sábado, 19 de enero de 2019

GINÉS DE LA JARA TORRES NAVARRETE, OTRO AMIGO QUE NOS DEJA

Otro más. De nuevo la bala llegada de las sombras ha impactado en el corazón de un amigo y lo ha hecho caer contra el suelo para siempre.

Y una vez más que mi corazón ha sentido el dolor de la partida.

Insisto. Tantas ausencias van pesando. Esta soledad en la que avanzo hacia el abismo que se acerca, cansa ya demasiado. 

Ahora ha sido Ginés de la Jara Torres Navarrete, con quien tanto he compartido.

Ginés ha sido un hombre honesto, trabajador incansable, de memoria prodigiosa. Investigador de la Historia que ha dejado su vida entre legajos y silencios sin tiempo. Poco dado a las interpretaciones y a la literatura de los datos. Inteligente y apasionado. Tenaz. Orgulloso de su propio saber. Amable y servicial. Bondadoso y cordial. Autor de infinidad de artículos y de libros, entre los que destacamos la “Breve Historia de la Villa de Sabiote” y la “Historia de la Muy Ilustre Villa de Torreperogil”, de ambas villas  Cronista Oficial; así como la “Historia de Úbeda en sus documentos”. Tres grandes obras, al fin y al cabo, dedicadas a sus tres pueblos más amados. Siendo nombrado en su día “Hijo Predilecto” del primero, e “Hijo Adoptivo” de los dos segundos.

Estuve en junio de 2015 en la presentación de su libro “San Nicolás de Bari y su jurisdicción eclesiástica”. Allí compartí su alegría y su satisfacción. Allí nos dimos un abrazo de respeto y amistad. Y allí nos hicimos la fotografía que aquí presentó. También estuve a su lado, cerca de su alma, cuando estando herido de suma gravedad, inconsciente, próximo a la muerte, le acercamos a la ventana de su alcoba, al pasar por su casa la procesión conmemorativa con motivo del 500 Aniversario de su Aparición, a su Virgen, mi Virgen, nuestra Virgen de la Misericordia. Siendo testigo, pocos días después, de su recuperación más que milagrosa. De igual manera, lo he visitado, tiempo más tarde, en su propio domicilio, siendo recibido con suma amabilidad y obteniendo palabras suyas que siempre guardaré en las alforjas de las esencias inolvidables.

Y ahora ya no está. Ahora ha volado por el viento de la intangible, tras quedarse dormido, el pasado sábado, 12 de enero de 2019, bajo el sol frío del invierno, mientras yo traía del campo a mi hogar un temprano ramo de almendro ya en flor. Y es que la muerte trae vida, y en el caso de Ginés, hombre que jamás escondió su fe cristiana, muy al contrario, se enorgullecía de ello, vida en abundancia. Una vida en el más allá, donde nada más llegar se habrá puesto a dar lecciones al Señor de la Historia documentada de sus pueblos más queridos, rebatiéndole, sin duda, datos, fechas y nombres, y poniéndose de inmediato a estudiar y analizar los documentos guardados en los archivos celestes para hacer, sin prisas pero sin pausas, las genealogías completas de todos los allí presentes… Y es que no puede ser de otra manera. Si la gloria, conforme dicen, es un lugar de eterno gozo, Ginés solo puede ser dichoso si dedica el tiempo de su infinitud a conversar y escudriñar legajos que hablen del pasado para más amar el presente. En este caso, el presente sin final.

Pues eso, querido amigo, que seas feliz.  




miércoles, 9 de enero de 2019

VANIDAD DE VANIDADES



Un viejo amigo, Roque de la Torre Vegara, a quien la vida no le pagó demasiado bien y perdió un hijo entre la nieve a quien nunca encontraron, venía a mi casa de vez en cuando para hablar de las cosas de la vida.

Era un intelectual y un hombre culto que escribía con elegancia y hondura. Alguna vez lo hizo publicando en la revista IBIUT, que tanta ilusión me creaba en al alma, y en la que también tuve el honor de entrevistarlo.

Más de una vez yo le recriminaba su pereza y que no escribiera con más asiduidad. Pero él, frío y calculador, me respondía que para qué, que todos los artistas y todos los escritores en el fondo creaban sus obras por pura vanidad, pensando que con ellas pasarían a la posteridad, sin concienciarse de que la posteridad es simplemente un tiempo ridículo que no sirve para nada en cuanto el autor ya no está y su obra tan solo es materia degradable y efímera que, tarde o temprano, se esfumará también por completo en la desoladora infinitud del universo.

Y me lo recalcaba añadiendo: los cuadros de Velázquez, de Leonardo, de Van Gogh, la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, el Empire State Building, El Quijote, La Odisea, Hamlet, la Piedad de Miguel Ángel, la Venus de Milo, el Réquiem de Mozart…, todo esto, por más que busquemos engañarnos, no será más que polvo, olvido, ausencia… Todo no será más que nada (que es a la misma conclusión a la que llegó el poeta José Hierro en su Cuaderno de Nueva York: “Ahora sé que la nada lo era todo”). Agregando Roque que este planeta y este sol y esta galaxia en la que viajamos dejarán de existir algún día… ¿Cuándo? No se sabe. Pero si se sabe a ciencia cierta que todo tendrá un final. ¿De aquí a cien años, a cien millones, a diez mil millones, a cien mil millones…? Qué más da, para el muerto es lo mismo, para el muerto el tiempo es eternidad de vacío, como ya lo era antes de nacer, y todos seremos muertos, y los que queden, si quedan, vayan donde vayan, también tendrán un final, por lo que todo es mera insignificancia.

Y ahora, muchos años después del fallecimiento de mi amigo, unos astrofísicos de la Universidad de Durhman, en Reino Unido, han venido a darle la razón, tras haber publicado que la Gran Nube de Magallanes colisionará, dentro de 2.000 millones de años, con nuestra galaxia, mandando nuestro Sistema Solar fuera de la Vía Lactea, a una zona misteriosa en el espacio profundo… Y de no tener lugar este choque, lo habrá dentro de 8.000 millones con Andrómeda, cuando ya el sol, 3.000 millones antes, haya dejado incluso de existir tras haber engullido y aniquilado por completo a la Tierra.

“Y cuando todo esto ocurra, dime qué quedará de nosotros, de las obras de arte, de los libros, de los monumentos… ¿Qué quedará de lo hecho, de las medallas y los diplomas…? ¿Qué quedará, amigo Ramón?”, insistía mi amigo Roque.

“Vanidad de Vanidades, todo es vanidad”, que dice el Eclesiastés.  



miércoles, 26 de diciembre de 2018

ANTE LA NOTICIA DE LA MUERTE DE MEMÉ ALVARADO


A la caída de la tarde del pasado 25 de diciembre, me llaman de Córdoba para decirme que Bartolomé Alvarado había fallecido el día anterior.

La noticia fue un clavo en las entrañas. Y el dolor se hizo más hondo al no haber podido asistir a su entierro para decirle adiós desde el alma y rezar una oración de gratitud a Dios por todo lo mucho y bueno que hizo. Miré el reloj y marcaba las cinco y veinticinco. Lo mismo todavía me daba tiempo de ir a la iglesia. Así que me puse el chaquetón y salí a la calle al encuentro de una esquela que me informara del fatal desenlace. Pero nada encontré.

¿Un bulo entonces? ¿Tal vez habrá querido ser enterrado desde el silencio y la humildad que siempre le han caracterizado? ¿Quizá no estuviera en Úbeda y lo tengan que traer? Preguntas que al no hallar respuesta me inquietaban aún más. Entonces decidí ir al cementerio y salir de dudas. Y hasta allí me dirigí cuando ya la noche dejaba caer su manto de negra tristeza sobre las lápidas y los cipreses. Y nada, ni rastro, ni una mínima estela de luz a modo de cadena de estrellas sobre el suelo del camposanto que me llevaran a mi admirado amigo. Y así hasta hoy, que me entero por medio de Alberto Román en IDEAL, que Memé ha fallecido en Barcelona, el día 24, para irse esa noche con su muerte a cuestas para celebrar la vida que nace en un Niño pobre y humilde, sereno, delicado y santo, en Belén.

Se nos fue Memé lejos de su Úbeda, es verdad, pero con la mirada puesta siempre hacia el sur, buscando constantemente las torres y las cúpulas de una Dama que lo enamoró y le inspiró sin poderlo evitar. Y donde será su entierro, que tendrá lugar mañana, día 27, festividad nada menos que de San Juan Evangelista, el apóstol amado del Señor, y a quien él ha dado forma en determinadas ocasiones, en especial el que salió de sus manos para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Adiós querido amigo. Echaré de menos las conversaciones contigo hablando de arte, de pintura, de imaginería, de esta ciudad nuestra que tanto queremos y tanto duele. Echaré de menos las visitas a tu estudio, el sobrecogimiento ante tus tallas que tenían vida, que hablaban, que te emocionaban hasta el llanto. Echaré de menos las miradas exclamativas ante tus cuadros repletos de delicadeza, magia, misterio, realidad y profunda belleza… Echaré de menos tu sinceridad, tu educación, tu timidez de hombre grande, tu danzar de puntillas sobre las sombras que hacen daño, tu baile de sabio sobre las luces que abrazan y enamoran.

Te has ido sin hacer ruido, como ha sido toda tu vida. Sin dártelas de ser discípulo predilecto, junto a mi otro gran amigo Marcelo Góngora, del genial Francisco Palma Burgos, de tener imágenes y cuadros tuyos repartidos por diferentes ciudades y pueblos de nuestra geografía, de haber sido uno de los grandes artistas que ha dado Úbeda. Y que una vez más por cierto, no ella, sino sus gentes, no han sabido estar a la altura de tu valía y grandeza.

Dios te bendiga, amigo, y tu Virgen de la Paz te lleve en vuelo de paloma con su rama de olivo a los confines de la eternidad. Y gracias por lo mucho que me diste y diste a la revista IBIUT, que tuvo el alto honor de contar con numerosas ilustraciones tuyas que sirvieron para darle categoría y ennoblecer sus blancas páginas de libertad e independencia.

Descansa en paz y recibe un abrazo desde estos versos tan sencillos como sinceros:

                        Hicieron de tu nombre sencillez:
“Bartolomé”.
                        
 De tu apellido un signo extraordinario:
“Alvarado.”      

Honor y gloria a ti por tu creación.
Por tanto arte de luz que en ascuas brilla.
Por ese ser de siembra en el amor…                               
Tú, querido Memé, genial artista.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL REMOLINO DEL DESCONCIERTO


Cada día las iglesias están más vacías. Las misas, para el pueblo en general, se han convertido en un frío trámite de cumplimiento. Los pocos fieles, la inmensa mayoría mayores o muy mayores, andan dispersos, como huyendo de encontrarse con quienes no son de su agrado u odian, o simplemente los juzgan como modelo de nada, negándose algunos a recibir la comunión de manos de quien considera no es digno de ello e incluso, si es mujer, por el simple hecho de serlo. Y luego salir de allí lo más rápido posible y volver a la monotonía diaria sin más compromiso.

A niveles más altos, se hallan también creyentes intelectuales con pensamientos y opiniones extremistas. Desde los que andan en contra de la Iglesia a los que son acérrimos defensores de ella. Apareciendo en la actualidad movimientos internos dispares, tales como los denominados progresistas, que llegan a considerar, por poner un ejemplo, al Papa Francisco como todo un regalo del cielo; y los denominados tradicionalistas que, sin tapujos, lo tratan de masón para arriba e incluso de mafioso y antipapa.
 
Pobre Iglesia. Y triste espejo.

Y es que unos y otros dan pena y hasta vergüenza ajena. Para los primeros, la Iglesia es carca, dictatorial, apegada al poder, llena de boato, rica, fuera siempre de tiempo, retrógrada, severa, discriminadora, anclada en tradiciones, imágenes, beaterías y estúpidas visiones que son alimentadas para negocio. Para los segundos, la Iglesia es mundana, desposeída de su propio lenguaje y ritos y liturgias seculares y solemnes, permisiva, feminizada, traidora, de manga ancha, izquierdosa, adulterada, luterana, desordenada y a la que el humo de satanás la he envuelto para cegarla.

Y claro, ante este panorama y estos dilemas no son pocos los que dudan, se desconciertan y hasta pierden la fe y se alejan de todo. Y más cuando escuchas a los no creyentes, con esa superioridad de creerse en posesión de la verdad, apoyada en la ciencia y la razón, mostrando las incongruencias históricas, ridiculizando los dogmas y las bases de la doctrina cristiana así como criticado con dureza los textos de la Biblia, seleccionando aquellos, tan llenos, sobre todo en el Antiguo Testamento, de atrocidades.

Y se discute y se entablan debates. La misma televisión los fomenta de vez en cuando, apareciendo del lado de los que la atacan, personas preparadas y bien formadas, convencidas de sus propios pensamientos. Y del otro lado, hombres y mujeres laicos que hablan con recelo, como enfadados y molestos contra todo, tristes, cuando no sacerdotes pusilánimes y acomplejados que, dejados llevar por ya lo arreglara todo Dios y siempre en duda y conscientes de los fallos y errores cometidos a lo largo de los siglos, pasan de puntillas para no hacer el ridículo y no molestar ni herir a nadie.

Y ante esta confusión no cabe otra que apartarse, desentenderse y que se apañen todos. O, imitando al avestruz, meter la cabeza bajo el ala, hacer de mi vida un sayo, cumplir lo mejor que puedo y que para todo lo demás maestros tiene la Santa Madre Iglesia…

Y los pastores creyentes mirándose el ombligo, subidos a la cima de la pirámide, enfundados en sus propias convicciones, con miedo al presente y mucho más al futuro… Burócratas de despacho y organizadores de actos y reuniones. Y sin ver soluciones… Cuando la solución no debe ser otra que buscar, con valentía, respuestas acudiendo a la base, a la raíz, a la esencia, al Evangelio, a Cristo, a Jesús, a Dios, y superponer sus hechos y palabras al momento actual.

Cada tiempo tiene su tiempo, y mientras no piquemos, desde el respeto y la comprensión, las paredes cubiertas con mil capas de pintura, cales, cementos y barnices…, y volvamos a la figura limpia de polvo y paja, de Jesús de Nazaret, para conocerlo, amarlo, ser coherentes en comunidad y hablar de Él al mundo, estaremos rizando el rizo y girando en el remolino del desconcierto sobre el que la barca de la luz se hunde.

viernes, 23 de noviembre de 2018

SONETO NO SEXISTA


La semana pasada recibí las bases de un certamen de poesía, cuya primera base hablaba de la presentación de un soneto que debía tratar el tema: “Cambiar para que cambien las nuevas generaciones”.

La segunda exponía con claridad y en negrita que serían rechazados todos aquellos poemas que contengan un lenguaje sexista.

Me animé. Un soneto clásico podría yo hacerlo sin mucha dificultad. Así que manos a la obra.

Pensé que lo primero era concretar el tema. Hablaría de la reflexión, de mirarse en el espejo de nuestro interior y, tras descubrir el amor que nos forma, sentir la necesidad, en unidad, de cambiar a mejor para así, con el ejemplo, lograr el cambio a mejor de nuestros hijos…

Y manos a la obra. Primer verso endecasílabo:

“Cuando dentro de él se mira el hombre”,

“Eh, eh, un momento”, me dije, “no puedes poner “hombre”, porque aunque el masculino gramatical engloba los dos sexos, el sustantivo puede dar a entender, según los partidarios del lenguaje no sexista, que dejas fuera de mirarse dentro a la mujer. Pues nada, a cambiar el verso:

“Cuando dentro de ella se mira la mujer”,

Adiós, ahora el endecasílabo se ha convertido en alejandrino. Además, al decir solo “mujer” sí es verdad que dejo totalmente fuera al hombre. Pondré entonces: “hombre y mujer”. Vamos a ver:

“Cuando dentro de ellos se miran el hombre y la mujer”,

¡Madre!, van a decir que soy machista por poner primero “hombre” y después “mujer”. Nada, nada, “mujer” primero.

“Cuando dentro de ellos se miran la mujer y el hombre”,

¡Qué desastre! Ahora, en lugar de alejandrino ha pasado a ser un pentadecasílabo o un hexadecasílabo, y para colmo, en vez de a todas las personas, parece que me refiero a que solo es un hombre y una mujer los que se miran entre sí. Pero es que además no puedo decir “de ellos”, sino “de ellas y de ellos”: “Cuando dentro de ellas y de ellos se miran la mujer y el hombre”. Lo que daría lugar a una barbaridad métrica inaceptable. Partiré entonces el verso poniendo por delante “mujer”, cambiaré de lugar el verbo y quitaré de un plumazo “de ellos”. Veamos: 

Cuando se miran dentro la mujer
y el hombre,

Menos mal. Ahora va la cosa mejor. Ya tengo el primer verso de once sílabas y un segundo que empieza a tener buena pinta. Continúo escribiendo.

Cuando se miran dentro la mujer
y el hombre, y ambos ven que, enamorados,
deciden tener hijos…

La métrica continúa por buen camino. Pero no, no, no puedo decir “enamorados”. ¿Por qué no “enamoradas”? Si digo “mujer”, el adjetivo concordante ha de ser “enamorada”, pero si digo “hombre”, “enamorado”; al ser los dos juntos tendría que decir “enamorada y enamorado”. Pondré entonces:

Cuando se miran dentro la mujer
y el hombre, y ambos ven que, enamorada
y enamorado, deciden tener hijos,

Peor. Adiós al endecasílabo tercero convertido ahora en dodecasílabo, y adiós a la rima primera del cuarteto. Pero alguien puede decirme además que al expresarme así también ando fomentando la discriminación, puesto que puedo estar dando una tergiversada visión simplista heterosexual al hacer solo referencia a hombre y mujer, dejando fuera a lesbianas, travestis, transgéneros, homosexuales, poliamorosos, transexuales, bisexuales, asexuales… y demás ales… ¿O es que acaso estos no tiene igual derecho a enamorarse y tener hijos…? ¿He dicho “hijos”? ¿Qué es eso de decir “hijos”?

Otro lío. Pues si digo “hijos” pensarán que todos son varones. Si digo “hijas”, que todas son hembras. Si digo “hijos e hijas”, o “hijas e hijos”, aparte de otra reiteración, puedo discriminar a los que siendo niños se sienten niñas, y a los que siendo niñas quieren ser niños… Y sobre todo puedo herir a los que son hermafroditas, perdón, intersexuales, y a los que no son ni una cosa ni otra ni la contraria, y a los que no saben lo que son y a los que todavía no han decidido lo que ser… Y lo dejo porque solo estoy en el tercer verso y me voy a volver loco y hasta verme en la cárcel por fomentar la exclusión, la xenofobia y el odio.

Así que nada, a la mierda el soneto y a tomar por culo el certamen.  




viernes, 9 de noviembre de 2018

FRANQUISMO, DEMOCRACIA Y LIBERTAD


Ahora, después de haber revivido, que no resucitado, la figura de Franco por culpa sobre todo de un gobierno aliado a socios no muy dados a la unidad de España ni a la Constitución del 78, se ha vuelto a poner a la orden del día el enfrentamiento, por el momento sólo dialéctico, de los partidarios de quien fue el general victorioso que ganando la guerra acabó con una república que parecía estar abocada a un régimen totalitario comunista, y los detractores que lo consideran tan solo un frío y calculador tirano sin cultura ni corazón.

Para los primeros, a Franco hay que agradecerle el que restituyese a la Iglesia sus bienes y templos, convertidos en la contienda en simples cuadras y cuarteles cuando no en cenizas; así como a sus legítimos dueños las casas y palacios requisados. También el bienestar social que se fue alcanzando con el tiempo, creándose centros escolares, hospitales, pantanos, industrias, vías de comunicación… y el boom turístico. De igual manera la seguridad social, viviendas de protección oficial, pagas de jubilación, de viudedad, extraordinarias… Nos salvó de la guerra mundial. Los alcaldes y concejales no cobraban. No había que hacer la declaración a Hacienda. Igualmente, hizo que muchas familias pobres, entre ellas las que lucharon a favor de la República, después de haber visto incluso ejecutados o encarcelados a sus familiares más allegados, tuvieran trabajo, pudieran prosperar y lograr que sus hijos estudiaran y obtuvieran una carrera. Y todo en un clima de convivencia reconciliadora, pacífica, fervorosa, solidaria y esperanzadora. Y en un clamor de pañuelos blancos y vítores por donde pasaba el general que no siempre era obligado ni fingido.  

Para los segundos, Franco solo fue una pesadilla que originaba un sinvivir triste, en blanco y negro, donde la población andaba ahogada por el temblor y la angustia. Una sociedad aplastada por la venganza, el militarismo, el clericalismo, manipulada, retrasada, pobre, sin democracia ni libertades ni derechos, sin participación para poder elegir a los representantes del poder. Escuelas paupérrimas. Hospitales cochambrosos. Mili forzosa. Penas de muerte. Censura. Nada de abortos, ni divorcios, ni matrimonios homosexuales. En definitiva, treinta y tanto años de horror bajo la dictadura de un monigote absolutista, beato de misa y rosario, enano y gordo déspota de voz atiplada, verdugo sin remordimientos, genocida, fascista asqueroso pretendiendo que los pobres no levantaran cabeza, sobrevivir todo lo más, y obligados a sacar a sus hijos de las escuelas a los nueve o diez años. Horrible.  

Y hay que tomar partido. Ante esta dicotomía presentada particularmente ante el hecho de querer sacar a Franco del Valle de los Caídos y de paso desprestigiar a la Corona en cuanto es fruto de una decisión del dictador y la invalidación de la Constitución debido a que también fue obra franquista, uno tiene que tomar postura. Y he aquí el problema. No se puede ser neutral. Ni ver lo bueno dentro de lo malo. No es políticamente correcto. No se permite. O se está contra Franco en todo, absolutamente en todo, o eres franquista radical, puro.

Y lo digo por experiencia. A una persona que sé que me estima, joven, al hablarle de los veinte y pocos años que yo viví en tiempos de la dictadura y ante el hecho de no revestir todo lo que experimenté de espanto y terror, acabó tildándome de “franquista”.   

Y mi pecado fue contar la verdad de lo que sucedió en mi vida durante esos años. Verán, mis abuelos y mis padres fueron de izquierdas, muy de izquierdas. Mi abuela materna era analfabeta. Mi abuelo no. Mi abuelo era creativo y le gustaba hacer murgas para el carnaval y a punto estuvo de ser fusilado, aunque finalmente lo condenaron a cadena perpetua. Sufrieron de lleno la guerra y la posguerra. Eran tremendamente pobres y supieron bien lo que es el hambre de verdad. Pero mi madre y sus hermanos pudieron estudiar aunque tuvieran que ir a Baeza andando por no tener para comprarse el billete del tranvía y tener que copiar a mano y a la luz de las velas los libros que les dejaban compañeros comprensivos más pudientes. Dos de ellas obtuvieron el título de Matrona. Otra el de Maestra Nacional. A mi tío le faltaron pocas asignaturas para ser practicante. Mi otra tía prefirió la fotografía y acompañar a su padre, inventor de carruseles, ya liberado, de feria en feria para desplazarse después a Barcelona donde ella y su marido encontraron un trabajo fijo. Mientras tanto, mis abuelos paternos con algunos de sus hijos migraron a Mallorca.

Mi madre trabajó de día y de noche trayendo niños al mundo y obtuvo fama de gran profesional. Mi padre trabajó en mil cosas. Desde amo de casa a capachero, molinero y fotógrafo, pasando por droguero y ayudante protésico. Y pudieron comprarse su casa, y su otra casa, y otra más, y un coche, y viajar, y veranear unas semanas en Lo Pagán y finalmente hacerse un módico chalé en La Yedra.

A mí me llevaron un tiempo a una escuela de portal que era un viejo pesebre. Después, estuve dos cursos el colegio público de la Trinidad. A los diez años entré en el instituto recién inaugurado San Juan de la Cruz. Y de allí a la SAFA donde hice Magisterio. Y todo gratis. Los últimos años con becas. Y a todos les estoy agradecido. También a los curas. Bien es cierto que unos maestros fueron mejores que otros, y que mientras algunos me ayudaron amablemente, otros hasta me pegaron y castigaron con dureza, pero no guardo rencor a nadie, después de todo a todos ellos les debo lo poco que soy y lo mucho que siente mi corazón. Mi hermano, que estudio en los salesianos, se hizo médico en Granada y después odontólogo en Madrid.  

Quiero decir que con Franco no todo fue negativo ni terrible. Como tampoco ahora, en democracia, no todo es idílico y perfecto. Hoy hay muchísimas personas sin trabajo, y jóvenes que no pueden estudiar, y muchos que después de numerosos estudios y varias titulaciones, están en el paro cuando no han tenido que emigrar, y familias que no pueden aspirar a comprarse siquiera un rincón donde vivir… A no pocos los dejamos morir, una y otra vez, como perros anónimos a la orilla del mar. A muchos los condenamos y hasta odiamos por ser de tal o cual partido. La violencia, el robo, la delincuencia, los malos tratos, el relativismo, el enchufismo, el chalaneo, el miedo y el terror se han convertido en costumbre. Hay dieciocho gobiernos con sus dieciocho cortes de innumerables vivales apegados. La corrupción atufa y anda por todos sitios. Abortar es un derecho. La indigencia abunda. La cultura es más chabacana que sublime. Las demagogias y los separatismos están desatados. Los impuestos son asfixiantes. El control sobre nuestras vidas es casi total. La moral, la ética y los valores, en lugar de mejorar, han ido esfumándose para dar paso a la mala educación, la grosería, la irrespetuosidad, la irresponsabilidad, la mentira, la informalidad, la falta de palabra, la incoherencia, la morosidad, la hipocresía, la falsedad, la cobardía, el egoísmo, la estafa, la prevaricación… Tampoco hay verdadera separación de poderes. La política, la justicia y las universidades están desprestigiadas. Ni siquiera uno puede tener auténtica libertad de pensamiento, creencias y expresión. Porque si bien es cierto que no te fusilan, ni te meten en la cárcel por decir lo que piensas, crees y sientes, ni te golpean, como podía suceder durante el franquismo, sí te lo pagan, lo que a veces puede ser hasta peor, con las rejas de las etiquetas, el apartheid, la indiferencia, las represalias y la persecución, cuando no con los golpes del absoluto desprecio por no estar en el mismo sendero de los que quieren que seas y expreses lo que ellos quieren que seas y expreses.

Y a los hechos me remito. Como decía anteriormente, por hacer uso de mi derecho a la libertad de expresión y decir lo mismo que ahora escribo a esa persona que sé que me estima, me catalogó, como me catalogarán unos cuantos más después de leer esto –con lo que ya sabemos que eso significa y acarrea– de “franquista”. 

Pero se equivocan. Si algo tiene valor para mí es la LIBERTAD. De ahí que no me haya vendido nunca a nadie ni me haya doblegado al poder. Y como también sé que la libertad es hija de la verdad y madre de la honradez, no puedo ni debo tergiversar ni cambiar la Historia, al menos la historia que he vivido, como ahora hacen muchos aprovechados y numerosos intelectuales y escritores partidistas con estómagos agradecidos, y sí mostrar las dos caras de la misma moneda, al tiempo que procuro expresar la realidad presente que vivimos. Y si como consecuencia de ello me llega el insulto y la discriminación de algunos, pues bienvenidos sean. ¡Qué le vamos a hacer! Ser libre nunca salió barato.


miércoles, 24 de octubre de 2018

ALFONSINA STORNI Y EL CÁNCER DE MAMA


Se cumplen ahora ochenta años de la muerte de la poeta argentina Alfonsina Storni, casi a la vez que se celebra el día mundial contra el cáncer de mama.

Alfonsina, que tenía una sensibilidad lírica a flor de piel, supo también lo que duele el golpe del tumor mordiendo el pecho. Se lo dijo el mar cuando lanzó una ola contra ella y le señaló el lugar oscuro en su redondez de luna.

Entonces la palabra cáncer era sinónimo de muerte. Y de nada sirvieron los quirófanos. La sentencia estaba dictada y solo quedaba espacio para los retiros y las soledades.

Ella, que había vivido arando surcos por los pedregales del sueño, compuso versos delicados, románticos y sensuales, pero también hondos y abstractos. Su poética, original, sensible y feminista, emociona y toca las campanillas del alma. Todo envuelto por un tapiz de melodía rítmica y clarificadora que evidenciaba sus miedos, su angustia y su dolor, y que se contrarrestan con una vida privada con no pocos secreteres cerrados con candados. Sabemos de sus mudanzas, sus amistades, sus neurosis, sus publicaciones…, de sus muchos éxitos poéticos y de sus fracasos teatrales. Sabemos de su hijo Alejandro aunque no de quien fue su padre. Sabemos de sus inestabilidades y sus momentos dulces. Y también de su muerte trágica.

Esa muerte que tuvo lugar un 25 de octubre en Mar del Plata, hacia la una de la madrugada, ahogada por el mar, después de haber escrito un par de cartas de despedida y enviado su último poema, “Voy a dormir”, al diario La Nación.   


Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…


Alfonsina, que era de espuma y sal, fue libre, y solo el mar pudo besarla hasta dejarla sin aliento. Los realistas dicen que se arrojó desde una escollera. Los románticos aseguran que se adentró a paso lento en él, serenamente, como si se tratara de una diosa que va al encuentro de una eternidad de agua.

Con anterioridad, la poeta de la sonrisa triste, ya parecía adivinar su destino en el tiempo y el espacio. Su poema “Dolor”, comenzaba y concluía así: 


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

…..

Perder la mirada, distraídamente, 
perderla y que nunca la vuelva a encontrar: 
y, figura erguida, entre cielo y playa, 
sentirme el olvido perenne del mar.


Ochenta años se cumplen de que las garras de un cáncer de mama arrojaran a la poeta Alfonsina a la grandiosidad del océano. Ochenta años después la esperanza es más grande que la angustia y la inmensidad más llena de vida que de muerte. Mientras tanto, el rosa y el azul se han querido mezclar para hacerse un solo corazón y un solo verbo en la paleta de la poesía.     

viernes, 12 de octubre de 2018

OTOÑO EN ÚBEDA


Es terminar la feria de San Miguel y Úbeda se encierra en su frialdad de piedra. Se diría que un velo de tristeza cubre su rostro mientras deja que por sus ojos se atisbe un sonambulismo de noche oscura.

La tierra de que somos entra en la quietud del reposo, a modo de una espera que, como los olivos, busca madurar entre la lluvia y los primeros fríos, para darse después en redondeces de aceitunas cuando llegue el instante de los golpes y las sacudidas imperiosas.

Octubre y noviembre son dos grutas donde hibernan los rencores, las vanidades y los protagonismos. Y vienen bien. Los desencontrados envainan sus dagas. Los vivales aletargan sus picarescos proyectos. Los sabios y entendidos dormitan en sus sofás de piel blanca. Los de la superioridad moral dejan de alentar manifestaciones siempre a favor de los suyos y de lo suyo. Las procesiones, que tan naturales nos son, congelan en vitrinas acristaladas sus ricos patrimonios. Los recuerdos se archivan en álbumes con pastas de nostalgia. Las terrazas se recogen como mantones de manila después de la verbena… Y ni siquiera la festividad de los Santos puede poner un paréntesis para que los grises tengan algo de color. Muy al contrario, las flores se hacen sombras y hasta el camino al cementerio viste sus cipreses con lágrimas de tristeza y melancolía.

Sin embargo, la ciudad se hace más niña, más joven, más pura. Las calles mojadas son medallas que cuelgan por el cuello de una dama asomada a la luna de los poetas. Y cuando sale el sol, las torres y las cúpulas se visten con el traje del asombro y lo besan hasta morir de amor y de serena elegancia.

Son los meses de san Juan de la Cruz, herido en su convento, muriéndose por las llagas del pie y por los clavos en el alma de las incomprensiones y las envidias. Son los meses del cambio de hora, para ver si cambia de rumbo este barco cubierto de velas que lleva helado el vino en la bodega. Son lo meses del recogimiento para ver si los golpes de pecho se transforman en abrazos de comprensión y solidaridad. Son los meses de las hojas amarillas coronando las alturas, alfombrando los silencios y arropando las soledades. Son los meses donde yo mismo me vuelvo más intimista y más cerca del abismo del humo.   

Llega a Úbeda el otoño y el túnel parece oscuro y largo. Pero solo tiene la dimensión de un sueño. Porque será llegar diciembre, con el puente de la Inmaculada y la Navidad, y todo parecerá tornarse en luz de primavera. Porque a partir de entonces, volverán las claras golondrinas de san Antón, las numerosas fiestas Cofrades, el Carnaval, la Semana Santa, la Romería, las Cruces, el Corpus, el fin de Curso, el Renacimiento, el Verano, el día de la Patrona, la Feria…, girando todo en un círculo constante de festejos y diversión. 

Un “sindescanso”, diría uno de los que no se pierden una. Un “sindescanso” que descansa, menos mal, en los dos primeros meses del otoño para respirar profundamente y no morir ahogados por tanto pan y circo.