martes, 24 de noviembre de 2015

CARTA A LAS MUJERES MALTRATADAS

A vosotras, mujeres maltratadas, maldita la gracia que os hace que el 25 de noviembre se designe como el “Día internacional de la violencia contra la mujer”. Maldita porque lo que vosotras necesitáis no es un día dedicado, sino que todo el tiempo del mundo haya educación, formación, enseñanza y siembra de valores… Lo que necesitáis es que desde que se nace, en la casa, la familia, la escuela, la calle, el trabajo…, los hombres sepan de una vez por todas y para siempre que no son superiores a las mujeres.

La mujer es igual al hombre. Hombre y mujer son diferentes, hermosamente diferentes en el perfil físico, pero nada más. En todo lo demás son iguales. Iguales en derechos y obligaciones, en libertades y decisiones, en esencias y dignidades.

Lástima también, amigas, tantos dolores callados, sufrimientos, angustias, miedos, soledades… Para vosotras, por lo tanto, esta carta que os escribo. Carta que es un grito, no hacia ustedes que ya andan cansadas de gritos y de ruidos, sino hacia aquellos que os consideran inferiores, casi como un objeto, para rogarles y exigirles que se arranquen del alma la discriminación, el odio, la arrogancia y el falso orgullo… y vean en la esposa, la compañera, la novia, en definitiva, en toda mujer…, un ser de altura, único, irrepetible, especial, digno de amar y ser amado, pero a quien nunca se puede obligar a que te ame… Porque el amor sólo es grande y bello desde la libertad. 

Os animo, mujeres maltratadas, a la lucha. A salir del pozo. Ya sé que muchas desconfiáis de personas de despacho y políticos tan ineptos como falsos, que poco, en realidad, les interesa el tema, sólo quedar bien y aparecer en las fotos y medios de comunicación. Y cuando hay un crimen ponerse en grupo para guardar un cínico e ineficaz minuto de silencio. Cierto. Lo sé además por experiencia. Lo he vivido de una manera directa a partir de estrenar mi obra “Malos tratos” y llevar con el Grupo Maranatha más de año y medio representándola, con fines sociales, por numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía. Ahí he podido comprobar la mucha falsedad de no pocos políticos, políticos y ocupadores de cargos cercanos a políticos que dirigen y trabajan en Diputaciones, Ayuntamientos, Concejalías y Centros relacionados con la Mujer… Que sí, mucha palabrería, pero poca realidad, poco compromiso, poco convencimiento. Y demasiada mentira y engaño, excesiva hipocresía. Mucho sillón y ordenadores y aire acondicionado, y mucho salir a desayunar…, y también grandes sueldos y despilfarros a costa de la cúpula que levantan con los pilares de vuestra ignominia de dolor y humillaciones.

Pero también es cierto, y lo debéis saber y convenceros de ello, que tenéis a miles de personas dispuestas, de corazón, a darlo todo por vosotras, a dejarse el alma y la vida por vosotras, a morir por vosotras. Volad a ellas. No lo dudéis. Vale la pena el intentarlo. Vivir en el terror de cada día, es el peor de los martirios. Adelante. Ánimo siempre. Un abrazo desde el respeto y la consideración.    







martes, 3 de noviembre de 2015

LA APUESTA

Albert tenía quince años y Elisa catorce cuando se conocieron.

Fue en el parque que se alzaba junto al río. Él caminaba por uno de los senderos cuando ella, al cruzarse, se cayó por culpa de una rama perdida.

Se miraron. La levantó con delicadeza.

–Te has hecho daño.
–No.

Y desde entonces fueron inseparables.

Nadie en aquel pueblo perdido entre las sierras del interior ha conocido amor semejante. Estudiaron. Se forjaron un porvenir sencillo. Lucharon juntos. Se casaron. No tuvieron hijos. Fueron felices en los gozos y supieron salir juntos de las adversidades. Se amaron con locura, sin descanso, hasta el extremo.

Y así vieron pasar los años por el horizonte de sus vidas. Envejecieron juntos.

Albert cumplió los setenta y siete. Elisa un año menos. Como fue siempre. Y comenzó a poner el invierno su manto de escarcha más allá de sus corazones. Más hielo en el de ella que apenas si podía subir las escaleras sin ahogarse. Celebraron el cumpleaños. Ella tuvo la paciencia de poner once veces siete velas. Y le hizo soplar. Pide un deseo. Él la miró con esa ternura propia de quien nunca amó a nadie más que a ella. Y pidió un deseo. Después sopló. Y entonces quitó una vela y tuvo la paciencia de volver a encenderlas todas. Y ahora el deseo has de pedirlo tú. Y ella, tímida, soltando una pequeña carcajada, lo miró como con disimulo, y sintió que en su alma, siempre inocente, como la que llevaba dentro aquella niña del parque, había un enjambre de mariposas. Y pidió el deseo y sopló.

–¿Qué has pedido?
–Lo mismo que tú.
–¿Y cómo sabes tú lo que yo he pedido?
–Porque te he amado tanto, te amo tanto que desde que te conocí yo no soy yo, sino tú.

Y dándose la mano salieron al jardín desde donde se veía la caída del sol en la tarde más honda del invierno.

–¿Tú crees que se cumplirá nuestro deseo?
–Se tiene que cumplir. Pues si hemos sido el uno para el otro en esta vida, igual lo hemos de ser en la muerte que nos espera. Sólo es cuestión de lugar.  
–¿Y después?
–Pues lo mismo. Seguiremos juntos en la otra.

Y apenas pasaron unas pocas semanas, Elisa dio el salto y se perdió por los campos invisibles. Albert, se quedó en espera por cinco meses más. Después alzó sus sueños doloridos y se fue siguiendo la estela transparente que ella le había dejado.

Pero cuando llegó a la nueva ciudad, a la nueva dimensión, todo lo había olvidado. Los dueños de ese territorio provocan la amnesia antes de que puedas pasar. Y de ese modo, nada más comenzó a caminar por entre las flores, los almendros y los granados…, se cruzó con ella..., y, aunque se miraron, ni adiós se dijeron.

Sobre la copa de uno de los árboles dos niños con alas diferentes observaban. Eran dos seres extraños, uno vestido de lluvia y otro de estrellas, que andaban en apuesta a ver quién tenía razón acerca de si el amor es eterno o no.

–He ganado –habló el de rostro más frío.

Y nada más decirlo, escucharon un…

–¿Te has hecho daño?
–No.

He ganado yo, concluyó, sonriente, el que llevaba en sus ojos la luz de la hermosura.  


jueves, 22 de octubre de 2015

CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA DE NUEVO

Otra vez. Ya estamos otra vez con lo mismo, con atacar a la Iglesia Católica en vísperas de las elecciones. Ya estamos otra vez en el viejo atajo de siempre cuando no se encuentran caminos inteligentes para mejorar la economía, para acabar con la corrupción, para mejorar la justicia, crear empleo, terminar con la pobreza, las mentiras, los enchufes, los amiguismos, los separatismos, los radicalismos…, para hacer un pueblo más libre, culto, fraternal, solidario, más lleno de igualdad, más revestido de valores…

Pues nada, en lugar de exponer cómo lograr superarnos en todas estas facetas de la vida,  arremeten contra la Religión Católica, creyendo que con ello pueden pescar votos de extremistas, y, por contrario, sin consecuencias ni grandes dificultades, puesto que saben que se lucha contra una gran masa de católicos tibios y desinformados fáciles de manejar, así como contra obispos temerosos y acomplejados ante el peso de la Historia de la que sólo se saca a relucir lo negativo, y contra pobres curas que se las ven y se las desean para mantener en pie sus parroquias, sin poder terrenal alguno, sin más fuerza que la que le viene dada de lo alto…, peleando no ya contra los incrédulos, laicistas y demás ateos, sino contra los propios grupos de fieles cercanos que se llaman creyentes pero que no buscan otra cosa en la fe que protagonismo, folclore y beaterías.

Venga, contra la Iglesia Católica, contra el concordato, contra la cruz en la declaración de la renta, contra su enseñanza en las escuelas. Religión Católica ninguna, ni siquiera en los colegios privados… ¡Dios!, qué manera de prohibir, de coartar libertades, de saltarse las leyes, de imponer ideas retrógradas y desfasadas… Qué manera de sembrar enfrentamientos, polémicas absurdas, división, odios y venganzas…

Y qué equivocados, porque no se dan cuenta de que estas pretensiones pueden acarrear el efecto bumerang, puesto que lo que a veces los cristianos necesitan es que se les persiga para, ante las adversidades, despertar y resurgir con mayor fuerza, valentía y convicción. Porque resistir al acoso va en la sangre del seguidor de Jesús de Nazaret y porque incluso el martirio va en los genes de los que creen en Él… Pues nada, ni siquiera se dan cuenta de que, después de todo, hagan lo que hagan y se pongan como se pongan, y por más victorias que logren, jamás nadie podrá acabar con esa necesidad íntima que, se quiera o no, todo hombre lleva dentro del corazón desde que estalló en él la chispa de la inteligencia y pasó de simple animal a ser humano, por lo que si a fuerza de imposibles los gobernantes lograran erradicar todo vestigio de cristianismo en la tierra, no por ello dejaría de surgir otras creencias en el alma. Estamos marcados para la trascendencia.

Ya lo ven. Ya están de nuevo ciertos políticos sacando las uñas contra la Iglesia Católica, y por dos frentes básicos: el de suprimir su enseñanza en todas las escuelas y el de negarle toda ayuda económica del estado. Con el primero, con el que no estoy de acuerdo, ya que no enseñar a un niño la Religión Católica es mutilar parte de su conocimiento y formación, dado que todo nuestro pasado está forjado en el cristianismo y nada entenderíamos de nuestro presente y menos de nuestro futuro sin conocerlo a fondo, ya han ganado mucho terreno, pero no por ello han conseguido que los padres dejen de matricular a sus hijos en dicha asignatura. Con el segundo sí que estoy totalmente de acuerdo: ninguna subvención para los católicos, ninguna, que paguen ellos sus templos, fiestas y liturgias… De acuerdo pese a que de cierto, de mil modos, dan más de lo que reciben, atendiendo en especial a millones de pobres y necesitados. De acuerdo porque desde siempre he estado en contra de todo tipo de subvenciones públicas. De acuerdo: subvenciones prohibidas para todo y para todos. Ni un céntimo para partidos políticos, sindicatos, demás religiones y creencias, empresas, organizaciones, patronatos, academias, gremios, asociaciones, inventores festivaleros... Que ésos, en su mayoría, sin ninguna duda, sí que forman de verdad una vergonzosa e injusta red de parásitos clientelistas bien orondos de tanto mamar de la vaca.  

domingo, 11 de octubre de 2015

CORAZÓN DE MANOS ABIERTAS

Hace poco más de un mes recibí una llamada telefónica de Manolo Contreras, miembro de la cadena de radio COPE, pidiéndome ayuda para una niña de catorce años que anda luchando contra una leucemia que llamó a su puerta para robarle de un tajo la vida. Me pedía representar en La Carolina, el pueblo de la pequeña, la obra “Malos tratos”, obra que el Grupo de Teatro Maranatha estrenó en Jaén en el mes de junio del pasado año y que viene representando desde entonces por diferentes lugares de nuestra geografía con carácter solidario, para ayudar en este caso económicamente a la familia, todos en el paro. Ni que decir tiene que nuestra colaboración estaba hecha. Para eso nació este grupo, para, aparte de hacer teatro, arte y cultura, darse a los demás sin pedir nada a cabio, sin cobrar ni un céntimo, donando íntegramente los beneficios que se obtienen siempre y cuando repercutan en un bien social o religioso. Y pocos como éste de sacar adelante la vida de una criatura herida por el rayo de una de las enfermedades más crueles. Y allí que fuimos en nuestros propios coches. El Ayuntamiento incluso envió una furgoneta para llevar desde nuestra sede luces, sonido y atrezo.
Y allí, en la capital de las nuevas poblaciones de Sierra Morena, el Grupo representó la obra el pasado 3 de octubre, consciente de que este pueblo ha sido ejemplar en la entrega por esta familia. Muchas personas se han unido a ellos y no sólo materialmente, sino también moralmente, dando y ofreciendo ánimos y, sobre todo, haciéndose donantes de médula en una cantidad tan ejemplar como sorprendente.

Donantes porque se han concienciado, ante el caso vivido, de la necesidad de ponerse a disposición de los demás, de dar, si fuera necesario, parte de la sangre de su médula con el sentimiento de salvar la vida de otros que desde un lugar cualquiera del mundo puedan necesitarla.

Y es que la pequeña Paula ha sabido muy bien lo que es esa necesidad, y de saber, de paso, lo que es el dolor de que le sea negada. Porque cuando los médicos encontraron, después de un trabajo ímprobo, una médula compatible, la de un joven de veintidós años, residente en Brasil, y todo estaba controlado y preparado para el trasplante, el joven se echó atrás y no pudo llevarse a efecto. La desolación fue terrible.

La muerte, entonces, pareció que sonreía por su triunfo sobre un ser inocente y bondadoso. Pero se buscó una última solución: la de aplicarle un tratamiento casi en fase experimental que había que traer de Estados Unidos. Los padres aceptaron y se puso manos a la obra. El tratamiento consintió en cincuenta sesiones de una quimioterapia muy agresiva. En las carnes de la niña se hizo el infierno pero la luz no dejó de alumbrar en ningún momento en sus entrañas a modo de una esperanza hecha sueño.

Y ahí está la niña, en el colegio. Feliz, llena de ganas de reír, de saltar, de vivir, sacando buenas notas, cantando, jugando… Ahí está la niña, derrotando al monstruo que se metió en su sangre de inocencias. Ahí está con su sonrisa limpia y llena de bondad… Y ahí, con ella, a su lado, sin descanso, su familia, su papá y su mamá, dos personas coraje, dos seres humildes rotos por tanta lucha, cansados, pero también ilusionados, orgullosos de ver que su hija del alma anda naciendo de nuevo, confiados en que todo siga bien y puedan ver a su pequeña volar definitivamente por los cielos blancos de la salud total.

La obra salió bordada. Tanto el presentador, don Adolfo Salas, como los actores pusieron todo el ímpetu y la fuerza que llevan dentro por la pequeña, por los padres y por todos cuantos asistieron para colaborar. Y nos fuimos de allí llenos de gozo, sabiendo que la obra que habíamos representado con el fin de colaborar con esta niña ejemplar había merecido la pena. Y para mí, personalmente, más que la pena, porque me fui de La Carolina lleno de emoción y de lágrimas, lleno de paz, lleno de honda satisfacción, sobre todo después de ver como al finalizar la puesta en escena, tras agradecer al público su asistencia y generosidad, mientras abrazaba a los actores en el escenario por la pasión que habían puesto y la magistral actuación llevada a cabo, los aplausos continuaban sin cesar hasta el punto que tuve que volverme hacia el público y agradecer de nuevo el entusiasmo mostrado.

¡Qué hermoso todo, amigos! ¡Qué hermoso tantas manos abiertas! Días así merecen la pena ser vividos… y recordados. Sobre todo porque sabemos que cuando Paula supere este trance y su triunfo sobre la leucemia sea definitivo, un trozo de nosotros, una gota espiritual de nuestra sangre, junto a la de otros muchos, irá en las venas del corazón de su alma hasta la eternidad.  

viernes, 25 de septiembre de 2015

EL OTOÑO INDEPENDENTISTA

Siempre llega el otoño. Siempre hay un final del verano. En la naturaleza y también en el hombre. Un otoño que trae caída de hojas, lluvia, frío, silencio, calles solitarias, muerte. Un otoño que no llega por sorpresa, que se ve venir, que llama a la puerta, que anuncia su llegada.

Y en España hay ya un otoño que da miedo. Una estación que trae pena, desasosiego, rabia, locura, división, llagas… En España el otoño nos ha traído una disgregación que tardará mucho en cicatrizar. Cataluña quiere independizarse, mejor dicho, muchos catalanes quieren separarse del resto de los españoles. Y lo han trabajado. Nadie puede rasgarse las vestiduras. Desde que llegó la democracia los jefes de la tribu trazaron el plan perverso. Sacar el castellano totalmente de las escuelas, desobedecer las leyes que no gustaban ni interesaban, incendiar los corazones con propaganda populista, tergiversar la Historia, decir que los demás, perezosos y vagos, les robamos, lanzar insultos, desprestigiar a los de fuera de sus límites, hacerse odiosos para quejarse de que son odiados, y no cesar de hacerse víctimas incomprendidas, oprimidas, asediadas y no respetadas, y, sobre todo, desprestigiando la misma democracia porque no les deja decidir su derecho a decidir, separarse, ser libres.

El otoño se veía venir y sin embargo, mientras era verano, nadie hacía nada. Los gobiernos de todos los colores con tal de que les dejaran tranquilos daban cuanto se les pedía, incluso hacían pactos y regaban con el grifo de los euros lo que no está escrito, y cuando alguna nube amenazaba miedo, metían la cabeza debajo del ala y a esperar que el aguacero pasara.

Y ahora… Y ahora, ¿qué? Ya los menores de treinta años han crecido en el más profundo nacionalismo, aman su bandera, su folclore, su diada, su pan tumaca, su “més que un club”… mientras odian todo lo español, que es para ellos lo extranjero que los oprime. Y así, aunque les digas que con la separación serán más pobres, habrá corralitos, serán expulsados de la UE, no podrán cobrar las pensiones…, se ríen, porque es a lo que están acostumbrados, a reírse, a que después de hacer lo que han querido, mantener a los jueces doblegados, incluso robar a manos llenas y estar hasta las cejas de corrupción, no ha pasado nunca nada, sino todo lo contrario, más favores y prebendas han recibido y más miradas para otro sitio. 

Ellos saben muy bien lo que quieren. Y lo que quieren es seguir como estamos pero sin estar, es decir las chocotajás. Servirse de España pero sin ser de España. Seguir vendiéndonos sus productos, fronteras abiertas para seguir yendo a cualquier lugar para disfrutar de los paisajes y tomar parte de las tertulias, prensa y espacios de aquí, seguir en la liga para continuar cobrando el dineral que genera las televisiones, recibir ayuda del ejército de la bandera rojigualda cuando les sea conveniente, andar en la Unión Europea porque ya lo venían siendo y no cesar de recibir dinero del estado español por los siglos de los siglos porque se inventarán una deuda histórica tan tremenda que ni te cuento… Es decir que los separatistas tendrán todas las grandezas de ser una nación independiente con sus embajadas, sus selecciones deportivas, sus leyes y demás privilegios y al mismo tiempo seguir mamando de la vaca que cría los vecinos.

¿Qué esto no será posible? ¿Por qué no? ¿Acaso vamos a oponernos a que formen parte de la UE y más cuando los demás países no pondrán demasiados inconvenientes? ¿No vamos a dejar entrar en los mercados sus productos? ¿Los vamos a echar de las ligas deportivas? ¿No los socorreremos si por alguna casualidad lo necesitan? ¿Dejaremos de mandar los aviones contraincendios si se les queman los bosques? ¿Vamos a dar lugar a que los ancianos no cobren la pensión…? Qué falta de corazón, qué vengativos, qué chantajistas, qué crueles, qué poco comprensivos, qué faltos de tolerancia, qué indignos… y más cuando ahí dentro hay hermanos, amigos, familiares, incluso no pocos que siguen sintiéndose españoles… Aunque solo sea por éstos, ¿les vamos a negar el pan y la sal? Y vendrán muchos del resto de la España que quede que, vestidos de buenismo, se pondrán del lado de los separados y obligarán al gobierno, aun en contra de otros, a que haga lo propio. A ver, si al fin y al cabo son eso, nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros hermanos… Venga, un poco de conciencia.

Yo no sé cuándo, en verdad, Cataluña declarará la independencia. Lo que sí sé es que todo esto está trayendo y traerá división, odios, rupturas, heridas, lágrimas…, tanto dentro como fuera de Cataluña…  Y lo peor es que ya es demasiado tarde para impedirlo. Y es que nunca, en realidad, se hizo nada para evitarlo.

El otoño ha llegado. Y se sabía. Lo malo es que este otoño será largo, tan largo que tardará en llegar la primavera.

viernes, 18 de septiembre de 2015

DEL OLVIDO

El poeta Pablo Neruda lo expresó magistralmente en uno de sus versos: Es tan corto el amor y tan largo el olvido…

Tan largo el olvido que de no ser así la vida se nos haría insoportable y más, mucho más, en nuestro mundo de hoy, tan agobiante en sucesos, tan abrumador en episodios, tan rápido en acontecimientos… Antes de que podamos digerir un hecho ya han sucedido varios. Antes de que una noticia nos haya impactado, ya han aparecido varias que nos asombran… El mundo se nos ha hecho una aldea global en la que al segundo quedamos enterados de lo que sucede hasta en las antípodas de donde estamos. Los medios de comunicación y, sobre todo, internet han contribuido a ello. Y tanto y tan veloz que la prensa escrita nada más llegar al kiosco ya es obsoleta  Y son tantas las noticas, tanta la saturación que recibimos, tantos los mensaje de las redes sociales, tantos los comentarios, las diversidades, los pareceres, las opiniones, las decisiones tomadas… que o bien abrimos de par en par el pozo del olvido o nos volvemos locos porque nuestra mente no puede retenerlo ni asimilarlo todo. 

Y optamos por lo primero, por abrir el pozo del olvido donde echar a diario la inmensa mayoría de los asuntos que nos llegan a la mente y quedar liberados de su peso.

Y del olvido saben mucho nuestros políticos. De ahí sus comportamientos, sus decisiones, sus actuaciones… Ellos conocen perfectamente que lo que hoy llama poderosamente la atención, mañana está olvidado; que la indigna corrupción que surge en un momento preciso, se convierte en amnesia apenas unos días después; que el daño causado por la promesa incumplida, la subida de impuestos, la aprobación de una ley vergonzosa, el cese fulminante del que estorba, el comportamiento indigno, la ambición y la arrogancia del que anda en los sillones…, todo ello acaba siendo aire, tamo que lleva el viento, apenas rastro de polvo en el sendero de nuestras vidas… Y, de ahí que, una y otra vez, nos engañen, nos mientan, nos hagan comulgar con ruedas de molino. De ahí que nada más llegar las elecciones salgan, como siempre, a la calle a hacerse cercanos, simpáticos, como de la familia. De ahí que prometan lo que no está escrito… Total, si luego, poco tiempo después, nadie recuerda nada. De ahí también que no tengan demasiada preocupación por cuanto de obsceno hacen. La lección la tienen bien aprendida, en caso de ser pillados en algo, lo único que hay que hacer es esconderse en la concha de su propio caracol, no echar leña al fuego, guardar silencio y esperar unos días a que escampe, entonces se podrá salir de nuevo al sol y gozar de sus cálidos rayos dorados.

Y del olvido saben igualmente mucho los sembradores del mal, los que sacan beneficio de las desgracias de los otros. A base de bombardearnos con imágenes que eliminamos sin descanso acabamos como rocas, sin alterarnos, petrificados, acostumbrados, ahítos. Por ello somos cada vez más insensibles al dolor ajeno. Y ya ni las pequeñas ni las grandes desgracias nos arañan siquiera la conciencia. Vemos montones de seres humanos muertos, puñado de cadáveres flotando en el mar, miles de caminantes buscando refugio, ciudades bombardeadas, inundaciones, terremotos, tsunamis, ríos de sangre, crímenes, violaciones, raptos, hambrunas, infinidad de injusticias…, y miramos para otro lado. “¡Qué pena!”, decimos, mientras comemos, para añadir, con la intención de lavarnos, a modo de como lo hacen los gatos, la conciencia: “pero yo no tengo la culpa”.  Y tan tranquilos.

Y a tanto ha llegado el olvido, tan abierto tenemos el brocal de la negra hondura, que hasta estamos perdiendo la mínima decencia. Y para demostrarlo baste decir que no paramos de ver, no ya a lo lejos, sino a nuestro alrededor, muy cerca, a nuestro lado, a personas que han dado todo a su pareja, a sus hijos, a su familia, a sus vecinos…, que se han dejado la piel en su profesión, que se han desgarrado el alma por los demás y que incluso han repartido los bienes que tenían para ayudar…, y cuando ellos han necesitado una mano, una sonrisa, un trozo de pan, un simple consuelo… no han recibido más que indiferencia, ingratitud y desprecio… Y no por culpa de nadie, sino tan sólo porque el olvido se está haciendo hoy en día tan grande, tan inmenso, tan dominante, que se ha convertido en una especie de agujero negro capaz de tragárselo todo, hasta el corazón.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA ALEGRÍA PERDIDA

Debe de ser que me he vuelto viejo. Porque cuando uno empieza a no estar cómodo en el mundo en que vive, cuando uno sale a la calle y ya casi no conoce a nadie porque los de su edad andan encerrados o se fueron para siempre, cuando descubres que muchos viejos amigos han crecido tanto y se han olvidado de tanto que ya ni los conoces cuando se cruzan contigo por alguna esquina…, cuando suceden todas estas cosas, en opinión de los estudiosos y sabios de la psicología, es porque andas en la primera línea de combate y las balas pasan ya demasiado cerca del corazón. 

Y yo me resisto a envejecer. Y por ello que me niego a dejar de estar cómodo en la vida y por ello que la sigo amando con toda el alma. Pero me entran dudas. Bien es cierto que sigo haciendo teatro, que me invitan a actos culturales, a recitales, pregones, premios, comidas…, que no puedo dejar de componer, de escribir, de leer… Y aunque en ocasiones me siento algo cansado, me repongo paseando por la soledad de los campos y subiendo a cerros altísimos para ver si allí Dios se me hace más cercano… Y en esos caminos de soledad absoluta, sin móvil, porque no quiero que nadie me vigile, me controle, me engañe… y de paso me vacíe los bolsillos…, sin alforjas, ni dos túnicas…, me encontré hace unos días a un muchacho que recogía almendras.

En el campo existe otra cultura y otra civilización. En el campo todo se humaniza y todos somos más iguales. Tal vez por eso, el muchacho, con gorra gris, chándal azul y zapatillas amarillas, en un camino oculto más allá de los túneles de la viaja vía, se acercó para decirme que me conocía, y que muchas veces me había visto desde lejos. Me conmovieron sus palabras llenas de amabilidad. Se veía un chico culto. Tiene la licenciatura en Derecho y en Filología Inglesa y anda preparando oposiciones a lo que sea. Hablamos…, y, ¡qué sorpresa! si más harto de todo estaba yo, más harto me hacía ver que estaba él.

Me hizo saber que se resiste a leer la prensa porque la inmensa mayoría de lo que pone es falso, o está tergiversado o, lo que es peor, son medias verdades. “Sin ir más lejos, ayer mismo, por poner un ejemplo, decía el titular de un diario muy importante: El Papa absuelve a las mujeres que abortan y que están arrepentidas. Como si el pecado del aborto no hubiera tenido absolución con los otros papas. Como si fuera una minucia, como si sólo las mujeres fueran culpables, como si estuvieran saliendo de la clínica, en presente, se santiguaran y hale, asunto concluido, hasta otra. Y no es eso, es que el Papa Francisco autoriza a los sacerdotes, y no sólo a los obispos como venía siendo hasta ahora, a perdonar, a lo largo de este año de la Misericordia, en confesión, el pecado del aborto si hay verdadero y profundo arrepentimiento y claro propósito de enmienda. Ya ve, don Ramón, y así en la mayoría de las noticias que se dan, diciendo lo que interesa, lo que crea morbo, lo que vende.” ¿Don Ramón? “Sí, es que yo fui alumno suyo en el Juan Pasquau y me enseñaron mis padres a tratar de usted y de don a mis maestros.” Y continuó: “Y mire usted los robos de los bancos, y los engaños de las empresas de luz y comunicación, con ofertas éstas de televisión incluidas que luego no se cumplen, que son cepos de los que es imposible escapar, con recibos que no son lo acordado, y donde nadie da la cara porque todo es por teléfono, aparatos tras los que se esconden infinidad de hispanoparlantes que no te entienden ni te atienden correctamente, o te atienden con amabilidad ficticia o te marean mandándote de unos números a otros llenos de musiquilla de espera para sangrarte. Mentira tantos políticos que nada más llegar a los cargos van a lo suyo, a vivir, a triunfar, a pagar favores, a cobrar… De risa los separatismos, que de ratones se han convertido en dragones con la aquiescencia de los gobernantes que ahora se quieren rasgar las vestiduras. Cansados del catalanismo de bandera con la que más que el bien del pueblo se busca ocultar los robos de decenas de años. Desastroso también tanto paro, tanta economía sumergida, tantas personas con estudios durmiendo la siesta en el sofá de la casa de sus padres, tantos malos tratos, tanta mala educación, tanto egoísmo, tanto engaño, tanta falsedad, tantos intereses creados, tantas separaciones, como si de una moda se tratara, porque se nos acabó el amor, porque necesito mi propio espacio, porque me hace ilusión volverme a enamorar…, sin pensar en los hijos ni en los padres. Desesperante los miles de personas cruzando fronteras buscando refugio, jugándose la vida. Terrible los niños muertos en las playas. Horroroso los cadáveres flotando sobre el mar, como peces sin alma. Preocupante la religiosidad. Cerrándose conventos cada día porque ya no tienen rumbo, donde ya pocos se arrodillan siquiera ante el Santísimo, donde nada es malo, donde la entrega a los más pobres y enfermos es para los otros, donde los sacerdotes andan cansados, aburridos, perdidos, solos… descentrados…, con fieles a su lado pensando en la juerga, la festividad, las parafernalias, la procesión…, de la misa a la mesa…”

No sigas, le dije, que vas a envejecer antes de tiempo. Que todo eso lo diga yo, tiene un pase, pero tú…, con apenas treinta años...

“Los de mi generación, don Ramón, nacimos niños, pero con treinta años somos ya viejos, porque tenemos muchos festejos, bailes, alcohol, televisión, distracciones… Mucha fiesta…, mucho pan y circo, pero nos falta, eso, la alegría, la alegría verdadera, la alegría que nos han robado. Y sin alegría no somos más que ancianos con la mirada perdida en ninguna parte.”  

miércoles, 5 de agosto de 2015

LITERATURA PUTREFACTA

Me da pena y dolor este mundo nuestro de las editoriales. Empresas que lo único que buscan es el dinero. Lo de menos es si se crea o no literatura, si los autores tienen o no talento, si son justas o no con las decisiones que toman. Dinero y nada más que dinero es lo que las mueve, lo que las motiva, lo que les interesa.

Aquí se escriben muchos libros. Nada más que al premio Planeta se presentaron el pasado año 453 novelas. De las que se han publicado dos. Casi todas las demás no verán la luz, acabarán en un cajón después de ser despreciadas una y otra vez por no interesar.

Yo mismo he leído libros manuscritos que me han remito amigos que me han maravillado. Libros llenos de belleza, interés, profundidad, mensaje…, obras hermosas. Libros por todos sitios en prosa y en poesía que son verdaderas joyas, pero que se quedan ahí, perdidos, olvidados, muertos para siempre. Libros redactados por personas de gran cultura y alto nivel intelectual, eruditos y llenos de originalidad, escritos por hombres y mujeres que vienen dedicando toda una vida a la lectura, a la formación, al conocimiento de la lengua, a viajar, a llenarse de experiencias, al estudio, a la reflexión... Personas llenas de talento, de chispa creativa, de sentimientos vivos, de valores, de arte, de elegancia… Hombres y mujeres que mueren sin ver su obra publicada, sin que nadie sepa de ellos, sin huella dejada porque no han tenido la suerte de estar en el sitio oportuno en el momento justo…, o porque, sencillamente, no han querido romper el cristal de la moral y la honestidad y pasar al lado oscuro, no han querido venderse por nada, negándose a convertirse en piltrafas, en marionetas en los programas basura para relatar y vender sus quehaceres sexuales, sus miserables adulterios, sus puteríos, sus desvergüenzas, sus infames bajos instintos, sus más repugnantes intimidades, sus gritos, robos, corruptelas, infamias, mentiras, sus asquerosidades…

Porque si haces esto, si te acuestas con el primero que pasa y lo grabas y lo ve todo el mundo, y encima tu pareja lleva la cornamenta del toro watusi y para colmo eres tertuliano o político deslenguado, entonces sí, entonces no es que te publiquen el libro que tenías escrito y guardado en la estantería cubierta de polvo, sino que te piden, te imploran que lo escribas, y ponen a tu disposición a todos los “negros” que quieras, y te lo rematan encuadernado en piel, y te lo presentan con todos los honores, y te hacen una campaña publicitaria que alucinas, y te lo venden en todas las librerías que existen, y te lo colocan además en primera línea, en el mejor escaparate, en la más privilegiada estantería… Como ha sucedido con muchos famosillos. Como le ha sucedido a la genial Olvido Hormigos, prudente y educada maestra de escuela además de honrada concejal socialista de toda la vida, abnegada madre y esposa, heredera de Cervantes, Quevedo y Juan Ramón Jiménez, inteligentísima narradora y poeta… Como le ha sucedido a este dechado de virtudes que tiene la cara más dura que el cemento. Que debido a sus impresionantes méritos en al arte de la baja carne ya tiene su novela a la venta y puesta en todas las librerías del mundo, esperando le concedan además, al menos, el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Y viene ahora el pobre e ignorante Pérez Reverte a quejarse porque la han puesto a su lado, detrás de ella, rogándole al Corte Inglés que, al menos, no se la pongan encima; a lo que ella le responde que no se crea superior y que es un machista. ¡Toma ya! Para que aprenda el analfabeto, mediocre, retrógrado y facha creador del Capitán Alatriste. Y es que Hormigos no podía haber soñado llegar tan alto ni Reverte llegar tan bajo… Ni la Literatura Española llegar a tocar el fondo tan putrefacto de las cloacas. Pues nada, que sigan.