello nada menos que la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Gentío en las calles y plazas. Multitud detrás de los pasos. Aglomeración para ver las salidas. Y muchos jóvenes y niños, hombres y mujeres de cháchara, de bromas, de risas, de juerga, con las copas en la mano mientras pasa a su lado la imagen de un Cristo sufriente o una Virgen dolorosa. Y mientras tanto, vacías las iglesias, cuatro gatos rezándole al Santísimo y algunos viejos y poco más, para contraposición, en todo caso, acudiendo a los carcas oficios.

Comienza el espectáculo. Críticas asombrosas y rasgada de vestiduras porque este año tal Cristo iba vestido de peor manera que al año anterior, y la cual Virgen sin palio, y se ha tocado mucho peor la marcha de la antigua cofradía, y se ha mecido de manera descompasada el nuevo trono después de haberle cambiado las trabajaderas, y se han ido los músicos en medio de la procesión porque estaban contratados sólo por dos horas, y el redoblante de la hermandad más prestigiosa falló en su lucimiento por la plaza, se le cayeron los palillos… ¡Qué desastre! ¡No sé dónde vamos a llegar! 

Comienza el espectáculo… Y en medio de todo ello, Dios se entrega, se sacrifica, sufre, padece y muere por nosotros. Muere ese Dios hecho Hombre que nos pide ser limpios, justos, entregados, honestos, veraces, fieles, libres, coherentes, generosos, esperanzados, dados a los más necesitados… Que nos pide no pecar. Un Dios para ser adorado, amado, seguido, predicado de palabra y de obra. Un Dios al que hay que llevar en el corazón todo el año. Un Dios que es amor pero no un pelele al que cogemos, levantamos, paseamos y soltamos como un títere de feria. Un Dios al que hay que acudir y comulgarlo como alimento de vida. Un Dios, dicho sea de paso, ante el que hay que arrodillarse cuando es elevado en la Consagración y cada vez que pasa por tu lado hecho Eucaristía. Un Dios que si algo no es, es eso, un espectáculo.




sábado, 14 de marzo de 2015

DÍA DEL PADRE

El 19 de marzo se celebra en España y otros países del mundo el Día del Padre. Ya sé que esto no viene a ser más que una tradición no muy lejana de la que se aprovechan sobre todo los grandes comercios con la intención de hacer caja. De ahí que para algunos este día no venga a ser otra cosa que un invento americano que tiene sus orígenes cuando en 1909, Sonora Smart, en el estado de Washington, escuchando un sermón en el Día de la Madre, pensó que también habría que dedicarle otro día al padre, y más teniendo en cuenta que ella no tenía madre y fue su padre quien cuidó y se hizo plenamente cargo de sus seis hijos tras el fallecimiento de su esposa de parto.

Pese a todo, pienso que no está mal tener un recuerdo especial para el padre en un día determinado del calendario, aunque bien es cierto que a un padre le tenemos que tener presente a lo largo de toda la existencia. Porque el padre es alguien a quien le debemos la vida, los desvelos de muchas noches, el esfuerzo de infinitas jornadas, la entrega constante, la paz que buscamos, el apoyo necesario, la fortaleza de alma…

Un padre siempre está ahí, con sus defectos, sus errores, sus equívocos, sus rarezas… Está ahí, desde el silencio, la palabra, la sonrisa… Está ahí, esperando, sufriendo, gozando, queriendo…

Por eso es siempre hermoso tener un detalle con él.  No hace falta regalo material alguno, sólo un gesto de ternura, de un te invito a una copa, de cómo estás hoy…, porque cuando ya no esté, cuando quede sepultado bajo la sombra de los cipreses, cuando solo sea ceniza, se le echará de menos. Como de menos echaba a su padre un pequeño alumno mío de primaria que no llegó ni a conocerlo.

Recuerdo que, en la víspera del Día del Padre, les mandé hacer un dibujo para que al día siguiente se lo regalaran. Sobre el dibujo, en algún lugar, debían escribir: “Feliz día, papá. Te quiero”. Cuando lo terminaron, todos vinieron a la mesa a enseñarme sus obras maestras. Todos menos uno. Me fui entonces hacia él y vi que no había dibujado nada. Cuando le pregunté el motivo, me respondió, muy triste, como avergonzado, que él no tenía padre.

 No sé, por qué entonces, tal vez porque hiciera la actividad como todos y no se sintiera discriminado, se me ocurrió decirle que pensara que su padre era yo… ¿Vale? Sonrió el pequeño y contento se puso a pintar su dibujo. Al día siguiente, en aquellos tiempos San José era festivo, llamaron a la puerta de mi casa. Abrí y vi que era mi pequeño alumno. “Para ti.” Me dijo. Me conmoví, lo acepté y le di un abrazo. Yo entonces no estaba casado y no sabía bien que era eso de ser padre, pero comencé a comprenderlo. Aquello me impacto. Y tanto que todavía hoy guardo ese dibujo en la carpeta de mi escritorio, junto a otros que después me regalaron mis hijos.

Bienaventurados, por lo tanto, los padres, porque de ellos debe ser el reino del respeto y el amor que se merecen.


jueves, 5 de marzo de 2015

DÍA DE LA MUJER

Al sentimiento de amor que siento por la mujer en general, he de añadir el de admiración.

La mujer es un ser especial. Nada de sexo débil. Nada de persona inferior. Nada de entidad de segunda. Su capacidad de darse es ilimitada. Su sentido del deber, extraordinario. Su fortaleza, algo especial. Su espíritu de sacrificio, infinito…

Y a todo esto, habría que añadir la injusticia histórica. La tremenda discriminación que ha tenido que sufrir a lo largo de los siglos, donde el machismo ha triunfado, relegando a la mujer a un segundo término tanto en el plano social, como económico, político, intelectual, artístico, religioso…

Dicen que la mujer es menos noble que el hombre, más sagaz, más astuta e intuitiva, más desconfiada, y puede que sea así, tal vez por esa necesidad que ha calado en los genes a lo largo de los siglos de tener que sobrevivir al ostracismo y la marginación en las que se le situó en las viejas civilizaciones, llegando en casi todas a extremos más que indignos e infames. Se les ha apartado de la cultura, de las universidades, del mundo del trabajo, del gobierno, del arte, del deporte… Y han tenido que demostrar, y siguen teniendo que demostrar, pese a todo y a tanto, que son capaces, iguales en inteligencia, en hondura de alma, en grandeza de corazón, en capacidad de desarrollar y dirigir…, por lo que siendo diferentes, hermosamente diferentes en la forma, son iguales en todo lo demás al hombre, y por lo tanto iguales en derechos y obligaciones.

Yo admiro a mis tías y a mi madre, más pobres que las ratas, que nada más acabar la guerra tenían que ir y venir andando a Baeza para poder estudiar, y copiar a mano los libros que les dejaban las compañeras ricas, porque mi abuela, que murió sin saber leer ni escribir, se negó a que sus hijas fueran unas don nadies como ella. Y una fue maestra y las otras dos comadronas. Que era lo poco a lo que podía aspirar en cuestión de estudios una mujer en la posguerra.

Y ya está bien. Ya ha de acabarse la discriminación en todos los sentidos. Cada mujer debe tener las puertas abiertas para alcanzar cualquier titulación y aspirar a cualquier trabajo, como también a elegir, si así lo considera libremente, a quedarse en la casa, al cuidado del hogar y de los hijos. Como puede elegirlo igualmente el hombre. Tarea ésta, dicho sea de paso, harto difícil, desprestigiada, poco considerada, casi denigrante. Tanto que cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer, se le añade, no sé por qué, “Trabajadora”, como si los millones de amas de casa no trabajaran, cuando lo hacen sin horas, sin descanso, sin vacaciones, sin jubilación, sin paga alguna, sin pensión…

Hora es ya en pleno siglo XXI de acabar con la discriminación. Haya igualdad total entre hombres y mujeres. Iguales oportunidades, iguales derechos, iguales aspiraciones, iguales obligaciones, iguales opciones de ser y de elegir… Haya igualdad hasta en el terreno religioso, porque no me cabe duda de que si alguien mira el mundo con ojos de verdadera igualdad ése es Dios.             


           

jueves, 19 de febrero de 2015

DON JUAN PÁRRAGA BARRANCO, UN CURA FELIZ

Cuando se acercaba a alguien, lo hacía siempre con una sonrisa tan natural y especial que te vencía el alma. A partir de ese instante ya podía pedirte algo que era imposible negárselo. Por ello, todo cuanto se propuso lo consiguió.

Nacido en Mengíbar, el 22 de junio de 1935, quiso ser cura. Con doce años ingresó en el seminario de Jaén. Fue ordenado sacerdote en junio de 1959 y enviado como coadjutor a Bailén. Después fue Martos. De ahí, ya como párroco, se encargó de los poblados de Solana de Torralba, Veracruz, y San Miguel. Director espiritual de los colegios Ahlzahir de Córdoba y San Felipe Neri de Baeza. Fundador en Úbeda de la residencia femenina de estudiantes “El Gavellar” y residencia masculina de estudiantes “Guadalmena”. Párroco en Puente del Obispo e Ibros… Y aquí, en Ibros, en cuya parroquia estuvo cerca de dos décadas, don Juan Párraga, en plena madurez, desarrolló toda una labor pastoral digna de los mayores elogios. Creó una cooperativa de confección, levantó un centro parroquial espléndido, en el que desarrollar infinidad de actividades religiosas y culturales, y organizó, entre otros muchos eventos, los cursos de monaguillos que tantos buenos frutos dieron. Compaginó también su labor pastoral por unos años con la de capellán de la Academia de Guardias de la Guardia Civil en Baeza. Más tarde, y conociendo muy bien sus dotes emprendedoras, el obispo don Santiago García Aracil lo trasladó a Torredonjimeno, a la parroquia de San Pedro, con el propósito de que levantase un nuevo templo. En julio de 2006 fue nombrado Canónigo de la Catedral de Baeza, director de la residencia Diocesana de La Yedra y, por último, párroco del Santo Cristo de la Yedra… Y aquí, en Baeza, en la mañana del día 16 de enero de 2015, lo hallaron muerto en su domicilio porque, según dicen, el corazón de repente dejó de latirle desgastado de tanto dar amor.  Murió “con las botas puestas”, como él mismo había pedido a Dios.

Y es que don Juan, perteneciente al Opus Dei, cercano y atrevido, bondadoso y servicial, sereno y valiente…, se dio sin reparo y sin límites, gozando de su labor como sacerdote, sintiéndose, además, muy orgulloso de serlo.

En más de una ocasión, sonriendo, se acercó también a mí. Me pidió dar recitales en Ibros, vino a Úbeda a ver, por muchos años, con cientos de feligreses, nuestras representaciones teatrales, nos invitó a representar “Natividad” en Torredonjimeno e influyó para que “El afortunado” se pusiera en diferentes ciudades… Y siempre me animó y me consideró…, y me quiso. Incluso tuve el honor de que asistiera en Baeza, hace poco, a mis obras “Malos tratos”, en el teatro Montemar, y “El poder de la oración”, en el convento de las Agustinas, saludándome cada final con su singular delicadeza y cariño. Ese día, en la sacristía, me habló de que iba hacer cuanto estuviese en su mano para que la obra dedicada a Santa Teresa de Jesús se siguiera representando.., sin saber yo, cuando nos despedimos, que era la última vez que nos veíamos. Ahora, don Juan descansa en paz lleno de gozo. A lo largo de su vida fue, según él mismo dejó escrito, feliz. Pues si en su estancia terrenal lo fue, ¿cómo no lo va a ser mucho más ahora que anda en el reino al que siempre soñó llegar? Dichosa estancia, don Juan, junto a los ángeles monaguillos, en la hermosa parroquia de la eternidad.